viernes, 15 de diciembre de 2017

NEO-FSSPX: LA NUEVA BURGUESÍA DE LA TRADICIÓN


San Bernardo de Menzingen. Los "piolas" lo siguen. Los otros son necios o traidores, conjurados contra los “vivos” (la gran idea que desarrollan los blogs neofraternitarios en la Argentina)



Burguesía es todo conjunto de individuos inconformes con lo que tienen y satisfechos de lo que son”.

Nicolás Gómez Dávila


En el pasado, la FSSPX hablaba de la conversión de Roma modernista, y centraba en esa condición la sola posibilidad de un acuerdo con Roma. De hecho, la misma conversión de Roma haría innecesario cualquier acuerdo, pues entonces todo volvería a la normalidad. Hasta el capítulo general de 2006 incluido, esa era la postura oficial. Pero luego, ya convertida en Neo-FSSPX, poco a poco dejó de hablar de la conversión de Roma modernista, hasta cambiar las condiciones para un acuerdo, no mirando hacia lo que Roma era, sino hacia lo que debía recibir ella misma, la Fraternidad. Entonces cambió el punto de vista.

El punto de vista fue astutamente cambiado por Roma cuando otorgó “misericordiosamente” el levantamiento de las “excomuniones”, tras la “libertad” para la Misa tradicional. Ese fue el hecho clave pues desde entonces Roma retomó la ofensiva hacia la Fraternidad. De hecho tras el fracaso de las discusiones doctrinales, cuando todo parecía cerrado por la falta de entendimiento, Roma quedó a la ofensiva con sus ofrecimientos de paz. Y la Neo-FSSPX aceptó buscar esa paz, sin la conversión de Roma modernista.

Desde entonces el foco ya no estaba puesto en Roma y su problema (liberalismo, modernismo, apostasía), sino en la Fraternidad y su “problema” (falta de regularidad canónica). Desde aquel momento se empezó a imponer en la feligresía de la “frater” la idea de que a la Fraternidad le faltaban “cosas”, que así no podía seguir, y que había que aceptar que Roma nos quisiese dar esas “cosas”. La Fraternidad se miró al espejo, complacida de sí misma, y se dijo: “Yo soy buena, pero no tengo todo lo que merezco. No tengo el aprecio que merezco. Roma quiere darme cosas, quiere reconocerme, eso está muy bien”. Satisfecha de sí misma, la Neo-FSSPX estaba inconforme con lo que tenía. Sobre todo porque le faltaba la apreciación de su catolicidad, por parte de las autoridades romanas.

Y así siguió la historia con la Neo-FSSPX ya distraída en sí misma, sin pedir la conversión de Roma modernista, dialogando amistosamente para conseguir “cosas” de la Roma modernista.


Claro, ahora los adictos a la Neo-FSSPX, para justificarse a sí mismos y no avergonzarse de su retirada del combate, dicen que es bueno recibir cosas de la Roma modernista porque en realidad es Dios quien le da a la Fraternidad estas cosas, a través de Francisco. Es Dios quien quiere que la Fraternidad deje de ser perseguida por sus enemigos, y sea poco a poco reconocida. Lamentablemente, dicen, Francisco y los modernistas envenenan esos regalos, pero nosotros, la Frater, como somos inteligentes, los recibimos sin tomar el veneno.

Esta última afirmación, repetida entre otros por un bloguero mendocino, tiene este “pequeño” inconveniente: veamos el caso de la jurisdicción para los matrimonios, con la cual Francisco impuso a la Neo-FSSPX el que los cónyuges tengan que dar el consentimiento ante sacerdotes diocesanos conciliares. Pues bien: Mons. Fellay aceptó el regalo sin denunciar ningún veneno, por el contrario, a los que avisaron que había un veneno los castigó severamente. Del mismo modo, cuando fue el levantamiento de las “excomuniones”, Mons. Fellay no dijo que él había pedido otra cosa, y que Roma estaba mezclando veneno con ese “regalo”, pues estaban levantando algo que era inexistente. Tampoco señaló claramente el veneno cuando con la Summorum pontificum Roma declaró que la Misa tradicional era una forma distinta de expresar lo mismo que expresa el Novus ordo, además de hacer de la Misa tradicional una excepción, recluida en un rincón, para uso de los ralliés. Siempre se trata de tragarse lo que Roma da con todo su veneno. Nunca es hablar como pidió Nuestro Señor: “si sí, no no”. Siempre es jugar a la astucia con el diablo, y, como dijimos en otro artículo, es como si Eva hubiese pensado: “Es Dios que quiere ayudarme a través de la serpiente, sólo tengo que tomar el fruto y dejar a un lado el veneno”. ¡Tomá!

Pero la serpiente seduce y logra hacer caer sólo a los que confían más en sí mismos que en Dios, a los que se las dan de “astutos”, a los que obedecen a los hombres antes que a Dios, a los que no son rectos y sencillos y sí complicados y dobles, a los que como perfectos burgueses, están conformes consigo mismos pero quieren tener más, buscan reconocimiento y creen que le es debida la honra, cuando Nuestro Señor no pensó toda su vida sino en la Cruz.

El burgués es un hombre correcto que quiere ser “políticamente correcto” y, sobre todo, estar bien con las autoridades. El hombre de la Neo-FSSPX es el “hombre correcto” que quiere una situación “correcta”. Decía Ignacio Anzoátegui de este “hombre correcto”: El conocerse es el no conformarse; el contemplarse —que es lo que ha­ce el hombre correcto — es el complacerse. El «conócete a ti mismo» de Sócrates es el «avergüénzate de tu miseria» que nos enseña el Cristianismo. Conocerse es prepararse para intentar la reconquista y no contentarse con festejar una mentida conquista. Es no acicalarse, sino rehacerse; rehacer la humanidad para liberarse de la inhumani­dad; hacer para volver a ser, para ser lo que se tiene la insobornable obligación de ser, y no para conformarse con seguir siendo”.

El burgués es también un pacifista, que quiere estar en paz con todo el mundo. Sin embargo, suele estar en guerra contra quienes ponen en evidencia la mediocridad y pusilanimidad de su conducta. Como hombre correcto que es, debe ser incuestionable.

Como nos lo hacen ver sus campañas de publicidad, la Neo-FSSPX está conforme consigo misma, y es por eso que no puede errar. Fijémonos por ejemplo en cómo se considera al superior general como alguien casi inerrante, imbatible, alguien que está más allá, y mucho más alto que la feligresía común, que lo único que tiene que hacer es seguirlo. Así el mismo bloguero mendocino (¿con o sin vino?) dice lo siguiente, respecto de la “Correctio filialis” que firmó Mons. Fellay:
  
“¿Acaso jugó mal el Superior de la FSSPX? (Y yo que tras él signé y aprobé la “corrección”, justamente sin que me gustara mucho y sólo porque él lo hizo.)  No. Y digo no, sabiendo que toda esta tramoya que describo, de oportunidades y calibraciones, a él le importa un bledo. Actúa frente a Dios y no frente a los hombres, por eso lo sigo cuando mi astucia me pide todo lo contrario. Está en otro plano. Y esto no es una alcahuetería, pues no estoy ponderando al hombre al que apenas conozco, sino al Obispo, misterio que hemos dejado de comprender en toda su dimensión por tanto traidor que anda con la Mitra de adorno.
Hay que hacer pocos cálculos y mirar al cielo”

Las mismas cosas podría decir alguien de Francisco, de Benedicto o de cualquiera. “Actúa frente a Dios y no frente a los hombres. Sigámoslo”. Desde allí se puede y se deben aceptar todas las barrabasadas o traiciones que este hombre haga, porque “actúa frente a Dios y no frente a los hombres”, y nosotros, simples mortales, no podemos comprenderlo. Debemos seguirlo. A ciegas. Él sabe.

Luego se pliegan toda una serie de comentadores irresponsables que dicen todo tipo de falsías, para justificar su posición de seguir al “santo”. Ah, pero no es alcahuetería…

Nada de razones valederas, nada de análisis de hechos y palabras, todo es pura emoción, pura ilusión, subjetivismo. Sentimentalismo. Todo para hacerse creer a sí mismos que la Fraternidad es una congregación “elegida” que por nada del mundo puede caer, ser engañada o corrompida (la versión del pueblo elegido” se da ahora en la “congregación elegida”, ¿acaso porque el bloguero mendocino es también de origen judío?). Y ¿por qué la Fraternidad es imposible que caiga? Los simples mortales no podemos comprenderlo, pero su Obispo está en otro plano y actúa de cara al cielo. Hay que aceptarlo. Es así.

Señores: se ha pasado de la papolatría (que hizo exitoso al Vaticano II en la Iglesia) a la superiorltaría (que hace exitoso al “Vaticano II” dentro de la Fraternidad).

Esto jamás ocurrió con Mons. Lefebvre y él jamás lo habría permitido o incentivado. Y esto ocurre porque los sacerdotes no denuncian los errores y permanecen con sus bocas cerradas, por respeto humano, por cobardía o porque se han transformado en nuevos burgueses.

Decía León Bloy: “No concibo el cielo sin mi Emperador”. Hablaba de Napoléon, claro. Dicen estos neo-fraternitarios: “No concibo el cielo sin mi Obispo”. Éstos hablan de Mons. Fellay.

¿El nuevo Moisés los hará entrar en la tierra prometida?


Ignacio Kilmot