sábado, 2 de diciembre de 2017

“LA VOZ”




Miedo.

Esa es la palabra que, nos atrevemos a sugerir, resume la nueva “Carta a los amigos y benefactores N° 88” de Mons. Fellay.

Quizás si algún lector o sacerdote de la FSSPX tiene alguna explicación satisfactoria, y nos la envía, entonces reevaluaremos nuestro pensar.

Quizás alguien quiera convencernos que se trata de la prudencia de un santo, que con miel acostumbra cazar moscas.

Por el momento no se nos ocurre otra cosa, sino que el capo de la Neo-Fraternidad no quiere enemistarse con Francisco pues sino vería peligrar la soñada prelatura en Roma.

¿A cuento de qué, sino, en vez de mencionar al Papa Francisco, cuando lo critica, Mons. Fellay dice simplemente “la Voz”, como si se tratase de Frank Sinatra (¡!)?

¿Por qué usa de eufemismos para no mencionar a los judíos, financieros del Comunismo?

Tampoco, nótese, ya menciona o cita a Mons. Lefebvre.

Y, por supuesto, no usa jamás la palabra resistir o resistencia.

Habla, en cambio, de “continuar lo que siempre ha hecho la Iglesia, pase lo que pase. El camino de la verdad que en todos los tiempos ha hecho santos seguirá siendo siempre el camino seguro del Cielo, el de los Evangelios, a imitación de nuestro Señor y nuestra Señora.” Lindas palabras, muy lustrosas y perfumadas, enmarcables, pero, de tan generales, vacuas. Pues si no se resiste a los enemigos, si no se los rechaza, si no se los combate de frente, que eso es en gran parte continuar lo que siempre ha hecho la Iglesia, lo otro es palabrerío insustancial, hojarasca, flatus vocis. No por nada el Salterio comienza con estas palabras:

“Dichoso el hombre
Que no sigue el consejo de los malvados,
Ni pone el pie en el camino de los pecadores,
Ni entre los burladores toma asiento”


Y la Santa Misa comienza diciendo, con el Salmo 42:

“Hazme justicia, oh Dios,
Y aboga en mi causa contra un pueblo impío;
Líbrame del hombre inicuo y doble”.

Esto es así puesto que los malvados, los pecadores, los burladores, los impíos, los hombres inicuos y dobles, son mayoría y son poderosos, y si no resistimos firmemente contra ellos, no podemos seguir la obra de la Iglesia.

Pero Mons. Fellay deja de lado estas cosas, y habla en términos tan amplios, tan ambiguos, tan tibios, que los enemigos no se sienten ni señalados, ni heridos, ni obstaculizados en su obra de corrupción y destrucción de la fe. 

Veamos algunos pasajes de esta carta, traducida al español por los amigos de Non Possumus:

Realmente nuestra incomprensión es total cuando actualmente estamos viendo que algunos prelados católicos celebran e incluso festejan este acontecimiento tan triste y tan espantoso para la cristiandad.

“Algunos prelados católicos”, pero no el Papa Francisco. “Algunos”, y no muchísimos.

algunos obispos y cardenales superan incluso a su nuevo maestro, Lutero, de cuya rebelión celebran este año el aniversario. 

“Algunos obispos y cardenales”, pero no el Papa Francisco.

La Voz de la que todo depende la Iglesia que está en la tierra, dejando que las tinieblas de la confusión doctrinal y moral invadan la Ciudad de Dios calla resueltamente, dejando que las tinieblas de la confusión doctrinal y moral invadan la Ciudad de Dios 

“La Voz”, mas no “Francisco”, calla. ¿Calla? En verdad ocurre todo lo contrario, es el Papa que más ha hablado en la historia, esparciendo las tinieblas de la confusión, la blasfemia y la herejía a su alrededor. Pero al decir Mons. Fellay que simplemente “calla”, disminuye la gravedad de lo que hace Francisco (pues quizás Francisco calle por temor o quién sabe qué, en la mente del obispo suizo). ¿Quizás Mons. Fellay lo está excusando a Francisco para así excusarse a sí mismo, pues es él quien verdaderamente calla?

Se nos hiela la sangre cuando oímos a esta misma Voz que, hablando de la justificación, durante la conferencia de prensa en el avión de regreso de Armenia, el 26 de junio de 2016, dice que Lutero no se había equivocado sobre este punto:

“Esta misma Voz”, pero no “Francisco”. Ahora, Mons. Fellay dice que “la Voz” habla, cuando antes dijo que callaba. ¿Calla o habla? ¿O quizás habló esa sola vez y por eso Mons. Fellay lo señala? Dios manda hablar “sí sí, no, no”, decir las cosas por su nombre, al pan pan y al vino vino. Cuando San Agustín sostenía controversias en las que aplastaba las herejías, las mencionaba por el nombre de sus autores. Mons. Lefebvre no temía hablar claro. Pero Mons. Fellay es un hombre doble, un liberal, y se comprende que lleve en sí mismo la contradicción.

¡Ay! Él quiere agradar a todos, él es un obispo suizo diplomático, dialogante, sonriente, gentil, que nunca se metió con nadie. ¡Tiene derecho al título de “Católico”!

Por otra parte, como bien se dice en Non Possumus, se hiela la sangre de aquel que tiene miedo. A un tradicionalista verdadero le hierve la sangre cuando ve pisotear la Iglesia de Nuestro Señor, cuando ve insultar a la Sma. Virgen, por estos modernistas que encabeza Francisco. La tibieza de Mons. Fellay no le permite que su sangre se caliente, salvo que se trate de algún intento de resistencia dentro de su congregación. Entonces sí, da un puñetazo en la mesa y toma medidas, enérgico, implacable, enardecido. Como un típico liberal.

Mons. Fellay debió haber sido “la voz” tradicionalista que clama en el desierto de la Iglesia, como San Juan Bautista, que no temió decirle a Herodes su pecado de frente, y por eso fue encarcelado y decapitado.

Pero Mons. Fellay no clama, él gimotea. Él no quiere perder la cabeza.

¡Oh! No esperen que “una voz” salga en la Neo-FSSPX a clamar contra esta nueva muestra del ralliement liberal, por parte del superior general de la congregación.

Los verdaderos seguidores de Mons. Lefebvre, los que conservan su espíritu, no hablan más allí. Pero siguen, por otra vía, el camino enseñado por el Arzobispo, y sus voces, como una sola voz, continuarán, si Dios quiere, fielmente, aunque no quede al fin sino uno solo para resistir, diciendo: Non possumus.


Ignacio Kilmot