martes, 12 de septiembre de 2017

LOS TEMPLOS ¿Y LA FE?






Es recordada aquella frase de San Atanasio, cuando escribía desde el exilio a sus fieles, en tiempos en que el arrianismo había ocupado casi toda la Iglesia: Ellos tienen los templos, pero vosotros tenéis la fe.

Recordemos un fragmento de esa  Carta  de San Atanasio textualmente:

“Ellos entonces poseen los templos. Vosotros en cambio la tradición de la Fe apostólica. Ellos, consolidados en esos lugares, están en realidad al margen de la verdadera Fe, en cambio vosotros, que estáis excluidos de los templos, permanecéis dentro de esa Fe. Confrontemos pues qué cosa sea más importante, el templo o la Fe, y resultará evidente desde luego, que es más importante la verdadera Fe. Por tanto, ¿quién ha perdido más, o quién posee más, el que retiene un lugar, o el que retiene la Fe?”

Con el Vaticano II los modernistas, como en su momento los arrianos, pero aún con más astucia y poder, ocuparon la Iglesia y se quedaron con los templos, haciendo que los defensores de la verdadera fe católica tuvieran que refugiarse en pequeñas capillas, en improvisadas iglesias en casas particulares, casi en catacumbas.

Hoy en los templos antiguos de la Cristiandad, quedan cautivos los cuerpos de los santos y mártires, y es posible que Nuestro Señor cuando las misas sean válidas. Debemos venerarlos y venerar tales lugares que representan lo que ha sido la cristiandad. Pero, sepamos que esa Tradición está en la cautividad, en medio de la batahola modernista que cambió e inventó una nueva misa para agradar a los herejes protestantes, de unos delincuentes que se han apoderado de los medios de la gracia para desviarlos de su fin, falsificando la verdadera religión católica.

Para los modernistas conciliares la Tradición debe ser desterrada. Su interés por la Tradición se reduce a tenerla domesticada en un rincón, hasta hacerla morir de inanición, o por la inercia y por la presión misma el ambiente liberal. Cuando la Tradición admite convivir con aquello que la niega, poco a poco va perdiendo su fuerza, como quien pretende respirar en una cueva cerrada donde no circula el aire, éste poco a poco se envicia y el oxígeno se acaba.

Veamos la Tradición en la mirada modernista, conviviendo con la modernidad, en estas solas imágenes que tomamos recientemente durante un paso por Roma (Nuestra Sra. de la Consolación y San Pablo extra-muros):













Los modernistas continúan ocupando la Iglesia y siguen en posesión de los templos, pero, ahora ciertos tradicionalistas, anhelosos de la pompa y el fasto de las grandes iglesias, empezaron a hacer todas las diligencias y diplomacias para tratar de contar otra vez con los templos (han salido del closet, y se muestran “tal como son”). En vez de valorar su fe, y esperar que Nuestro Señor desplace y quite a los herejes y apóstatas que ocupan los templos, como en su tiempo expulsara a los mercaderes a latigazos, decidieron tener acuerdos con esos mismos modernistas, aceptando sus tratados de paz. Entonces callaron, y nada dijeron de estas aberraciones que han invadido las iglesias romanas. ¡Nada!

Y así resultó que ahora también comparten esos templos, con aquellos que tienen otra fe, la fe modernista.

Entre la fe y los templos, los neo-fraternitarios escogieron los templos, pensando poder seguir teniendo la fe. Pero esa fe que ya no es intransigente, y acepta convivir con el error, ya no es la misma fe.

En realidad, ahora podría decirse de la Neo-Fraternidad: “Ellos tienen los templos, y también tienen…a Felé”.