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miércoles, 13 de octubre de 2021

TRADITIONIS CUSTODES Y LA FSSPX: EL CONTRAPESO DESPLAZADO



«El amor al bien común excluye netamente en este caso el

cómodo propósito de “quedar bien con todos” y obliga a quien

lo alberga a desconsiderar el propio interés, comodidad o gusto

en aras del interés superior de la verdad; que nos hace falta a

todos en este momento como el pan».

P. Leonardo Castellani

 

Volvamos por un momento, estimado lector, a Traditionis custodes, el motu proprio de Francisco que sacudió a las congregaciones conservadoras en dependencia de Roma, poniéndolas en entredicho con su hasta entonces cómodo status dentro de la estructura oficial de la Iglesia, pues mientras celebraban la Misa tradicional de su preferencia, se mantenían en silencio y sin grandes inconvenientes ante la demolición progresiva de la Religión católica por parte de la Jerarquía. Francisco osó tirar por la borda la autorización de Benedicto, diciendo “aquí mando yo”. La excusa fue el mantenimiento de la unidad eclesial, ante la “amenaza” de algunos “aprovechados” que mientras rezaban la Misa tradicional, habían comenzado a cuestionar lo incuestionable: el Novus Ordo y el super-Concilio.

sábado, 31 de enero de 2015

ACERCA DE LA ILUSIÓN DE RESTAURAR LA IGLESIA MEDIANTE LA LITURGIA TRADICIONAL.


Los "conservadores" Burke y Schneider.



NON POSSUMUS



Monseñor Bugnini destruyó la liturgia y  reemplazó la verdadera liturgia de la Santa Misa y de los sacramentos por esta nueva liturgia, de la cual no sabemos dónde terminará la evolución. Siempre está cambiando
(Mons. Lefebvre, sermón en su jubileo sacerdotal de los 60 años).

En estos tiempos en que la liturgia Tradicional ha sido supuestamente “rescatada” por el Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI,¿es verdad que ahora la FSSPX debe limitarse a conservar la Misa y el sacerdocio católicos, como lo dan a entender las autoridades de la misma y lo sugiere el branding que opera en el seno de la Obra de Monseñor Lefebvre? Para responder a esto, comencemos por algunas citas:

Es necesario que nosotros redescubramos el entusiasmo y el espíritu de fe de los comienzos de la Fraternidad y de su fundador. (…) Nosotros debemos responder a una nueva situación (…) Algunos quieren retirarse en una especie de ghetto esperando que pase la crisis. Es un signo de debilidad de la fe, no es la posición católica
(Entrevista al Padre Pfluger, DICI, octubre de 2010).

Es por eso quisiera invitarlos a despertar estos recuerdos, para que no olvidemos que el alma de nuestra actitud en la Iglesia, es una posición de fidelidad, de preservación y de construcción, antes que una actitud de resistencia. Una no va sin la otra, por supuesto, pero ya es tiempo, me parece, de poner en orden nuestros espíritus con el fin de recobrar un verdadero espíritu apostólico, en esta bella unidad que hizo y hará nuestra fuerza (…) volvamos a poner en el centro de nuestro corazón lo que animaba al de nuestro fundador, sin agotarnos y dividirnos en las querellas estériles que no tienen fin (…) Si debemos exigir algo de nuestros sacerdotes, no es que cada uno de ellos se ejercite en resolver la crisis de la Iglesia, o que sea un experto en la condena de todos los errores de moda, sino que sea  uno de esos "apóstoles de Jesús y de María" que Mons. Lefebvre quería dar a la Iglesia, un apóstol fiel al espíritu de su cruzada,  un experto de la gracia y de la fe, un experto de la liturgia, de la Misa y de la Eucaristía, ¡un conquistador en busca de las almas a convertir y a salvar! 
(P. Simoulin, Le Seignadou  septiembre de 2014).

Es necesario subrayar que la Fraternidad San Pío (sic) no fue fun­dada CONTRA el concilio, el modernismo y los errores actuales, sino PARA defender de la (sic) Tradición multisecular de la Iglesia, para salvar el sacerdocio católico y la Misa tradicional.
(P. Bouchacourt, revistaIesus Christus 106, julio-agosto de 2006).

…la Misa, es el corazón. Cuidando ese corazón, se cuida toda la Iglesia. Si se quiere, y ciertamente que se quiere una restauración de la Iglesia, es por allí que hay que ir. Es la fuente, y la fuente es la Misa. (…) para mí es evidente que querer la restauración de la Iglesia debe comenzar por eso. Entonces es por eso que le estoy profundamente agradecido al papa Benedicto XVI por haber restablecido la Misa.
(Mons. Fellay, DICI, noviembre de 2013).

¿Es verdad que se restaurará la Iglesia por la Misa? Así lo han dicho todas las comunidades Ecclesia Dei. Pero eso no es verdad, sino una peligrosísima ilusión.

Esta idea ya la había anunciado también el GREC: La Iglesia debe reformarse restaurando su tradición litúrgica (“Por la necesaria reconciliación”, P. Lelong, pág. 113).

Liturgia no restaurará a la Iglesia, sino que -al revés- la liturgia será restaurada cuando la fe sea restaurada. Lo primero es el combate contra el liberalismo en la Iglesia; ante todo está lo doctrinal y lo litúrgico estará siempre en segundo lugar. Pretender que la Iglesia pueda ser restaurada por la sola liturgia tradicional, es poner la carreta delante de los bueyes, es como pretender que un litro de petróleo pueda hacerse potable por agregarle una gotas de agua pura; es exigir milagros y tentar a Dios.

Un Sacerdote liberal que celebra la liturgia tradicional es alguien que vive en la contradicción. ¿Qué frutos deben esperarse de él, sino que sus feligreses vivan también en la contradicción? ¿Y es con almas que viven pacíficamente en la contradicción que se va a restaurar la Iglesia? Eso es pura ilusión, e ilusión propiamente diabólica, dadas sus graves consecuencias.

El incremento de misas tradicionales celebradas por sacerdotes liberales no traerá la restauración de la Iglesia. Por el contrario, uno de los efectos nocivos que sí puede producir es la desaparición de la Misa Tradicional. Casi con seguridad se puede afirmar que la masonería pretende que la misa tradicional sea aniquilada mediante su absorción en una adulterina mezcla, en una síntesis del rito “extraordinario”, es decir, católico, y del rito “ordinario”, es decir, bastardo. Dicha impura mezcolanza merecerá también el calificativo de “rito bastardo”. Veamos:

Ya el Padre Celier (miembro del GREC), en su pernicioso libro Benedicto XVI y los Tradicionalistas nos anticipó, sin ninguna crítica de su parte, lo que sucedería con la Liturgia de la Iglesia en los próximos años (texto tomado del análisis de Pierre Delacroix):

Me parece que nuestros contemporáneos serán tal vez testigos del nacimiento de un nuevo rito: “la misa pio-paulo” (págs. 195-196). O. Pichon le pregunta sorprendido: ¿misa pio-paulo ? ¿Qué están inventando ahora? Y el P. Celier se explica: mezcla del rito Pio y del rito Paulo. En la misma página 196, el P. Celier se explaya: la misa pio paulo sería simplemente una mezcla del rito “Pio” y del rito “Paulo”. Los jóvenes sacerdotes, queriendo arraigar en la tradición la liturgia que celebran en público, simplemente importarán las partes de la liturgia tradicional que celebran de manera más ocasional. O. Pichon alienta al P. Célier a precisar su pensamiento sobre lo que él llama un proceso de re-tradicionalización: a) Que Roma se conforme con abrir cada vez más las puertas a lo que es tradicional y vele de frenar a los obispos que quisieran perseguir abiertamente este regreso a la tradición. Con el paso de los años, llegarán sacerdotes más apegados a la tradición litúrgica, que fueron formados en su juventud con los ritos más tradicionales, la nueva liturgia estará más irrigada de las fórmulas tradicionales y del espíritu tradicional. Es así que tal vez veremos nacer e imponerse, con el paso de los años, este rito híbrido que he llamado, de manera un poco humorística, la misa pio-paulo. (pág. 198) Notemos la expresión ritos más tradicionales y no “rito tradicional”…b) Enseguida propone la técnica del ju-jitsu, arte marcial que tiene como principio el utilizar la fuerza del adversario para vencerlo. Es decir, poner a los “adversarios de la tradición” en una trampa dialéctica utilizando los argumentos clásicos del liberalismo. Roma podría agregar el ofertorio tradicional, entre las opciones posibles (pág. 200). En esta hipótesis, Roma tendrá ciertamente la idea de utilizar, para esta promoción de la tradición, los mismos argumentos progresistas: libertad, riqueza de elección, antigüedad de los textos, ¿qué se yo? (pág. 200). En ningún momento, en su libro, el P. Célier critica la “misa pio-paulo”, y dice además: "Si sucede como imaginamos, que la nueva liturgia se irrigue con las riquezas de la liturgia tradicional, llegando a esta misa piopaulo, ciertamente que tendrá un cierto número de adeptos" (pág. 201). No habla de contaminación, sino de irrigación, pues algo se irriga para volverlo fecundo y que produzca muchos frutos…

Apenas publicado el libro del Padre Celier, el Papa Benedicto XVI publicó el Motu proprio Summorum Pontificum. En su carta a los obispos con motivo de éste, el Papa dice: Por lo demás, las dos Formas del uso del Rito romano pueden enriquecerse mutuamente: en el Misal antiguo se podrán y deberán inserir nuevos santos y algunos de los nuevos prefacios. La Comisión “Ecclesia Dei”, en contacto con los diversos entes locales dedicados al usus antiquior, estudiará las posibilidades prácticas. En la celebración de la Misa según el Misal de Pablo VI se podrá manifestar, en un modo más intenso de cuanto se ha hecho a menudo hasta ahora, aquella sacralidad que atrae a muchos hacia el uso antiguo.

En el seno del GREC se trató este asunto: “Después del Motu proprio del Santo Padre de julio de 2007, se puede esperar que el antiguo y nuevo rito no solamente van a cohabitar, sino a enriquecerse mutuamente. Después de las desoladoras divisiones en torno al altar entre los “tradicionalistas” y “conciliares”, la Eucaristía será verdaderamente lo que es: el sacramento de la unidad y de la caridad. (Por la necesaria reconciliación, pág. 82).No habrá reconciliación profunda y por lo tanto unidad de espíritus y corazones en el mundo sacerdotal (…) sin la reforma litúrgica. La reconciliación por la reforma litúrgica debe ser la palabra clave en la Iglesia hoy. Pero en esta reforma que desembocará en una verdadera reconciliación, hay que tener en cuenta el sentido de lo posible y, en el dominio litúrgico, ir poco a poco (idem, pág. 113).

El Padre Barthe, miembro del GREC, hablaba de la « reforma de la reforma » desde tiempo atrás al Motu proprio. Las siguientes afirmaciones del Padre son interesantes: Por principio pienso que es completamente irreal el creer que se puede de un golpe hacer que en todas las parroquias del mundo, todas las misas sean celebradas según el uso antiguo. En cambio, yo constato (…) que el misal de Paulo VI contiene una casi infinita posibilidad de opciones, de adaptaciones y de interpretaciones, y que una elección progresiva o sistemática, o sistemáticamente progresiva, las posibilidades tradicionales que ofrece hacen posible, sobre el terreno parroquial, legalmente, (…) su “re-tradicionalización”. Muchos sacerdotes de parroquias (…) practican esta reforma de la reforma, frecuentemente por etapas, y en su gran mayoría celebran también la liturgia tradicional. Justamente, apoyándose en las obras de Joseph Ratzinger (Informe sobre la fe; Mi vida, El Espíritu de la liturgia, Un canto nuevo para el Señor, La celebración de la fe) y autorizándose en ellos, una nueva generación de teólogos, de historiadores del culto divino, de responsables de alto nivel, se ha constituido. Ellos forman hoy el medio de pensadores de la reforma de la reforma -un nuevo movimiento litúrgico, como al Papa le gusta decir- y que apoyan el Motu proprio.

Dicho esto, ninguno de entre ellos -especialmente el primero de entre ellos, el Papa- pretende promover una reforma de la reforma por textos, decretos y a fortiori por la edición de un misal fusional (…) sino que quieren proceder por el ejemplo, la exhortación, la educación, y sobre todo (…) provocando un sano “celo” de la forma llamada “ordinaria” respecto a la forma llamada “extraordinaria” (P. Barthe - Monde et Vie n°832 - 20 septiembre 2010).

¿Quiénes son, entonces, esta “nueva generación de teólogos… y de responsables de alto nivel”? Entre ellos, encontramos a los obispos y cardenales que, sin dejar de apoyar al concilio, apoyan la misa tradicional y los algunos valores morales tradicionalesY precisamente con ellos (Cardenal Burke, Mons. Schneider, cardenal Brandmuller) la Fraternidad lleva a cabo esos “encuentros informales y cordiales”, publicando en sus sitios, además, las entrevistas o declaraciones de estos prelados sin advertir a los fieles que son férreamente conciliares, y que su “tradicionalismo” no es tal.

Abandonando el antiguo combate y retrocediendo cobardemente hasta la sola defensa de la Misa Tradicional (mínimo común con los liberales "de sensibilidad tradicional" o "conservadores"), la Fraternidad, aún sin firmar acuerdo, se está auto sentenciando a muerte.

Terminamos con Monseñor Lefebvre: esto es lo que decía Leon XIII en su encíclica sobre los masones: “Ellos quieren destruir a fondo las instituciones cristianas. Ese es su objetivo”. Pues bien, ¡ellos lo están logrando, ellos lo están logrando!




domingo, 24 de agosto de 2014

SOBRE UN COMUNICADO DE UNA VOCE







Tras haber leído un Comunicado Oficial de Una Voce, acerca de un artículo de nuestro blog y otro del blog amigo Non Possumus, creemos que debemos hacer alguna puntualización sobre el mismo, en atención a nuestros hermanos en Cristo de la dolorida isla cárcel de Cuba que buscan un acercamiento a la Tradición católica, y esto sin el afán de polemizar, sino tan solo el de poner en claro algunas cosas cumpliendo con nuestro deber de caridad. Creemos que cuando afirman sobre quienes critican a la FSSPX que “solo les mueve el rencor hacia la FSSPX”, lo hacen movidos más que nada por una inconsciente imitación de los modos y prejuicios de muchos que dentro de la FSSPX no alcanzan todavía a comprender la realidad de esta congregación. Y no buscando hilar muy fino, quizá por temor a perder alguna seguridad adquirida o reconocer alguna falta en quien se han puesto grandes esperanzas o expectativas de acción, se prefiere ver en todo este asunto una cuestión temperamental, psicológica o incluso quizá psiquiátrica. Hay de todo en la viña del Señor, pero tengamos nuestro tiempo de análisis fundamentado en formación e información sólidas y veraces, para luego poder llegar a conclusiones realistas. No hay aquí tergiversación alguna a la que recurrir.

Consideramos que los miembros de Una Voce afectos a la FSSPX no comprenden la crisis que ésta atraviesa, por la simple y sencilla razón de que no comprenden lo que es el liberalismo, aunque proclamen que “Una Voce Cuba no es liberal, no juzguen a personas que no conocen, por favor”. Y una parte importante de esta falta se debe sin dudas a la propia FSSPX que ya no cumple su deber para con sus hermanos que con toda buena fe se han acercado a ellos quizá pensando que la Fraternidad seguía adherida íntegramente a la Tradición católica como antes. Esta es desde luego una suposición pues no deseamos juzgar las intenciones.

Con todo respeto, se deben hacer las necesarias distinciones entre lo personal y lo doctrinal. La tesitura del comunicado, centrada en cuestiones de índole afectiva o sentimental (legítimas y necesarias pero no primarias ni definitorias a la hora de decidir una obra de colaboración católica) más bien nos lleva a confirmar nuestra opinión sobre el liberalismo imperante en Una Voce, mal que les pese.

Escribió Sardá y Salvany: “La suma intransigencia católica es la suma católica caridad. Y porque hay pocos intransigentes, hay en el día pocos caritativos de veras. La caridad liberal que hoy está de moda es en la forma de halago y condescendencia y cariño; pero es en el fondo el desprecio de los verdaderos bienes del hombre y de los supremos intereses de la verdad y de Dios” ("El Liberalismo es Pecado"). En el Comunicado se menciona el respeto hacia Mons. Lefebvre y las buenas relaciones que éste le dispensó a Una Voce, se cuenta incluso que“Ya anciano, el propio Arzobispo recibió en Econe, con grandes muestras de afecto a una delegación de peregrinos de Una Voce Francia”. Pero eso no le impidió a Mons. Lefebvre condenar la posición liberal adoptada por Una Voce, como afirma en esta cita:"Sí, me he sorprendido al leer, en un folleto de Una Voce que me dieron en Ottawa, la posición que ellos han adoptado. Es una posición muy ambigua y no es conforme a la que defendemos y que los tradicionalistas siempre han defendido. No decimos que la nueva misa sea herética, ni que sea inválida, pero nos rehusamos a decir que sea legítima, que sea perfectamente ortodoxa. Si bien los fieles se preguntan si deben asistir a estas misas que ahora están autorizadas por los obispos, para nosotros es siempre la misma consigna: pensamos que no hay que ir a esas misas porque es peligroso afirmar que la misa nueva es tan válida como la tradicional. Poco a poco estos sacerdotes que aceptan estas condiciones, tendrán las mismas tendencias que aquellos que dicen la nueva misa y un día, quizá ellos mismos la dirán y llevarán a nuestros tradicionalistas a la nueva misa". (Entrevista a Monseñor Lefebvre en el número 19, agosto de 1985, de “COMMUNICANTES”, revista de la FSSPX en Canadá). 

jueves, 30 de mayo de 2013

FRANCISCO: NO A LA SUPRESIÓN DEL MOTU PROPRIO SUMMORUM PONTIFICUM.-



Vimos este artículo en Tradinews, el cual lo tomaron de Paix Liturgique siendo su fuente original Il FoglioLas comunidades Ecclesia Dei están congratulándose y agradeciendo a Francisco por esta declaración. Esperamos pronto la reacción de DICI-Lorans y de Menzingen a este respecto.
Hemos traducido solamente los párrafos que aluden a la noticia. Resaltados nuestros.




« ¡NO TOQUEN LA MISA TRADICIONAL! EL PAPA SORPRENDE A TODO EL MUNDO”

28 de mayo de 2013: Los obispos de Pouilles piden el retiro del Motu Proprio de Ratzinger. Bergoglio dice no: La Iglesia necesita tanto el rito antiguo como el nuevo.

Quien pensó, a la llegada a la Sede de Pedro del jesuita sudamericano Jorge Bergoglio, ver a la misa en latín en su forma extraordinaria metida en el closet para siempre, hizo muy mal. El Motu Proprio Summorum Pontificum de Ratzinger del 2007, no se toca, y el misal de 1962 de Juan XXIII –que es la última versión del misal tridentino de san Pio V- está sano y salvo. (…) Es el Papa mismo quien lo dijo hace algunos días con ocasión de su encuentro con los obispos de Pouilles en su visita ad limina apostolorum como lo hacen todos los obispos cada cinco años.

Como lo escribió en su blog el vaticanista Sandro Magister, los obispos de Pouilles fueron los más locuaces (acerca de su encuentro con el Papa), tanto con el clero como con la prensa. La semana pasada, el obispo de Molfetta, Luigi Martella dijo que Francisco estaría dispuesto a firmar, de aquí a fin de año, la encíclica sobre la fe, la cual Benedicto XVI estaría terminando en la calma del monasterio Ecclesia Mater. Monseñor Martela añadió que Bergoglio tenía ya en la cabeza una nueva encíclica que estaría consagrada a la pobreza, titulada Beati pauperes. Estas declaraciones obligaron a la Santa Sede a desmentir, rectificar y precisar, el padre Lombardi invitó a pensar en “una encíclica a la vez”.

Fue enseguida el obispo de Conversano y Monopoli, Domenico Padovano, quien dijo al clero de su diócesis que la prioridad de los obispos de la región había sido explicar al Papa que la misa tradicional creaba grandes divisiones en el seno de la Iglesia. Lo que implica: hay que suprimir Summorum Pontificum, o al menos, limitarlo fuertemente. Pero Francisco dijo no.

Monseñor Padovano dijo también que el Papa le pidió permanecer vigilantes sobre el extremismo de ciertos grupos tradicionalistas, pero sugiriendo también “atesorar” la Tradición y a crear condiciones para que ésta pueda vivir con la innovación. A este respecto, como escribió Sandro Magister, Bergoglio incluso señalaría las presiones sufridas después de su elección para alejar al Maestro de ceremonias pontificales, Guido Marini, descrito al papa como un tradicionalista que debe ser regresado a Génova, la ciudad que abandonó muy a su pesar para responder al llamado de Benedicto XVI que lo quería en Roma. En este caso, el Papa Francisco se opuso a todo cambio en la oficina de ceremonias pontificales. Y lo hizo para “sacar provecho de la visión tradicional” (de Monseñor Marini) y permitirá al suave y reservado ceremoniero de “beneficiarse de mi formación más emancipada”.

  

viernes, 18 de enero de 2013

UNA LIBERTAD LIBERAL


MOTU PROPRIO "SUMMORUM PONTIFICUM",  CONCILIACIÓN DE LOS OPUESTOS O LA TOLERANCIA LIBERAL


El Novus Ordo celebrado por el Papa Benedicto XVI. Nótese que el Cristo detrás de la mesa no tiene cruz: símbolo exacto de lo que es la Misa Nueva, o mejor dicho, de lo que no es: un sacrificio.


Forma extraordinaria del rito romano, según el Papa. Los fieles pueden ir tanto a uno como al otro. "Se'igual", diría Minguito Tinguitella en la Argentina.


Que el liberalismo ha penetrado el pensamiento de muchísimos tradicionalistas –sin que éstos se den cuenta- nos lo confirma el seguir escuchando en distintas conversaciones, y por parte de gente que se supone bien formada, la defensa del Motu proprio del Papa sobre la Misa tradicional y la actitud de aceptación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Es un tema sumamente importante sobre el que no se reflexiona bastante. ¿Pero acaso hay algo sobre lo que se reflexione bastante, cuando de unos años a esta parte se ha impuesto la actitud de obediencia ciega y “que las autoridades piensen por nosotros”, o, siguiendo a Chesterton, “saquémonos el sombrero y la cabeza”, no vaya a ser que caigamos en el celo amargo “radiocristiandánico”?

 Hay allí una concesión asumida en el terreno de la verdad sustentada en  “la imposibilidad de que el Papa dé más de lo que dio”, es decir, si el Papa es liberal y pone en pie de igualdad o da el mismo valor a una Misa católica y una Misa protestante o bastarda inventada por masones, hay que aceptarlo porque la mitad del decreto es bueno y ha concedido la libertad (¿Estaba presa? ¿Cómo entonces desde hace cuarenta años nosotros los tradicionalistas asistimos a esa misa con entera libertad?) a la Misa tradicional. Este razonamiento desliga el bien del mal, la verdad del error, como si en esta batalla pudieran discriminarse y pudiera hacerse el bien sin combatir el error. Lo decía San Jerónimo: “Si no odiamos el mal no podremos obrar el bien” (Carta a Rústico, Belén, 411). El truco liberal es conducir la mirada hacia el bien (“miremos lo que nos une, no lo que nos separa”) y disminuir entonces el mal. Así se ve  la mitad de la realidad.

Pero el mal igualado al bien no disminuye el mal, sino que disminuye el bien. Es la aceptación del mal menor donde no puede ser aceptado: en los principios. Contra esto se arguye que liberando la Misa tradicional ésta de a poco irá ocupando cada vez más lugar y al fin terminará por desplazar a la Misa nueva. Otra falacia liberal. Alguien entonces podría razonar así: “Es como si el señor del kiosco hubiera sacado la “Iesus Christus” que tenía escondida y la pone en exhibición en su kiosco, colocándola a la vista junto a la “Criterio”. Es cierto que el kiosco vende basura, pero por lo menos ahora alguien podrá leer algo bueno”. Eso, le respondemos, plantea tres problemas: primero, por una “Iesus Christus” (digamos de las de antes), hay cien “Criterio” o “30 giorni” (revistas liberales). Segundo, si el kiosquero vende una “Iesus Christus” por cada cien de las otras, sencillamente va a terminar por volver a guardar la “Iesus Christus” donde nadie la vea, porque no es negocio: ya no le interesa venderla. Tercero: si aceptamos que el Papa pueda actuar como un kiosquero, estamos fritos. Porque el Papa, la Iglesia, debe enseñar la Verdad, debe transmitir intacto el depósito recibido en toda su integridad. Y en eso no se puede negociar. Aunque todo el mundo le reclamara la “30 giorni”, él tendría que decir: “No tengo eso, no vendo porquerías”. Por eso, y más tratándose de una cuestión tan grave como es el Santo Sacrificio de la Misa, el centro de la vida cristiana, el Papa no puede actuar como un tendero o como un político, como interpretó bien Mons. Fellay en su carta de agradecimiento del Motu proprio. Porque ahí se dice que el Papa- y se lo dice comprendiéndolo o como disculpándolo, no en un tono condenatorio sino diplomático- que el Papa afirma la existencia de un solo rito en dos formas iguales en derecho, para no chocar con las Conferencias episcopales. Lo que debe decirse es que el Papa debe hacer las cosas para no chocar con Jesucristo, con la voluntad de Dios y con la Tradición católica, aunque eso le cueste la vida. Si le pedimos al Papa “el mal menor”, entonces estamos sonados.

Mons. Lefebvre aclara bien el error de esta especulación propia de los liberales: Si continuáis la lectura de las actas de los Papas una después de la otra, veréis que todos han dicho lo mismo sobre las libertades nuevas nacidas del liberalismo. La libertad de conciencia y de cultos, la libertad de prensa, la libertad de enseñanza, son libertades envenenadas, falsas libertades. Porque el error es siempre más fácil de difundir que la verdad, es más fácil de propagar el mal que el bien. Es más fácil decir a la gente: “podéis tener varias mujeres”, que decirles “no tendréis más que una durante toda la vida”; ¡es más fácil en consecuencia establecer el divorcio como “contrapeso” del matrimonio! Igualmente, dejad indiferentemente a lo verdadero y a lo falso la libertad de obrar públicamente y con seguridad habéis favorecido el error a costa de la verdad.

Actualmente les agrada decir que la verdad hace el camino por su sola fuerza intrínseca y que para triunfar, no tiene necesidad de la protección intempestiva y molesta del Estado y sus leyes. El favoritismo del Estado hacia la verdad es inmediatamente tachado de injusticia, como si la justicia consistiese en mantener equilibrada la balanza entre lo verdadero y lo falso, la virtud y el vicio...Es falso: la primera justicia hacia los espíritus es favorecerles el acceso a la verdad y precaverlos del error. Es también la primera caridad: “veritatem facietes in caritate”: En la caridad, hagamos la verdad. El equilibrismo entre todas las opiniones, la tolerancia de todos  los comportamientos, el pluralismo moral o religioso, son la nota característica de una sociedad en plena descomposición, sociedad liberal querida por la masonería.” (Le destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar).

La libertad que otorga el Motu proprio sobre la Misa es una libertad liberal, una libertad envenenada, que al equiparar la verdad con el error hace disminuir el valor de la verdad. Es como darle la libertad al inocente…pero también al asesino. Si el inocente no se cuida el asesino será capaz de matarle. La “libertad” de la Misa tradicional es como un padre que da libertad a sus hijos para comer de un pastel que estaba bien guardado y muy pocos disfrutaban, pero deja a su lado un pastel envenenado que los llevará a la muerte eterna. ¿Puede tolerarse eso, en nombre de la libertad para el pastel bueno? Sí, si se es o se actúa como un liberal.

Lo que nuestros amigos resabiados de liberalismo no comprenden  es que enseñar la verdad y condenar el error van juntos. Si el Papa reconoció “el derecho inalienable de todo sacerdote a celebrar la Misa tradicional sin tener que recurrir a ninguna autorización especial” (editorial del P. Bouchacourt), no condenó la Misa nueva que se opone radicalmente a la Misa tradicional, misa aquella que además goza de todas las facilidades y cuya imposición no puede ser disminuida por un decreto que además la sostiene como la “forma ordinaria” del rito. Si el Papa tuviese la fe católica hubiese dicho “Misa tradicional para todos”, pero también “Misa Nueva para nadie”. Porque la Iglesia debe permitir pero también impedir: impedir el mal, el error que combate aquello que debe permitir.

Por otra parte, si el Papa dice y da la impresión de que ambas formas del rito son igual de válidos, entonces ¿qué sentido puede tener para el que va al Novus Ordo cambiarse a la Misa tradicional? Se queda con la que conoce antes que tener que “aprender latín”. Y se queda con ésta porque no comprende todo el drama del combate doctrinal y litúrgico. Por el contrario, se acercarán muchos a la “forma extraordinaria del rito romano”, sin el debido discernimiento, buscando sólo la exterioridad, la belleza estética del culto (como pasa incluso con homosexuales dentro de la Iglesia), de manera que no podrán obtener todos los frutos que obtendrían si tuvieren la debida preparación e instrucción. Por otra parte, con el Motu proprio, ¿a qué acercarse a las Misas de la Fraternidad San Pío X, si puede el fiel de la Iglesia conciliar acercarse a la de una Iglesia de la diócesis? De esta forma se disminuye el sentido del combate total de la FSSPX, reduciéndolo todo –para los de afuera- a la Misa.


También se puede argumentar, en defensa de Benedicto, que actuó prudencialmente aplicando la tolerancia católica temporalmente, para evitar un mal mayor, esto es, una gran división interna en la Iglesia. Pero que esto no es así queda claro cuando el Papa no se limitó en su decreto a reconocer la no abrogación de la Misa tradicional, sino que además le otorgó todos los derechos (derechos inmerecidos) a la Misa Nueva, es decir, al error. El Papa decreta la coexistencia de la verdad y el error. Su decreto es revolucionario.      


Así que la Fraternidad dijo: “La libertad de la Misa tradicional es un bien muy grande”. Pero no dijo: “La libertad de la Misa Nueva es un mal muy grande, o se está con una Misa o se está con la otra, no con las dos. Por lo tanto este decreto es inaceptable”.

En cambio, se afirmó que el acto de Benedicto XVI, pese a los errores contenidos en su decreto, era un acto de “coraje real” (sic). ¿Hay que tener coraje para engañar o hay que tener coraje para afirmar íntegra la verdad? ¿Hay que tener coraje para ser mártir como todos los primeros Papas o para sumarse al envión del Nuevo Orden Mundial? “Mi mayor ambición fue siempre decir la verdad a medias”, dice un personaje que en una película simboliza al demonio (The Lightship, Jerzy Skolimovsky, 1986).

Se afirmó que fue un acto de “coraje real” porque se ha querido hacer creer –o se ha creído- que Benedicto XVI no es un Papa progresista, sino “restaurador”, puesto que los progresistas lo atacan. Con un razonamiento tan infantil podría sostenerse también la defensa de Mauricio Macri, porque los progresistas e izquierdistas lo atacan. Eso es una falacia absoluta, puesto que los que atacan al Papa son los “ultraprogresistas”, y Benedicto, como alguna vez se definió a sí mismo, es “un progresista equilibrado” (Informe sobre la Fe, pág. 22). Un progresista que está por una “evolución tranquila de la doctrina” (Id. P. 23) y “sin nostalgias de un ayer irremediablemente pasado” (Id. P. 24). Y, como dice un excelente artículo de la revista “Sí, sí, no, no”, “si bien él no ama el progresismo de punta, tampoco ama la Tradición católica: “Debemos permanecer fieles al hoy de la Iglesia; no al ayer o al mañana” (Id. P. 37).

Por si algún distraído quiere creer que eso fue el pasado y como Papa Ratzinger ha cambiado de parecer, le recordamos que el Papa ha dado el visto bueno a la reedición de todas sus obras, y es Gerhard Ludwig Müller, obispo de Ratisbona, actual Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el cargo que antes ocupara Ratzinger con Juan Pablo II), el editor de sus obras completas. Müller, se sabe, es favorable a diversas herejías y  ha dicho que los que afirman que el Vaticano II significa una ruptura con la Tradición aplican una “interpretación herética”.

Agreguemos sobre el Motu proprio que “siendo el derecho una noción moral, se ordena enteramente al fin y al bien. Por lo tanto no se puede de ninguna manera reconocer el mismo derecho moral o civil al error y a la verdad, al bien y al mal (como lo hace la declaración de los derechos del hombre)”. (P. G. Devillers, La ideología de los derechos humanos y libertad religiosa. Nueva teología y nueva moral). Significativo resulta comprobar, en la mención de este texto que se refiere a la ideología de los Derechos Humanos, que la misma se ha impuesto en la Iglesia oficial a través del modernismo del Vaticano II y que para existir requiere de una “conciliación de los opuestos” o “reconciliación de los contrarios”, que los documentos del Vaticano II han promovido en especial con el ecumenismo. Lo mismo viene a buscar el Papa con la Tradición católica (asistir a la Misa tradicional es un “Derecho Humano”, podrían decir), sólo que para esta conciliación una de las dos concepciones, la verdaderamente católica, tiene que contaminarse de liberalismo para poder pactar. Ya la aceptación del Motu proprio y el “levantamiento de las excomuniones” funcionaron como “caballos de troya” para ablandar el “integrismo” mediante razonamientos falsos y concesiones al error. ¿No puede afirmarse acaso que Benedicto le aplicó una hábil dialéctica marxista –que aún no termina de dar resultados, es cierto- a la FSSPX? “La presente situación puede considerarse una confrontación de las dos concepciones vigentes de los derechos humanos (es decir, la capitalista y la soviética)…estas dos concepciones vigentes son, en cierto modo, complementarias y, en cierto modo también, opuestas. Una de las tareas principales que tenemos por delante en el futuro inmediato es el encontrar claramente algún denominador común para el desarrollo futuro de las dos tendencias o, en términos de dialéctica marxista, lograr la reconciliación de los dos contrarios en una síntesis superior”.(“Memorandum y Cuestionario acerca de las Bases Teóricas de los Derechos del Hombre”, París, 1947. Cit. por Arnold J. Lien, “Los derechos del hombre” por E.H. Carr, Benedetto Croce, Mahatma Gandhi, Aldous Huxley, Salvador de Madariaga, Jacques Maritain, Teilhard de Chardin y otros, Barcelona, 1975).

Veamos otro texto interesante sobre la manera que tienen los liberales de conceder la “libertad”: “El régimen americano concede la libertad a todos los cultos, con tal que no perturben el orden público [Nota Syllabus: dada la exigua cantidad de fieles que acuden a la Misa tradicional, y las trabas impuestas por los obispos, Roma comprendió que la libertad de esta misa no iba a perturbar el “orden público” del Vaticano II]. La Iglesia no se queja por supuesto del beneficio que supone esta libertad, libertad que le es negada en otros países. Lo que recuerda León XIII a los americanos es que este sistema, incluso si permite la acción de la Iglesia, se queda en un mal menor. En realidad el Estado no puede poner todas las religiones al mismo nivel, tal como ocurre en los Estados Unidos. Debe conceder un trato de privilegio y proteger solamente a la verdadera religión. Las otras religiones pueden ser toleradas en función de determinadas circunstancias pero en realidad nunca disfrutarán sus derechos.[Nota Syllabus: la Misa Nueva no puede disfrutar de derechos, pero ni siquiera debe ser tolerada] Esta es la enseñanza constante de la Iglesia desde los orígenes, que Pío XII resumió en 1953 de esta forma: “Todo lo que no responde a la verdad y a la ley moral no tiene objetivamente ningún derecho a la existencia, ni a la propaganda, ni a la acción” (“La subversión que llegó de la América sajona”, tomado de la revista Savoir et servir Nº 56 y Iesus Christus Nº 48, Noviembre–Diciembre de 1996).

Tras estas palabras de Pío XII, ahora nos recordamos de la admisión de Mons. De Galarreta de que el decreto sobre las “excomuniones” no responde a la verdad…pero se aceptó con gratitud y alegría. Contagio liberal.

Sigue diciendo el artículo que los liberales “acceden en acordar la libertad a los católicos pero siempre que éstos no la utilicen para el triunfo de los principios católicos: “Somos liberales y les ofrecemos la libertad en nombre de nuestros principios. A cambio, su deber es respetar esta libertad que se les ofrece. No tienen ningún derecho si pretenden utilizarla para imponer sus principios que se oponen a los liberales”. (Idem).

Los liberales “quieren sobre todo transformar a los católicos en liberales, y es con esta intención que otorgan a los católicos una cierta libertad, no para que practiquen tranquilamente su catolicismo sino porque esperan que, insertos en un sistema liberal, se liberalizarán poco a poco. Si los católicos resisten, entonces se emplea contra ellos el arma psicológica, o bien se les acusa de maquiavelismo, de ingratitud o de doblez”. (Id.).

“Ante estas amenazas, que encubren a su vez la idea de persecución, la mayoría de los católicos flaquea y, luego de empezar por engrosar las filas de eso que se llama “católicos liberales”, tras muchas concesiones y renuncias, terminan apostatando completamente”. (Id.).

Recapitulando, se comprende entonces que el error inicial de la FSSPX fue dejar de ser antiliberal y subestimar al enemigo, cayendo en su trampa dialéctica por confiar en la propia astucia, recubierta con una piedad mal entendida y casi olvidándose de las enseñanzas evangélicas. El gran error fue hacer a Roma –a la Roma modernista, a una Roma que Mons. Lefebvre llamó apóstata y anticristo- hacerle esas dos peticiones. Porque no puede pedírsele a un estafador, a un corruptor –y la Roma conciliar corrompió la doctrina católica y estafa a los fieles ¿hace falta decirlo?-, no puede pedírsele que dé algo limpio, algo sano, algo católico, porque éste sólo puede dar cosas falsas, estropeadas, manoseadas, imperfectas, como las que dio. Lo que debió pedir la Fraternidad es, como quería Monseñor Lefebvre, una profesión de fe, católica, antimodernista. Ello hubiera sido un signo verdadero de conversión, no la entrega de cosas que pueden manipularse de muchas formas. Porque para actuar como católico se debe pensar como católico. Y el primer paso es asumir esa fe entera públicamente, primer paso en el camino de la verdad, único camino que conduce a la libertad. Pero, eso sí: Nuestro Señor dijo “la verdad os hará libres”, no dijo “la verdad a medias os hará libres”.