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viernes, 12 de septiembre de 2014

CORTESÍA



“Vio solamente la imagen de Dios multiplicada, pero nunca monótona. Para él un hombre era siempre un hombre, y no desaparecía en la espesa multitud, como no desaparecía en el desierto. Honraba a todos los hombres; esto es: no sólo los amaba, sino que, además, los respetaba. Lo que le dio su extraordinario poder personal fue precisamente esto: que desde el papa al mendigo, desde el sultán de Siria en su pabellón hasta los ladrones harapientos saliendo a rastras del bosque, nunca existió un hombre que mirase aquellos ojos pardos y ardientes sin tener la certidumbre de que Francisco Bernardone se interesaba realmente por él, por su propia vida interior, desde la cuna hasta el sepulcro; que era estimado y considerado seriamente y no añadido a los restos de una especie de programa social o a los nombres de algún documento burocrático. Ahora bien esa idea moral y religiosa de interés humano no tiene más expresión externa que la cortesía”.

Chesterton, San Francisco de Asís