sábado, 25 de octubre de 2014

SÁBADO MARIANO, NO OLVIDE REZAR EL ROSARIO.-





Prometo mi especial protección y grandes beneficios a los que rezaren devotamente mi Rosario.

Únase a los Cruzados del Corazón Inmaculado aquí.



LA FE




“La Fe preserva todo lo que, fuera de la Fe, se está derrumbando: el matrimonio, la familia, la propiedad, la autoridad, el respeto a los padres, la recta razón, hasta las artes…Es un hecho tan grande y tan cierto como una montaña vecina en nuestro entorno”.


Hilaire Belloc

¿ESTÁ VACANTE LA SEDE? - POR EL R.P. DOMINIQUE BOULET.- PARTE 8


Traducción de Alejandro Villarreal.

5. La actitud sedevacantista:

5.1. La Misa Una Cum:

El Obispo Guérard des Lauriers [24] solía decir que “el citar a Juan Pablo II en el Te Igitur de la Santa Misa es cometer, objetiva e inevitablemente, el doble crimen del sacrilegio y el cisma capital.” [Nota de B&T: Te Igitur es parte de la primer oración del canon de la Misa: “Te igitur clementissime Pater”.] Por el contrario, la expresión Una Cum en el Canon de la Misa no significa que uno afirme que se está ‘en comunión’ con las opiniones erróneas del papa, sino por el contrario, que uno desea orar por la Iglesia “y por” el papa, su cabeza visible. Con el fin de estar seguros de esta interpretación, reportaremos la rúbrica del misal para la ocasión en que un obispo celebra la Misa. En este caso, el obispo debe rezar por la Iglesia “Una cum… me indigno famulo tuo” lo cual no significa que él rece ‘en comunión con… sí mismo, su indigno servidor’ (¡lo cual no tiene sentido!), sino que el reza ‘y por… mí, su indigno servidor.’ Debemos entonces considerar que aquellos quienes niegan el pronunciar el nombre del papa durante el canon de la Misa piensan que la Iglesia ha perdido su cabeza visible, ¡esta actitud es cismática!

5.2. Validez de los Nuevos Sacramentos:

Muchos sedevacantistas sostienen que la Nueva Misa y los Nuevos Sacramentos siempre son inválidos. Ellos consideran que todos los sacerdotes ordenados por el nuevo rito, después de 1969, no son sacerdotes. Sobre este tema, permítanme citar al Arzobispo Lefebvre:
Ahora, es fácil demostrar que la Nueva Misa manifiesta una inexplicable aproximación con la teología y liturgia de los Protestantes. Los siguientes dogmas fundamentales del Santo Sacrificio de La Misa no están claramente representados e incluso son contradictorios… ¿Uno debe ir tan lejos como para concluir que estas Misas son inválidas? En tanto que las condiciones esenciales para su validez estén presentes: materia, forma, intención y validez en la ordenación del sacerdote, no veo cómo alguien pueda afirmar esto. Las oraciones del Ofertorio, el Canon y la Comunión del sacerdote, las cuales rodean las palabras de la Consagración, son necesarias, no para la validez del Sacrificio y el Sacramento, sino para su integridad. Es claro, sin embargo, que pocas y cada vez menos Misas son válidas en estos días al mismo tiempo que la fe de los sacerdotes es destruida y ellos no poseen más la intención de hacer lo que la Iglesia hace, una intención que la Iglesia no puede cambiar. La formación actual de aquellos quienes son llamados seminaristas no los prepara para celebrar una Misa válida.” [25]

5.3. Tergiversación de la verdadera naturaleza de la Iglesia:

En este punto, me gustaría ofrecer un diagnóstico de la actitud sedevacantista.
Los sedevacantistas están verdaderamente obsesionados con la cuestión del papado. Uno bien podría preguntarse si en muchos de ellos es debido a algún trauma sicológico. Es entendible su veneración ancestral por el papa y que parece desencadenar en ellos un verdadero pánico ante la idea de contrastar su querida imagen idealizada del papa con papas tales como Pablo VI y Juan Pablo II. El Sedevacantismo parece ser más un problema sicológico que uno teológico… Sólo ahora vemos con nitidez los efectos que esta corriente teológica produce en los católicos apasionados. Ellos ahora se han convertido en su propio papa. Ellos juzgan a sus propios sacerdotes. Muchos de ellos ya no recurren al sacramento de la Confesión, muchos de ellos ya no escuchan las enseñanzas infalibles de la Iglesia. Generalmente ellos traen la ruina moral sobre sus propias familias.” [26]
Tal imagen estimada e idealizada del papado los está llevando a actuar en la práctica como si la Iglesia sólo tuviese un fundamento divino. Por el contrario, la Iglesia, como fundamento de Jesucristo, es tanto divina como humana. Es divina en su origen, en su fundador y cabeza invisible… pero es humana en sus miembros, en particular en su cabeza visible, el papa. Siendo divina, la Iglesia es la esposa inmaculada e intachable de Cristo… pero, en su origen humano, la Iglesia está compuesta por hombres quienes, como usted o yo, somos pecadores. Entonces, no deberíamos sorprendernos si el papa actual puede traicionar a su maestro, como lo hizo San Pedro. Junto al Sedevacantismo, vemos revivir algunos de los viejos errores de John Wycliffe y John Hus, quienes pretendieron que los pecadores ya no fueran miembros de la Iglesia. Permítanme citar algunas de sus proposiciones, condenadas por el Concilio de Constanza (1414-1418):
Si el papa es reconocido como un malvado, y consecuentemente un miembro del mal, el no tendría el poder sobre los fieles, no sería sustentado por nadie, a menos que lo haga el César.” [27]
Y:
Si el papa es malvado y especialmente descubierto como Judas, el Apóstol, es diabólico… y él no será la cabeza de la santa Iglesia militante, ya que no será miembro de ésta.” [28]

5.4. Subjetivismo:

No importa la forma en que ellos traten de justificar su posición, tenemos que aceptar que la tesis sedevacantista no está sustentada en hechos objetivos, sino en subjetivismo. El criterio objetivo requerido por la teología católica para reconocer quien es verdadero papa, corresponde al reconocimiento de aquel quien fue electo por Cardenales, Obispos y por toda la Iglesia. En la mente sedevacantista, tal criterio ya no puede ser objetivo, sino que, necesariamente se apelará a una fuente fundamentalmente subjetiva e incluso se hará un esfuerzo por hacerla parecer objetiva. Debido a que la actitud del Sedevacantismo no está basada en los principios seguros y objetivos de la teología católica, no debemos sorprendernos al atestiguar algunas asombrosas retractaciones y cambios de parecer. Permítanme ofrecerles un ejemplo de entre muchos: allá en los años ochenta, el Padre Olivier de Blignières, en ese entonces un ferviente promotor de la tesis sedevacantista de Fr. Guérard des Lauriers y habiendo fundado en Francia una comunidad religiosa. Entonces, como consecuencia del Motu Proprio del Papa Juan Pablo II de 1988 Ecclesia Dei Afflicta, el mismo Padre de Blignières cambió su posición y se puso bajo la comisión Ecclesia Dei. Su comunidad, llamada la Fraternidad de San Vicente Ferrer, fue inmediatamente reconocida por las autoridades Romanas y le concedieron el status de Derecho Pontificio. En el campo doctrinal, allá en los años ochentas, Fr. de Blignières pensaba que la Libertad Religiosa era herética, ahora escribe libros para justificar la Libertad religiosa según el Vaticano II.




viernes, 24 de octubre de 2014

24 DE OCTUBRE – EL ARCÁNGEL SAN RAFAEL




Oh, Dios, que le diste a tu siervo Tobías por compañero de viaje al Arcángel San Rafael; concédenos a nosotros tus siervos que seamos custodiados por él siempre y defendidos con su auxilio. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

EL GOBIERNO DE LA CLASE ABOGADIL – RAMÓN DOLL


Ramón Doll (1896-1970)


En un libro sobre abogacía, de Rafael Bielsa, el autor trilla, aunque muy ligeramente, el tema que ha preocu­pado ya a muchos otros tratadistas de la materia. ¿Son los abogados los hombres más indicados para intervenir en política, para dirigir los negocios públicos?
Con algunas reticencias, Bielsa se inclina a conside­rarlos como los más indicados, y dice que “la versación jurídica del abogado le da cierto ascendiente en todo aquello que sea ciencia de gobierno”. Y en otra parte afirma que “en América el papel del abogado ha sido, sin duda, más eficaz que en los viejos pueblos de Europa.
Desentendiéndonos del resto del libro, que sólo ofrece interés para algunos alumnos de Derecho procesal de la Facultad, digamos que Bielsa ha perdido la oportuni­dad de formular contra el gremio de abogados el cargo más grave: el de su absoluta incapacidad e ineficacia para gobernar y actuar en política.
Los abogados en la política argentina han sido senci­llamente nefastos. Es curioso que, así como se ha traba­jado a la opinión pública durante muchos años para en­señarle a temer al militarismo (predominio en el gobier­no de un espíritu profesional que encarnan los mi­litares), no se haya denunciado nunca y se haya silen­ciado arteramente este otro espíritu profesional, mucho más antisocial, y que podría llamarse el curialismo, pro­ducto de la abundancia de abogados en el manejo de la cosa pública. Gremio por gremio, es mucho más peligro­so el de los abogados que el de los militares, cuando interviene en política; y en la República Argentina bas­taría recordar que, hace apenas un siglo, mientras los militares ganaban con su espada la Banda Oriental, los abogados la perdían como unos imbéciles ante la diplo­macia brasileña.
Digamos, a fuer de sinceros, que militarismo no ha existido nunca en nuestro país, y, en cambio, curialismo o abogadismo eso sí ha existido desde el 53 en adelante. ¿Quién puede negarlo? Ese tipo de político curial, siem­pre con estudio abierto y banca perenne en la Cámara de Diputados, ¿no ha proliferado en el país, no ha sido desiderátum de varias generaciones de muchachos ar­gentinos que aprendían en la Universidad y en las alha­racas de la reforma el arte de la demagogia y del nego­cio curialesco a un tiempo mismo? ¿No es la Facultad de Derecho semillero de diputados nacionales que repar­ten su tiempo entre la banca y el estudio o bufete?
No podemos hacer excepciones con ningún partido po­lítico, por más que algunos conductores como Juan B. Justo hicieron lo posible por retraer a los abogados del Partido de intervenir en litigios privados.
Mas no es nuestro propósito aconsejar aquí normas que pueden pertenecer a la ética profesional. Prohibir o no prohibir a los abogados que ocupan cargos públicos el ejercicio de la profesión es asunto mediano, y el mis­mo Bielsa se muestra reservado en esa materia y acon­seja por ahí una magra restricción de bien poca impor­tancia.
Lo que sostenemos es que el gremio abogadil conforma la mentalidad de sus miembros de tal manera que los hace ineptos, peligrosos y perjudiciales, para la cosa pú­blica.
Considérese que el abogado tiene por función propia la defensa de lo particular, lo individual, lo excepcional, diríamos. Al hablar así no queremos decir que el abogado tenga por misión defender todo aquello que se ha­lle en pugna con la llamada cosa pública o con lo que suele denominarse interés público o social, por oposición a los derechos de los particulares. No. Sabemos que la protección de los intereses particulares es también de alto interés público o social. Lo que queremos decir es que el abogado tiene forzosamente que perder de vista y se acostumbra a desentenderse de toda preocupación sobre los intereses generales de la sociedad, porque su oficio lo habitúa profesionalmente a poner su atención en el beneficio o ventaja individual que una norma general proporciona a su cliente.
Un ejemplo: en toda causa criminal la misión genuina del abogado es tratar de que el criminal escape a sanciones penales que, sin embargo, son de alto interés público y que velan por la tranquilidad y el orden de la población. Es cierto que también hay un no menos alto interés público en que todo acusado se defienda, para evitar la condena de un inocente, pero, en rigor, el abogado tiene que perder de vista esa finalidad de la defensa para concretarse a obtener la libertad, aun de un criminal. En suma, el abogado no puede contemplar más que derechos subjetivos. Profesionalmente no entiende de otros.
Se dirá que todas las profesiones habitúan a lo mismo, y el médico o el curandero subordinarán también la interpretación de una ley de higiene pública a sus hábitos e incurrirían en esa limitación; en cuanto a las demás medidas de orden público, se convierten en el buen hombre de la calle, capaz de juzgar y aplicar desinteresadamente —sin anteojeras profesionales— los actos de gobierno. El abogado, en cambio, tiene por oficio juzgar y, en cierto modo, aplicar todas las leyes, de manera que en la interpretación y aplicación de todas las leyes, su limitación, su miopía y su concepción unilateral del orden jurídico, lo inhabilitan para la defensa desinteresada y apasionada de la ley, en cuanto ésta corporiza un bien general y público y contiene exigencias de la población entera.
Recuerdo la sorpresa que hace años me causó verlo al doctor Antonio de Tomaso defender en los tribunales una interpretación de la ley de alquileres que la desvirtuaba por completo y la convertía en letra muerta, porque retiraba a los inquilinos las ventajas que de Tomaso mismo había preconizado en la Cámara. Y en realidad la contradicción no provenía de ninguna inconsecuencia o inconducta en el mencionado legislador, sino simplemente de la incompatibilidad que hay entre las funciones del político, defensor de intereses difusos en la masa, y del abogado, defensor de un interés concreto y localizado, cuyo triunfo es de rigurosa ética profesional hacerlo prevalecer aun sobre aquellos intereses generales de la masa. No es que el abogado que defiende un interés particular frente al bien público sea un hombre inmoral; al contrario. Es un profesional perfectamente honesto, puesto que está cumpliendo nada más que con su deber. Pero ese mismo abogado es seguro que carece de horizontes para conducir la política si no cambia de piel como la serpiente, abandona absolutamente su bufete, y se somete a rudos ejercicios y disciplina mental severísima para arrojar ese hábito del negocio y de la ventaja individual que enseña la abogacía.
Varios han sido los males de la excesiva intromisión de los abogados en la política argentina.
Ninguno más grave que el de haber imbuido a nuestros gobiernos con la idea de que la Constitución es un frío engranaje de ruedas dentadas, poleas y aparatos de relojería, que marca la legalidad o ilegalidad de una medida de gobierno, echando por la ranura una moneda de oro con que se pagan las consultas de los grandes abogados. Siempre ha habido en las cámaras, en los ministerios y en los tribunales, un constitucionalista agazapado con los tres tomos de González Calderón por escudo, para aniquilar los efectos de una ley de bien público so pretexto de que el artefacto mecánico marcaba cero. La idea de que la Constitución es un organismo vivo, fecundante, que acciona y reacciona sobre la realidad social; en una palabra: la idea de que la Constitución es un instrumento político que se acomoda a las más palpitantes cuestiones del momento, de acuerdo con la inteligencia y previsión de los gobernantes, es aborrecible para los abogados, que mantendrán lo contrario mientras se crea que el fallo de Marbury v. Madison, dictado hace ciento treinta años en un país extranjero, puede servir de algo en nuestro país.
Los abogados han llevado a la política argentina el abominable aire, superficialmente agitado, de los negocios. La verdad es que ningún gobernante, desde cincuenta años a esta parte, tiene aquel estremecimiento civil y cívico de nuestros hombres de antes, aquella vida interior, aquella dignidad e inquietud patriótica que sólo se afina y se macera en una larga soledad y en prolongada paciencia. Un hombre que toda la mañana y la mayor parte de la tarde se lo ha pasado en el tráfago de los grandes bufetes de abogado, en consultas telefónicas y cablegráficas, en el ajetreo tribunalicio, en el negocio, en el pleito, llega a las horas de la tarde con un ánimo bien ajeno a las grandes preocupaciones de nuestra nacionalidad, de nuestro porvenir y de nuestra posteridad.
Y sin embargo, casi todos los grandes abogados argentinos, más o menos a la hora de la oración, van o han ido a ocupar sus bancas de diputados y, acaso, sus despachos de ministros.
  


jueves, 23 de octubre de 2014

MONSEÑOR GUIDO POZZO: LAS DISCUSIONES CON LA FRATERNIDAD JAMÁS SE SUSPENDIERON.





Esta entrevista a Mons. Pozzo fue realizada por Famille Chrétienne y publicada en La Porte Latine, el sitio oficial de la Fraternidad en Francia con el insidioso título: “Roma no tiene la intención de imponer una capitulación”. Cabe mencionar que las condiciones que ahora Roma le pide a la FSSPX, fueron ya aceptadas en la Declaración Doctrinal de Mons. Fellay de abril de 2012.

¿Cuál es el estado de las relaciones entre Roma y la FSSPX?

Con el fin de favorecer  la superación de toda fractura y división en la Iglesia, y de curar una herida tan dolorosa en la vida eclesial, Benedicto XVI, en 2009, decidió levantar la excomunión de los obispos que habían sido ordenados de manera ilícita por Monseñor Lefebvre en 1988. Por esta decisión, el papa quiso retirar una sanción que hacía difícil la apertura a un diálogo constructivo.
El levantamiento de la excomunión ha sido una medida disciplinaria tomada para liberar a las personas de la censura eclesiástica más grave. Pero las cuestiones doctrinales siguen sin ser aclaradas. Mientras ellas no lo sean, la FSSPX no tiene estatuto canónico en la Iglesia y sus ministros no ejercen de manera legítima su ministerio, como lo indica la Carta de Benedicto XVI a los obispos de la Iglesia católica del 10 de marzo de 2009.[i]
Es precisamente para superar las dificultades de naturaleza doctrinal que todavía subsisten, que la Santa Sede mantiene relaciones y discusiones con la FSSPX, por medio de la comisión pontifical Ecclesia Dei. Esta comisión está estrechamente ligada con la Congregación para la doctrina de la fe, pues su presidente es el prefecto de esta Congregación.
Estas relaciones y estas discusiones se llevan a cabo desde la elección del papa Francisco. Estas ayudan a aclarar las posiciones respectivas sobre los temas controvertidos, para evitar las incomprensiones y los malentendidos, manteniendo viva la esperanza de que las dificultades que impiden llegar a la plena reconciliación y a la plena comunión con la Sede apostólica  puedan ser superadas.

¿Cuáles son los desacuerdos que persisten?

Los aspectos controvertidos conciernen por una parte la estimación de la situación eclesial en el período posterior al concilio Vaticano II y las causas que produjeron ciertas agitaciones teológicas y pastorales en el periodo del pos-concilio y, más generalmente, en el contexto de la modernidad.
Por otra parte, algunos puntos específicos relativos al ecumenismo, al diálogo con las religiones del mundo y la cuestión de la libertad religiosa.

¿Cuáles son las soluciones jurídicas que podrían ser adoptadas por la FSSPX en caso de acuerdo?

En el caso de una reconciliación completa, el estatus canónico propuesto por la Santa Sede es el de una prelatura personal[ii]. Sobre este punto, creo que no hay problema por parte de la FSSPX.

Las discusiones entre Roma y la Fraternidad, ¿han sido retomadas recientemente o nunca se suspendieron?

En realidad, jamás se suspendieron. La interrupción provisional de los encuentros se debió a la nominación de un nuevo prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe y a la elección del nuevo soberano pontífice en abril de 2013. El camino del diálogo fue retomado en el otoño de 2013 con una serie de encuentros informales, hasta la entrevista del pasado 23 de septiembre entre el Cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, y el superior de la FSSPX, Monseñor Bernard Fellay, entrevista que informó el comunicado de prensa de la Santa Sede.

¿Se puede disociar acuerdo jurídico y discusión doctrinal? ¿Establecer una prelatura personal, pero continuado, a largo plazo, las discusiones sobre los puntos teológicos controvertidos?

En coherencia con el motu proprio Ecclesiae Unitatem de Benedicto XVI, la Congregación para la doctrina de la fe siempre ha considerado que la superación de los problemas de naturaleza doctrinal era la condición indispensable y necesaria para poder proceder al reconocimiento canónico de la Fraternidad.
Sin embargo, me permito precisar que la superación de las dificultades de orden doctrinal no significa que las reservas o las posiciones de la FSSPX sobre ciertos aspectos que están fuera del ámbito de la fe, sino que pertenezcan a los temas pastorales o de enseñanza prudencial del Magisterio, deban ser necesariamente retirados o anulados por la Fraternidad. El deseo de continuar la discusión y profundización de estas cuestiones que implican dificultad para la FSSPX, en vista de precisiones y de clarificaciones ulteriores, no solo es todavía posible sino que –por lo menos en mi opinión- deseable y debe alentarse. No se le pide por consecuencia, renunciar a esta exigencia que ella manifiesta respecto a un cierto número de temas.

¿Entonces, cuál es el punto «no negociable»?

Lo que es esencial, es a lo que no se puede renunciar, es la adhesión a la Professio fidei[iii] y al principio según el cual solo al magisterio de la Iglesia se le ha confiado la facultad de interpretar auténticamente, es decir, con la autoridad de Cristo, la palabra de Dios escrita y transmitida. Es la doctrina católica, evocada por el concilio Vaticano II (Dei Verbum, 10), enseñada expresamente por Pio XII en la encíclica Humani generis. Esto significa que el Magisterio, si ciertamente no está por encima de la Escritura y la Tradición, es sin embargo la instancia auténtica que juzga las interpretaciones sobre la Escritura y la Tradición, de cualquier parte que ellas emanen.
Por consecuencia, si existen diferentes grados de autoridad y de adhesión de los fieles a estas enseñanzas –como lo declara la constitución dogmática Lumen Gentium (25) del concilio Vaticano II- nada puede ponerse por encima del Magisterio. Yo pienso y espero vivamente que en este marco doctrinal que acabo de evocar, podamos encontrar el punto de convergencia y de entendimiento común, pues esta cuestión precisa es un punto de doctrina que pertenece a la fe católica y no a una legítima discusión teológica o de criterios pastorales.

Un punto capital, pero al mismo tiempo claramente delimitado…

No es verdad el decir que la Santa Sede quiere imponer una capitulación a la FSSPX. Muy al contrario, la invita a reunirse a su lado en un mismo marco de principios doctrinales necesarios para garantizar la misma adhesión a la fe y a la doctrina católica sobre el Magisterio y la Tradición, dejando al mismo tiempo al campo del estudio y de la profundización las reservas que ella ha expresado sobre ciertos aspectos y formulaciones de los documentos del concilio Vaticano II, y sobre ciertas reformas que le siguieron, pero que no conciernen a las materias dogmáticas o doctrinalmente indiscutibles.
No hay duda alguna que las enseñanzas del Vaticano II tienen un grado de autoridad y un carácter obligatorio extremadamente variable en función de los textos. Por ejemplo, las constituciones Lumen Gentium sobre la Iglesia y Dei Verbum sobre la Revelación divina tienen el carácter de una declaración doctrinal, incluso si no hubo definiciones dogmáticas. Mientras que, por su parte, las declaraciones sobre la libertad religiosa, sobre las religiones no cristianas y el decreto sobre el ecumenismo, tienen un grado de autoridad y un carácter obligatorio diferentes e inferiores.

¿Cree usted que las discusiones puedan llegar a buen término rápidamente?

No creo que podamos indicar ahora un plazo específico para la conclusión del camino emprendido. El compromiso de nuestra parte y, creo, de parte del superior de la FSSPX, consiste en proceder por etapas, sin atajos improvisados, pero también con el objetivo claramente fijado de promover la unidad en la caridad de la Iglesia universal, guiada por el sucesor de Pedro. « ¡Caritas urget nos! » (La caridad nos urge) como lo declara san Pablo.

Entrevista realizada por Jean-Marie Dumont



[i]  En esta carta, Benedicto XVI explicó el sentido de su gesto, asombrado por las protestas que se suscitaron: “A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa– también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas”.
[ii]¿Qué estatus para la Fraternidad? En caso de acuerdo con Roma, la FSSPX podría obtener el estatus de prelatura personal. En el derecho de la Iglesia, se trata de una creación bastante reciente. La única que existe actualmente, muy conocida, es la del Opus Dei. Prevista por el Código de derecho canónico (§ 294 a 297), permite el agrupamiento de sacerdotes y diáconos bajo la dirección de un prelado. Su principal característica es la ausencia de lazo con un territorio, contrariamente a la mayoría de las diócesis. Los sacerdotes de la prelatura pueden ser repartidos en el mundo entero. Los objetivos fijados por el derecho canónico para la creación de estas estructuras son bastante vastos para poder ser aplicados a iniciativas de varias naturalezas: “promover una conveniente distribución de los sacerdotes”, “llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales”… el prelado tiene el derecho de erigir un seminario, incardinar seminaristas y llamarlos a las órdenes. Las relaciones con los obispos (poner a disposición sacerdotes al servicio de las diócesis, encargarse de ciertas actividades en el seno de una diócesis) deben ser precisadas en los estatutos o en el marco de los acuerdos bilaterales. Es así que un sacerdote perteneciente a la prelatura, puede ejercer su ministerio en un lugar de culto asignado específicamente a la prelatura, o ser asignados, de acuerdo con las decisiones del prelado y los acuerdos con los obispos, a una iglesia parroquial.
[iii] Se trata de un texto de unas treinta líneas que deben pronunciar, por ejemplo, los nuevos cardenales u obispos, los curas o los profesores de seminarios al entrar en funciones.




RESISTENCIA AMBIGUA



PCI. Cada vez más desacertado. Y además, descuidado. Ver cómo ha quedado la imagen de Ntra. Sra. descabezada, en el sitio web filo-fraternitario. Inadmisible, pero tal vez simbólico de lo que ocurre hoy con la Neo-FSSPX.


“Hace poco menos de 2 larguísimos años que el Horror se ha encarnado en la persona del actual (mientras nadie pruebe lo contrario) pontífice romano. Quien con prolija y acelerada gradualidad ha ido ejecutando las obras de su programa de gobierno. Ha convencido a la gran masa de los católicos que era posible, en nombre de la Misericordia de Cristo, abolir las Enseñanzas de Cristo.”

Esto dice Marcelo González en Panorama Católico Internacional . ¿Hace menos de dos años que el Horror apareció en Roma? Pero cómo ¿no sintió horror con las barbaridades de Juan XXIII, de Pablo VI, de Juan Pablo II y Benedicto XVI? ¿No fueron un horror el Vaticano II, la imposición del Novus Ordo, el nuevo Catecismo holandés, las Jornadas de Asís, los besos al Corán, las visitas a las Sinagogas, las sanciones y persecución a Mons. Lefebvre y la Tradición católica, etc, etc, etc? ¿Este periodista se hace el desentendido, o qué? Decía hace muchos años Mons. Lefebvre que “El Vaticano II es un esfuerzo para reconciliarse con el 89. ¿Se dan cuenta? ¡Es aterrador!” El Horror, sí, muestra toda –o más bien, casi- su dimensión con más obviedad y aceleración en Francisco, pero Francisco es hijo de aquellos horrores contra los cuales se levantó Mons. Lefebvre y son lo que lo llevaron al mismo M.G. a acudir a la FSSPX. ¿Entonces a qué viene ahora este discurso de línea-media que parece recién ahora despertarse y horrorizarse como si antes no hubiese pasado nada?
Pero más abajo de las líneas citadas en ese mismo sitio web pregona un “programa de la resistencia”. Vamos a verlo (y comentarlo en rojo):


“El programa de la resistencia

ERNESTO PSICHARI



Ernesto Psichari. Biografía de un centurión.

Por Sebastián Sánchez.


EL EXCESO DE MEDIOS OBSTACULIZA EL LOGRO DEL FIN





Para cada necesidad creamos un artefacto y nuestra vida se convierte cada vez en más fácil. He aquí la paradoja: el exceso de medios hace cada vez más difícil conseguir nuestros fines y hasta planteárselos. Si tengo cuatro sombreros es más probable que me vea saliendo de casa descubierto que si sólo tengo uno. Si tengo tres despertadores, puede que cada noche no sepa dónde encontrarlos, pero si tengo uno, siempre estará a la cabecera de mi cama. Somos de carne y hueso: si no experimento la privación frecuente –si la meta de la vida es erradicar la privación– ni sueño con resistir la más leve tentación. Contra Dios, contra mis prójimos, contra mí mismo. Sin el recordatorio de la abstención decaigo, incapaz de cortejar, tenaz, a la verdad.

La técnica hipertrófica se anticipa incluso a nuestras necesidades y toma la iniciativa: suscita necesidades a la medida exacta de lo que ofrece y las va ampliando al paso riguroso con que pone en circulación sus avances. 

El resultado es la insularidad moral y psicológica creciente. 

El hombre, el joven, el anciano, no se plantea una vida con fines prácticos más altos: desconoce incluso la admiración ante el heroísmo, no digamos su realización, no digamos el fin último, la dedicación total a la gloria de Dios. Puede pensar frívolamente en ello, de vez en cuando, pero no puede tomarlo en serio. Bastante tiene con controlar todos los aparatos: de entretenimiento, de trabajo, de seguridad, de descanso.

La técnica llama a la puerta ofreciendo solucionar problemas y sin darte cuenta se pone a dirigirte la vida, a darte órdenes.

Cuanta más molicie, menos se buscan la verdad y la amistad y menos aún la amistad exigente: más se asuela la conciencia y la vida espiritual.
Junto a todos los alicientes y consuelos de esta existencia es imprescindible la privación y la renuncia para seguir siendo humanos: y para llegar más lejos. Cuando no nos vienen impuestas por la vida, hay que salir al paso de esas renuncias e imponerse su yugo voluntariamente. ¿Cabe pensar algo más extraño a nuestra molicie? 

Una de las razones, de las muchas razones, de nuestra postración y decadencia, de nuestra pestilencia moral, está en ese sofocamiento que proviene del exceso de medios. 

Para educar a nuestros hijos hay que empezar por el áspero aprendizaje de uno mismo: abrazar la renunciación consciente y deliberadamente, para imponerla a nuestros vástagos como el mejor y más preciado regalo. Así haremos nuestra vida más humana y nuestra inteligencia más dispuesta a las verdades más altas.

El Brigante


martes, 21 de octubre de 2014

RIBETON, RIFAN, FELLAY: ¿UN MISMO ESPÍRITU?




El Padre Ribeton es el superior del distrito de Francia de la Fraternidad San Pedro. Monseñor Rifan es el Ordinario de la Administración apostólica personal San Juan María Vianney de Campos y Monseñor Fellay es el superior de la FSSPX.

Todos se creen testigos de la Tradición católica, pero todos tienen un discurso que sufre de la misma omisión: denuncian, más o menos, los errores pero sin denunciar los fautores de errores, pues todos ven en la Roma actual, “la Roma eterna, la Iglesia madre y maestra de la verdad”.

El Padre Ribeton (¿y tal vez Monseñor Fellay en 30 años?) ha expresado últimamente su gratitud hacia Juan Pablo II. La Fraternidad San Pedro “se alegra del reconocimiento de la santidad de dos de los sucesores de San Pedro”. Fue Juan Pablo II quien “alentó a los fundadores” de la FSSP en 1988, fue él quien afirmó “la legitimidad del apego a la liturgia romana tradicional y pidió a los obispos respetar las justas aspiraciones de los fieles. Fue él quien “invirtió el movimiento de secularización” “provocó la caída del comunismo en Europa”. “Denunciando la cultura de la muerte, las estructuras de pecado y la deriva totalitaria de las democracias modernas, despertó las conciencias dormidas, inspirando la acción de los católicos en favor de la familia y de la vida”. Juan Pablo II nos “muestra el camino que conduce a la contemplación del esplendor de la verdad” concluye el Padre Ribeton. (Carta a los amigos y benefactores n°75, junio de 2014)

Mons. Rifán, (¿y tal vez Mons. Fellay en 15 años?) pudo celebrar la fiesta de Cristo Rey en la Basílica Sainte-Marie-sur-la-Minerve el 27 de octubre de 2013:

« Esta Misa pontifical solemne, celebra el final de la peregrinación “Summorum Pontificum” de los católicos ligados a la forma tradicional del rito romano, universalmente permitido por el Santo Padre Benedicto XVI en su Motu Proprio Summorum Pontificum. Nosotros estamos en el Año de la Fe, proclamado por Benedicto XVI y continuado por el papa Francisco. Nuestra fe, como lo expresa bien la carta apostólica Porta Fidei, debe ser profesada, vivida, celebrada y orada. (…) Nuestra fidelidad a la Santa Misa en la forma tradicional del rito romano está dictada por nuestra fe. Es esta profesión de fe, profesada y celebrada a través de la Misa tradicional, que nosotros ofrecemos al Santo Padre como prueba de nuestra fidelidad a la Santa Iglesia. (…) Que el Santo Padre vea, en nuestra forma litúrgica, la expresión de nuestra plena comunión con él y con la Iglesia”.

POR EL AMOR




“Persígnense todos con la señal de la cruz de Cristo, respondan todos Amén, canten todos Aleluya, bautícense todos, entren a las iglesias, hagan las paredes de las basílicas, pero no se distinguirán los hijos de Dios de los hijos del diablo sino por el amor”.


San Agustín

EL FEMINISMO, MUERTE DE LAS NACIONES





Revista sí sí no no (Edición española) n. 189, Abril 2008.


La emancipación femenina, motor de la decadencia actual

Una primera consideración concierne al papel decisivo que, en el ocaso actual, ha jugado y sigue jugando la denominada emancipación de la mujer. Monseñor Williamson llega a ella por un camino original, pues parte de la religiosidad presente en la música de Wagner, que podía así “ofrecer una dimensión religiosa sin la fe, o sea, un sucedáneo de redención”, cuyo instrumento era, en el fondo, “la mujer, sobre todo en El Holandés Errante y en el ciclo de El Anillo del Nibelungo”. En efecto, las protagonistas de ciertos dramas wagnerianos llevaban a cabo una acción “redentora” respecto del hombre. Pero esta acción redentora cesó con la emancipación (aunque no sobre la escena) y se trocó en su contrario. Mas ¿por qué la mujer podía aun ser vista como “redentora” en el siglo XIX? “Porque –explica Su Excelencia- según San Pablo (I Cor. 2), así como Cristo es cabeza del hombre, así y por igual manera el hombre es cabeza de la mujer. Ahora bien, se puede afirmar que, desde la época de la Revolución Francesa, el hombre moderno renegó, en general, del señorío de Cristo. Sin embargo, a fin de mantener las cosas, la mujer permaneció bajo la autoridad del hombre durante cierto tiempo. Así “salvó” la mujer la situación por un siglo más o menos, durante el tiempo en el que Wagner escribía sus obras. Pero en el siglo XX dijo que ya estaba harta, y comenzó su “emancipación”. ¡Desde entonces, los fundamentos de la sociedad y de la moral comenzaron a arruinarse sin cesar!”.

Durante la Revolución Francesa, anoto por mi parte, el feminismo ya intentó alzar la cabeza, pero Robespierre hizo guillotinar en seguida a su principal representante; el movimiento fue abortado así, y tampoco halló espacio para desarrollarse con la “restauración” napoleónica, aunque el Código de Napoleón el Grande introdujo el divorcio, por desdicha, que constituyó, en una sociedad católica, el primer paso hacia la mencionada “emancipación”. Me parece de gran interés que S. Exc. considere a las heroínas wagnerianas como a las últimas representantes, ya harto laicizadas a despecho del ropaje mítico nibelúngico, de un ideal femenino que encontró tal vez su más alta encarnación en el personaje de la Beatriz dantesca. Pero ya se echa de ver la mengua del ideal en las desenvueltas y masculinizadas heroínas de Ariosto. No por nada el poeta reivindica la igualdad de los sexos en su obra Orlando furioso, junto con la consiguiente libertad en punto a comportamiento sentimental, a la cual, según él, tan acreedoras son las mujeres cuanto los hombres.

El vicioso igualitarismo de las feministas

Siempre me he preguntado por qué, cada vez que las mujeres reivindican la igualdad, nunca dejan de exigir al mismo tiempo una libertad sexual absoluta, como si el tipo masculino al cual, según parece, deben equipararse las féminas no pueda ser más que el del libertino, o sea, el del hombre de costumbres disolutas. El hecho es que, en el pasado, se consideraba ya a la mujer, en cuanto prometida, esposa y madre de familia (en suma, en cuanto honrada y virtuosa), se consideraba ya a la mujer, decíamos, igual al hombre en el plano moral y espiritual, si es que no se la reputaba por francamente superior a éste a causa de la capacidad de entrega, aguante, sacrificio y fuerza de ánimo de que hacía gala a menudo. La reivindicación feminista de la igualdad esconde, en realidad, el deseo de poder desahogar libremente los peores instintos de lo que antaño se estigmatizaba como hedonismo burgués. Dicho deseo sólo puede satisfacerse, piensan las feministas, a condición de gozar de independencia económica, una independencia que sólo la igualdad puede garantizar al ser impuesta por la ley en la familia y el trabajo. Pero las legislaciones occidentales no se han contentado con imponer la igualdad de marras, sino que han dado cabida también a las pretensiones más inmorales de las feministas, desde la legalización del uso de la “píldora” al horrendo “matrimonio homosexual” de que tanto se habla hoy, pasando por la facultad de la mujer para abortar ad libitum a gusto, a voluntad.

domingo, 19 de octubre de 2014

COMENTARIOS ELEISON - HISTORIA INTERNA I





18 de octubre de 2014
Número CCCLXXIX (379)

HISTORIA INTERNA – I

Mons. Williamson



Si la Santísima Virgen María nos dice como salvar la Iglesia
Todos los otros medios nos dejarán plantados.

Después de 1917 se le hizo claro al mundo por Nuestra Señora de Fátima que la salvación de la Iglesia y del mundo (“un período de paz”) dependía de dos cosas: no solamente de la Consagración de Rusia a Su Corazón Inmaculado por el Papa con todos los obispos del mundo, sino también por los Católicos haciendo reparación a Su Corazón recibiendo Confesión y Comunión y meditando durante 15 minutos y rezando el Rosario en cada primer sábado del mes. Así es que que ningún Católico piense que no hay nada que ellos puedan hacer para ayudar a la Iglesia y al mundo a salir de sus presentes aterradoras crisis. Cada uno de los Católicos respondiendo a Su segunda súplica ayudará al Papa a responder a Su primer súplica.

Pero esta respuesta no ha sido aún suficiente. Por ejemplo, en los 1930 el Papa Pío XI estaba plenamente consciente de la primer súplica de Nuestra Señora, pero él nunca realizó la Consagración de Rusia. ¿Por qué no? Según el Hermano Miguel de la Santísima Trinidad en su segundo de los excelentes tres volúmenes sobre su Toda la Verdad Sobre Fátima, fue porque Pío XI estaba en ese momento comprometido en contactos diplomáticos con las autoridades rusas en Moscú y él pensó que su propia diplomacia era un mejor camino para tratar con los comunistas que la Consagración de Nuestra Señora. El prefirió el camino humano al camino divino para tratar con el problema y, por supuesto, el problema permaneció irresuelto. El mundo se sumergió en la Segunda Guerra Mundial y la Iglesia fue rota desde adentro por el Vaticano II.

Ahora en los 2010 una historia paralela ha estado saliendo a luz, la de Nuestra Señora apelando a través de una mensajera a Monseñor Fellay para que la Fraternidad San Pío X organice una Cruzada de Rosarios para rezar porque la Consagración de Rusia tenga lugar. Si esta historia es cierta (como yo creo que lo es y algunos otros sacerdotes también lo creen), vale la pena decirla en unos pocos números de estos “Comentarios”, no para desacreditar a Monseñor Fellay (cuya preferencia por los medios humanos es tan comprensible como la de Pío XI – Dios es el juez de ellos) sino a fin de enfatizar cuan urgente la Consagración de Rusia permanece y, especialmente, la devota práctica de los cinco primeros sábados aún casi 100 años más tarde. Pero, ¿es la historia cierta? En particular, ¿cuan confiable es la mensajera?

Yo mismo me encontré con ella varias veces y yo creo que su historia tiene toda probabilidad de ser cierta, primeramente porque ella es una persona seria adulta que da toda señal de estar diciendo la verdad, pero principalmente porque lo que ella dice es una historia interna que se corresponde con, y explica, un gran número de hechos públicos y bien conocidos acontecimientos desde afuera, digamos. En cuanto a la mensajera, los lectores tienen derecho a desconfiar de mi juicio personal, pero en cuanto a la perfecta correspondencia entre la historia interna y los hechos externos, los lectores pueden juzgar por sí mismos.

La historia comienza el Domingo del Buen Pastor de 2004 cuando la Santísima Virgen María se apareció a la mensajera y le dio a ella un mensaje a ser transmitido al Monseñor de la Fraternidad San Pío X. En éste Ella pedía que la FSPX lidere a los fieles en una Cruzada de Rosarios para la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón, esa misma Consagración que el Cielo ha estado pidiendo desde los 1920. En los 2000 la mensajera comprendió que si esto se hacía según Nuestra Señora pedía, se obtendría al final, a través de Ella, las gracias para lograr la tan necesaria Consagración.

En Junio del 2006 la mensajera le dio el mensaje en persona a Monseñor Fellay. El lo discutió con ella pero no sabía aún que de hecho era una directiva de la Madre de Dios. Y, así, en su camino de vuelta a Suiza, él tomó una importante primer decisión. Como dicen los estadounidenses, ¡“Manténganse sintonizados”!

Kyrie eleison.