domingo, 26 de enero de 2014

SERMÓN DOMINGO III EPIFANÍA – R.P. RENÉ TRINCADO



En la Epístola de hoy se nos enseña cómo se debe guardar la caridad para con los enemigos. Explicaremos algunos versículos siguiendo los comentarios de Santo Tomás de Aquino.

Empieza diciendo San Pablo: no os tengáis a vosotros mismos por sabios, porque si presumimos orgullosamente de sabios o prudentes, muchas veces nos opondremos a la voluntad de aquellos con quienes debemos estar en paz, y así causaremos discordias.

Sigue diciendo a nadie volváis mal por mal. Se prohíbe acá la venganza, es decir, devolver mal por mal. ¿Significa esto que no hay que castigar? No, porque, como enseña Santo Tomás, si por el mal de culpa que alguien comete le devuelve el juez [o cualquier autoridad legítima] el mal de pena conforme a justicia, materialmente se le hace un mal, pero formalmente y en sí se le hace un bien. De aquí que cuando el juez cuelga al homicida no vuelve mal por mal, sino, al contrario, bien por mal. Esto destruye una objeción contra la pena de muerte: “los católicos incurrimos en contradicción al oponernos al aborto y aprobar la pena de muerte, porque en ambos casos se mata a un hombre.” Matar al inocente es siempre moralmente malo, pero matar al criminal que ha sido justamente condenado a pena de muerte es hacer una acción formalmente buena, esto es, buena desde el punto de vista moral.

Vivid en paz con todos los hombres -sigue diciendo San Pablo, pero agrega- si es posible y en lo que  de vosotros depende. Porque a veces la maldad de algunos impide que podamos tener paz con ellos, a no ser que consintamos en su maldad. Pero una paz así es ilícita, dice Santo Tomás. Hay, entonces, una paz buena, querida por Dios, y una paz mala, detestada por Dios. Y por eso dice el Señor (Mt 10, 34): No he venido a traer paz sino espada, he venido a dividir a los que están unidos por una paz carnal, mundana o diabólica.

Más importante que la paz es el bien y la verdad, pero en estos tiempos de terrible confusión, sobre todo después del fatídico concilio Vaticano II, se considera que la paz es el “valor supremo”, algo absolutamente bueno. Pensar así es cobardía. Y es sentimentalismo, ignorancia e ilusión promover la paz a ultranza o a costa del bien y la verdad. Hacerlo es, además, una gran impiedad. Es una traición a Cristo, pues nuestra obligación, en cuanto Iglesia militante (es decir, combatiente), es defendernos combatiendo sin tregua contra los enemigos de Cristo, que sin tregua nos atacarán hasta el fin del mundo.

Dios no manda que se haga la paz y la unidad entre nosotros y sus enemigos, y no lo mandará jamás. ¿Por qué? Simplemente porque un ángel no se puede arrepentir, y así el odio diabólico que mueve a los enemigos de la Iglesia es definitivo, irrevocable. Y, entonces, hasta el fin del mundo los hijos del diablo tratarán de destruir la Iglesia y los hijos de Dios deberán defenderla combatiendo.

Ahora bien, por obra del satánico liberalismo imperante, este falso ideal pacifista pasa hoy por noble bandera católica. ¿Idea católica? La Biblia se empezó a escribir hace unos 3500 años y en ella nunca se menciona, como no sea para condenarla, la idea de la pacífica unión de buenos y malos. Sólo desde la época de Juan XXIII, el primer Papa liberal, comienza a verse como algo deseable, entre el clero contaminado con el veneno masónico de la “fraternidad universal”, la inaceptable idea de hacer la paz entre todos los grupos antagónicos que existen entre los hombres, incluyendo a católicos y anticatólicos, trigo y cizaña, ovejas y lobos, gente de Dios y gente del demonio. Por eso es que las actuales autoridades de la FSSPX buscan la paz con los liberales y están dispuestos a ponerse pacíficamente bajo el poder de los destructores de la Iglesia. ¡Dios nos libre de esa falsa paz, que no es la Paz de Cristo sino una paz contra Cristo, la Paz del demonio y del Anticristo! Paz liberal causada por la “caridad liberal”, sobre la que dice el P. Sardá y Salvany, "La caridad liberal que hoy está de moda es en la forma de halago y condescendencia y afecto; pero en el fondo es desprecio de los verdaderos bienes del hombre y de los supremos intereses de la verdad y de Dios... la suma intransigencia católica es la suma caridad católica. Y porque hay pocos intransigentes, hay hoy día pocos caritativos de verdad" (El Liberalismo es Pecado). Estas palabras han sido olvidadas por los traidores acuerdistas, si es que alguna vez las leyeron.

Volvamos al texto de la Epístola. Cuando dice San Pablo no os defendáis vosotros mismos, muestra que no hay que hacer el mal a los prójimos bajo pretexto de defensa. Por eso el mismo Señor ordenó: Si alguien te abofetea la mejilla derecha, preséntale también la otra (Mt 5, 39). ¿Quiere decir esto que nos debemos dejar robar y matar?, ¿que la llamada “legítima defensa” es un pecado?, ¿que somos hipócritas los católicos cuando defendemos la patria en la guerra? Cuidado: hay una ignorancia generalizada sobre el real sentido de estas palabras de Nuestro Señor. Enseña Santo Tomás de Aquino que “el hombre debe estar dispuesto a obrar así si fuese necesario, pero no siempre está obligado a proceder de tal manera, puesto que ni el mismo Señor lo hizo, sino que, después de haber recibido una bofetada, preguntó: ¿por qué me hieres? (Jn 18, 23)... Estamos obligados a tener el ánimo dispuesto a tolerar las afrentas si conviene. Pero a veces conviene [que nos defendamos,] que rechacemos el ultraje recibido… por el bien del que nos infiere la afrenta, a fin de reprimir su audacia e impedir que repita tales cosas en el futuro… y por el bien de muchas otras personas, cuyo progreso espiritual pudiera ser impedido precisamente por los ultrajes que nos hayan inferido” (Suma Teol. II-II c.72, a. 3). Así, por ejemplo, una buen jefe religioso o civil que con mentira es acusado públicamente de haber cometido determinada falta grave, está obligado a defenderse por el bien de sus súbditos, pues de no hacerlo, éstos, escandalizados, se alejarán del bien que ese jefe les hace. El ofrecimiento de la otra mejilla, entonces, debe ser una disposición habitual del corazón. Se trata de aceptar con paciencia la voluntad de Dios que permite que se nos haga el mal. Es algo que siempre se debe cumplir en lo interior pero no siempre en la obras. El precepto de no volver mal por mal, en cambio, se debe cumplir siempre en lo interior y en lo exterior.

Luego San Pablo indica la razón de esto, diciendo: sino dad lugar a la ira (divina), porque escrito está: mía es la venganza, Yo haré justicia, dice el Señor. Es decir, encomendémonos a Dios, que puede defendernos y vengarnos. Descarguemos sobre Él todas nuestras preocupaciones, porque El se ocupa de nosotros. Pero esto se entiende para el caso en que no nos asista la facultad de hacer otra cosa conforme a justicia; pues cuando alguien legítimamente castiga para reprimir la maldad (no por odio), se entiende que da lugar al juicio divino.

No sólo no debemos vengarnos, sino que debemos socorrer a los enemigos en caso de necesidad. Por eso sigue diciendo la Epístola: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Y en Lc 6, 27: Haced bien a los que os odianPorque haciendo esto -sigue-carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. Lo cual se puede entender así: socorriendo al enemigo en su necesidad, amontonaremos sobre su cabeza (es decir, en su mente) las brasas o carbones encendidos del amor de caridad porque, como dice San Agustín, no hay mejor modo de hacerse amar que amar primero.

La Epístola termina diciendo: No te dejes vencer del mal, sino vence el mal con el bien. Si por el mal que un hombre malo causa a uno bueno, éste es arrastrado a responder haciendo también el mal, el bueno es vencido por el mal. Pero si, al revés, por el bien que el bueno hace al malo, éste es atraído al bien, el bien vence al mal.

Que por el santo Rosario, la Santísima Virgen María nos alcance de Dios vencer siempre el mal en nuestros corazones.


LA CONVERSIÓN HOY: VOLVERSE ECUMENISTA



“El camino ecuménico ha permitido profundizar la comprensión del ministerio del Sucesor de Pedro”



Bergoglio ejerciendo el diálogo ecuménico tan fructífero…para la apostasía de los católicos y su conversión al ecumenismo y el diálogo interreligioso.

LASTIMOSA FRATERNIDAD SAN PIO X



La blogósfera fraternitaria no descansa.


Ya ha quedado clara la clase de defensores y la clase de razones que tiene la Nueva FSSPX, el “último reducto de la fe”, fuera de la cual se cae en las tinieblas exteriores del cisma donde es el llanto y rechinar de dientes. Pobrecita Fraternidad, pobre Monseñor Lefebvre y lo que han hecho de su obra los que a diferencia de él que llegó a entender -y lo decía- que Roma estaba ocupada por anticristos, estos de ahora dicen que “la Roma actual es la Iglesia católica porque ella está integrada por todos aquellos miembros bautizados que profesan una misma fe (pero nosotros no podemos declarar por nosotros mismos que los demás la han perdido) unidos al Papa” (sic, blog La honda de David). ¿En serio todos los bautizados profesan una misma fe? ¿La misa nueva profesa la misma fe que la misa tradicional? ¿El cardenal Kasper, el cardenal Muller tienen en serio la fe católica y profesan la misma fe que San Pío V o San Atanasio o que la anciana que no quiere unirse con los protestantes y los considera herejes? Pero si es así, si Roma actual es la Iglesia católica, ¿qué hace la Fraternidad fuera de su estructura oficial? ¿Acaso profesa otra fe? ¿Y qué espera para entrar e integrarse? Si la Roma modernista tiene la fe católica, ¿para qué tantas discusiones doctrinales? Decía Mons. Lefebvre: “Queda claro que somos nosotros quienes conservamos la unidad de la fe, que desapareció de la Iglesia oficial. Un obispo cree en ésto, el otro no; la fe es distinta, sus catecismos abominables contienen herejías. ¿Dónde está la unidad de la fe en Roma? ¿Dónde está la unidad de la fe en el mundo? Está en nosotros, quienes la conservamos. La unidad de la fe realizada en el mundo entero es la catolicidad. Ahora bien, esta unidad de la fe en todo el mundo no existe ya, no hay pues más de catolicidad prácticamente. Habrá pronto tantas Iglesias Católicas como obispos y diócesis. Cada uno tiene su manera de ver, de pensar, de predicar, de hacer su catecismo. No hay más catolicidad.” (Fideliter N° 66. Noviembre-diciembre de 1988).

Otra tontera del abogado  (que no sabe la esencia de la ley) defensor del acuerdismo: “extra FSSPX nulla salus porque la FSSPX forma parte de la Iglesia” (idem blog lhd). Pero si la FSSPX forma parte de la Iglesia y no es la Iglesia entonces quien deja la FSSPX deja una parte de la Iglesia y no toda la Iglesia, por lo tanto quien deja la Fraternidad no deja la Iglesia sino simplemente una congregación resabiada de liberalismo camino a su aggiornamento total con el liberalismo romano.

En fin, ya basta de responder tonteras. Aprendamos de Eurípides cuando enseñó que “el que habla a un necio, aunque sea prudente, parecerá también necio”. No obstante lo cual, debemos agradecer que cada día que pasa los liberales muestren mejor su incoherencia y su evasión de la verdad, de manera tal que ya la neo-FSSPX no puede disfrazar su lamentable deriva liberal que la aleja cada vez más de la verdadera fe católica.

Recordemos estas palabras sabias del gran Arzobispo Lefebvre: “No somos nosotros, sino los modernistas quienes salen de la Iglesia”.

NEO SADUCEOS




TRADICION DIGITAL

Como todo fiel católico puede advertir, a poco que medite, bien fácil es detectar los tres grados de liberalismo que conviven, entre mutuos taconazos, en el seno de la Iglesia. Como escribió el Padre Raúl Sánchez Abelenda en un texto memorable, que vamos a resumir, el primer grado del liberalismo corresponde al craso, grotesco, revolucionario  y chillón: el laicismo. Bien podría éste identificarse políticamente con la izquierda y religiosamente con las teologías de la liberación, feministas, etc., y que se da, especialmente, en los institutos religiosos más desviados de sus reglas primitivas  y en comunidades de base.

El segundo grado consiste en una cierta consideración a la conciencia católica sin casi incidencia en lo público, excepto en aquellos países de raigambre cristiana en los que aún perviven ciertos restos, a los cuales, de vez en cuando, se les tira un hueso desde lejos cual si fueran perros sarnosos; caso de España.  En lo político está significado por los impresentables partidos de derecha, tales como P.P., PNV o CIU y en lo religioso por la mayoría de obispos, sacerdotes, e institutos y congregaciones religiosas que sólo son fieles a las nuevas constituciones, absolutamente diferentes a las de sus fundadores. Se sigue enseñando el catecismo, sin contenido dogmático, pero en las parroquias; en las escuelas públicas y privadas nada de catecismo, sino asimilación cultural de las diversidades religiosas, sin validez curricular: la asignatura de Religión Católica es una “maría” que, además, ni es digna de ser llamada católica.

Si al segundo grado se le podría llamar liberalismo católico, al tercero le será más adecuado la denominación de catolicismo liberal, expresamente condenado en el nº 80 del Syllabus (1), Libertas (2), Mirari Vos, (3), entre otras encíclicas, y muy bien descrita en la vigente obra “El liberalismo es pecado”, de Sardá y Salvany, o por la formidable doctrina del Cardenal Billot contenida en “El error del liberalismo”.

La oportunidad de describir algo más este tercer grado de liberalismo nos la ofrece la reciente información sobre el anuncio de la próxima beatificación del primer Prelado del Opus Dei, Álvaro del Portillo, fiel discípulo de su maestro Mons. Escribá de Balaguer, quien fue Marqués de Peralta. Huelga, al objeto del presente, atender a las controversias, aún vivas, sobre la oportunidad e irregularidad del proceso de su turbocanonización. Porque, en efecto, si bien es cierto que no está permitido juzgar del fuero interno ni al prelado ni al fundador de la Obra, ni de nadie, sí nos obliga la caridad cristiana, que todo lo debe imperar, a anunciar que “No hay peor muerte para las almas que la libertad del error”, según sentencia de San Agustín (4); libertad del error que defiende con enorme poder e influencia el Opus Dei; de tal manera que se ha constituido en el mejor y más formidable freno a las ansias de la tradición que poseen las verdaderas almas católicas; porque entre las monedas falsas, la mayor eficacia la tiene aquella más parecida a la verdadera.

Los enemigos más significados durante la vida pública de Jesucristo fueron el fariseismo, elherodianismo y el saduceismo. El fariseismo es la corrupción de lo religioso; generalmente tiene elementos propensos al sectarismo; es muy propio de los noemovimientos de espíritu conciliar, entre los cuales se inscribe el Opus Dei, aunque fuera fundado antes: “yo me salvo porque pertenezco al Opus” o a, taconazo va, “los kikos”, o a, taconazo viene, ‘los Legionarios de Maciel’, etc.; suelen ejercer un control férreo sobre los miembros a través de cuidadosos escrutinios, itinerarios, o mediante la prohibición de acudir a otro director espiritual católico externo al grupo u otras formas consideradas abusos por el C.I.C.; tienen espíritu de gueto; son asociaciones de fieles en lo les interesa, pero sujetan con mayor obediencia que una orden cuando conviene a sus fines. Los herodianos aplican lo espiritual solamente a lo temporal, desconocen el concepto de gracia,  por lo que interpelan a Cristo en clave secular, ya que no querían la dominación romana:  ”¿Hay que pagar el tributo al César?”; y aunque el Opus Dei, a decir de Monseñor Escribá, tiene que volcarse al mundo y secularizarse, y agrega que no debe haber dialéctica entre progresismo e integrismo, entre mundo y espiritualidad (…), no es esta clave la más sobresaliente en ellos, sino más bien su marcado componente saduceo.

viernes, 24 de enero de 2014

COMENTARIOS ELEISON - ANSIEDAD SEDEVACANTISTA I



Número CCCXLI (341)
25 de Enero de 2014

ANSIEDAD SEDEVACANTISTA I

Mons. Williamson


Las palabras y actos del Papa Francisco desde su elección a principios del año pasado han sido tan poco católicos y tan ultrajantes que se le ha dado un nuevo impulso a la idea que los Papas recientes no han sido realmente Papas (“sedevacantismo”). Noten que el Papa Francisco meramente expresa, sólo que más descaradamente que sus cinco predecesores, la locura del Vaticano II. Permanece la cuestión de si los seis Papas Conciliares (con la posible excepción de Juan Pablo I) pueden realmente haber sido Vicarios de Cristo.

La cuestión no es de importancia primordial. Si ellos no han sido Papas, de todas maneras la Fe católica y la moralidad, por medio de las cuales debo “obrar mi salvación con temor y temblor” (Filip.II,12), no han cambiado ni una iota. Y, si ellos han sido Papas, de todas maneras no puedo obedecerles puesto que ellos se han apartado de esa Fe y de esa moralidad, porque “nosotros debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech.V,29). Sin embargo creo en deber ofrecer respuestas a algunos de los argumentos de los sedevacantistas, porque hay sedevacantistas que parecen desear convertir la vacancia de la Sede de Roma en un dogma que los Católicos deben creer. En mi opinión no es tal cosa. “En las cosas dudosas, la libertad” (San Agustín).

Pienso que la clave del problema del cual el sedevacantismo es meramente una expresión, es que el Vaticano II fue un desastre sin precedentes en toda la historia de la Iglesia de Jesucristo, mientras que al mismo tiempo fue la conclusión lógica de una larga decadencia de los prelados católicos que se remonta a los finales de la Edad Media. Por un lado, la naturaleza divina de la Iglesia católica y los principios gobernando cualquiera de sus crisis, incluyendo la crisis Conciliar, no pueden cambiar. Por otro lado, la aplicación de esos principios debe tomar en consideración las siempre cambiantes circunstancias humanas dentro de las cuales esos principios operan. El grado de corrupción humana hoy en día, no tiene precedente.

Ahora bien, dos de los principios que no cambian son que por un lado la Iglesia es indefectible puesto que Nuestro Señor prometió que las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella (Mt.XVI,18). Por otro lado, Nuestro Señor también se preguntó si encontraría todavía fe sobre la tierra en su Segunda Venida (Lc.XVIII,8), cita importante porque claramente sugiere que la Iglesia habrá casi completamente desertado al final del mundo, tanto como Ella parece haber casi completamente desertado en el 2014. Pues, si no estamos hoy en día viviendo durante el final del mundo, por cierto estamos viviendo durante el ensayo general para ese final del mundo, tal como Nuestra Señora de La Salette, el Venerable Holzhauser y el Cardenal Billot, todos ellos sugirieron.

Por consiguiente hoy, así como al final del mundo, la defección puede ir muy lejos. Sin embargo no puede ir más allá del poder de Dios Todopoderoso que garantiza que su Iglesia no va a desaparecer o fracasar del todo. Puede ir sólo tan lejos como Dios lo permitirá – en otras palabras nada necesita parar su Iglesia de defeccionar casi completamente. Y, exactamente, ¿cuán lejos es ese “casi completamente”? Sólo Dios lo sabe y así sólo el tiempo lo dirá porque ninguno de nosotros hombres estamos en la mente de Dios y solamente los hechos pueden revelarnos luego del evento los contenidos de la mente divina. Pero Dios ciertamente revela parcialmente su mente en las Escrituras.

Ahora bien, en cuanto al fin del mundo, muchos intérpretes del Capítulo XIII, 11-17 del Apocalipsis piensan que la Segunda Bestia, parecida a un cordero y sirviendo al Anticristo, no es otra que las autoridades de la Iglesia, porque si esas autoridades resistieran al Anticristo, él no podría nunca prevalecer tal como las Escrituras dicen que lo hará. Entonces, ¿es ello tan extraordinario si en el ensayo general del final del mundo los Vicarios de Cristo hablan y se comportan como enemigos de Cristo? A la luz de estos necesarios antecedentes, el “Comentario” de la próxima semana propondrá respuestas a algunos de los principales argumentos de los sedevacantistas.

Kyrie eleison.

  

DERECHO TORCIDO




 …allí están los que se animan a "pensar"


Un lector de nuestro blog, tras haber leído esta entrada de un blog filo-fellaycista donde se pretende dar respuesta satisfactoria (por no decir refutar) a un artículo nuestro, nos envía su comentario sobre tal respuesta. Por su valioso aporte lo compartimos con todos nuestros lectores.

Este está para el manicomio.
Santo Tomás enseña, siguiendo a San Agustín, que la ley injusta no es ley. No procede la comparación de la "ley" mala con el hombre malo, pues la acción (buena o mala y que hace que un hombre se diga bueno o malo), es algo accidental en el hombre, y entonces hacer el mal no quita la condición de hombre, no nos priva de lo que es esencial en el hombre. Lo esencial o formal en el hombre es la racionalidad (el tener un alma racional), por eso se define al hombre como "animal racional". En cambio, lo esencial o formal en la ley es la justicia. Por eso un animal irracional no es un hombre y por eso ley injusta no es verdadera y propia ley, sino una apariencia de ella. La ley de aborto no es verdadera ley. La ley de matrimonio sodomita no es verdadera ley. El administrador del sitio.... adhiere a las tesis iuspositivistas, que consideran que lo formal o esencial en la ley no es la justicia o bondad, y así divorcian el Derecho de la moral, en la realidad inseparables, pues el Derecho es una parte de la moral. El positivismo jurídico se opone al iusnaturalismo, que es la concepción católica del Derecho.
Algo más sobre el positivismo jurídico:
Pero lo mejor está, lejos, en la Suma.


V. Franco

Agregamos de nuestra parte esta increíble frase que debe destacarse, de la “genial” respuesta de lhd:

Dejar la FSSPX es como dejar la Iglesia, porque la FSSPX es el único reducto que mantiene la liturgia y doctrina de siempre y al mismo tiempo se somete al Santo Padre en todo aquello que no atente contra la Fe.


Ciertamente, un razonamiento para el manicomio:

-La FSSPX es sinónimo de Iglesia, porque sólo ella mantiene la liturgia y doctrina de siempre y se somete al Papa (en la Fe), es decir, tiene estas tres cosas que la identifican como Iglesia: doctrina de siempre, liturgia de siempre, Papa,
-pero si solo la FSSPX tiene la liturgia y la doctrina de siempre (sometida al Papa) y por ello es sinónimo de Iglesia,
-entonces la Roma actual, que no mantiene ni la liturgia ni la doctrina de siempre (pues la FSSPX es el único reducto donde se mantiene), entonces la Roma actual no sería la Iglesia católica,
-pero la FSSPX también es Iglesia porque se somete a esta Roma (es decir, este Papa) en lo que no atente contra la fe, una Roma (y un Papa) que sin embargo no mantiene la liturgia y doctrina de siempre porque el único reducto donde esto se mantiene es la FSSPX,
-en definitiva: Extra FSSPX Nulla Salus,
-a pesar de lo cual la FSSPX –esta es la posición del blog acuerdista- debe regularizar su situación con una Roma que no sería la Iglesia (pues no mantiene la liturgia y doctrina de siempre, pues solo la FSSPX lo hace) pues el estado de necesidad ya pasó,
-y los sacerdotes que tienen los sacramentos y la doctrina de siempre y no son sedevacantistas, pero están fuera de la FSSPX, están fuera de la Iglesia,
-pero el Papa, que no mantiene la doctrina y liturgia de siempre y no pertenece a la FSSPX sí está dentro de la Iglesia.


EL P. PFLUGER EN SÍNTESIS


NON POSSUMUS


ENTRE AMBIGÜEDADES Y AFIRMACIONES ESCANDALOSAS, ES POSIBLE SINTETIZAR LAS IDEAS EXPRESADAS POR EL P. PFLUGER EN EL RETIRO QUE DICTÓ EN FLAVIGNY EN DICIEMBRE:

Los tradicionalistas estamos encerrados en nosotros mismos, rígidos, autosuficientes y llenos de temores infundados, siempre condenando, preocupados más de la verdad que de la caridad.

Pero la reforma de la Iglesia es más amplia que una vuelta a la verdad, es una reforma de la vida toda, y de eso no nos hemos dado cuenta. Lo central no es la verdad o la doctrina, sino la caridad y la vida en su totalidad.

No hemos sido realistas, sino que hemos idealizado las cosas. Lo que parece drástico en nosotros (como algunas actitudes de Mons. Lefebvre y la decisión del capítulo del 2006 respecto de Roma) es, en realidad, circunstancial, es decir, relativo a las condiciones del momento. Debemos dejar nuestra amargura y buscar la alegría que hay en sentire cum Ecclesia y evitar las críticas al Vaticano II.

Lo primero es la caridad, no la verdad. Por eso no hay que ser rígidos idealistas, sino que hay que ser realistas y tener caridad. No hay que pretender convertir al Papa y a los conciliares: eso es inútil porque ellos no entienden nuestro lenguaje y están preocupados de lo pastoral, no de lo doctrinal.

En definitiva: lo que hay que hacer es salir de nuestro auto encierro, deponiendo nuestras amarguras, nuestros temores hacia pretendidos lobos,  y abandonando el sedevacantismo en que se cae al rechazar el Vaticano II.  Hay que confiar en Roma, que ha dado muestras de buena voluntad, e  intensificar las relaciones con los conciliares. No debemos esperar ningún giro súbito en la crisis de la Iglesia. La reforma de la Iglesia se producirá, pero gradualmente, y nosotros debemos cooperar desde dentro, aunque estando protegidos. Hay que purificar a la FSSPX de los elementos que se oponen a esto, pues para ser oídos debemos estar dentro y ser dóciles al Papa. Nuestra vuelta al aprisco generará iniciativas de cambio que llegarán gradualmente hasta el Papa, y entonces se producirá la esperada reforma de la Iglesia.

TRES COMENTARIOS:

No otra cosa diría el diablo. También nos reprocharía privilegiar la verdad con daño de la caridad, pero... “Nuestra fórmula es muy clara y concreta. Es la siguiente: La suma intransigencia católica, es la suma católica caridad”. Padre Sardá y Salvany", "El Liberalismo es Pecado".

"Hay algunos que, dejando de lado la fe, insisten en efectuar la unión en la caridad: es imposible... el primer lazo de unión es la verdad". P. Castellani, "El Evangelio de Jesucristo".

"Propio es del mal espíritu morder, tristar y poner impedimentos inquietando con falsas razones". San Ignacio, "Ejercicios Espirituales", n° 315.


DISIDENTES ENTRE DOS FUEGOS





La actual situación que atraviesan los católicos resistentes nos hace pensar en una analogía con respecto a la situación de aquellos que comúnmente llamados disidentes, han sido víctimas de las tiranías comunistas en su lucha empedernida contra la opresión de la mentira y la injusticia.

Por un lado puede hablarse de la nomenklatura de la neo-FSSPX, encabezada por el incuestionable Monseñor Fellay, que ya embarcado en su nuevo rumbo, ha decidido deshacerse de todos los que disientan o critiquen su traición a Mons. Lefebvre (en expresión del pavoroso P. Pfluger: eso sería una “purificación” de la FSSPX). De alguna forma llevan a cabo una acción que puede a otra escala compararse con las prácticas habituales de los regímenes comunistas, como lo explica alguien que lo ha sufrido durante muchos años en la isla cárcel de Cuba:

“Durante los últimos más de cincuenta años, siempre en condiciones de total indefensión, los llamados disidentes hemos sido víctimas de la más diversa gama de verdugos nacionales y extranjeros. El pri­mero de ellos es el implacable gobierno cubano que aplica sus instru­mentos sutiles y explícitos de violencia psicológica y física contra los que decimos «¡basta!» a la colonización de nuestras mentes y nuestras almas. Desde el mismo año 1959, además de autoerigirse como patria, nación, himno y bandera, Fidel Castro dividió en dos grupos a los naci­dos en Cuba. El grupo de los que piensan —o dicen pensar— como él ha dispuesto que debe pensarse; el grupo de los sumisos, dóciles, calla­dos y obedientes. Los miembros de este grupo integran la categoría de los buenos, los patriotas, los revolucionarios. Y el otro grupo, el de los que, haciendo uso de los atributos que Dios nos concedió al crearnos libres, nos decidimos a pensar con cerebro propio. Los integrantes de este segundo grupo pasamos a ser ipso facto asalariados de una poten­cia extranjera, gusanos, apátridas, traidores, agentes de la CIA, vendepatrias, contrarrevolucionarios y cuanto epíteto se le ocurra al «Comandante».
Con esta disparatada y antinatural clasificación, Fidel Castro asume un rango superior al del propio Dios, pues Dios puede tener detracto­res, opositores, enemigos... y de hecho los tiene, pero Fidel Castro no los acepta. Además, según esta clasificación, los cubanos constituimos una rara estirpe de subnormales única en el planeta, incapaces de uti­lizar nuestras propias neuronas pues solamente logramos pensar, razo­nar, sentir, hablar y actuar siguiendo los mensajes provenientes del cere­bro de Fidel Castro o, en su defecto, ejecutamos todas esas importantes funciones guiados por señales emitidas por los cerebros de potencias extranjeras. Como consecuencia de semejante aberración conceptual, todas las acciones que han desarrollado o desarrollarán los disidentes al interior del país y los exiliados cubanos en cualquier lugar del mundo serán indefectiblemente calificadas como «traición a la patria cometida por los empleados a sueldo del imperialismo yanky».
(Hilda Molina, “Mi verdad”, Ed. Booket, 2011).

De la misma forma grosera e injustificada se descalifica o ignora a todo aquel que muestra sus diferencias, que pregunta, que cuestiona o señala errores, dentro de la Neo-FSSPX. Y los medios alternativos de comunicación que apoyan a esta congregación se encargan de calificar de “traidores, desertores, parásitos, débiles mentales, rebeldes, sedevacantistas” a quienes disienten de la posición oficial de la nueva congregación que dirige Mons. Fellay. Cualquiera que hable en público cuestionando al Superior general o, aún peor, mostrando su apoyo al siempre vituperado Monseñor Williamson, se hace reo de sospecha, pasible de que le denieguen los sacramentos o, si se pone muy insistente y firme, es invitado a retirarse de la congregación, y en caso de no ser así, será castigado y expulsado sin juicio previo y posteriormente execrado.

Pero, lamentablemente, también las críticas a los resistentes pueden venir desde otro lado, de quienes ya hace más tiempo alejados por justos motivos de la Nueva-Fraternidad, descreen, sospechan o simplemente subestiman y denigran a los más recientes resistentes, contribuyendo de ese modo a fomentar discordia y división entre los resistentes, tal como ocurrió en el relatado caso cubano:

“En mi caso particular, he recibido también críticas de algunos cuba­nos respetables que con loable claridad vislumbraron tempranamente el peligro que amenazaba a nuestra isla, se enfrentaron pacíficamente a Fidel Castro, guardaron prisión durante años por su lucha en aras de la libertad; y ahora, radicados en el exilio, muestran incomprensión hacia los que, como yo, según dicen, tardamos en valorar en su justa medida la verdadera naturaleza del régimen. Me consta, y por lo tanto doy fe, de que esas actitudes de intolerancia están impidiendo que personas importantes dentro del gobierno se decidan a manifestar públi­camente sus discrepancias por temor a recibir agresiones desde todos los flancos. Resulta paradójico que algunas personalidades del exilio que me han criticado con bastante virulencia y que también critican a otros miembros de la disidencia interna, reciban con honores e incluso ayuden a obtener refugio político tanto a personas que hasta el último día antes de huir de la isla estuvieron aplaudiendo a Fidel Castro, como a algunos atletas que colgaban sus medallas al cuello del «Comandante». Está muy bien que ayuden a todos los que se decidan a romper con el régimen sin importar la forma, el lugar y el momento en que lo hacen, pero es muy injusto que rindan honores de héroe a los que se escapan, y critiquen a los que decidimos asumir el riesgo de enfrentar a Fidel Castro en su propio feudo. Opino también humildemente que, con una mayor tolerancia, esos prestigiosos compatriotas del exilio podrían contribuir de forma más eficaz a la imprescindible unión de todos los que anhelamos una patria nueva, sin los vicios e injusticias del pasado y sin el horror del presente”.
(Ib.)

Esta intolerancia que cae en falta de caridad, puede llegar a confundir las cosas cuando, por ejemplo, focaliza sus diatribas contra Monseñor Williamson, como si la resistencia fuera “williamsoniana” o este obispo le imprimiera su persona y sus ideas enteramente a un movimiento cada vez más vasto y con muchas diferencias,  pero que sin dudas coincide en lo esencial: la defensa de la fe católica y el combate al liberalismo de Roma y de la neo-Fraternidad. ¿Valdrá aclarar que la Resistencia no es williamsoniana, no sigue ciegamente a Mons. Williamson ni éste les dice a los sacerdotes y fieles lo que deben pensar, aunque desde luego es escuchado y respetado por ser nuestro obispo? La Resistencia de hecho no fue armada alrededor de Mons. Williamson y lo cuenta a este entre sus filas porque coincide en lo esencial. “Entre sus filas” decimos, pues al haber expresado él muchas veces que no quiere liderar, detenta sólo la autoridad moral inseparable de su condición de Obispo. Nadie hace hincapié en el pasado porque prácticamente todos los que la integran en algún momento han sido o ingenuos o han estado confundidos y han aceptado cosas equivocadamente. Ninguno se cree libre de pecado para tirar la primera piedra. Pero más allá de los errores del pasado o de las diferencias del presente, hay que repetirlo: nos une la misma fe, el credo, los sacramentos y la actitud antiliberal y contrarrevolucionaria y desde luego antiacuerdista con Roma. No es tal obispo o tal sacerdote lo que nos mantiene unidos, sino las cosas fundamentales, empezando por la doctrina. De alguna forma lo decía Monseñor Lefebvre, así:

“Todas estas (asociaciones de fieles resistentes) que están de acuerdo en las bases fundamentales, deberían reagruparse, no con una jerarquía absoluta que lleve a cabo todo, digamos de una manera militar; sino que pienso que hay que dejar una gran autonomía a todas estas asociaciones porque son ellas que se batirán en el terreno, yo diría que ellas son como unidades de combate que no pueden siempre estar conectadas a la central, y entonces habría que dejarles libertad, ciertamente…
Es imposible, nosotros no podemos salir de estas divisiones, tenemos absolutamente que tomar esta resolución y decir: cuando tenemos un sacerdote, incluso si no es perfecto, nos contentamos sabiendo que él se mantiene firme en las cosas fundamentales”.
(Febrero de 1976, a las asociaciones San Pío V http://catholicapedia.net/audio/1976-02_Mgr-Lefebvre_Conference-aux-As.-St-Pie-V_sur-VII.mp3).



EL PADRE PÍO Y MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE. ¿QUÉ SUCEDIO REALMENTE DURANTE SU ENCUENTRO?





Mons. Lefebvre y el Padre Pío en el pasillo






La Mentira

En Estados Unidos existe un libro titulado ‘Padre Pio Gleanings’ (Selecciones del Padre Pio) de Pascal Cataneo, el cual ha sido traducido al inglés. En las páginas 58 y 59 se puede leer el siguiente pasaje:

“Entre las muchas, muchas personas quienes fueron a ver al Padre Pio, estuvo el Arzobispo Lefebvre, quien más tarde se adheriría obstinadamente a la Tradición católica, como la llamaba él, cuestionando la autoridad del Vaticano II y por lo tanto fue removido de su cargo por el Papa Pablo VI.

“El Arzobispo tuvo un encuentro con el Padre Pío en la presencia del profesor Bruno Rabajotti. Este testigo reportó que en un momento en particular el Padre Pío miró a Lefebvre de forma muy severa y dijo: ‘Nunca cause discordia entre sus hermanos y siempre practique la regla de obediencia, y sobre todo, cuando le parezca a Ud. que los errores de quienes representan la autoridad son muy serios. No existe otro camino que la obediencia, especialmente para aquellos quienes hemos hecho este voto’.

“Padre Pío le pudo haber dado este consejo debido a que él mismo tuvo que obedecer algunas órdenes cuestionables, su actitud era poner esto en las manos de Dios, porque Él encontraría la manera de que la verdad triunfase. Parece que el Arzobispo Lefebvre no veía las cosas de la misma forma, incluso cuando respondió al Padre Pío de la siguiente manera: ‘Lo recordaré, Padre’.

Padre Pío lo miró fijamente y, viendo lo que muy pronto ocurriría, dijo: ‘¡No, usted lo olvidará! usted desgarrará a la comunidad de los fieles, oponiéndose a la voluntad de sus superiores e incluso irá en contra de las órdenes del Papa mismo, y este afán sucederá muy pronto. Usted olvidará la promesa que hizo hoy y toda la Iglesia será herida por usted. No se ponga en el lugar de juez, no tome poderes que no le corresponden y no se considere como la voz del pueblo de Dios, que Dios ya ha hablado por ellos. No siembre la discordia y la disensión. Sin embargo, ¡sé que lo hará!’. Desafortunadamente, la verdad de la profecía del Padre Pío fue obvia para todos”. [Fin de cita]



El Padre Pío besando el anillo de Mons. Lefebvre


La Verdad

El 8 de agosto de 1990, el Arzobispo Lefebvre escribió una carta personal a un sacerdote de la Fraternidad en Francia, quien le había escrito previamente para saber sobre su encuentro con el Padre Pío. He aquí un extracto de la carta:

“Por muchos años ya, esta difamación ha sido una mentira de principio a fin, y ha estado circulando por Italia. Ya la he refutado, pero esta mentira se niega a morir. No existe una sola palabra de verdad en la copia de la página de la revista que me envió.

“El encuentro tuvo lugar después de Pascua, en 1967, durando dos minutos. Me acompañó Fr. Barbara y un hermano de la Congregación del Espíritu Santo, el Hno. Felin. Conocí al Padre Pío en un pasillo, cuando iba de camino a su confesionario, le asitían dos Capuchinos.

“Le expliqué, en pocas palabras, el propósito de mi visita: que bendijera a la Congregación del Espíritu Santo, la cual estaba por celebrar un Capítulo General Extraordinario al que asistíría, y que estaba siendo conducida al ‘aggiornamiento’ o modernización, como estaba sucediendo con otras sociedades religiosas, y que temía que tal reunión sería problemática…

“Entonces el Padre Pío exclamó: ‘¿Yo bendiciendo a un arzobispo?, no, no, ¡es usted quien debe bendecirme a mí!’, se inclinó para recibir la bendición. Lo bendije, el besó mi anillo y continuó su camino hacia el confesionario…

“Esto fue todo lo que ocurrió en ese encuentro, ni más, ni menos. La invención que se plasma en el texto que me envía, es sólo producto de una imaginación y mendacidad satánica, el autor es hijo del ‘Padre de la Mentira’.

“Gracias por darme la oportunidad de decir una vez más la verdad, simple y llana."

“Suyo, de la manera más cordial,
en Cristo y María.
+Marcel Lefebvre. "

Fuente: Biblia y Tradición
Título: El Padre San Pío de Pietrelcina y el Arzobispo Marcel Lefebvre. ¿Qué sucedió realmente durante su encuentro?
Autor: FSSPX Distrito EEUU
Original en inglés: Padre Pio & Archbishop Lefebvre. What was the actual conversation between the two?
Traducción: Alejandro Villarreal de B&T -2011-