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lunes, 25 de mayo de 2020

NOSTALGIA DEL CIELO 2




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La foto de estos aldeanos arrodillados mientras un sacerdote pasa para llevar el Santísimo a un enfermo se tomó en Checoslovaquia, a finales de los años sesenta. El fin de una era. Muy poquitos años después, el mundo nunca volvería a ser el mismo y, en otros lugares, cuando se hizo la foto las cosas ya habían cambiado.

¿Puede un católico ver esta foto y no llorar por todo lo que hemos perdido? ¿Quién puede ver esta foto y no desear estar junto a esos campesinos, arrodillado en el fango, en lugar de frente a un móvil o una pantalla de ordenador? Puede que tengamos más dinero, más aparatos electrónicos, más automóviles, más calles asfaltadas y, sin duda, más políticos que nos dicen lo que tenemos que hacer, pero ¿no estaremos más lejos del cielo que ellos? ¿Y no es estar cerca del cielo lo que verdaderamente importa?

¿No vendrá en parte la falta de fe de tantísimos católicos en la Presencia eucarística de que ya no se lleva la comunión a los enfermos solemnementecomo quien ve al Invisible, sino, en el mejor de los casos, a escondidas? Más aún, ¿la falta de fe de tantos curas en la Presencia eucarística no vendrá de esa falta de solemnidad y reverencia? ¿Será que una presuntuosa familiaridad y una simplicidad solo aparente han engendrado la rutina, la indiferencia y finalmente el desprecio?

Checoslovaquia ya no existe y no conocemos el nombre de esos aldeanos ni el de su pueblecillo, pero el hecho de que se arrodillaran sobre el barro al paso de su Señor para adorarlo seguirá recordándose cuando el sol se haya apagado y les será tenido en cuenta en el día del Juicio.