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jueves, 17 de octubre de 2013

FRANCISCO I y "EL VATICANO III"






La entrevista de Eugenio Scalfari al Papa Bergoglio.
(República, 1º de octubre 2.013)
Por Don Curzio Nitoglia.
Traducción de Cristina Pallero para Non Possumus.

La crisis religiosa que atraviesan los hombres de Iglesia no debe llevar al pesimismo. En efecto, "solo la Iglesia tiene palabras de vida eterna" siendo ella el Cuerpo Místico de Cristo. Por ende, no debemos temer y desalentarnos: al final, la Iglesia de Cristo resucitará como Jesús resucitó del Sepulcro.

Hoy, (ver la entrevista de Eugenio Scalfari al Papa Bergoglio, República, 1º de Octubre 2013) con el Papa Francisco I, asistimos a la última escena de la ópera de "auto-demolición" del poder social del Papado por obra de un Papa. Pero esto era el plan de la Masonería: "un Papa según nuestros deseos, que no esté inscrito en las sectas, pero que tenga el espíritu y haga él la Revolución en capa y tiara".

Cada día, hablando como doctor privado, en homilías, en su misa privada, concediendo entrevistas y sobre todo, actuando en manera subversiva contra el orden y de la dignidad papal, el Papa Bergoglio golpea lo que, después del Concilio Vaticano II, milagrosamente había quedado en pie.

 Él quiere hacer el Vaticano III sin convocar un Concilio, ni siquiera pastoral, ya que sería mucha doctrina para su espíritu pragmatista. Lo que Küng, Schillebbeckx, Metz, Boff, Gutierrez, reprochaban a Pablo VI, Juan Pablo II y a Benedicto XVI (tener bloqueado el espíritu del Vaticano II) está  compartido plenamente por Francisco I, el cual retoma sus lamentaciones y asevera querer llevar hasta las últimas consecuencias el Vaticano II.

San Pablo revela en la Segunda Epístola a los Tesalonicenses (II, 6-7)  la venida del Anticristo final: "Vosotros conocéis a aquél que lo demora, de modo que él se manifestará en su preciso momento. En efecto, el Misterio de la Iniquidad ya opera internamente, sólo cuando aquel que ahora lo retiene sea quitado del medio, entonces el hombre de iniquidad se manifestará, pero el Señor Jesús lo matará con un soplido de su boca"

Los Padres de la Iglesia interpretan estos dos versículos de manera unánime. El Anticristo final se manifestará, pero hay un obstáculo, un Katejon, "el que lo retiene", que es el poder espiritual y social del Papado. Cuando este poder no tenga más la fuerza socialmente suficiente para retirar al Anticristo,  será  reducido a influenciar solo a las almas  individuales, entonces éste aparecerá, pero será matado por Cristo mismo, que vela por su Iglesia todos los  días y lo hará hasta el fin. San Pablo lo llama Mysterium iniquitatis, que actuaba ya en la época en que el apóstol escribía (son los "anticristos iniciales" que se manifestaron durante el curso de la historia). Pero en el momento establecido y permitido por Dios,  cuando el papado, después de ser atacado por todos los frentes habrá perdido, momentáneamente, la fuerza social de restauración; entonces aparecerá el anticristo final. El liberalismo que quiere reducir al Cristianismo a puro fenómeno individual, negando la majestad social de Cristo es uno de los pilares de la "contra-iglesia" y abre las puertas al Anticristo final.

Estos dos versículos de San Pablo se aplican perfectamente a aquello que está sucediendo hoy con Francisco I. Está claro que el Misterio de Iniquidad, operado secretamente durante la historia de la Iglesia desde la época apostólica, se enlaza al Vaticano II, donde, a través de la colegialidad, el ecumenismo y la libertad de las falsas religiones, la potencia social restauradora y antisubversiva del papado y de la Iglesia ha sido disminuida. A partir de entonces, despacio, muy despacio, se manifiesta el Misterio de Iniquidad en toda su ferocidad (¡y lo vemos hoy bajo nuestros ojos!), hasta el Reinado del Anticristo final, que Cristo aniquilará.

Pero no debemos preocuparnos excesivamente. Estaba escrito y previsto. Dios lo ha permitido para extraer del mal un bien mayor. Después de haber ultimado su Revolución en capa y tiara, aparecerá el hombre de iniquidad, pero Jesús lo exterminará. "Nolite timere pusillus grex, Ego vici mundum!" (Lc., XII, 32) La victoria final, después de tantas derrotas, pertenece a Dios y a su Iglesia....Y así será. “Verbum Domini manet in Aeternum!”.

Hace falta saber que el Papa Bergoglio se ha formado en la escuela de filosofía de praxis marxista. Uno de sus principales autores es, desde luego, Ludwig Feuerbach que estudió filosofía en Berlín con Hegel. Su obra más conocida es "La esencia del cristianismo", publicada en 1847; en 1851 publicó "Lecciones sobre la esencia de la religión" y en 1857 "Teogonía" (el origen de Dios). Murió el 13 de noviembre de 1872. El se inscribe completamente en el surco de la filosofía moderna que es “antropocéntrica: su centro de reflexión no es (...) Dios; sino el hombre. Pero  hasta (...) Feuerbach ninguno había inclinado el antropocentrismo, hasta el punto de negar a Dios (...). La tesis fundamental de Feuerbach es la identificación del hombre con Dios (...). Él hace del hombre el ser supremo, identificándolo con Dios”. La nueva religión inmanente y antropocéntrica de Feuerbach consiste en la “divina trinidad del hombre, la unidad de razón, amor y voluntad”.

Ahora este espíritu se encuentra en el Concilio Vaticano II y el Papa Bergoglio lamenta que, después de haber abierto las puertas a la modernidad, el Vaticano se haya detenido un poco y que haya retardado la obra de la Revolución en capa y tiara, pero que él la llevará a término.

Ya durante la "homilía en la 9na. Sesión del Concilio Vaticano II", el 7 de diciembre de 1965, el Papa Montini alcanza a proclamar: "la religión del Dios que se ha hecho hombre se ha encontrado con la religión (porque tal es), del hombre que se hace Dios. ¿Qué cosa ha sucedido? ¿Un enfrentamiento, una lucha, una anatema?. Tal podía ser; pero no ha sucedido (...). Una simpatía inmensa hacia cada hombre ha penetrado todo el Concilio (...) Nosotros, más que todos, tenemos el culto del hombre".

Además, el Papa Juan Pablo II ha afirmado en su segunda enciclíca (de 1980), “Dives in misericordia” n.° 1: "Mientras las varias corrientes del pensamiento humano en el pasado y en el presente han sido y continúan siendo propensas a dividir e incluso a contraponer el teocentrismo con el antropocentrismo, la Iglesia (conciliar, ndr) busca  unirlas (...) de manera orgánica y profunda. Y esto es uno de los puntos fundamentales, y tal vez el más importante, del magisterio del último Concilio".  Una vez más, no es la interpretación radical del concilio, sino la enseñanza misma conciliar que es gravemente errónea.

Hay una lucha evidente, que explota con toda su virulencia durante el Vaticano II, entre la Iglesia de Cristo y la "contra-iglesia" o "sinagoga de satanás" (Apoc., II, 9), que se sirve de la modernidad inmanentista para  subvertir la mentalidad de los fieles y de los clérigos inclinados al progresismo, los cuales podrán hacerse en un futuro los jefes de la Sinarquía, de una "contra-iglesia" sometida a la "República universal" masónica y al "Templo universal" judaico, a través del ecumenismo, que deberá llevar a la reunión de los católicos con los masones o "hermanos" separados y judíos o "hermanos" mayores.

Todo lo que ha sucedido mediante una silenciosa y subterránea Revolución religiosa (Concilio Vaticano II, 1961-65) y cultural (mayo 1968), no cruenta y militar, gracias a la cual el hombre tomará el puesto de Dios para destruir luego, anárquicamente, al hombre mismo como animal racional. Pero no basta, se necesita pasar ahora a la plena y perfecta realización de cuanto  ha sido puesto de modo imperfecto en el Vaticano II, con un  Vaticano III no elaborado doctrinalmente.

En fin Bergoglio se dispone (y lo dice), al tercer y último paso, el cual es la meta final que la "sinagoga de satanás" se había fijado de antemano; desde hace al menos 200 años: la constitución de un único "templo Universal" mediante el ecumenismo, o sea, una amalgama de todas las religiones en detrimento de la única verdadera religión, aquella fundada por Jesús, sobre Pedro y sus sucesores. Lamentablemente, teniendo al Modernismo infiltrado en los mismos puestos en la Iglesia, la Secta infernal ha logrado  hacer cumplir el último paso de la Revolución anti-divina a los mismos hombres de Iglesia, sobre todo, durante y después del Concilio Vaticano II, que ha recomendado pastoralmente el Ecumenismo, la Libertad de las falsa religiones y la Colegialidad, es decir aquellos errores condenados constantemente por el Magisterio dogmático e infalible de la Iglesia.

La "revolución a capa y tiara" se ha realizado en 1965 y perdura todavía hoy, mejor dicho, con Francisco I ha llegado a ser una avalancha imparable a través de gestos, hechos y dichos cotidianos no magisteriales, ampliados y globalizados por los medios de comunicación masivos, que solo la omnipotencia y la Justicia de Dios podrá bloquear antes que se cumpla el Vaticano III.

La "contra-Iglesia" sabe que no puede llegar al dominio del mundo sin haber corrompido también el poder espiritual, que viene de Dios. En efecto, no se puede  regir y gobernar la Sociedad civil si ésta no está sostenida por aquella sobrenatural. Estado e Iglesia deben cooperar. La "contra-iglesia" tiene combatida la doctrina de la cooperación entre el poder temporal y espiritual y tiene destruido el poder temporal de la Iglesia (que la ayuda a difundir el Evangelio en la sociedad civil, sin ser feudataria de ningún poder humano), para sustituirse y hacerse el nuevo "contra-poder" o la "demonio-cracia" preternatural, que viene de abajo y de los infiernos y lucha contra la "teocracia". Además el poder económico, social y político necesita tener en las manos también el poder religioso, sin el cual todo el resto vacila y luego cae.

Habiendo maquinado contra la verdadera Religión, la sinarquía debe darnos un sucedáneo de ella, una "contra-iglesia" y una "contra-religión". La religión no es algo postizo o puramente accesorio que ayuda al estado a gobernar mejor; pero es esencial para el funcionamiento del poder civil y a su continuidad.

La Iglesia lo ha enseñado siempre, la "contra-iglesia" lo ha entendido y lo ha negado, pero siempre ha buscado ponerlo en práctica al revés. 1º) obstaculizando la verdadera Religión; 2º) dando  a los hombres una falsa religiosidad, revelándose como verdaderos "monos de Dios", igual que el diablo (Tertuliano).

Esta es la hora decisiva del enfrentamiento entre dos entidades del que llegará  a su fin la "ciudad del diablo" y renacerá la "ciudad de Dios" (San Agustín, De civitate Dei, XIV, 28).

Scalfari ha comprendido bien que sin una "contra-iglesia" ("El Templo") la Secta ("La República") no puede llegar a construir un "super Gobierno Mundial", así como sin la gracia divina, el hombre no puede edificar la Civitas Dei o la república Cristiana.

Ahora el problema último de resolver es saber si la Sinarquía está a la altura de llevar hasta las últimas consecuencias (la destrucción de la Iglesia de Roma, fundada por Jesús sobre un solo Pontífice: Pedro) esta subversión aniquilante en la Iglesia y de la Iglesia.

Podemos responder con certeza: "sí, ¡pero inútilmente!". En efecto, los miembros de la Iglesia son humanos, pero su principio es Cristo que la ha fundado, su fin es Dios y el cielo al cual tiende; en fin, sus medios son sobrenaturales en su esencia: los sacramentos, que confieren la vida sobrenatural. Contra esta realidad asistida  y fundada divinamente por Dios mismo,  nada puede la sinarquía, la "contra-iglesia" y la "sinagoga de satanás". Jesús lo ha prometido formalmente: "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mat., XVI, 18). "Heme aquí. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt., XXVIII, 20).

Ciertamente, hemos llegado a la fruta y al café, pero no se han hecho las cuentas con el tabernero (el Padre eterno) y las cuentas serán más que saldadas, serán al rojo vivo. Un  pavoroso castigo, igualado a la gravedad de la apostasía arrastrante y práctica que vivimos bajo nuestros ojos.

Monseñor Spadafora contaba que en su pueblo de origen había un mal sacerdote, un cierto don Antonio y sus fieles exclamaban: "¡Pobre Jesucristo, en manos de don Antonio!"- Luego don Antonio murió y los fieles decían: "¡Pobre don Antonio en manos de Jesucristo!".

Es aquello que sucede ahora con el "misterio de iniquidad", el cual ha llegado casi a su zenit y dentro de poco, será disuelto por el  "soplo de la boca de Jesús". "¡Pobre Vaticano II y III en manos de Jesucristo!", podemos decir nosotros, parafraseando al gran Monseñor Spadafora.

Don Curzio Nitoglia. 2 de octubre 2013