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miércoles, 10 de julio de 2013

LA DECLARACIÓN DOCTRINAL DE MONSEÑOR FELLAY DEL 15 DE ABRIL DE 2012: LA PRUEBA DE UNA TRAICIÓN.- POR SACERDOS. (2a PARTE)





Primera parte aquí.

 II. SITUACIÓN ANTES DEL PREÁMBULO DEL 15 DE ABRIL DE 2012

Luego de la publicación del Motu Proprio Summorum Pontificum en 2007, del levantamiento de las “excomuniones” de los cuatro obispos de la Fraternidad en 2009, y a pesar del hecho de que los dos gestos de Benedicto XVI fueron insuficientes y venenosos, Monseñor Fellay se afanó en agradecer al papa estos “gestos generosos” y decidió comprometerse en discusiones doctrinales con Roma. Estas tuvieron lugar, entre los teólogos de Roma y de la Fraternidad, del 27 de octubre de 2009 al 11 de abril de 2011. Estas discusiones doctrinales con la Roma conciliar fueron necesarias para que ayudaran a comprender a las autoridades la gravedad de sus errores y hacerlas regresar a la Tradición.

Las discusiones doctrinales que hubieran estado justificadas para intentar convertir a Roma, si las condiciones previas planteadas por Monseñor Fellay hubieran sido satisfechas en el 2007 y el 2009, arrancaron sobre malas bases y compromisos. El rechazo de Roma de acordarnos de manera aceptable las condiciones previas que pedíamos, fue el primer signo de que no debimos continuar.

¿Cuál fue la conclusión de esos coloquios? Sin sorpresa alguna, que era imposible entenderse en el plano doctrinal.

Monseñor de Galarreta, el presidente de nuestra Comisión teológica, claramente afirmó que estas discusiones manifestaron que las autoridades romanas “No están dispuestas a renunciar al concilio Vaticano II” que ellos quieren “llevarnos hacia él” y que quieren nuestro regreso para que la Fraternidad sea “útil” y para “garantizar la renovación de la reforma en la continuidad” (Albano, 7 de octubre de 2011).

El mismo Monseñor Fellay declaró públicamente lo mismo: “Las discusiones han manifestado un desacuerdo profundo sobre casi todos los puntos abordados”. (Cor unum, marzo de 2012).

Por lo que si al final de las discusiones doctrinales, Roma no aceptó adherirse a las encíclicas condenando los errores modernos, condición pedida por Monseñor Lefebvre ¿para qué continuar?

Pero cinco meses después, el Cardenal Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, invitó a Monseñor Fellay y sus dos asistentes a una reunión el 14 de septiembre de 2011, a fin de “hacer un balance de estas discusiones” y “de considerar perspectivas para el futuro”.(Cor unum 103).

El cardenal les remitió una carta con:

1.- Un proyecto de Preámbulo Doctrinal, con la Profesión de fe y el Juramento de fidelidad de 1989;

2.- elementos para una posible regularización canónica de la Fraternidad.

El Cardenal les pide entonces “dar a conocer la posición oficial de esta Fraternidad respecto a esta documentación” y eso en el plazo de un mes.

Se dijo dispuesto a “tomar en consideración las demandas de precisiones o sugerencias destinadas a mejorar la calidad de estos textos, quedando a salvo su substancia”. En otras palabras, a pesar de cambios eventuales en el detalle, la Fraternidad debe aceptar lo esencial de este Preámbulo propuesto por Roma el 14 de septiembre de 2011.
Aquí podemos preguntar: Si Roma no deja un « margen de maniobra » para modificar substancialmente el texto del Preámbulo, ¿para qué continuar?

Hay que subrayar también que el cardenal quiere ir por encima de las discusiones puramente doctrinales y quiere comprometerse en la vía de los acuerdos prácticos, de allí la inclusión de los elementos para una regularización canónica de la Fraternidad, elementos que los miembros de la Fraternidad no vieron nunca.

En otras palabras, si la Fraternidad sale bien del “examen doctrinal” vis a vis de las autoridades romanas, tendrá derecho a una regularización canónica.

El que la Fraternidad acepte en ese momento continuar los diálogos con Roma, cambió totalmente la situación entre las dos partes:

-Las discusiones doctrinales de 2009-2011, aunque las condiciones previas no fueron cumplidas convenientemente, fueron establecidas sobre un cierto pie de igualdad entre la Fraternidad y Roma, ya que se discutió “de igual a igual” entre los teólogos;

-Por el contrario, en la nueva situación, ¡es Roma quien toma la delantera, quien propone los documentos a firmar, y sobre todo, quien decide, en última instancia, si la Fraternidad tiene o no razón!

Monseñor Fellay debió haber visto una segunda señal fuerte en las exigencias inaceptables de Roma del 14 de septiembre de 2011 y detener allí toda negociación, pero él comete aquí dos errores graves de juicio que le serán fatales después:

-  A pesar del hecho de que las discusiones doctrinales del 2009-2011 llegaron a la conclusión de que no podíamos entendernos con la Roma modernista, él va a tratar de llegar a una apariencia de acuerdo doctrinal, acuerdo fatalmente destinado a ser ambiguo, ya que Roma pidió que la substancia del texto inaceptable del 14 de septiembre se conservara intacta.
- Él acepta entonces desde ese momento comprometerse en el dominio práctico con la perspectiva de una regularización canónica, sin acuerdo doctrinal claro y seguro sobre la base de un texto que él mismo declaró malo.

Como prueba de su ceguera, Monseñor Fellay aceptó las nuevas proposiciones de Roma y así decidió ignorar la opinión de Monseñor Lefebvre (1), del Capítulo general de 2006 (2), de los otros tres obispos de la Fraternidad (3) y, para colmo, se contradijo a sí mismo (4).

1.- Monseñor Fellay comenzó por ignorar lo que Monseñor Lefebvre dijo claramente después de las consagraciones:
« Yo no aceptaría estar en la situación en la que nos encontramos durante los coloquios (de 1988). Se acabó.  Yo plantearía la cuestión (a Roma) en el plano doctrinal. "¿Están de acuerdo con las grandes encíclicas de todos los Papas que les han precedido? ¿Están de acuerdo con la Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei, Libertas de León XIII, Pascendi de San Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están ustedes en plena comunión con estos Papas y sus afirmaciones?¿Aceptan todavía el juramento antimodernista? ¿Están a favor del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?  
Si no aceptan la doctrina de sus predecesores, entonces es inútil hablar. Mientras no acepten una reforma del Concilio teniendo en cuenta la doctrina de estos Papas que les han precedido, no hay diálogo posibleEs inútil(Monseñor Lefebvre, Fideliter n°66, noviembre de 1988)

¿Cuál es la situación de los coloquios de 1988 en la cual Monseñor Lefebvre no quería encontrarse? ¿Por qué habla de plantear a Roma en lo sucesivo la cuestión en el plano doctrinal, siendo que el Protocolo de acuerdo de 1988 constaba de una Declaración Doctrinal?

Esto significa que Monseñor Lefebvre fijó en 1988 el principio siguiente: somos nosotros quienes comprobarán la fidelidad doctrinal de las autoridades romanas y no al contrario cuando nos piden adherirnos, al menos implícitamente, a los errores y a las reformas conciliares.

Por lo tanto, sin la aceptación clara y nítida por parte de la Roma actual de las encíclicas mencionadas por Monseñor Lefebvre, “no hay diálogo posible, es inútil”.

La razón profunda es que, si Monseñor Lefebvre después de haber tratado de llegar a un acuerdo práctico en 1988 sin haber resuelto el problema doctrinal, decidió detener todo, es que nuestras diferencias con Roma eran sobre todo de orden doctrinal, no podíamos comprometernos a un acuerdo práctico si el problema doctrinal no estaba resuelto.

Pues es evidente que las autoridades romanas actuales no aceptan las encíclicas que condenan los errores modernos. Y peor aún, alardean de ello.

Además, en su carta al Papa Juan Pablo II, Monseñor Lefebvre planteaba la misma condición:
 “Los coloquios y conversaciones (…) nos han convencido que aún no había llegado el momento de una colaboración franca y eficaz. (…) Dado el rechazo de considerar nuestros pedidos, y siendo evidente que el objetivo de esta reconciliación no es en absoluto el mismo para la Santa Sede que para nosotros, creemos preferible esperar momentos más propicios cuando Roma vuelva a la Tradición. (…) Continuaremos rezando para que la Roma moderna, infestada de modernismo, vuelva a ser la Roma católica y reencuentre su Tradición dos veces milenaria. Entonces, el problema de la reconciliación ya no tendrá razón de ser y la Iglesia reencontrará una nueva juventud”. (2 de junio de 1988)

Antes de contemplar una « colaboración franca y eficaz » con Roma, hay que esperar el “regreso de Roma a la Tradición”. La Roma modernista debe volver a ser católica al adherirse a la Tradición dos veces milenaria de la Iglesia.

En la carta del Cardenal Levada del 14 de septiembre de 2011 hay dos partes; una parte doctrinal con el Preámbulo para firmar, y una parte práctica con la regularización canónica. Monseñor Fellay sabe perfectamente que si logra pasar la primera etapa, él tendrá la otra. El no podrá separarlas.

Aquí no se trata de plantear las cuestiones en el plano doctrinal del que habló Monseñor Lefebvre. Al contrario, se trata ni más ni menos que de saltar esta condición, pues la conclusión de los coloquios doctrinales de 2009-2011 mostraron que Roma no cambia ni una iota de sus errores doctrinales.

Si Roma se niega a cambiar, ¿para qué continuar?

Pero Monseñor Fellay prefirió continuar, comprometiéndose en una perspectiva de los acuerdos prácticos,  aceptando considerar las proposiciones de la carta del Cardenal Levada.

¿No es una imprudencia grave por parte de Monseñor Fellay el no tener en cuenta los consejos de Monseñor Lefebvre? Él actúa contra la virtud de la prudencia, parte de la cual consiste en seguir el consejo de gente prudente. Pero desgraciadamente ésta no será la única vez que Monseñor Fellay ignorará los consejos de otros…

2) Luego Monseñor Fellay decidió ignorar lo que el Capítulo general de 2006 decidió claramente. El capítulo desaconsejó todo acuerdo práctico con Roma sin resolver primero el problema doctrinal:
 “Los contactos que la FSSPX mantiene episódicamente con las autoridades romanas tienen por único objetivo ayudarlas a recuperar la Tradición, que la Iglesia no puede renegar sin perder su identidad, y no la búsqueda de una ventaja para ella misma, o de llegar a un imposible “acuerdo” puramente práctico. El día que la Tradición recupere todos sus derechos, “el problema de la reconciliación no tendrá razón de ser y la Iglesia reencontrará una nueva juventud” (Carta de Monseñor Lefebvre a Juan Pablo II, 2 de junio de 1988). (Cor unum n° 85, octubre de 2006).

En esto, el Capítulo de 2006 no hizo más que seguir precisamente las recomendaciones de Monseñor Lefebvre al cual citó, cita de la cual acabamos de hablar.

Pero Monseñor Fellay, en una conferencia a los sacerdotes del distrito de América del Sur en octubre de 2012, rechaza desdeñosamente esta condición del Capítulo calificándola de “impracticable”. Dijo que no se puede esperar resolver el problema doctrinal por parte de Roma y lo que nosotros debemos obtener de ellos es solamente el “poder de criticar las reformas”. El afirmó que su posición es más “concreta” y “más fácil de verificar”, y que en definitiva, ella es “la misma” que la del Capítulo de 2006.

¿Qué es eso?

Es evidente que eso no es de lo que el Capítulo hablaba, porque los dos métodos se oponen.

Monseñor Fellay se burla verdaderamente del Capítulo que dijo explícitamente que el único objetivo de los contactos con Roma era “ayudarlos a recuperar la Tradición”, es decir, ayudarlos a adherirse a la Tradición.

Ahora hay otro objetivo:

Monseñor Fellay habla de obtener solamente un derecho a “criticar” las reformas, nada más. En esto hay un retroceso considerable, porque el objeto de la demanda ha cambiado completamente: Para el Capítulo de 2006 es Roma quien debe cambiar, para Monseñor Fellay ya no es necesario que Roma cambie (al menos, todavía no… hay que esperar nuevas discusiones para esperar que ella cambie). Monseñor Fellay demanda para la Fraternidad el permiso de criticar los errores; es la Fraternidad quien se pone en situación de inferioridad, mientras que anteriormente el Capítulo no reclamaba nada de Roma sino su conversión. Por lo tanto no se trata absolutamente de la misma cosa para el Capítulo y para Monseñor Fellay.

Además, suponiendo que la Roma liberal nos acuerde este « derecho » de crítica, debemos recordar que ninguna comunidad Ecclesia Dei nunca pudo poner en práctica este “derecho de crítica” desde 1988, aunque les fue prometido por Roma en sus documentos de fundación.

Por lo tanto, está claro: Monseñor Fellay no tuvo en cuenta esta condición votada por el Capítulo a quien debe obediencia, pues está por encima de él. Nosotros vemos aquí también una desobediencia y una imprudencia graves.

3) Y esto no es todo. Los otros tres obispos de la Fraternidad, en una carta común, le advirtieron a Monseñor Fellay del mismo peligro:
« Las discusiones doctrinales de 2009 a 2011, probaron que un acuerdo doctrinal es imposible con la Roma actual”. Es por eso que quisieron hacerle saber “su oposición formal a todo acuerdo (práctico) semejante”. (7 de abril de 2012).

Está claro que sus tres cofrades en el episcopado, sin querer imponerle una decisión, intentan caritativamente de advertir a Monseñor Fellay de las consecuencias graves de un acuerdo práctico con Roma, porque el acuerdo doctrinal, en sus conversaciones doctrinales, se comprobó imposible.

¿Cuál es la respuesta de Monseñor Fellay? Una carta que donde encontramos estas frases aterradoras:

« Nosotros no hemos buscado el acuerdo práctico. Esto es falso. No hemos rechazado a priori, como ustedes lo piden, el considerar la oferta del papa. Por el bien común de la Fraternidad, nosotros preferiríamos de lejos la solución actual de status quo intermediario, pero manifiestamente, Roma ya no lo tolera”.

Y después:

« Pretender esperar a que todo se arregle para llegar a lo que ustedes llaman un acuerdo práctico, no es realista”.

Aquí Monseñor Fellay no solamente rechaza las advertencias de los tres obispos, sino que también los de Monseñor Lefebvre en 1988 y los del Capítulo general de 2006, siendo que estas advertencias siguen la misma línea prudencial.

En el primer párrafo citado, Monseñor Fellay sacrifica claramente el bien común de la Fraternidad para seguir las órdenes de Roma.

El hecho que « Roma ya no lo tolere » no es un argumento válido, porque no tenemos la obligación de obedecer al papa en órdenes que perjudicarían a la Fraternidad, mientras Roma no se convierta.

Por ejemplo, en la cita de Fideliter 66, Monseñor Lefebvre dijo que él rechazará discutir con Roma mientras que ella no acepte las encíclicas que condenen los errores modernos. Ya que el papa y la curia son de mala voluntad, no estamos obligados a obedecer sus conminaciones de discutir y menos aún obligados a obedecer la conminación de hacer un acuerdo práctico, acuerdo que Monseñor Lefebvre hizo depender de la conversión de las autoridades romanas.

Es particularmente grave por parte de Monseñor Fellay, pues su primera obligación como superior de la Fraternidad es de preservar y velar por el bien común de ésta. (*)

(*) No hay obligación de obediencia al papa en estas materias de gobierno práctico, obligación que sería superior al bien común de la Fraternidad, porque no es un buen jefe de la Iglesia, es decir, en tanto que no defiende la verdadera fe. Sería una locura comprometer el bien común, la seguridad y la estabilidad de aquellos que tienen la fe para satisfacer las órdenes de un papa que se comporta como un enemigo de la Iglesia, haciendo perder la fe a sus miembros.

En el segundo párrafo, Monseñor Fellay contradice abiertamente a Monseñor Lefebvre quien, por el contrario, a causa del fracaso de los acuerdos prácticos en 1988, comprendió la lección y no quería repetir los mismos errores…

¿Monseñor Fellay se cree más « realista » y más prudente que Monseñor Lefebvre, que el Capítulo de 2006 y que sus cofrades obispos? ¿Por qué Monseñor Fellay no escuchó a estas personas que no querían más que el bien de la Fraternidad?

No podemos evitar el constatar en qué estado lamentable la puso Monseñor Fellay. ¿Quién pecó de “irrealismo”, o más bien de “idealismo”, por no decir de “irresponsabilidad”?

4) Y finalmente, ¡Monseñor Fellay se contradice a sí mismo! Justo antes del Capítulo de 2006, él se oponía a todo acuerdo práctico sin que se resolviera previamente el problema doctrinal:

« En todo caso, es imposible e inconcebible de pasar a la tercera etapa, es decir, de contemplar los acuerdos antes que las discusiones no hayan logrado aclarar y corregir los principios de la crisis”

« Está claro que no firmaremos un acuerdo si las cosas no se resuelven al nivel de los principios (…) No podemos permitirnos ambigüedades (…) Será necesario, para resolver el problema, que las autoridades romanas manifiesten  y expresen de manera clara, de manera que todo el mundo comprenda, que para Roma no hay treinta y seis caminos para salir de la crisis, no hay más que uno solo: que la Iglesia reencuentre plenamente su propia Tradición bimilenaria. El día que esta convicción esté clara en las autoridades romanas, (...) los acuerdos serán fáciles de realizar”. (Fideliter n° 171, mayo-junio de 2006, págs. 40-41)

Pero una vez más "Fellay 2" venció a "Fellay 1" y prefirió seguir el programa establecido por el cardenal Levada ...

¿No dijo en su carta a los tres obispos que la Roma actual “ya no tolera” nuestra situación? ¿Debemos plegarnos a agradar a la Roma modernista, a nuestros enemigos, porque ellos ya no toleran nuestra situación?

Para aquellos que conocieron a Monseñor Lefebvre, esta manera de razonar no era para nada la suya. Es lo que hace la gran diferencia entre nuestro Fundador y Monseñor Fellay.

Si la Roma actual ya no tolera nuestra situación, es porque nosotros somos los últimos en oponerse a sus designios. Ya han sometido a otras congregaciones, nosotros somos los últimos irreductibles.

Monseñor Fellay pagará cara esta decisión, porque al final no obtendrá ganancia de causa ni en el dominio doctrinal ni en el dominio práctico

En el dominio doctrinal: en lugar de hacer retroceder a Roma, fue él quien retrocedió, haciendo concesiones graves con su vergonzosa Declaración Doctrinal.

En el dominio práctico, terminó por dividir la Fraternidad, alienándose una parte importante de la Fraternidad, de comunidades amigas, así como numerosos fieles.

Le queda la frustración de no haber obtenido el acuerdo práctico, tan deseado por él y los suyos, y daría todo hoy en día por regresarlo a la mesa de negociaciones. (Cf. respuesta a las objeciones).


Examinemos ahora el preámbulo del 14 de septiembre de 2011 que Monseñor Fellay aceptó no modificar en sustancia.

Continuará...