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lunes, 22 de abril de 2013

LOS JESUITAS Y LA MASONERÍA EN TIEMPOS DEL ARZOBISPO BERGOGLIO




Reproducimos por juzgarlo de interés el artículo publicado en un blog masónico donde, más allá de las pocas o nulas entendederas de quienes allí se proponen participar de una “masonería cristiana”, queda claro el vínculo que ha habido entre masones y obispos y sacerdotes de la Iglesia católica, en especial de jesuitas, durante el gobierno de Jorge Mario Bergoglio al frente de la Diócesis de Buenos Aires. Subrayamos en negro los pasajes que creemos más destacados.


Los jesuitas y el diálogo entre Masonería e Iglesia en Argentina

A raíz de la elección del cardenal Jorge Bergoglio como papa Francisco, se ha abierto una expectativa en torno a cuál será el rumbo que el nuevo pontífice adopte en torno a las relaciones entre Masonería e Iglesia.

Resulta complejo predecir cuál será el futuro de un diálogo que –a priori y dada la actual fragmentación de la Masonería- se presenta, al menos,  como difícil de articular en virtud de la inmensa cantidad de “interlocutores” con los que se encontraría la Iglesia.

Sin embargo, puede intentarse una aproximación verosímil de esta expectativa a partir del desarrollo que ha tenido en la Argentina la relación entre jesuitas y masones en los últimos veinte años, espacio de tiempo que coincide con la actividad del ahora papa Francisco como autoridad de la Compañía de Jesús, como miembro del episcopado y como Cardenal Primado. En mi caso, siendo masón y católico apostólico romano, he tenido activa participación en esta relación y he sido testigo de su evolución, lo cual me permite hablar en primera persona. No obstante ello, como resulta previsible, me reservaré de algunos nombres, tanto de masones como de religiosos, que podría comprometer en ambos campos.

Podemos iniciar nuestro relato en agosto de 1998. Por entonces se encontraba al frente de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones el Dr. Eduardo Vaccaro, en tanto que monseñor Bergoglio, por su parte, había asumido el cargo de Arzobispo de Buenos Aires tras la muerte de su antecesor, el cardenal Antonio Quarracino.



El sacerdote jesuita Jean-Ives Calvez es recibido en la sede de la Masonería argentina.

El clima entre la Iglesia y la Masonería no era bueno; de hecho monseñor Quarracino había cargado fuertemente contra los masones en julio 1995, acusándolos de “fiebre anticlerical”. Estos ataques destinados a la masonería se sucedieron a través de medios gráficos[1] y en declaraciones por radio y televisión, hecho que provocó la airada reacción de Vaccaro, publicada en el diario La Nación el 28 de julio de ese mismo año.

Pero con la llegada de monseñor Bergoglio al Arzobispado, producida  el 28 de febrero de 1998, se habían despertado no pocas expectativas entre los masones, especialmente en el grupo que integraba la Comisión de Cultura, cuya cara visible era Luis J. Vincent de Urquiza, aunque formaban parte de la misma otros connotados masones cuya identidad reservo porque aún están vivos. 

Se puso en marcha entonces la primera jugada importante en torno a la posibilidad de abrir el diálogo entre Masonería e Iglesia. Y no fue una jugada menor.  En efecto, el 26 de agosto de ese año, con un destacado espacio, el diario La Nación publicaba una nota titulada “Un inusual encuentro de jesuitas y masones”, informando que el padre jesuita Jean-Ives Calvez hablaría ese mismo día en la sede de la Gran Logia de la Argentina, “al cabo de siglos de agudos enfrentamientos”. La nota llevaba la firma Jorge Rouillon, habitual columnista de temas religiosos en el periódico mencionado.[2]

Jean-Ives Calvez era una figura prominente de la Compañía de Jesús, profesor del Instituto Católico de París  y famoso por sus estudios sobre doctrina social de la Iglesia y sobre el marxismo. Al día siguiente, el jueves 27 de agosto, el mismo diario daba cuenta del éxito de la conferencia, en una nota titulada “Despertó interés la presencia de Calvez en la sede de la Masonería” señalando la concurrencia de “bastantes personas de conocida militancia católica”.  El cronista mencionaba, entre otros concurrentes, a Víctor Luis Funes (presidente de la Academia de La Plata, vinculada históricamente con la Compañía de Jesús); al académico Luis Ricardo Silva; al sociólogo Fernando de Cuevillas; al padre Daniel Zaffaroni (que aclaró que concurría con permiso de su obispo, a la sazón monseñor Jorge Bergoglio); al sacerdote jesuita Ignacio Pérez del Viso, que como veremos jugaría un rol esencial en esos días; al Dr. Alberto Taquini, académico de Educación, quien dice textualmente la nota, “se hizo presente para llevar al padre Calvez a una cena que le ofrecería más tarde el empresario Carlos Pedro Blaquier y que compartiría con Víctor Massuh y Jorge Vanossi”. La lista es larga, pero puede consultarse en la nota referida.[3]

La reacción de los sectores más duros no se hizo esperar y el día 13 de agosto Horacio Walter Bauer, integrante del Consejo Editorial de la revista El Arca –connotado católico del ala conservadora de la Iglesia- pareció encabezar la contraofensiva con una demoledora carta publicada en La Nación. Esta misiva, que daba por tierra toda posibilidad de diálogo entre Masonería e Iglesia sería contestada, sorprendentemente, por un jesuita, el padre Ignacio Pérez del Viso, quien hacía una extensa reseña de las relaciones entre masonería e iglesia y culminaba con la esperanza de que  “A quienes el pasado ha enfrentado, el futuro puede convocarnos para la defensa de la dignidad humana”.

Pero este no era el único frente de acercamiento abierto por la Orden. Para esa misma época, con fecha 13 de abril de 1998, el Gran Maestre Eduardo Vaccaro, por Resolución Nº 22, creaba la Academia de Estudios Masónicos con el objeto de “producir trabajos sobre historia, filosofía etc.”  Estaba integrada por siete miembros a saber: Emilio J. Corbière, Jorge Paju (Presidente), Gerónimo Ojeda Ayzarnazábal, Alberto Peláez, Eduardo R. Callaey (Secretario) y otros dos HH.·. cuya identidad me reservo. En septiembre de ese mismo año, luego de que el papa Juan Pablo II publicara la encíclica Fides et Ratio, la Academia recibió el encargo del Gran Maestre de expedirse sobre el tema.

Se abrió entonces un amplio debate en el que participó un importante grupo de masones que asesoraron y trabajaron junto a los miembros de la Academia. Las conclusiones fueron elevadas el 19 de noviembre de 1998 por quien suscribe y si bien nunca fueron publicadas, sirvieron de base para la Declaración sobre la Encíclica Fides et Ratio hecha pública el 1º de diciembre de ese año por la Gran Logia, con la firma del Gran Maestre y el Gran Secretario en una prueba más del plan estratégico que la Orden había puesto en marcha en su intento de acercamiento a la Iglesia. En esas semanas, junto a Emilio J. Corbière y el padre jesuita Fernando Storni participamos de varias emisiones de radio, de las que me ha quedado un imborrable recuerdo.

Resulta evidente que la presencia de Jean-Ives Calvez, las declaraciones del padre Ignacio Pérez del Viso y del padre Storni, todos ellos miembros de la Compañía de Jesús, no podrían haberse producido en un marco de hostilidad, siendo el cardenal primado, figura principal de los jesuitas en Argentina. El camino quedaba expedito para dar un segundo paso. 

En junio de 1999 el Dr. Jorge Vallejos asumió la Gran Maestría de la GLA, sucediendo a Vaccaro. A poco de asumir el nuevo Gran Consejo, se debatió un documento que con el título de “Masonería e Iglesia, Una Propuesta de Trabajo” llevaba el debate masónico respecto de las relaciones con la Iglesia Católica en la Argentina a su punto más alto. Ese documento, debatido en el seno del Consejo de la Gran Logia, marcó la estrategia de los siguientes seis años y tuvo frutos destacables. El autor del documento fue Jorge Marasco, por entonces 1º Gran Vigilante y figura central en el impulso de dicha estrategia. A los pocos meses monseñor Karlic, presidente del Episcopado Argentino recibía oficialmente a una delegación de la Gran Logia de la Argentina, encabezada por su Gran Maestre. El miércoles 12 de abril del 2000 el diario Clarín se hacía eco de ese diálogo al máximo nivel en una nota titulada “Encuentro sin precedentes entre la Iglesia y los masones”[4].

A partir de allí se estrecharon vínculos entre algunos miembros de la Iglesia y algunos masones. Tuve participación activa en esos vínculos que me permitieron, en los años siguientes, ver cierta predisposición en muchos hombres de la Iglesia respecto de avanzar en ese diálogo. Sin embargo estas conversaciones se realizaban en un marco absolutamente privado, salvo algunas excepciones en las que algunos prelados fueron advertidos por sus autoridades de cuáles eran los límites de ese diálogo. De un modo u otro, los jesuitas siguieron siendo referentes en ese intercambio; pero no sólo los jesuitas.

Del mismo modo que había sucedido en 1998, hubo reacciones por parte del nacionalismo católico que atacó duramente a Karlic. Estos sectores filo fascistas siempre se jactaron de que aquella reunión le costó a Karlic el capelo cardenalicio y que debió esperar por tal causa hasta el año 2007, en el que fue creado cardenal por Benedicto XVI cuando ya tenía más de ochenta años. La postura del Cardenal Karlic siempre fue vista como moderada y teológicamente como conciliadora dentro de la Iglesia argentina. Por esa misma razón fue combatida por los sectores conservadores.  En definitiva fue un hombre valiente cuyos esfuerzos en pos del diálogo entre Masonería e Iglesia nunca fue mensurado en su real dimensión.

En los años siguientes, en la medida en que se producían mis publicaciones en torno a los orígenes cristianos de la masonería, ese diálogo personal con hombres de la Iglesia se profundizó.[5] Tuve la oportunidad de hablar de este tema con el Prof. José Antonio Ferrer Benimeli, a quien vi por primera vez en el marco del Congreso Internacional del CEHME llevado a cabo en Logroño en 2006 y con quien he mantenido una afectuosa relación hasta el presente. La postura de Ferrer Benimeli, sacerdote jesuita, es conocida y, en todo caso, remito al lector a su extraordinaria síntesis “La Iglesia católica y la masonería: visión histórica” expuesta en 1995 en el marco del ciclo “Masonería y Religión; Convergencias, oposición, incompatibilidades” llevado a cabo en la Universidad Complutense de Madrid y publicada en 1996[6].

En el año 2005, el Dr. Sergio Nunes sucedió en la conducción de la Gran Logia de la Argentina a Jorge Vallejos. En 2006 los contactos continuaron y el 5 de mayo se llevó a cabo la presentación del libro de Lucía Galvez “¿Cómo Dios manda? Iglesia, Masonería y Estado en la Argentina” en el marco de la Feria del Libro, oportunidad en que participé de dicha presentación junto al padre Ernesto Salvia.[7]A partir de allí la situación política al interior de la Gran Logia comenzó a modificarse.

Para el año 2007, las tensiones en torno a este tema se habían agravado en el seno de la Gran Logia de la Argentina, y ya se percibía un creciente avance de los sectores más radicales, que propiciaban el enfrentamiento con la Iglesia católica. Sin embargo, el Gran Maestre Sergio Nunes llegó a mantener una reunión reservada con el cardenal Bergoglio, de la que no trascendieron mayores detalles. La situación cambió definitivamente con la Gran Maestría de Jorge Clavero. Una larga época signada por el diálogo llegaba a su fin.

Como puede verse a lo largo de este breve resumen, la Compañía de Jesús ha estado en la primera línea de fuego en este diálogo. No sólo en los últimos veinte años sino mucho antes, tal vez desde los inicios mismos del conflicto entre Masonería e Iglesia, iniciado en 1738. Para quienes conocemos las controversias respecto de la interpretación del nuevo Código de Derecho Canónico de 1983 y su canon 1374, sabemos que la Compañía de Jesús siempre se ha pronunciado de manera diferente a la del Episcopado alemán, avalada por el cardenal Ratziger en su famosa y desafortunada “Declaración” del año 1985 en la que quita del ámbito episcopal toda actuación respecto del diálogo con los masones.

Creo que cabe esperar que esta situación se modifique en virtud de que la estructura del gobierno central de la Iglesia es tema de debate en estos días, y que muy probablemente un papa que anuncia un pontificado en el que no se excluye del diálogo a nadie, tampoco lo haga con los masones. Sin embargo me permito formular nuevamente la pregunta ¿Quién representa hoy a la francmasonería? Es una pregunta difícil de responder.


[1] “Hay fiebre anticlerical” por Antonio Quarracino, Diario Clarin, edición del 26 de julio de 1995, Sec. Opinión, pag. 13. “Quarracino y el espíritu de la masonería”, Diario La Nación, edición del 23 de julio de 1995, pag. 12
[2] La Nación, 26 de agosto de 1998
[3] La Nación, 287 de agosto de 1998
[4] Diario Clarin, 12 de abril de 2000
[5] En 2004 se publicó mi libro “Ordo laicorum ab monacorum ordine” bajo el sello de la Academia de Estudios Masónicos, con prólogo de Jorge Marasco y comentarios de Jorge Paju, Presidente de la Academia. En 2006 se reeditó con el nombre de “Los orígenes cristianos de la francmasonería (Kier, Buenos Aires)
[6] Ferrer Benimeli, José Antonio, Masonería y Religión: convergencia, oposición, ¿incompatibilidad?, Editorial Complutense, Madrid, España, 1996.
[7] Masonería, Iglesia y Estado, Diario La Nación, 24 de abril de 2006