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jueves, 17 de octubre de 2013

LA DECLINACIÓN DEL CORAJE



Por Alexander Solyenitzin
Del discurso pronunciado en la Universidad de Harvard
el 8 de Junio de 1978


La merma de coraje podría ser la característica más sobresaliente que un observador externo notaría hoy en Occidente. El mundo occidental ha perdido su coraje cívico, tanto en forma genérica como en forma particular, en cada país, en cada gobierno, en cada partido político y, por supuesto, en las Naciones Unidas. Esta declinación del coraje se nota particularmente en las élites gobernantes e intelectuales, causando la impresión de una pérdida de coraje en la sociedad entera. Existen muchos individuos valientes, pero no tienen influencia sobre la vida pública.

Los funcionarios políticos e intelectuales exhiben esta depresión, esta pasividad y esta perplejidad tanto en sus acciones como en sus declaraciones, y más aún en sus autojustificaciones tendientes a demostrar cuan realista, cuan razonable y cuan intelectual y hasta moralmente justificable resulta fundamentar políticas de Estado sobre la debilidad y la cobardía. Y esta declinación del coraje, que en ocasiones llega hasta lo que podría considerarse como falta de hombría, resulta irónicamente resaltada por ocasionales exabruptos de inflexibilidad por parte de los mismos funcionarios cuando éstos tienen que tratar con gobiernos débiles, con países que carecen de respaldo, o con corrientes desacreditadas, claramente incapaces de ofrecer resistencia alguna. Pero quedan mudos y paralizados cuando tienen que vérselas con gobiernos poderosos y fuerzas amenazadoras, con agresores y con terroristas internacionales.

¿Habrá que señalar que, desde la más remota antigüedad, la pérdida de coraje ha sido considerada siempre el primer síntoma del fin?