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jueves, 25 de abril de 2013

CON LA GUARDIA BAJA




Informan los masivos medios de difusión que Francisco ha vuelto a hacer “una de las suyas” o, en otras palabras, su estilo caracterizado por su desaliño y desparpajo, ha vuelto a saltarse el protocolo y las normas para convidar a un guardia suizo a tomar asiento (no sabemos si en el mismo sillón que usa él)  y, a continuación, ofrecerle un sandwich, según algunos, o una medialuna, según otros (aquí una nota http://www.valoresreligiosos.com.ar/ver_nota.asp?Id=34230).

Extrañamente desprovistos de toda cámara tomavistas (como se decía antaño), los periodistas sólo han podido registrar el diálogo que el Sumo Pontífice habría tenido con el guardia suizo que custodiaba la puerta de la Residencia Santa Marta, donde reside.

Cabe admitir que cada nuevo acto nos trae una nueva –y tal vez desconcertante- imagen simbólica, como para hacernos acordar de aquello que decía León Bloy de que “todo hombre es simbólico”. En este caso, Francisco obliga al guardia a saltarse las reglas porque con toda lógica podría llegar a pensar que no necesita que lo custodien, siendo tan popular y teniendo a su favor todas las opiniones del mundo (excepto las de los inconvertibles ultratradicionalistas). Si no hay enemigos, ¿para qué vigilar? Y si los enemigos ya están adentro, ¿para qué vigilar afuera? Mejor bajar la guardia y “comer un sanguche”.

Así que olvidado el “velad y orad” de Nuestro Señor (Mt. 24, 42), descansemos. Bajemos la guardia. Ya no es tiempo de peleas, sino de diálogo.

Tal vez la próxima Francisco baje con el termo y el mate.