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sábado, 17 de julio de 2021

ORGULLO Y ALEGRÍA DE SER CATÓLICO Y ESPAÑOL – GIL DE LA PISA

 


Por Gil De la Pisa

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13 JULIO 2021

Deberían ser sentimientos propios de la mayoría absoluta de cuantos hemos nacido en España, sin embargo no es lo que resalta a primera vista. Es preocupante en grado sumo como a todo español, no le rebosa por los poros esa doble alegría y ese doble orgullo. Sin duda, la causa es obvia y muy simple: ignorancia completa de la Historia de su Patria y la de su Fe. No le encuentro otra.

Resultaría imposible si se conoce todo cuanto los españoles han dado a la Humanidad, sobre todo si se compara con quienes tienen la audacia de menospreciarnos. Hispania deslumbró ya a los romanos por su valor, su sentido de la independencia y su capacidad para resistir a las legiones romanas y a los cartagineses. Los hispanos llegaron a emperadores y sabios.

En la Edad Media inició y remató la Reconquista del suelo patrio, --una lucha que duró casi ocho siglos--; en la Edad Moderna, descubrió un Mundo nuevo, dominó media Europa, se adueñó de los mares, -- el Océano Pacífico, su “lago” particular--; abrió nuevas rutas marítimas y circunvaló la Tierra por primera vez; civilizó toda América y creó un Imperio donde no se ponía el sol.

Todo fue posible porque su industria estaba a la altura requerida y eso le permitió construir los mejores barcos. No tiene otra explicación el haberse adueñado del mar y que, nunca la marina inglesa pudo con la Armada española, ¡todo lo contrario! (“Trafalgar” es punto y aparte; fruto de la siempre nefasta alianza con Francia). Nuestros Tercios doblegaron a Europa y nuestros fueron dueños de océanos. El resto de las naciones únicamente nos ha superado en “mentir sobre España” y “manipular” la Historia. Sus verdaderas victorias sobre nuestra Patria las han logrado exclusivamente, con política sucia de cavernarios. De cara, nunca han podido con nosotros, en ningún campo y menos en el de las ideas, nuestros teólogos en Trento y nuestros pensadores en Salamanca son la cima. La degeneración intelectual, madre de los “ismos” –marxismo, socialismo, liberalismo, modernismo, progresismo, nazismo, fascismo, etc.”.-- son productos “europeos”, responsables de los millones de muertos del siglo XX y XXI.

Europa nunca debería olvidar su deuda con España: nos deben su existencia como “Continente libre”, por haber arrojado a los moros al otro lado del Mediterráneo, y cerrado la puerta al Turco en Lepanto.


Parte de nuestro Imperio estaba en el Pacífico. Allí, nuestras islas, entre ellas Filipinas (en honor de Felipe II) eran pieza clave del comercio mundial. (El descubrimiento de nuestros marinos sobre los vientos hicieron posible, la ida y vuelta, desde las costas americanas a Filipinas y Asia oriental).

Fueron una preciosa provincia española durante tres siglos –hoy nación filipina-- y nos las robó Estados Unidos --la Sinagoga de Satanás planeó perfectamente la liquidación de las últimas provincias de nuestro Imperio-- y nunca deberíamos desconocer y olvidar el horrible “coste” de un “genocidio” de dos millones de filipinos asesinados para “borrar el español” de aquellas islas.

Y nadie habla del tema— ¿no lo sabías?, ¿ningún profesor te lo había comentado?  Aun esperamos el “Núremberg” ad hoc. ¿Dónde está el sentido democrático, liberal y amante de la verdad de los europeos? Si la Hispanidad despierta e impone su ley no deberá olvidarlo y, sí, pasar cuentas. ¿Qué esperan nuestros Historiadores?  Olvidar la Historia es de necios.

Otro motivo de orgullo: los trescientos años de vida próspera y, generalmente, en paz de las provincias españolas de Ultramar ¡mientras fueron España! En esos siglos, los indios fueron españoles al cien por cien, con los mismos derechos de los peninsulares, y acceso a los Centros Superiores de estudio y, sus vidas, fueron sagradas y protegidas. Solo “cuando esas provincias se independizaron” --y se “liberaron” --comenzaron los asesinatos de indios como consecuencia lógica del “liberalismo masónico, racista, protestantoide y sajón”. Sus políticos no supieron con qué sustituir el Catolicismo heredado. 

En los reinos de España, el indio tenía más privilegios que los “criollos” sin sangre india. Conviene recordarlo, cuando los “indigenistas” mienten y manipulan la Historia. “”Ellos”, hijos-herederos de los asesinos liberalesacusan a España de los “crímenes de sus padres”. ¡NO, majos!, ¡que cada palo aguante su vela!  “A partir de vuestra independencia” asesinasteis sin escrúpulos, ¡no culpéis a mi Patria que los protegió mientras fueron españoles!

El desastre español imperante, se inició con los afrancesados, o sea, la “seudo europeización” de los españoles en  el siglo XVIII,  cuando las “Logias” se fueron adueñando de la política y de los Gobiernos y los “ilustrados” y  “enciclopedistas” ocupaban el lugar de los “modernistas y progresistas” actuales. Para ellos, fue de gran ayuda la invasión napoleónica y facilitó su traición en la destrucción del Imperio y la Independencia de las provincias de ultramar.  Dos siglos y medio lleva España pagando sus errores con el descenso acelerado hacia su desaparición.

Conocer la Historia de España es el primer fundamento de nuestro amor a esa Patria única y del lógico orgullo de ser español. Esta Patria agonizante empezó su actual degeneración cuando nuestros enemigos supieron borrar del conocimiento de los españoles su Historia gracias el poder de sus Medios de comunicación tras crear la peor de las Leyendas Negras, sobre nuestra VICTORIA, con el agravante de que esos “renegados y canallas” son españoles.

En artículos periodísticos no se puede ser muy extenso y me veo obligado a resumir en pocas líneas el meollo del tema, y quien mejor lo ha hecho ha sido José Antonio, en su discurso de Fundación de la Falange en Valladolid: “Ser español es una de las pocas serias que se puede ser en el mundo”, a lo que yo añadiré siempre y “fuente de orgullo y una inmensa alegría” por ese don que Dios nos ha hecho de nacer en la Tierra de María Santísima. Ella nos predestinó, visitándonos en “carne mortal” mientras vivía en Éfeso. Si Don Bosco, pudo estar al mismo tiempo en Italia y en Barcelona ¿por qué dudar de la visita de María a Santiago, en Zaragoza?

 

ORGULLO Y ALEGRÍA DE SER CATÓLICO Y ESPAÑOL (II)

 

Por Gil De La Pisa

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15 JULIO 2021

En la primera parte de este artículo comenté el “orgullo de ser español”; esta segunda la dedicaré al “orgullo de ser católico”. Será, igualmente, una argumentación elemental, como la hecha respecto al gran don de Dios, dándonos a España por Patria. Glosar ampliamente ambos regalos exigiría libros, no artículos.

La argumentación ha de ser necesariamente repetitiva, pues también es muy escaso el número de los españoles que valoran su condición de católicos con capacidad para agradecérselo a Dios incesantemente y, sobre todo, cuando debieran hacerlo públicamente  La causa y razón de esa torpeza e ingratitud es la misma:¡Ignoran, lo maravilloso de su Fe!

Me he preguntado infinidad de veces: ¿Por qué?

Hoy, en el Evangelio de la misa, Jesús nos pone sobre la pista cuando exclama:

“¡Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla!”…y “nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”.

Vivimos en un mundo de ignorantes que se creen sabios, de tontos que se creen listos, probablemente porque, cuanto más tonto, más de prisa “subes” en la “opinión pública” y en “los cargos rentables” --también públicos--. Lo podemos comprobar fácilmente en España con solo ver el Gobierno en cuyas manos tenemos los españoles nuestro destino. (Si bien nos lo hemos ganado a pulso…) Algunos “extraterrestres y ultras” hemos luchado toda nuestra vida para impedirlo, pero en el mundo impera la “democracia” del rebaño mayoritario, que aplasta a la minoría capaz de usar el cerebro. Somos muy pocos quienes podemos decir “yo hice lo posible para evitar el caos reinante”. (Y no me vengan con “falsas modestias” y humildades…: Me declaro ajeno a la estupidez general). Conmigo no cuenten.

Pero hablemos de nuestra santa Madre la Iglesia Católica y de su Fe. En primer lugar es la “única verdadera”. La única que salva. Todas las otras son obra del enemigo –eterno y eternamente derrotado de Dios-- (o sea son: diabólicas).

No lo digo yo, lo dicen los santos Padres, los Doctores de la Iglesia y su Magisterio perenne. Es, además, dogma de Fe que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”, lo niegue quien lo niegue, aunque sea cardenal o papa. La confusión y la ruina que vive la Fe en los países llamados del primer mundo, tiene entre sus causas fundamentales, ese “cambio” de rumbo postconciliar descubridor de la “sopa de ajo” llamada: “Dialogo con el Mundo”, cuando Cristo dejó bien claro: “Vosotros no sois del Mundo”, Yo Cristo -- Dios y Hombre -- “no rezo por el Mundo”.

¿Cómo no va a agonizar la fe de los católicos, mal formados desde hace sesenta años, cuando la Jerarquía “arrincona o reniega del Magisterio perenne” y desorienta a los fieles? ¿Con doctrina y consejos opuestos a lo que enseñaron los Apóstoles y --en nombre de todos-- dejó muy claro san Pablo en sus epístolas? Por ejemplo, cuando insiste en evitar el “contagio” y en lo posible “el contacto” con los enemigos de nuestra Fe.

Cristo dijo “Soy el Camino, la Verdad y la Vida”, “yo para esto vine al mundo: para dar testimonio de la Verdad”, el Diablo “es homicida desde el principio y padre de la mentira”, y, hoy, en la Iglesia, lo que priva y se potencia es el “Diálogo”. La Verdad no merece atención, “cada cual es muy libre de pensar lo que quiera” (¡cosa evidente y que nadie niega!). Traduzcámoslo a la acción de los pastores así: “Todas las religiones son buenas, todas las ideas son aprovechables, etc.”. Si tuvieran dos dedos de frente deberían prepararse para dar lecciones al Juez Supremo para demostrarle lo genial de sus “pastorales”, sobre la defensa de la Tierra, y de las “minorías, LGTBI, etc.  ¡Dan lástima, cuando debieran ser luz del mundo y sal de la tierra!”.

Volvamos a la “alegría de ser católico”.

La “santa Fe”, --frase tan española y tan productiva para la Iglesia —ha sido para mí fuente de “alegría de vivir”. Todo en nuestra Fe invita a ello. Alguien dijo: “un santo triste, es un triste santo”. Una verdad incuestionable. Hasta en el momento más duro del hombre como es la muerte, nuestra Madre nos lo alegra con el sacramento de la Extremaunción, (no ésa que administran si “eres viejo”, sino el verdadero “último sacramento” –cuando tienes la muerte a un paso—y es ayuda alegre, como “preparación inmediata” al salto definitivo. Así morían antes los cristianos y no como los de religiones falsas y tristes. Desgraciadamente, han descristianizado nuestra Iglesia y se ha convertido el acto más trascendental de la vida humana, en un acto sin sentido. Yo he vivido aquellos tiempos y los añoro. Y le pido a Dios poder morir asistido de los “últimos sacramentos”. (En las esquelas sigue esa “reliquia” rutinaria y generalmente falsa: “habiendo recibido los últimos sacramentos”).

Me gustaría comentar la diferencia, de sensaciones --para quien tenga un mínimo de sensibilidad-- entre la visita a una mezquita, a una sinagoga, a un templo protestante, o a un templo,--iglesia, capilla, catedral católicas--... En éstas se siente a Dios, Uno y Trino, realmente presente. En el resto, hay un vacío total.

Pero el mejor resumen de los motivos de alegría y orgullo nos los da el conocimiento de la Historia Universal, al poder comprobar la siguiente realidad: El Mundo debe agradecer a la Iglesia de Cristo el haber elevado --a enésima potencia-- el bienestar, la cultura y la alegría de vivir (o sea “la civilización”) allí dónde el Catolicismo, asimilado por sus habitantes, tuvo fuerza. Además, en forma proporcional a su grado de adhesión a nuestra Fe.

Es muy reconfortante poder afirmar que España --“especialísimamente”-- y a mucha distancia, Portugal y Francia --cuando era la “Fille Aînée de l’Église”—civilizaron verdaderamente. Los sajones, “explotaron las riquezas” de sus “colonias” y nada más.