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jueves, 31 de diciembre de 2020

MIS SIETE MINUTOS FUERA Y CONTRA DEL CONGRESO – ANTONIO CAPONNETTO


 

Capítulo VI de su libro DEMOCRACIA Y PROVIDISMO -Un intento de guía orientadora, Bella Vista Ediciones, 2019.

Indignísimos miembros del Parlamento,

Irrespetables representantes de la perversión democrática,

Ilegítimos interlocutores de la corrupción hecha sistema político,

Delincuentes subversivos todos:

Con los fines más aviesos y las intenciones más torvas, han fabri­cado un debate sobre lo indebatible, un disenso sobre lo que no admi­te disensión, una discusión sobre lo indiscutible, un plebiscito acerca de lo implebiscitable.

El macabro ardid les ha dado resultado, y todos resultan a la postre funcionales al mismo. De un lado y del otro de la imposible reyerta, satelitan y orbitan los políticamente correctos. Secuestrado el sentido común, sacan turnos en amable paridad de condiciones los asesinos de inocentes y los que honradamente se oponen al crimen. Cada cual con sus democráticos minutos concedidos bajo el signo del igualitarismo más mendaz y canallesco.

Para lo que pudiera servir, mi posición es la siguiente:

1) Sólo ingresaría al Congreso si tuviera, como Sansón, la fuerza espiritual y material para derrumbarlo con todos sus filisteos.

2) No estoy a favor de la vida. Para eso están desde los jainistas, que no matan las liendres, prefiriendo convertirse en piojosos, has­ta los ridículos veganos que ingieren con culpa incluso las legumbres, pasando por todas las heterodoxas corrientes filosóficas de cuño vi­talista. Estoy a favor del Plan de Dios Uno y Trino. Y en ese Plan, el Quinto Mandamiento prohíbe matar a un inocente. En ese Plan, Nues­tro Señor Jesucristo, anuncia que los pecadores irán al infierno. Y los asesinos son pecadores. En ese Plan, no tienen prioridad los derechos, por lícitos que sean, sino el deber de ser testigos de la Verdad, gri­tándola desde los tejados.

3) Frente al temor de Dios, de incumplir su Divino Plan, y por­que “antes querría haber muerto que haberos ofendido”, me importa un belín los miles de argumentos científicos –de todas las ciencias juntas– demostrativos del origen de la existencia humana desde el instante mismo de la concepción.

4) No estoy obligado a compartir diálogos corteses ni confron­taciones diplomáticas con los peores enemigos del Orden Sobrena­tural. No estoy obligado a proporcionales argumentos racionales que no merecen ni inteligen; tampoco evidencias axiomáticas de las que se burlan en incoherente anti materialismo científico. Con ellos, ni el lenguaje en común se debe tener. Y ante ellos, cabe aplicar el consejo de San Juan Crisóstomo: “Si alguien blasfema corrígele, si vuelve a blasfemar corrígele otra vez, si vuelve a blasfemar golpéale, rómpele los dientes, santifica tu mano con el golpe”.

5) Hago mías las palabras de Pascual Pastore, dirigida a otros rojos parlamentarios homicidas: “Yo tenía diez hijos; la mayor que era toda mi ilusión, ha muerto [...] pero yo espero verla nuevamente. Yo no hago otra cosa más que esperar; en apariencia yo ejerzo una profesión, trabajo, pero no es verdad, sólo busco el cumplimiento de esta esperanza. Mas cuando pienso que vuestra ciencia, que vuestra ideología dice, con seguridad absoluta y enseña, que entre los huesos de mi hija muerta que espera la resurrección de la carne y los de la carroña de un buey, no hay ninguna diferencia, ¡ah!, entonces os digo comunistas, ¡mientras haya hijos que mueran y padres que esperan, se rebelarán contra vosotros!

Vosotros tenéis de la vida individual y social, un concepto quími­co. He aquí la razón por la cual sois desgraciados. Los ácidos y las sales se combinan y de ello resulta una reacción dialéctica de la vida, donde no hay lugar para la esperanza. Así concebís vosotros todas las cosas, y aquí está la gran divergencia. Vosotros estáis ensayando, un bleff colosal; pretendéis hacer creer que vosotros estáis por los pobres y que nosotros estamos por los ricos, pero permitidme que os diga con todo el sentimiento y amargura posible, vosotros, no amáis ni a los pobres ni a los ricos, vosotros no amáis a nadie”.

Sépanlo de una vez aborteros: mientras haya inocentes que ma­ten, bajo el amparo de la ley o sin ella, las almas de esos justos se rebelarán contra ustedes. Y ninguna fuerza del mundo podrá detener la cólera del Señor de los Ejércitos, acaudillando esa rebelión de las víctimas de Herodes. ¡Dios no muere! ¡Viva Cristo Rey!