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viernes, 4 de marzo de 2016

LAS IRAS DEL DEMONIO





«¡Fuego, fuego! ¡Que se quema una casa!»



«Predicaba un día ante una gran concurrencia. Estaba ya en la mitad de la misión. El pueblo cada vez venía dando muestras de mayor arrepentimiento…Era de noche. Casi todos los habitantes del pueblo estaban reunidos en la iglesia. Cuando el Padre había tomado en sus manos el santo crucifijo para terminar el sermón con una inflamada súplica, un hombre desconocido, entrando a viva fuerza en el templo, alborotó al auditorio gritando:

— ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Que se quema una casa! ¡Auxilio!

El P. Claret, con una gran voz, dijo interrumpiendo el sermón:

— ¡Es el demonio! No se quema ninguna casa. Y para que lo veáis, que vaya el sacristán a mirarlo. Si hay fuego, todos iremos a apagarlo; pero hasta que venga el aviso, estad todos en silencio y tranquilidad.

Vino el sacristán, y dijo que no había la menor señal de incen­dio... Entonces el público quiso apalear al hombre que así había alarmado al pueblo; pero aquel hombre, misteriosamente, desapa­reció.

—¿ No os lo decía yo ?—exclamó entonces el P. Claret—. Es el demonio, enemigo de vuestras almas, que teme que os aprovechéis de esta santa misión.

Y tomando asunto de este suceso, les predicó sobre la impor­tancia de la salvación...»

(Anécdota de la vida de San Antonio María Claret. J. Echevarría, C.M.F., Recuerdos del Beato P. Claret, tercera edición, Madrid 1943).