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domingo, 23 de agosto de 2015

SAN PÍO X - EL RIGOR CONTRA LOS ERRORES MODERNOS





Estoy de acuerdo con V. E. en lamentar las discordias que surgen entre católicos; pero no puedo excusar a los que las provocan (quizás con buena fe) con publicaciones en que falta la exactitud y especialmente el rigor contra los errores modernos.

Conozco los defectos de la «Unita Cattolica», y no he dejado de llamarle la atención alguna vez; pero sin ser órgano de la Santa Sede, es, sin embargo, un valiente paladín de la verdad y del buen derecho y casi la única publicación que no cede ante los adversarios, en medio de tantos periódicos débiles y timoratos que ni siquiera estos últimos días han encontrado una palabra para deplorar las vergonzosas demostraciones a favor de Giordano Bruno y las obscenidades dichas en el Parlamento contra los canónigos, la Santa Sede y el Papa.

Pero, viniendo al asunto de la carta de V. E., ¿cómo es posible condenar la crítica hecha por «Unita Cattolica» si en el escrito que ésta examinaba se atribuía verdadero amor a la religión y a la Iglesia a aquellos que han comprendido en sus escritos todos los errores del modernismo, que han fingido una sumisión externa para quedar dentro del rebaño y propagar con mayor seguridad sus errores, que continúan haciendo mal con sus escritos y sus reuniones secretas, y que, en una palabra, traicionan a la Iglesia fingiéndose amigos?

Y, dejando aparte lo demás y las respuestas poco exactas y convincentes que se daban a las aserciones de estos escritores, ¿quién no ve la triste impresión y el escándalo que causa a las almas considerar como católicos a esos miserables, a quienes, según el mandato del apóstol San Juan, debiéramos negar nuestro saludo: «nec dixeritis ave»?

Me maravilla que V. E. considere las justas observaciones de la «Unita» como un insulto a V. E., como si le achacara que era poco perspicaz o poco devoto a la Santa Sede. ¿Qué debería decir en este caso el Papa cuando lee las «santísimas críticas» al «Corriere d’Italia», al «Osservatore Romano» y al Maestro del Sacro Palacio, que da el imprimatur a libros que luego condena el Indice? El Papa agradece a los censores que le ayudan a conocer el mal que él no había visto”.


Carta de San Pío X al Cardenal Ferrari, 27 de febrero de 1910.