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miércoles, 23 de julio de 2014

LOS FRUTOS DE LA LIBERTAD RELIGIOSA





El culto “Umbanda” es uno de los más diabólicos que existe, como puede constatarse por la cantidad de crímenes a que da lugar, que seguramente algún “reconocido” representante excluirá de sus “santas” prácticas, pero es sabido que lo que allí se hace no es otra cosa que la invocación de “deidades” que no son sino demonios. Estas sectas tienen reconocimiento oficial bajo el amparo de la “libertad de cultos”, difundiendo libremente sus actos impíos y horrorosas prácticas bajo la bandera de la “religión”.

Por supuesto, recordamos ahora a Monseñor Fellay cuando afirmara que la libertad religiosa del Vaticano II era “muy, muy limitada”. En el Registro nacional de cultos de la Argentina puede verse que “limitadísima” que es. Y aquí, el momento en que el máximo jefe de estos delincuentes umbandas participa de una ceremonia oficial de la iglesia conciliar, y también de un acto multirreligioso en una sinagoga con la compañía del Cardenal Bergoglio hoy Francisco.

Consecuencia de todas estas claudicaciones y apostasías: la libertad de cultos satanistas que terminan siendo noticia de los diarios y la televisión (algunos, pues hay otros que son cubiertos por la prensa que está en sus manos, como ser los crímenes talmúdicos), sin que nadie vaya a buscar los orígenes y las complicidades que llevan a estos terribles actos que no dejan de repetirse, pues hay “libertad religiosa”. Algo típico del Liberalismo: “Monumentos a los principios y cadalsos a las consecuencias”.


Tres nenas, sometidas a torturas y abuso sexual por un hombre y una mujer umbandas


Las chicas, de entre 4 y 13 años, fueron entregadas a cambio de dinero a la pareja religiosa; en una vivienda de Lanús las esclavizaban desde 2010; lograron escapar
Tres niñas de entre 4 y 13 años fueron entregadas a cambio de dinero a un hombre y una mujer que profesan el rito umbanda, quienes las esclavizaron, torturaron y sometieron a abuso sexual en una vivienda de la localidad bonaerense de Monte Chingolo, partido de Lanús.
Las niñas, dos hermanas de 4 y 12 años y una tía de ellas, de 13, lograron escapar de la vivienda en la que permanecieron cautivas desde 2010, ubicada en Bouchard al 2000, mediante la ayuda de una vecina que avisó a la policía.
La mujer, identificada como Graciela Ledesma, quien tiene 6 hijos, y su tío Jorge Ruso profesan el rito umbanda y fueron detenidos acusados de lesiones graves, corrupción de menores, explotación sexual agravada, trata de personas agravada y reducción a la servidumbre agravada.
El hombre también está imputado por abuso sexual agravado, reportaron fuentes con acceso al expediente.
Las niñas, oriundas del barrio Los Hornos de la ciudad La Plata y entregadas al hombre y la mujer a cambio de dinero, permanecen alojadas en un hogar de la capital bonaerense, informó la secretaría de Niñez y Adolescencia de la provincia de Buenos Aires.
"Las niñas fueron atendidas en un primer momento por profesionales médicos, además de psicólogos del Servicio Local de Promoción y Protección de Derechos de Lanús, y desde su traslado están acompañadas por profesionales de esta Secretaría", expresó en un comunicado.

SIN EDUCACIÓN Y REDUCIDAS A LA EXPLOTACIÓN
Fuentes de la investigación manifestaron que las menores de edad permanecían en la vivienda "sin oportunidad de educarse, sin poder salir, reducidas a explotación sexual y laboral" y expresaron que "las tenían de rodillas cuando se negaban a realizar lo que se les pedía".
"Las niñas fueron rapadas, las dejaban en el patio en invierno y les tiraban agua helada", dijeron las fuentes consultadas, y sostuvieron que "les pegaban trompadas y patadas, con un palo con pinches, y las quemaban con tijera y tenedor, que previamente eran pasados por aceite hirviendo".
Asimismo, informaron que "a la dos más grandes las ofrecían para se acostaran con vecinos y familiares".
Según el expediente, las menores de edad permanecieron esclavizadas por la pareja desde 2010 hasta el domingo, cuando lograron escapar. Fuentes de la investigación sostuvieron que el hombre y la mujer, detenidos ayer, dijeron que las niñas fueron entregadas por sus padres para que las cuiden, admitieron que profesaron el rito umbanda, aunque afirmaron que ya no lo hacen, y negaron haberlas esclavizado, maltratado o abusado.
El jefe de la Superintendencia de Zona Sur II bonaerense, Sergio Gil, dijo a la prensa que "hace un año que se encontraban en esta situación y habían sido entregadas por sus madres a cambio de dinero o trabajo".
El comisario sostuvo que "al menos una de las niñas mayores fue abusada sexualmente", manifestó que las menores de edad sufrieron "graves abusos psicológicos y físicos" y presentaban cuadros de "desnutrición y golpes".
Gil expresó que los detenidos están acusados por "lesiones graves, corrupción de menores, trata de menores agravada y reducción a la servidumbre", mientras que al hombre también se le imputa "abuso sexual agravado por la situación de convivencia existente por ser las víctimas menores de edad".
Un vecino de la pareja que se identificó como Diego dijo en declaraciones al canal C5N que "una de las nenas me pidió ayuda para escapar" y afirmó que "nunca vi peleas o insultos en la casa. Yo sabía que eran religiosos, nada más".
"Les di una mano con mi mamá cuando se les incendió la casa", expresó, y manifestó que a las niñas "siempre se las veía golpeadas".
La causa judicial recayó en la Fiscalía N 4 del departamento judicial de Lomas de Zamora, a cargo del fiscal Jorge Griecco.



 Un oficial de policía pidió la guarda de tres niñas esclavizadas que ayudó a rescatar


Creen que las víctimas, de entre 4 y 13 años, fueron dadas a su abusador a cambio de un trabajo umbanda
LA PLATA.- "Las tres están muy lastimadas. La más chica camina de costado porque tiene un golpe muy fuerte en las costillas; vomitó toda la noche. Las otras dos se durmieron enseguida, con Laura, mi mujer", dijo ayer a LA NACION David Quijano, el oficial principal de la policía bonaerense que rescató a las tres niñas de 4, 12 y 13 años que durante un año y medio fueron esclavizadas, torturadas y sometidas a abusos sexuales por un hombre y una mujer que practican el rito umbanda.
Cuando las encontró en una villa miseria de Monte Chingolo, en Lanús, Quijano se ofreció para cuidar a las niñas. Fue el domingo pasado, a la mañana. No había cupo en ningún instituto de la zona, así que el Servicio Zonal de Protección de los Derechos del Niño le otorgó una guarda provisoria a este oficial principal de 33 años, casado y con dos hijas de 4 y 13 años.
"Primero las llevamos a la comisaría y llamamos al Servicio Zonal y a la municipalidad. No encontraban lugar para llevar a las niñas y yo le dije a la doctora del Servicio Zonal que estaba dispuesto a cuidarlas. Me miraba, la doctora. Bueno, me dijeron que sí", relató Quijano.
El policía, mientras tanto, volvió a la villa. Se había enterado en el barrio de que una mujer, que habría sido identificada como Graciela Ledesma, era una de las sospechosas de mantener en cautiverio a las niñas y que planeaba escapar. "No teníamos nada, ni una foto. Sólo el nombre. A la tarde volvió a buscar unas cosas. La convencí de que saliera de su casa y me la llevé aprehendida a la comisaría."
Ledesma, de 45 años, quedó a disposición del fiscal de Lomas de Zamora Jorge Griecco. Otros policías detuvieron a un sospechoso que habría sido identificado como Jorge Luis Ruso, que tiene 54 años y es tío de Ledesma. Los acusaron de lesiones graves, corrupción de menores, explotación sexual agravada, trata de personas agravada y reducción a la servidumbre agravada, dijeron fuentes de la investigación. A Ruso, además, le imputaron abuso sexual agravado. Hacía un año y medio que las niñas -las de 4 y 12 años son hermanas y la de 13 es su tía- estaban esclavizadas en una casa de Bouchard al 2000, en Monte Chingolo. Antes vivían en el barrio platense de Los Hornos, hasta que fueron entregadas, según fuentes del caso, a cambio de dinero o de un "trabajo" umbanda.
EL ESCAPE
Quijano contó que las niñas planearon el escape: debían permanecer despiertas hasta que sus explotadores se durmieran. A las cinco y media de la madrugada del domingo, pudieron salir de la casa. Tuvieron que trepar una reja y un paredón de dos metros, con vidrios fijados con cemento. Corrieron, hasta que una vecina las protegió en su casa y llamó al 911.
A la tarde, Quijano y su esposa llevaron a las niñas a su casa. "No actuaban como cualquier chico. Entraron y se sentaron. La que tiene 13 años agarró una escoba para ponerse a barrer. Le dijimos que no, que tenía que jugar, no trabajar. Se quedaban quietas, como esperando recibir órdenes. A la hora de tomar la leche, se quedaron paradas al lado de la mesa. Les tuvimos que decir que se sentaran y que comieran galletitas, pan con dulce de leche".
El policía no quiso narrar el horror que vivieron las niñas, quizá para evitar alterar la investigación y porque se encariñó con ellas. Anteayer, las tuvo que llevar a un instituto de La Plata. "Siento que me arrancaron algo -dijo-. Con mi señora vamos a ir a visitarlas. Estamos dispuestos a traerlas los fines de semana para que jueguen con las nenas a adoptarlas. La casa es grande. Si no podemos, igual voy a ir a verlas; no le van a decir que no a alguien que solamente le quiere dar cariño, ¿no?".