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viernes, 19 de julio de 2013

MONSEÑOR FELLAY ABRAZA LA ÉTICA EMPRESARIAL






La noticia fue revelada por el Padre Girouard, en su sermón del 2 de junio de 2012.

Este sacerdote canadiense, resistente al viento de adhesión que barre a la FSSPX, nos ha dado cuenta de un hecho importante explicando la nueva actitud de Menzingen respecto a la Roma conciliar. ¿De qué se trata?

En octubre de 2012, nuestro sacerdote se plantó con su Superior, el Padre Wegner, al ver a la Fraternidad disminuir, incluso abandonar la lucha contra el Vaticano II y contra los errores que de él salieron. Cuál no sería su estupefacción cuando el Superior le respondió en sustancia: Sí, Padre, es verdad. ¡Pero es algo bueno! Yo también soy un poco responsable de eso. Entonces el Padre Wegner explica: “Cuando estuve en Holanda como Superior de Distrito, me encontré a alguien, me convertí en amigo del Presidente de una compañía... le pedí que se encargara de la Fraternidad y que hiciera la marca de la Fraternidad, porque esa compañía está especializada en el branding”.

Una palabra de explicación sobre este vocabulario bárbaro. ¿Para qué sirve el branding? Este término, tomado de la ganadería, designa en primer lugar la acción de marcar con hierro rojo a los animales, a fin de dar a conocer quién es su propietario. Aplicado a una empresa, el branding se considera para ayudar a posicionarse en el mercado, a hacer valer más su especificidad y a distinguirse de sus competidores. Esta operación, que se supone hace la gestión de la marca, consiste en evaluar el delta entre una institución tal y como desea comparecer ante el público y cómo es percibida. Esto supone una encuesta de opinión entre sus clientes y no clientes, de los puntos fuertes y débiles, para evaluar la imagen de marca. Luego se deciden los cambios que se deben realizar en la institución para hacer coincidir su imagen con lo que se desea.

Enseguida el Padre Wegner hace de intermediario con Monseñor Fellay quien otorga su consentimiento para la consultoría. Repitiendo como un loro las declaraciones de la opinión, el empresario escribió su reporte sobre la FSSPX. Según él, la Fraternidad erraba desde sus inicios… Su imagen de marca es tan negativa, que el público jamás será atraído. Ella está destinada al estancamiento, incluso al declive. El argumento de la consultora, según el Padre Girouard, es más o menos el siguiente: “La iglesia del Vaticano II es como un hombre viejo muriendo, como morir en plena calle. Ellos están perdiendo sus seminarios, sus monasterios, venden sus iglesias, ¡es una iglesia que está muriendo! Y usted se ve muy mal cuando continúa luchando contra esa Iglesia. Lo hace ver muy cruel, o como exagerado, o como que está pateando a alguien que está muriendo. Su nueva imagen de marca tiene que cambiar completamente. Debe dejar de argumentar, debe dejar de luchar, en vez de eso, debe ir por el lado positivo, mostrar la belleza de la liturgia tradicional, la belleza de la teología tradicional, y de ese modo la gente no lo verá como  cruel, o amargado, o cosas así”.

Este dominio de la consultoría, lo podemos observar, evoluciona por construcción, al nivel de la opinión, al nivel del sentido, de las vivencias de unos y otros. La subjetividad hace las veces de realidad infranqueable. La Fraternidad quiso mirarse en el espejo de la opinión. ¿Por qué razones? ¿Por inquietud? ¿Por preocupación pastoral? ¿Para mejor convertir a las almas? ¿No sabe que es la Gracia quien convierte, que la santidad atrae la Gracia y no todas estas historias de imagen de marca? San Pablo, Santo Domingo o San Francisco Javier ¿se preocupaban de su imagen de marca? El espíritu mundano se manifiesta frecuentemente en no poder soportar ser desdeñados por el mundo. Desgraciadamente, Monseñor Fellay escuchó las sirenas de la fama. ¿Se preguntó sobre la pertinencia de los métodos de una sociedad de consultoría encargada de evaluar una marca en el mercado, antes de aplicarlos a la sociedad de sacerdotes de la cual es responsable?  Sea como sea, Menzingen se vio embarcada en los caminos de la subjetividad en donde la percepción de los demás es más importante de lo que se es, donde la opinión del público juega un papel más determinante que lo que se hace. La misa de siempre, los sacramentos,  la Gracia que fluye del Sacrificio de la Cruz, la lucha contra el modernismo, son reevaluados en términos de lo que la gente diga.

Lo que se llama « value based management » o « gestión basada en los valores”



Monseñor Fellay quiere desde hace bastante tiempo un acercamiento con Roma. Lo que él desea va en el mismo sentido que las conclusiones de la sociedad de consultoría: hacer callar las críticas y concentrarse en lo positivo: la liturgia, la doctrina. La consultoría no fue por lo tanto, el elemento disparador, sino que sirvió de confirmación. La “ciencia de la gestión” no hizo sino corroborar los análisis del prelado: un cambio de rumbo es necesario. Pero el cambio de rumbo representa más que un simple ajuste. Conlleva un verdadero desarme espiritual, una abdicación, una actitud de aceptación o de indiferencia hacia lo que la Fraternidad ha combatido desde hace más de 40 años…

Detengámonos en el plan de diagnóstico de empresa escogido por Monseñor Fellay. ¿Qué dicen de éstos los gerentes? Según el plan de la psicología de grupo, proponen un análisis apropiado para fabricar un modelo manipulador donde se distingue la cultura de la ética. Yvon Pesqueux y Yvan Biefenot analizan la cultura corporativa y la ética empresarial. Nada más legítimo en apariencia. Según nuestros dos autores, la cultura y la ética ciertamente hacen referencia a un modelo de creencias y de valores, pero uno no se puede confundir con el otro. La cultura atañe a los datos sociológicos por los cuales cada quien se identifica. Ella supone una estabilidad, una tradición constitutiva del cimiento social. El fondo común de las relaciones entre las partes que forman parte de esta misma cultura, permite el reconocimiento mutuo y la solidaridad. En periodos de crisis, algunos valores enterrados salen de nuevo a la superficie y aseguran una mejor unidad de las conciencias y de las costumbres. La cultura da a la empresa su especificidad, su forma, su esencia.

¿En qué consiste la manipulación? En esto: "la ética" se sitúa más en la preocupación de la vida cotidiana y de la supervivencia. Concierne a la estrategia y la táctica. La ética cubre el campo práctico de la acción. La ética puede entrar en conflicto con la cultura. ¿Cómo se presenta tal eventualidad? La ruptura viene del exterior, de la adversidad, del mundo que se mueve y que le plantea a la institución la cuestión de su supervivencia. El mundo de los negocios piensa que, para tener una cultura, primero hay que existir. Estando persuadido que la existencia precede a la esencia, la empresa prefiere "la ética" tornada hacia el futuro, a la "cultura" acusada de rigidez y de inadaptación. No hay que buscar en otro lugar la razón de las reestructuraciones permanentes, de la desaparición de los oficios, de la mentalidad evolucionista enamorada por principio de todo lo que es nuevo. Oponer la cultura de una institución a la ética de su acción, es considerar a la cultura actualmente como privada de fundamento racional. Se la priva arbitrariamente de otras justificaciones más que sentimentales, concediendo las virtudes salvíficas a la ética, completamente tornada hacia la vida y hacia la excelencia… Para la manipulación.

Sin embargo, los consultores de empresa lo saben: imponer la preponderancia de la presunta “ética” sobre la cultura, no es una operación que se desarrolle como un río tranquilo. La naturaleza reacciona. Es a la cultura que están apegados la mayor parte de los asalariados. ¿Por qué razón? Porque la cultura representa la ley y esta ley es conocida. No pasa lo mismo para la ética, entrada en conflicto con la cultura por causa del tradicionalismo.

Todo el personal ve este cambio con recelo. No solamente, como dicen frecuentemente, por apego perezoso a las costumbres o por el miedo irracional a lo desconocido. Lo que suscita los temores y las oposiciones del personal, es el desorden moral que engendra el cambio de los fundamentos: el no reconocimiento de las virtudes adquiridas, el cuestionamiento del mérito, el olvido de los servicios prestados, el abandono de los valores en vigor hasta ese momento. Es la creación de una situación de injusticia. Desde luego, la empresa corre el riesgo de pasar por cínica. De allí el recurrir al término de ética. El vocabulario es importante porque conjura la acusación de inmoralidad. Es por eso que una nueva jerarquía de “valores” deberá acompañar el cambio. Es lo que se llama “gestión por los valores”.

Consecuencias relacionales y morales.

El cambio de cultura es, para una empresa, una operación de alto riesgo. Los especialistas concuerdan en este punto. Escuchemos lo que dicen los profesores del HEC de Montreal: “El cambio cultural puede engendrar comportamientos agresivos y opuestos a la idea misma de cambio. Muchos países y organizaciones lo han pasado por esta dolorosa experiencia. Así, una de las razones más probables del gran derrumbamiento que acabó con la sociedad Béatrice fue precisamente el cuestionamiento de la cultura cuasi-espartana que reinaba allí hasta finales de los años 70 (Hafsi, 1980) Igualmente, las dificultades y los sobresaltos conocidos por muchos países en vías de desarrollo pueden estar relacionados con la brutalidad de los cambios culturales que se produjeron allí. (Kiggundu, Jorgensen & Hafsi, 1983)» Para enfrentar al descontento, la dirección procede entonces a algunas mutaciones, favorece la promoción-recompensa de los dóciles, pone a otros en el armario, incluso despide las cabezas "psico-rígidas" más fuertes de las que se debe - muy de mala gana, créalo - separarse. Una mentalidad de circunstancia, bastante neutra, hace su aparición. Toma el lugar de la sabiduría. Enfrentados a la exclusión, la mayoría prefiere la institución, cualquiera que sea. El número más grande no defiende la cultura ni la ética, sino un convenio bastante flexible, sin olor ni sabor. Esto es más maligno, más astuto.

Ya no se quejan de los opositores sancionados: ellos recibieron lo que merecían. Se llega hasta culparlos por criticar al jefe, por haber puesto en peligro la solidez de la empresa. La existencia de la institución es más importante que su finalidad. La existencia precede a la esencia. De allí una caída vertiginosa de la moralidad. La falta de solidaridad de los miembros de la empresa plantea rápidamente un problema. La competencia interna de los asalariados reemplaza el deseo de hacer las cosas bien; no aporta comúnmente ninguna plusvalía, sino al contrario retención de información y bloqueos diversos. La inversión personal de cada uno se resiente.

El mundo de la religión y el mundo de los negocios.

Lo que presenta un riesgo importante para la empresa, no tiene ningún sentido para una institución religiosa católica cuyo fundamento es la Fe católica. Por diversas razones, siendo la principal que lo sobrenatural no está fundado sobre los mismos principios que el mundo natural. Desarrollemos esta constatación más en detalle. Las conclusiones de la consultora holandesa son relativas al comportamiento de los no clientes de la Fraternidad San Pío X, ya que a los que siguen esta institución no les repugnan las críticas a la Roma conciliar.

Cuando se trata de ganar participación de mercado, es decir, cuando se quiere convertir a los no clientes, Peter Drucker en su libro “Gestión para Resultados”, siempre de actualidad, plantea primero el dogma de que el cliente no compra un producto, sino una satisfacción (¡siempre este subjetivismo!).

El autor incita a plantear varias preguntas, de las cuales las más importantes son las siguientes: ¿Quién es el no cliente, qué lo hace potencialmente parte del objetivo? ¿Por qué razones no da el paso? Y como consecuencia: “¿Qué hay que modificar para llegar a producir las satisfacciones que espera el cliente?”

Estas preguntas, y el pensamiento profano que conlleva, han infestado a Menzingen.

Sabemos que los “no clientes” de la FSSPX temen el cisma. Ellos aman la liturgia tradicional, pero estiman que la Fraternidad está, si no fuera de la Iglesia, al menos en desobediencia a las autoridades legítimas. Lo que ellos quieren es el certificado de conformidad, debidamente emitido por las autoridades competentes. Según ellos, la autoridad visible tiene razón.

La teología se detiene allí. Ellos ya no se interrogan sobre la Fe de la Iglesia: el Papa basta para hacer lo verdadero, lo que él dice, lo que él hace. ¿Hay que dar un ejemplo? Hasta Pío XII, la Iglesia se esforzaba en poner en guardia en contra de las falsas religiones. Actualmente, las reuniones de Asís, impensables bajo el gobierno del Pastor Angélico, pasan por bellos gestos de caridad. La gran mayoría lo acepta sin rechistar: la estructura siempre tiene razón. Pueblos, ¡aplaudan! Sin embargo, por razones de fe, no puede casarse la libertad religiosa con el Credo católico, ni  la libertad humana por encima de la Revelación, ni admitir varias "verdades" diferentes, etc. En una palabra, es imposible aceptar el magisterio de la Roma actual. Por lo tanto, no podemos responder a las expectativas de los "no clientes" sin llegar a ser como ellos, es decir, sin llegar a ser positivistas, siguiendo incondicionalmente la estructura visible  de la "iglesia" sin preguntarse si se mantiene fiel a su finalidad.

Conclusión

Las mismas causas producen los mismos efectos, el trastorno de la Fraternidad es patente. Monseñor Williamson fue expulsado, los oponentes son demonizados. La mayor ventaja de Monseñor Fellay es que puede cambiar a uno, sancionar a otro, impedir la publicación de tal artículo o favorecer la promoción de tal sacerdote particularmente dócil. De la motivación fundada sobre la Fe y el celo ardiente por la defensa de la Fe, se pasa gradualmente a la motivación fundada en el miedo.

Todo comenzó por la búsqueda del Reinado de Nuestro Señor Jesucristo; ahora todo continúa por la aplicación del branding y del flaqueo que implica. Muchos sacerdotes se callan esperando ver lo que sucederá. Otros subrayan su ortodoxia por las críticas que dirigen a sus antiguos cofrades (como el padre Laisney que se encargó de “refutar” al padre Chazal; o el Padre Bouchacourt abucheando a Monseñor Williamson por haberse atrevido a ir a Brasil a confirmar en una congregación no formando parte de la FSSPX).

Recemos por todos estos sacerdotes. Convenimos que este artículo no responde exhaustivamente a las preguntas que plantea el recurrir al branding para definir la estrategia de la FSSPX. El Padre Girouard se dio cuenta inmediatamente de lo ridículo y lamentable de este asunto. “¡Y decir que a nosotros se nos acusa de falta de espíritu sobrenatural!” dice el Padre con asombro. Ciertamente, para orientar a la Fraternidad, ¿no hubiera sido más juicioso recurrir al pensamiento de su fundador, Monseñor Lefebvre? “¡Ningún compromiso con el modernismo! ¡Todo por Cristo Rey!”. Algún día Monseñor Fellay se dará cuenta que arruinó la obra de Monseñor Lefebvre prefiriendo las sirenas de la ética de los negocios al impulso sobrenatural del misionero empujado por el amor de Cristo Rey, otorgando más importancia a la preocupación mundana de “parecer” o del “qué dirán” olvidando “la locura de la Cruz”. Él recordara tal vez la advertencia de Cristo (Mateo 10,22): “Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre”. En cuanto a nosotros, preferimos esta bienaventuranza, a la gestión de mi marca de fábrica.

Hugo Clémenti