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domingo, 30 de junio de 2013

SERMÓN DOMINGO VI DESPUÉS DE PENTECOSTÉS - R.P. RENÉ TRINCADO






OPERACIÓN SUPERVIVENCIA – OPERACIÓN SUICIDIO

El 30 de junio de 1988, Monseñor Lefebvre consagró cuatro Obispos para la FSSPX. Hoy se cumplen veinticinco años de ese gran acontecimiento.

Decía Monseñor Lefebvre, en su sermón, que las ordenaciones episcopales eran la operación “supervivencia” de la Tradición. Esta jornada de hoy -cito a Monseñor- es la operación “supervivencia”. Y si hubiera hecho esa otra operación con Roma, siguiendo los acuerdos que habíamos firmado y poniendo en práctica a continuación estos acuerdos, haría la operación “suicidio”. Así pues, no hay elección: ¡debemos sobrevivir! Y por eso hoy, al consagrar a estos obispos, estoy persuadido de hacer continuar, de hacer vivir la Tradición, es decir, la Iglesia Católica.

LA HORA DE LA TRAICIÓN: DE DAVID A SALOMÉ

Lo que Monseñor Lefebvre entonces no podía imaginar era que uno de los Obispos consagrados, siendo su sucesor, 24 años más tarde, iba a lanzar de nuevo la “operación suicidio”, al pretender someter la Fraternidad a las autoridades romanas. Es imposible someternos a la autoridad (…). Sería ponernos en sus manos y por consiguiente en las manos de los que quieren llevarnos al espíritu del Concilio, al espíritu de Asís. No es posible. (…), decía Mons. Lefebvre en ese sermón.

¿La Fraternidad ha depuesto la intención de buscar un reconocimiento canónico por parte de Roma? No. La prueba está en que las condiciones puestas por el capítulo general de julio del año pasado no han sido revocadas. Esas condiciones son una verdadera “oferta de venta” de la congregación. Eso de que las seis condiciones protegen a la Tradición es una mentira, como en otro sermón hemos demostrado. Esas condiciones son un ofrecimiento o solicitación permanente a los romanos. En la declaración de este jueves 27 de junio, los tres Obispos de la FSSPX ratifican las seis condiciones y se declaran a favor del acuerdo práctico. Estamos en plena “operación suicidio”. Esa es la verdad.

La congregación está dejando de ser un David que combate varonilmente contra el Goliat liberal y modernista, y está siendo transformada en una Salomé -la hija de Herodías e hijastra de Herodes Antipas-, esa miserable mujerzuela que bailaba y se exhibía para agradar a los hombres.

QUIERO LA CABEZA DE JUAN EL BAUTISTA

A propósito de ese episodio: Monseñor Williamson es hoy como san Juan Bautista entonces. Así como San Juan Bautista era el obstáculo que había que remover en orden a la unión adúltera de Herodes y Herodías, Monseñor Williamson era el obstáculo que había que quitar con miras a la unión adúltera entre la FSSPX y Roma. Y no sólo en eso se parece Monseñor Williamson al Bautista, sino en la fortaleza y otras muchas nobles virtudes y, sobre todo, en esa santa e inquebrantable intransigencia en cuanto a la fe, intransigencia heredada de Mons. Lefebvre y traicionada flagrantemente en la declaración doctrinal presentada por la Fraternidad al Vaticano en abril del 2012.

Quiero la cabeza de Juan el Bautista, dijo la mujerzuela Salomé. Han transcurrido 25 años desde esas consagraciones y no estuvo presente Monseñor Williamson en las celebraciones oficiales, sino que estuvo rodeado de un puñado de Sacerdotes de la Resistencia, nuestros compañeros de trinchera. Quiero la cabeza de Juan el Bautista. Mons. Williamson ha sido expulsado por los traidores. Es la Cruz de Cristo. Es el destino de los elegidos de Dios. Porque dice el Evangelio: Bienaventurados seréis cuando os odien los hombres, y os expulsen, y os ultrajen, y proscriban vuestro nombre como malo por el Hijo del hombre. Gozaos en aquel día, y regocijaos; porque vuestro premio será grande en el cielo. (Lc 6, 22-23).

¡TODOS CONTRA WILLIAMSON!

¿Cómo no recordar en este momento, también, los sucesos del año 2009? En esa ocasión Monseñor Williamson fue objeto del odio mancomunado de judíos, masones, políticos izquierdistas y derechistas, creyentes y ateos, católicos progresistas y católicos conservadores, medios de prensa, y, en fin, de todo el mundo. Todos contra Williamson. Pilatos y Herodes eran enemigos, pero se hicieron amigos cuando se unieron en causa común contra Cristo. El mismo Superior General, en lugar de haber defendido lealmente a Mons. Williamson en esos días, o en lugar de haber guardado un cauto silencio; se unió a la jauría que vociferaba “¡quítenlo, quítenlo!, ¡crucifíquenlo, crucifíquenlo!”. Monseñor Williamson ha sido entregado por los traidores. Si hay un Obispo odiado por todo el mundo, ese es Monseñor Williamson. Pero si el mundo os odia, -dice Cristo- sabed que me odió a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo: mas porque no sois del mundo, antes yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de mi palabra, que yo os lo he dicho: El siervo no es mayor que su Señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros (Jn 15, 18 - 20).

ESTOTE FORTES IN BELLO

Estote fortes in bello et pugnate cum antiquo serpente, et accipietis regnum æternum (Sed valientes en la guerra y combatid contra la serpiente antigua, y recibiréis el reino eterno). Esta es una antífona del oficio de los Apóstoles, y Monseñor Williamson, como digno sucesor de éstos, la ha clavado, cual bandera, en su ancho corazón de hombre y la ha puesto por obra contra todo y contra todos a fin de ser hallado fiel, como reza su lema episcopal: Ut Fidelis Inveniatur. A fin de ser hallado fiel por Nuestro Señor Jesucristo, bajo cuyo estandarte -la Cruz gloriosa- militamos en la Iglesia, en la Tradición y en la Resistencia Católica. A eso vinimos al mundo: a combatir por Cristo. La guerra de Dios es la vocación de todos los católicos.

DESDE EL BENDITO SUELO GUADALUPANO

Su Excelencia: desde el bendito suelo guadalupano, desde esta tierra regada con la sangre de los que tuvieron la hombría de morir y de matar por Cristo, desde las últimas trincheras cristeras rendimos hoy nuestro homenaje al único Obispo católico del mundo que se mantiene totalmente fiel a Jesucristo, y le rogamos que cuente con nosotros como sus esforzados soldados y servidores en esta lucha que no admite treguas cobardes ni acuerdos traidores, en la guerra santa en contra del maldito demonio liberal y modernista que ocupa y destruye la Iglesia de Cristo.

Y porque no olvidamos que no estamos hechos de acero sino de barro, suplicamos a Nuestra señora de Guadalupe, Generala de la Resistencia Católica, nos alcance de Dios la gracia para combatir y resistir hasta el fin.


sábado, 29 de junio de 2013

POR QUÉ ES IMPOSIBLE EL ACUERDO PRÁCTICO, EN PALABRAS DE MONSEÑOR DE GALARRETA.





La nueva Declaración de los tres obispos de la Neo-FSSPX acepta claramente el acuerdo práctico con Roma: sea que se nos reconozca explícitamente el derecho de profesar de manera íntegra la fe y de rechazar los errores que le son contrarios, con el derecho y el deber de oponernos públicamente a los errores y a sus fautores, sean quienes fueren – lo que permitirá un comienzo de restablecimiento del orden.
Monseñor de Galarreta, en su sermón de las ordenaciones del 29 de junio de 2004, explicaba a los fieles el por qué es IMPOSIBLE firmar un acuerdo práctico con Roma. Las razones que expresa son muy fuertes y en vista que la situación en Roma no ha cambiado ni un ápice, estas razones son de total actualidad.

¿Quién cambió, los tres obispos o Monseñor Williamson?


(EXTRACTO)

"Es necesario que esto sea evidente para nosotros: un acuerdo puramente práctico es imposible.

Desde que tuvo lugar uno de los primeros contactos con Roma, alguien nos dijo: “no discutamos de doctrina, nos vamos a enredar”. Miren ustedes, esa parece una frase anodina pero es muy grave. ¿Qué es lo que quiere decir? Esto quiere decir la verdad divide, y eso es lo que ellos creen. Esto es lo que funda la libertad religiosa, también el ecumenismo. La verdad divide, por lo tanto hay que dejarla de lado. Esto nos recuerda mucho la frase de Pilatos: “¿Qué es la verdad?” Y el Apóstol san Pablo nos advierte en la epístola a los Tesalonicenses que Dios enviará un espíritu de ceguera a los hombres, porque no recibieron con amor la verdad.

Para tener un punto de partida, para entendernos, es necesario un fundamento esencial. Y además ¿cómo podríamos nosotros ponernos bajo la autoridad de aquellos que demuelen la Iglesia y que no quieren cambiar? ¡Es la cuadratura del círculo! ¡Querer conservar la Tradición y obedecer a aquellos que no quieren cambiar de dirección, que están en el sentido de ruptura con la Tradición, la demolición de todo! Esto es una utopía, una quimera, es tomar los deseos por la realidad. Mientras que no haya un retorno de la más alta autoridad de la Iglesia, no podemos hacer un acuerdo puramente práctico. Esto no es posible en este momento. Y en su momento, este acuerdo no será puramente práctico.

Eso sería duplicidad.

Hay todavía un aspecto muy importante, y es que todo acuerdo puramente práctico supondría una contradicción de nuestra parteuna disociación de la fe que tenemos en el corazón y la fe que tenemos en los labios. Dicho de otro modo, entre la fe católica y la confesión de la fe católica. Eso nos pondría en una duplicidad, eso es astucia y no prudencia. Porque habría que –al menos públicamente- hacer creer que nosotros admitimos lo que pasa actualmente en la Iglesia en Roma.
Aquí, yo digo que no podemos cooperar con aquellos que van contra la fe católica, es lo que dice el apóstol San Pablo: ¿Qué acuerdo puede haber entre la luz y las tinieblas, entre la justicia y la injusticia?. No portéis el mismo yugo con los infieles. Yo creo que podemos aplicar esto muy bien aquí. Pues no se trata solamente de rehusar una confusión desde el  punto de vista doctrinal, desde el punto de vista teológico de la fe, desde el punto de vista del culto, sino incluso desde el punto de vista práctico de la acción, nosotros no podemos trabajar juntos porque nosotros vamos en sentido contrario, absolutamente contrario y se trata de la fe. Porque la condición implícita de un acuerdo con nosotros –e incluso a veces condición explícita, pero como lo que se escribe en pequeños caracteres en un contrato- es que nosotros reconozcamos el pluralismo, que reconozcamos el ecumenismo. Esto equivaldría a decir: La Tradición se admite como un carisma particular. Pero si nosotros admitimos eso, nosotros ponemos la verdad católica al nivel de las opiniones, y estamos en pleno pluralismo, ecumenismo, relativismo, indiferentismo. Hay un problema esencial. Es evidente que cada vez se nos propone lo que podríamos llamar: la Tradición libre en la iglesia conciliar libre. Tomemos la última entrevista con el Cardenal Castrillón Hoyos que está en internet y en todas partes –el expresamente la quiso pública- y verán. Es una reducción extraordinaria. El dijo que el problema tradicionalista se reduce a una cuestión litúrgica y devocional. Por lo tanto, nuestra adhesión a la Santa Misa es una cuestión litúrgica y devocional que se reduce a una cuestión de sensibilidad y de sentimiento. Nuestra posición atañería a la libertad de conciencia, y podríamos muy bien llevarla a “la unidad en la diversidad”. El cardenal dijo que no hay ningún problema a que haya contrarios con tal que se haga referencia a esta nueva unidad que está fundada exclusivamente sobre el papaPor supuesto, porque se trata de un papa modernista. Su enfoque es claro, lo que nos proponen: les reconocemos una particularidad, pero ustedes reconocen todo lo demás. Ustedes reconocen el principio que demuele la fe, que está demoliendo la fe y también al mundo. Asistimos verdaderamente al establecimiento de otra fe, de otra religión por lo que debemos ser muy prudentes.


Quizá ustedes dirán: este panorama es muy triste, es desolador. Yo creo que nuestra consolación no puede venir de la situación que vivimos. No debemos buscar la consolación donde ella no está. Lo que nos consuela, no es verdaderamente la situación que vamos a vivir, ella viene de arriba, viene primeramente de Dios, de la Providencia. San Pablo nos recuerda que todas las cosas cooperan al bien de aquellos que aman a Dios. Es una frase de un alcance enorme. Todo coopera al bien de los que aman a Dios, no solamente los bienes sino que también los males, las adversidades, los sufrimientos, las tribulaciones. Esto quiere decir que todo está ordenado para el bien de la parte más noble del universo que es el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia. Todo lo que nos sucede está ordenado para nuestro biensiempre y cuando permanezcamos en el amor de Dios, porque todo coopera al bien de los que aman a Dios. Y san Agustín tiene una bella frase, dice: La tribulación será lo que tú quieras que sea, o bien una prueba o bien una condenación. Si te encuentra como el oro, te purifica, te quita las escorias; si te encuentra como la paja, te consume. Es por eso que el Apóstol agrega: Si Dios está a nuestro favor, ¿quién está contra nosotros? Si Dios está con nosotros, si estamos con Dios, ¿quién está contra nosotros. Y esto debe darnos una tranquilidad profunda, una esperanza sobrenatural, que vale mucho más que cualquier esperanza terrestre".

Tomado de Le Sel de la Terre n° 50. Otoño de 2004, páginas 223, 224, 225.
  


SAN PEDRO Y SAN PABLO



SAN PEDRO Y SAN PABLO

¡ROGAD POR NOSOTROS!

SÁBADO MARIANO: NO OLVIDE REZAR SU ROSARIO.



“Miren los frutos que he alcanzado con la predicación del santo rosario. Que hagan lo mismo ustedes y cuantos aman a la Santísima Virgen, para atraer, mediante el santo ejercicio del rosario, a todos los pueblos a la ciencia verdadera de la virtud”.

Santo Domingo de Guzmán





¡EL ROSARIO ES LA SOLUCIÓN!

¡TENEMOS EL ARMA EN NUESTRAS MANOS! QUE LA VIRGEN SANTISIMA PROTEJA TODOS LOS SUS HIJOS POR MEDIO DEL ROSARIO!



No dudemos, estimados hermanos, que ante los terribles acontecimientos que asolan la Tradición, la Santísima Virgen tiene un arma poderosa para lograr que las almas, sobre todo las sacerdotales, reconozcan la verdad y empiecen a combatir el error y el liberalismo que corroen a la FSSPX. ¡Esta arma son los quince misterios del Rosario rezados todos los días! ¡No lo olvide!


DECLARACIÓN DE LA RESISTENCIA DE LA FSSPX EN EL 25º ANIVERSARIO DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES




Vienna, Virginia, Estados Unidos – Junio 29 de 2013

Al celebrar el 25º aniversario de la heroica decisión de Monseñor Lefebvre en 1988 de consagrar obispos verdaderamente Católicos para la defensa de la Fe católica y para la preservación de Sacramentos válidos de la devastación de la Iglesia creada por el desastroso Concilio Vaticano II, un grupo de sacerdotes expresan su alarma ante la misma devastación que se está creando en la Fraternidad San Pío X, y han resuelto conjuntamente hacer todo lo posible por proteger a la Iglesia y a la Fraternidad contra este nuevo peligro.
Así como las autoridades de Roma han utilizado los últimos 50 años para tratar de reconciliar a la Iglesia con el mundo, y en particular por medio de la libertad religiosa y del ecumenismo del Concilio Vaticano II, el Superior General de la Fraternidad durante los últimos 15 años ha hecho todo lo posible para promover el sueño perverso de la conciliación de la Tradición católica con la Roma Conciliar. Por ejemplo, la Declaración de 27 de junio 2013, una vez más deja la puerta abierta a la reapertura de las negociaciones con Roma Conciliar. (Cf. N º 11)
El resultado de este intento de reconciliar lo irreconciliable dentro de la Fraternidad San Pío X ha sido la persecución de sacerdotes buenos, la ruina progresiva del trabajo del Arzobispo y la puesta en peligro de la salvación eterna de un sin número de almas. Esto se debe a que la Fraternidad San Pío X fue durante muchos años un ancla de la verdadera fe de toda la Iglesia, y ahora el ancla se ha roto. Y al igual que las autoridades del Vaticano II perdieron la confianza de muchos fieles católicos por sus ambigüedades, duplicidades, y mentiras, ahora las autoridades liberales de la Fraternidad San Pío X están perdiendo toda la confianza de muchos católicos tradicionales por su traición a la Tradición.
Ahora, ¿qué puede hacer un grupo pequeño y disperso de sacerdotes para salvar la situación? Dios salvará a su Iglesia por la conversión del Papa cuando su Madre obtendrá por fin la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Sin embargo, la verdad no es una cuestión de mayoría y por lo que nos fijamos el programa del Arzobispo:
“La Santísima Virgen saldrá victoriosa. Ella vencerá la gran apostasía, fruto del liberalismo. ¡Una razón para no quedarnos de brazos cruzados! Debemos luchar más que nunca por el Reino Social de Nuestro Señor Jesucristo. En este combate, no estamos solos; tenemos con nosotros a todos los Papas hasta Pío XII inclusive. Todos ellos combatieron el liberalismo para resguardar la Iglesia. Dios no ha permitido que lo lograran, ¡pero eso no es una razón para rendir las armas! Es necesario resistir. Es necesario construir mientras otros destruyen. Es necesario reedificar las ciudadelas derrumbadas, reconstruir los bastiones de la fe. Primero el santo Sacrificio de la Misa de siempre, forjador de santos. Luego nuestras capillas que son verdaderamente nuestras parroquias, los monasterios, las familias numerosas, las escuelas católicas, las empresas fieles a la doctrina social de la Iglesia, los hombres políticos decididos a hacer la política de Jesucristo. Debemos restaurar un conjunto de costumbres, vida social y reflejos cristianos, con la amplitud y duración que Dios disponga. ¡Lo único que sé, la fe nos la enseña, es que Nuestro Señor Jesucristo debe reinar en este mundo, ahora y no solamente al fin del mundo, tal como quisieron los liberales!
Mientras ellos destruyen, nosotros tenemos la felicidad de construir. Felicidad mayor aún, porque generaciones de jóvenes sacerdotes participan con celo en esta tarea de reconstrucción de la Iglesia para la salvación de las almas.” (Le Destronaron; Capítulo XXXIV)

S.E. Mons. Richard Williamson SSPX
R.P. Joseph Pfeiffer SSPX
R.P. Tomas de Aquino O.S.B.
R.P. Jahir FBMV
R.P. Jean-Michel Faure SSPX
R.P. Ronald Ringrose
R.P. Juan Carlos Ortiz SSPX
R.P. Hugo Ruiz SSPX
R.P. Ernesto Cardozo SSPX
R.P. Joaquim FBMV
R.P. Richard Voigt SSPX
R.P. David Hewko SSPX
R.P. François Chazal SSPX
R.P. Valan Rajakumar SSPX
R.P. Patrick Girouard SSPX
R.P. René Trincado SSPX
R.P. Olivier Rioult SSPX
R.P. Rafael OSB
R.P. Edgardo Suelo SSPX
Hno. Placide OSB
Hno. Andrés OSB


viernes, 28 de junio de 2013

COMENTARIOS ELEISON: AUTORIDAD MUTILADA II




Número CCCXI (311)
29 de Junio de 2013

AUTORIDAD MUTILADA II

Mons. Williamson


Nuevamente estoy siendo impulsado por un valiente participante de la “Resistencia” Católica de hoy, a ponerme a su cabeza. La razón dada continúa siendo que soy el único obispo que hasta ahora está teniendo alguna parte en este movimiento de oposición al colapso interno de la Fraternidad San Pío X. Pero Dios otorgó el soplo de vida de la autoridad eclesial al Arzobispo Lefebvre, cuyos sucesores han abusado cruelmente de ella. Entonces ¿por qué debería El otorgarla nuevamente? La crisis de la Iglesia ha avanzado tanto más entre los años 1970 y 2010. A riesgo de molestar a muchos de ustedes, aquí están los principales argumentos de esta buena alma, con las respuestas que propongo a todos, pero impongo en nadie:

1 La amplia diversidad de opiniones entre los Sacerdotes de la Resistencia confunde a los laicos. * Pero controlar opiniones requiere autoridad (ver arriba). Y, tal vez, los católicos merecen estar confundidos después de que tantos de ellos ciegamente siguieron al Vaticano II y ciegamente están siguiendo a la FSPX. Tal vez Dios está enojado con la obediencia ciega. Tal vez El quiere que los católicos usen sus cabezas y piensen por ellos mismos, y que no simplemente “obedezcan” ciegamente para llegar sin esfuerzo al Cielo.

2 En particular hay confusión sobre si tirarse por la borda, i.e. dejar de asistir a las Misas de la FSPX. * Pero, ¿por qué una única opinión debe aplicar a todos los casos? Todo tipo de diferentes circunstancias pueden atañer a tal pregunta. De acuerdo, quedarse con la FSPX en su falso curso presente implica un peligro real de resbalarse gradualmente, pero las almas necesitan los sacramentos y, de ninguna manera, todos los sacerdotes de la FSPX son hasta ahora traidores. En Francia, recientemente, la primera edición de un libro de 350 páginas, 90% de las cuales consisten en citas del Arzobispo Lefebvre, se agotó en dos semanas. Fue compaginado por un Sacerdote de la FSPX, el Padre François Pivert. Ese es un signo bueno de esperanza. ¡Que Dios lo bendiga!

3 La fricción entre los Sacerdotes de la Resistencia puede hacer que la Resistencia se auto-destruya. * Siempre ha habido, y siempre habrá, fricciones personales entre los Sacerdotes. La fricción doctrinal es mucho más grave. Es la fidelidad doctrinal la que principalmente mantuvo unida a la FSPX hasta ahora, y es la infidelidad doctrinal la que ahora la está destruyendo. Es la fidelidad doctrinal la que garantizará nuestra una y única Fe, lo cual es la base para lo que sea que sobrevivirá de catolicismo en la Iglesia, como en la FSPX, y en la “Resistencia”.

4 No hay Iglesia sin cabeza o jerarquía. Dios nos quiere organizados. * Normalmente, por cierto, no hay Iglesia sin cabeza o jerarquía, pero el hombre moderno ha creado una situación anormal. Mientras que el centurión pagano en el Evangelio (Mt. VIII, 6-10) tenía un sentido natural de cómo comandar y cómo obedecer (los dos van juntos), el hombre “democrático” ha desaprendido voluntariamente, en nombre de la libertad, como hacer ambos. Así, los comandos arbitrarios y la obediencia excesiva, están actualmente destruyendo a la FSPX, así como han mayormente destruido a la Iglesia oficial. Esto es así porque ambos, gobernantes y gobernados, no toman en serio, no aman la Verdad objetiva que está por encima de ambos y que, cuando se Le presta atención, no tiene reparos en armonizar la autoridad y la obediencia de ambos. Tal vez Dios desea que nosotros persigamos más la doctrina que la organización.

En conclusión, esta prueba excepcional de la Iglesia durará tanto como Dios necesite que dure para la purificación de Su Iglesia. Mientras tanto, en los principios del siglo 21ero, me parece que simplemente no hay suficiente paja católica remanente para hacer un ladrillo católico como la FSPX de finales del siglo 20mo. Paciencia. Dios se saldrá con la Suya. Es Su Iglesia y El la está cuidando. Paciencia.

Kyrie Eleison
  

COMENTARIOS A LA “DECLARACIÓN CON OCASIÓN DEL XXVº ANIVERSARIO DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES” DE LA FSSPX




Se ha dado a conocer este miércoles 27 de junio una “DECLARACIÓN CON OCASIÓN DEL XXVº ANIVERSARIO DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES” suscripta por los tres obispos que subsisten en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Puede leerse íntegra tanto en el sitio web de la Fraternidad  como en diversos sitios y blogs, entre ellos el nuestro.

Es indispensable hacer una serie de consideraciones sobre la misma, porque como cada nuevo documento o declaración emitidos por las autoridades de la FSSPX, confirma su novedad absoluta con respecto a la posición histórica mantenida por la Fraternidad en tiempos de Monseñor Lefebvre. Con el agravante en este caso de que las repercusiones mediáticas han de ser mayores ya que se hace mención a las consagraciones episcopales que tanto revuelo causaron en su momento.

Indudablemente la estrategia diplomática pareciera en la superficie haberse evaporado, si uno se ciñe a la mayor parte del contenido de la misma. Pero si uno lee detenidamente, puede entenderse que se sigue apostando a un futuro entendimiento con la iglesia conciliar a pesar de todas las críticas severas que se le hacen. Por tanto, estamos ante un hecho gravísimo, ante una declaración que es un paso muy importante hacia el precipicio en el marco de la “operación suicidio”. Y esto más allá de que esta Roma vaya a aceptar o no un acuerdo, porque el problema aquí es que esta Fraternidad ya ha aceptado la posibilidad de un acuerdo ¡por lo que va más lejos que la misma Roma en la traición a sus principios!

Allí está la astucia serpentina del texto: puede leerse tanto con anteojos negros como con anteojos rosados (en esto no somos originales, seguimos lo afirmado por Mons. Fellay sobre la lectura de su Declaración doctrinal del 15 de abril del 2012), y ambos llegarán a la misma conclusión; pero si se lee sin ninguna clase de lentes salvo los que Dios nos dio, podrá comprenderse lo tramposo que hay en esta declaración. Pero no debería sorprendernos esto, teniendo en cuenta las anteriores ambigüedades y retorcimientos de Monseñor Fellay y sus asistentes en declaraciones y conferencias que luego necesitaban ser explicadas y vueltas a explicar para que los pobres fieles pudieran comprender qué era lo que el Superior había querido decir sin ser mal interpretado. Como bien afirma el Padre Girouard, se pone el foco en la “percepción” que se quiere obtener de parte de unos y de otros, antes que en la firmeza indisputable de la verdad. De allí que se consiga dejar contento al que quiere que lo dejen contento, mas la verdad clama porque no se deja manosear ya que ella no debe servir, sino que debe ser servida, pues la Verdad no nos pertenece sino que es un Nombre que se ha dado a sí mismo el propio Dios.

Veamos en principio las dos lecturas rápidas y directas cómo llegan a coincidir y confirmar lo que presumen:

Anteojos negros: los usan los que desde siempre han estado en contra de la Fraternidad, los modernistas o resabiados de liberalismo que suelen descalificar todo lo que tenga que ver con los “lefebvristas” o “lefebvrianos”, como nos llaman despectivamente. Ellos juzgan que la FSSPX –en eso son coherentes- es ingrata con la iglesia conciliar porque después de todo lo que le ha otorgado se niega a participar plenamente de la estructura oficial y hasta tiene el tupé de hacer críticas. Para ellos fue Roma quien cedió y no la Fraternidad en las largas negociaciones, y ahora la incorregible Fraternidad volvería al ataque como siempre. Es decir, leen todo con anteojos negros: la Fraternidad es inconquistable. Pero, leen a partir de sus odiosos prejuicios que los hace enceguecer, y por lo tanto, leen con anteojos negros. El odio y el temor lo oscurecen todo.

Anteojos rosados: son los fieles más desprevenidos y desinformados de la propia Fraternidad, que luego de leer la Declaración se tranquilizan y regocijan puesto que se critica duramente al Vaticano II, se afirma que nada ha cambiado y que las consagraciones episcopales conservan su razón de ser. Para ellos también la Fraternidad es inconquistable, un bastión que sigue fielmente los pasos de Mons. Lefebvre. Pero leen a partir de sus prejuicios positivos y desatentos, es decir, leen con anteojos rosados y no están dispuestos a salirse ni una coma del lenguaje oficial, pues todo análisis sería considerado una descortesía o traición. Son los que parecen decir “iota unum” y discusión acabada.

La Declaración, compuesta de doce párrafos, va señalando uno tras otro, luego de un primero de introducción, los errores conciliares que fueron motivo para que Monseñor Lefebvre tuviera que realizar las consagraciones episcopales sin mandato del Sumo Pontífice. Luego de las aserciones sobre estos problemas, y ya casi finalizando la declaración, en su párrafo número 11, es cuando aparece el sutil veneno. Estimamos por la diferencia en los  párrafos que este parece netamente redactado por Mons. Fellay, pues muestra bien a las claras (¡leído sin lentes de colores!) su perenne afán de insertarse en la iglesia conciliar sin que ésta se haya convertido. Pero más adelante veremos en detalle ese tema.

Diremos sin entrar todavía a lo particular, que con mucha habilidad se habla de problemas concretos de la Iglesia pero sin responsabilizar directamente a quienes hoy -o en los tiempos recientes- la conducen. Si Mons. Lefebvre se animaba valientemente a decir en aquella carta que “la Sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma están ocu­pados por anticristos, la destrucción del Reinado de Nuestro Señor prosigue rápidamente dentro mismo de su Cuerpo Místico en esta tierra” o “Puesto que esta Roma, modernista y liberal, prosigue su obra destructora del Reinado de Nuestro Señor, como lo prueban Asís y la confirmación de las tesis liberales del Vaticano II sobre la libertad religiosa”, y se refiere a “esta Roma”, es decir la de aquel momento e incluso llegando a decir que Esto nos ha valido la persecución de la Roma anticristo”, en cambio los tres obispos prefieren hablar en general, sin identificar los problemas que denuncian con “esta Roma” de ahora y quien ocupa la Sede de Pedro. ¿Pero acaso Francisco es más ortodoxo, o menos escandaloso que Juan Pablo II?

Por supuesto que podría decirse que al hablar de los graves problemas de la Iglesia y mencionar al concilio, se estaría involucrando a todos los que adhieren a él, incluyendo las actuales autoridades de la Iglesia, e incluso argüirse que Mons. Lefebvre debió ser tan duro para justificar aquella extrema medida por él tomada.  

Pero Monseñor Lefebvre deja bien claro que “la destrucción del Reinado de Nuestro Señor prosigue rápidamente dentro mismo de su Cuerpo Místico en esta tierra” debido a que “la Sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma están ocupados por anticristos”. Los errores no se imponen ni se difunden solos, sino en un cuerpo y por sus agentes. No hace falta que Mons. Lefebvre diga el nombre del Papa o los cardenales porque lo está afirmando sin necesidad de nombrarlos. Pero debe dar a entender claramente quiénes son los autores del mal. De lo contrario como un mal médico, sólo atendería a los síntomas. Que se mencione como principio de la gran revolución en la Iglesia al Vaticano II, es correcto, pero quienes ahora ponen en práctica esos malditos principios son las actuales autoridades incluyendo la Sede de Pedro. Y esto, tratándose de una conmemoración de las fundamentales consagraciones episcopales para la supervivencia de la Tradición, debe ser dicho para que se comprenda que, si nada cambió como para que las consagraciones sigan teniendo razón de ser, pues entonces nada ha cambiado en la propia Fraternidad. Pero está claro que algo ha cambiado, pues el lenguaje –lo que se dice- ya no es el mismo, aunque se quiera aparentar que sí lo es. ¿No afirmó recientemente Mons. Fellay en una entrevista oficial que sigue dispuesto (“abierto”) a ir a esta Roma porque “es la Iglesia de Dios” (sspx.org), a pesar de que todo lo que hace la iglesia conciliar es combatir al verdadero Dios y enseñar la nueva religión del Hombre como Dios?

No hay ninguna injuria en decir lo que está a la vista de todos”, nos recuerda Sardá y Salvany, y también: “Dado que el liberalismo es cosa mala, no es faltar a la caridad llamar malos a los defensores públicos y conscientes del Liberalismo”. Nos recuerda asimismo que “el Bautista empezó por llamar a los fariseos ‘raza de víboras’. Cristo no se abstuvo de apostrofarlos con los epítetos de ‘hipócritas, sepulcros blanqueados, generación malvada y adúltera’ sin que creyese por ello manchar la santidad de su mansísima predicación. San Pablo decía de los cismáticos de Creta que eran mentirosos, malas bestias, barrigones, perezosos’” (El liberalismo es pecado, cap. XXII). El mismo lenguaje utilizaron San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, San Bernardo, Santo Tomás, etc. Monseñor Lefebvre los llamó “anticristos”. ¿Pero acaso un liberal deja de serlo por el hecho de llevar sotana o capelo cardenalicio? ¿No es eso un agravante para la injuria que le hace a la Iglesia y la doctrina de Dios? Contagio liberal, sin dudas, esta descripción del mal sin animarse a señalar como corresponde a sus autores. “¿De dónde ha sacado, pues, el Liberalismo la novedad de que al combatir los errores se debe prescindir de las personas, y aun mimarlas y acariciarlas? Aténgase a lo que le enseña sobre esto la tradición cristiana, y déjenos a los ultramontanos defender la fe como se ha defendido siempre en la Iglesia de Dios” (Ob. cit., cap. XXIII).

Digamos también, antes de pasar al texto en sí de la Declaración, que Mons. Lefebvre terminaba diciendo en su carta que los obispos “podrán depositar la gracia de su episcopado para que la confirme” en las manos de “un sucesor de Pedro perfectamente católico”. Los tres obispos actuales, en cambio, admiten poder depositar su episcopado en un sucesor de Pedro que no sea “perfectamente católico”, pues les basta como condición que “se nos reconozca explícitamente el derecho de profesar de manera íntegra la fe y de rechazar los errores que le son contrarios, con el derecho y el deber de oponernos públicamente a los errores y a sus fautores, sean quienes fueren – lo que permitirá un comienzo de restablecimiento del orden”, con lo cual se quiere decir que si ese es el principio del restablecimiento del orden –con la reinserción de la FSSPX en la Iglesia oficial-, es porque el orden todavía no existe y por lo tanto el Papa no es “perfectamente católico” y la Fraternidad debe ayudarle a ello. Esto no puede interpretarse de otro modo ya que la primera condición mencionada en el mismo párrafo –pero distinta de esta- es “que Roma regrese de modo rápido a la Tradición y a la fe de siempre —lo que restablecerá el orden en la Iglesia”, en ese caso sí el papa sería perfectamente católico. Por lo tanto, contrariando a Mons. Lefebvre, la FSSPX (con la ilusión satánica de que Roma regresaría gradualmente a la Tradición) aceptaría depositar su episcopado en un Papa “más o menos católico”, o mitad católico mitad liberal. ¿Todavía habrá quién se pregunte qué tiene de malo eso? Pues cuando se dice “perfectamente católico” no se quiere decir que sea un católico perfecto, santo, que nunca hace macanas, sino que no enseña, promueve o permite herejías que mancillen o atenten contra la doctrina católica. 

Pasamos a considerar en detalle la declaración, apuntando nuestros comentarios en color rojo (no porque usemos anteojos de ese color sino para distinguir más claramente un texto del otro).


DECLARACIÓN CON OCASIÓN DEL
XXVº ANIVERSARIO DE LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES

(30 de junio de 1988 – 27 de junio de 2013)

1. Con ocasión del XXVº aniversario de las consagraciones, los obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X expresan solemnemente su gratitud a Mons. Marcel Lefebvre y a Mons. Antonio de Castro Mayer por el acto heroico que realizaron el 30 de junio de 1988. En particular quieren manifestar su gratitud filial a su venerado fundador, quien, después de tantos años de servicio a la Iglesia y al Romano Pontífice, no dudó en sufrir la injusta acusación de desobediencia no sólo fue acusado, sino   también vilmente “excomulgado”, ¿por qué esto no se dice? para salvaguardar la fe y el sacerdocio católicos. Misma injusta acusación que luego han hecho estas autoridades de la FSSPX a uno de sus obispos Mons. Williamson, por querer salvaguardar la fe, misma actitud de Mons. Lefebvre que tuvo el mismo resultado por parte de los liberales: la acusación falsa, la condena y el castigo. Pero la verdad no puede ser silenciada, como el ejemplo de Mons. Lefebvre nos enseñó. 

2. En la carta que nos dirigió antes de las consagraciones, escribía: “Os conjuro a que permanezcáis unidos a la Sede de Pedro, a la Iglesia romana, Madre y Maestra de todas las Iglesias, en la fe católica íntegra, expresada en los Símbolos de la fe, en el catecismo del Concilio de Trento, conforme a lo que os ha sido enseñado en vuestro seminario. Permaneced fieles en la transmisión de esta fe para que venga a nosotros el Reino de Nuestro Señor.” Esta frase expresa la razón profunda del acto que habría de realizar: “para que venga a nosotros el Reino de Nuestro Señor”, adveniat regnum tuum!

3. Siguiendo a Mons. Lefebvre, afirmamos que la causa de los graves errores que están demoliendo la Iglesia no reside en una mala interpretación de los textos conciliares —una “hermenéutica de la ruptura” que se opondría a una “hermenéutica de la reforma en la continuidad”—, sino en los textos mismos, a causa de la inaudita línea escogida por el concilio Vaticano II. ¡Asombrosa contradicción! Pues había dicho Mons. Fellay, que es la cabeza de la Fraternidad: Después de las discusiones, nos hemos dado cuenta que los errores que creíamos provenientes del Concilio de hecho son resultado de la interpretación común que se ha hecho de él”. “El Papa dice que (…) el Concilio debe ser colocado en la gran tradición de la Iglesia, que debe ser comprendido en acuerdo con ella. Estas son declaraciones con las cuales estamos completamente de acuerdo, entera, absolutamente” (Entrevista a “Catholic News Services”, 11 de mayo de 2012). Desde la FSSPX seguramente se argumentará que ese es un lenguaje diplomático dado en una entrevista, ¿y con eso qué? ¿Tan poco valor tienen las palabras? ¿Un obispo no debe ser veraz siempre, o a veces se puede permitir decir lo contrario de lo que cree verdaderamente? En la Declaración doctrinal altamente ambigua y diplomática, afirmó que el Vaticano II “ilumina –es decir profundiza y explica ulteriormente- ciertos aspectos de la vida y de la doctrina de la Iglesia, implícitamente presentes en ella, y aún no formulados conceptualmente”. Como explica Mons. Williamson acerca de esto, “La proposición de que el Vaticano II debe “iluminar” la Tradición “profundizándola” y “haciéndola más explícita”, es completamente Hegeliana (¿desde cuándo los contradictorios explican y no excluyen uno a otro?), y se corre el riesgo de falsificar la Tradición torciéndola para encajar en las múltiples falsedades del Concilio” (Carta abierta a los sacerdotes de la FSSPX).
Explica Mons. Williamson en otra parte: “El Arzobispo Lefebvre declaró y probó que el Vaticano II era un rompimiento o ruptura con la enseñanza previa de la Iglesia. En esa premisa se originó y reposa el movimiento Católico Tradicional. Entonces, para enfrentar la resistencia en marcha de ese movimiento contra su amado Vaticano II, Benedicto XVI proclamó al estrenar su pontificado en el 2005, la “hermenéutica de la continuidad”. Con ella, el Concilio contradiciendo (objetivamente) a la Tradición tenía que ser interpretado (subjetivamente) de tal manera como para no contradecirla. Así no habría ningún rompimiento o ruptura entre el Concilio y la Tradición Católica.
Ahora bien, vean el séptimo párrafo (III, 5) de la Declaración Doctrinal. Declara que las afirmaciones del Vaticano II que sean difíciles de reconciliar con toda la enseñanza previa de la Iglesia, (1) “deben ser comprendidas a la luz de la Tradición entera e ininterrumpida, de acuerdo con las verdades enseñadas por el Magisterio precedente de la Iglesia, (2) no aceptando ninguna interpretación de esas afirmaciones que pueda permitir que la doctrina Católica se exponga como si estuviera en oposición o en ruptura con la Tradición y con ese Magisterio”.
La primer parte aquí (1) es perfectamente verdadera siempre y cuando signifique que cualquier novedad Conciliar “difícil de reconciliar” será rechazada de plano si objetivamente contradice la enseñanza previa de la Iglesia. Pero (1) está directamente contradicho por (2) cuando (2) dice que ninguna novedad Conciliar puede ser “interpretada” como estando en ruptura con la Tradición. ¡Es como si uno dijera que todos los equipos de fútbol deben usar camisetas azules, pero que todas las camisetas de cualquier otro color deben ser interpretadas como siendo únicamente azules! ¡Qué insensatez! Pero tal es la pura “hermenéutica de la continuidad” (Comentario Eleison 300).
Esta línea se manifiesta en sus documentos y en su espíritu: frente al “humanismo laico y profano”, frente a la “religión (pues se trata de una religión) del hombre que se hace Dios”, la Iglesia, única poseedora de la Revelación “del Dios que se hizo hombre” quiso manifestar su “nuevo humanismo” diciendo al mundo moderno: “nosotros también, más que nadie, tenemos el culto del hombre” (Pablo VI, Discurso de clausura, 7 de diciembre de 1965). Pero cómo, ¿no les decían a los otros obispos, Mons. Fellay y sus asistentes, que en la Fraternidad estamos haciendo de errores del Concilio súper-herejías, se vuelve el mal absoluto, peor que todo, de la misma manera en que los liberales han dogmatizado este concilio pastoral. Los males ya son suficientemente dramáticos para que no se les exagere más” (Respuesta a la Carta de los tres obispos, 14 de abril de 2012)? Mas esta coexistencia del culto de Dios y del culto del hombre se opone radicalmente a la fe católica, que nos enseña a dar el culto supremo y el primado exclusivo al solo Dios verdadero y a su único Hijo, Jesucristo, en quien “habita corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col. 2, 9).

4. Nos vemos obligados a comprobar que este Concilio atípico, que solo quiso ser pastoral y no dogmático, ha inaugurado un nuevo tipo de magisterio, desconocido hasta entonces en la Iglesia, sin raíces en la Tradición; un magisterio empeñado en conciliar la doctrina católica con las ideas liberales; un magisterio imbuido de los principios modernistas del subjetivismo, del inmanentismo y en perpetua evolución según el falso concepto de tradición viva, viciando la naturaleza, el contenido, la función y el ejercicio del magisterio eclesiástico. ¿Condenó de esta manera el magisterio conciliar Mons. Fellay en su Declaración doctrinal de abril 2012? No. Como explica Mons. Williamson sobre el punto III, 2, “El reconocimiento del Magisterio como el único intérprete auténtico de la Revelación, corre el grave peligro de someter la Tradición al Concilio, especialmente cuando la interpretación de cualquier ruptura entre ellos automáticamente es rechazada” (cf. III, 5) (Carta abierta a los sacerdotes de la FSSPX). Pero ya mucho tiempo atrás Mons. Fellay había afirmado que Nosotros guardamos el 95% del Concilio” (Al periódico Suizo “La Liberté”, 11 de Mayo de 2001). Del “Yo excuso al concilio” ahora regresó al “Yo acuso al concilio”, ¿pero hasta cuándo?

5. A partir de ahí, el reino de Cristo deja de ser el empeño de las autoridades eclesiásticas, aunque estas palabras de Jesucristo: “todo poder me ha sido dado sobre la tierra y en el cielo” (Mt. 28, 18) siguen siendo una verdad y una realidad absolutas. Negarlas en los hechos significa dejar de reconocer en la práctica la divinidad de Nuestro Señor.
¿Pero acaso Benedicto XVI quiso instaurar el reinado de Cristo en las sociedades, o más bien siguió el camino desviado que impulsó el Vaticano II? Entonces, ¿por qué Mons. Fellay confió en alguien que “deja de reconocer en la práctica la divinidad de Nuestro Señor” al punto de esperar de él una “regularización” de la Fraternidad mediante una prelatura romana? Así, a causa del Concilio, la realeza de Cristo sobre las sociedades humanas es simplemente ignorada, o combatida, y la Iglesia es arrastrada por este espíritu liberal que se manifiesta especialmente en la libertad religiosa, el ecumenismo, la colegialidad y la nueva misa.

6. La libertad religiosa expuesta por Dignitatis humanae, y su aplicación práctica desde hace cincuenta años, conducen lógicamente a pedir al Dios hecho hombre que renuncie a reinar sobre el hombre que se hace Dios, lo que equivale a disolver a Cristo. En lugar de una conducta inspirada por una fe sólida en el poder real de Nuestro Señor Jesucristo, vemos a la Iglesia vergonzosamente guiada por la prudencia humana, y dudando tanto de ella misma que ya no pide a los Estados sino lo que las logias masónicas han querido concederle: el derecho común, en el mismo rango y entre las otras religiones que ya no osa llamar falsas. Pero ¿por qué preocuparse tanto, si al fin y al cabo “la libertad religiosa es utilizada de muchas maneras, y viendo de cerca yo realmente tengo la impresión que no muchos conocen lo que el Concilio dijo al respecto. El Concilio presenta una libertad religiosa de hecho muy, muy limitada. Muy limitada” (Monseñor Fellay, entrevista a Catholic News Services, 11 de Mayo de 2012)? 

7. En nombre de un ecumenismo omnipresente (Unitatis redintegratio) y de un vano diálogo interreligioso (Nostra Aetate), la verdad sobre la única Iglesia es silenciada; de igual modo, una gran parte de los pastores y de los fieles, no viendo más en Nuestro Señor y en la Iglesia católica la única vía de salvación, han renunciado a convertir a los adeptos de las falsas religiones, dejándolos en la ignorancia de la única Verdad. Este ecumenismo ha dado muerte, literalmente, al espíritu misionero con la búsqueda de una falsa unidad, reduciendo muy a menudo la misión de la Iglesia a la transmisión de un mensaje de paz puramente terreno y a un papel humanitario de alivio de la miseria en el mundo, poniéndose así a la zaga de las organizaciones internacionales.

8. El debilitamiento de la fe en la divinidad de Nuestro Señor favorece una disolución de la unidad de la autoridad en la Iglesia, introduciendo un espíritu colegial, igualitario y democrático (cf. Lumen Gentium). Cristo ya no es la cabeza de la cual todo proviene, en particular el ejercicio de la autoridad. El Romano Pontífice, que ya no ejerce de hecho la plenitud de su autoridad, así como los obispos, que —contrariamente a las enseñanzas del Vaticano I— creen poder compartir colegialmente de manera habitual la plenitud del poder supremo, se colocan en lo sucesivo, con los sacerdotes, a la escucha y en pos del “pueblo de Dios”, nuevo soberano. Es la destrucción de la autoridad y en consecuencia la ruina de las instituciones cristianas: familias, seminarios, institutos religiosos.

9. La nueva misa, promulgada en 1969, debilita la afirmación del reino de Cristo por la Cruz (“regnavit a ligno Deus”). En efecto, su rito mismo atenúa y obscurece la naturaleza sacrificial y propiciatoria del sacrificio eucarístico. Subyace en este nuevo rito la nueva y falsa teología del misterio pascual. Ambos destruyen la espiritualidad católica fundada sobre el sacrificio de Nuestro Señor en el Calvario. Esta misa está penetrada de un espíritu ecuménico y protestante, democrático y humanista que ignora el sacrificio de la Cruz. Ilustra también la nueva concepción del “sacerdocio común de los bautizados” en detrimento del sacerdocio sacramental del presbítero. Si esto es así ¿por qué entonces se aceptó la nueva misa como el modo ordinario del rito romano en desmedro de la misa tradicional, conocida como “modo extraordinario”? Ya que Mons. Fellay afirmó que por el Motu Proprio Summorum Pontificum se “restablece la misa tridentina en su derecho”, lo que significa aceptar tal desdén por la misa tradicional y por lo tanto conceder la preeminencia a la misa nueva, ya que el Motu Proprio dispone que la misa tridentina tiene derecho a ser la misa secundaria o “extraordinaria” en relación a la misa nueva, de la cual ahora tanto abomina. Asimismo, en su Declaración doctrinal de abril 2012 Mons. Fellay habla de la promulgación legítima de esta misa nueva. ¿En qué quedamos? Muy importante es lo que se apunta en su reciente análisis de esta Declaración desde “Avec l’Immaculé”: los tres obispos no dicen que la Nueva Misa no fue promulgada legítimamente. Saben cuánto ha escrito la Resistencia sobre esto y deliberadamente guardan silencio sobre el punto tal vez más controvertido. Esta omisión es un pecado grave.

10. Cincuenta años después del concilio, las causas permanecen y siguen produciendo los mismos efectos, de suerte que hoy aquellas consagraciones episcopales conservan toda su razón de ser. ¿No era que las cosas estaban cambiando en Roma y por ello había que adoptar “una nueva posición en relación con la Iglesia oficial” (Cor Unum 101)? ¿No fue por ello que contrató una empresa holandesa de mercadeo para mejorar la “imagen” corporativa de la FSSPX haciéndola más amable y gentil y menos crítica a los ojos del mundo? El amor por la Iglesia guió a Mons. Lefebvre y guía a sus hijos. ¿Qué es lo que guía a Mons. Fellay y sus ayudantes? Dios lo sabe. El mismo deseo de “transmitir el sacerdocio católico en toda su pureza doctrinal y su caridad misionera” (Mons. Lefebvre, Itinerario espiritual) anima a la Fraternidad San Pío X en el servicio de la Iglesia, cuando pide con instancia a las autoridades romanas que reasuman el tesoro de la Tradición doctrinal, moral y litúrgica.

11. Este amor por la Iglesia explica la regla que Mons. Lefebvre siempre observó: seguir a la Providencia en todo momento, sin jamás pretender anticiparla. Entendemos que así lo hacemos, sea que Roma regrese de modo rápido a la Tradición y a la fe de siempre —lo que restablecerá el orden en la Iglesia—, Esta coma es clave, porque separa lo que debe estar junto, ya que la segunda parte (la FSSPX regularizada y permaneciendo absolutamente católica y por lo tanto antiliberal y antimodernista) sólo puede cumplirse con la primera (que Roma vuelva a ser católica y rechace las herejías) y crea en la mente del lector un falso dilema: o Roma vuelve “rápido” a la fe, o vuelve “gradualmente” por medio de la regularización de la FSSPX. Atención: lo grave, lo gravísimo de este texto, es que la segunda parte acepta un regreso de la FSSPX a Roma sin que ésta haya vuelto a la Tradición, es decir, los tres obispos están declarando que aceptan colocarse y colocar a la Tradición bajo el poder de los liberales y modernistas. Pretenden que al ser evidente que Roma no regresa “rápido” a la Tradición (ni cabe esperar que vuelva “rápido”, humanamente hablando), entonces lo único que quedaría es lo segundo, es decir, la FSSPX “reconocida” y en Roma, haciendo que ésta vuelva “gradualmente” a la Tradición. ¿Cuál es la conclusión a la que este astuto y venenoso número 11 nos quiere arrastrar?: Pues ésta: ¡HAY QUE HACER EL ACUERDO!
Además de eso, los tres obispos ratifican las 6 condiciones del Capítulo General al reivindicar la primera, cuyo texto se reproduce. Pero sabemos que esas 6 condiciones son una trampa mortal. sea que se nos reconozca explícitamente el derecho de profesar de manera íntegra la fe y de rechazar los errores que le son contrarios, con el derecho y el deber de oponernos públicamente a los errores y a sus fautores, sean quienes fueren – lo que permitirá un comienzo de restablecimiento del orden. La opción que los obispos postulan es esta: que Roma vuelva despacio a la Tradición, ayudada por la Fraternidad. En ese caso, la FSSPX sería recibida por una Roma un poco tradicional y un poco modernista (como cuando Mons. Fellay decía que Benedicto XVI tenía la cabeza modernista y el corazón tradicional). Lo cual es absolutamente contradictorio y enteramente malo, porque una congregación tradicional no puede tener por Superior a un tradicional a medias o a un semi-modernista, ya que en tal caso es imposible que sobreviva y “no son los inferiores quienes hacen a sus superiores”, como decía Mons. Lefebvre.
 A la espera, y frente a esta crisis que continúa sus estragos en la Iglesia, perseveramos en la defensa de la Tradición católica y nuestra esperanza permanece íntegra, pues sabemos con fe cierta que “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt. 16, 18).

12. Entendemos, así, seguir la exhortación de nuestro querido y venerado padre en el episcopado: “Queridos amigos, sed mi consuelo en Cristo, permaneced fuertes en la fe, fieles al verdadero sacrificio de la misa, al verdadero y santo sacerdocio de Nuestro Señor, para el triunfo y la gloria de Jesús en el cielo y en la tierra” (Carta a los obispos). Que la Santísima Trinidad, por intercesión del Inmaculado Corazón de María, nos conceda la gracia de la fidelidad al episcopado que hemos recibido Qué terrible no poder afirmar que esa fidelidad aún existe y que queremos ejercer para honra de Dios, el triunfo de la Iglesia y la salvación de las almas.

† Mons. Bernard Fellay
† Mons. Bernard Tissier de Mallerais
† Mons. Alfonso de Galarreta

Ecône, 27 de junio de 2013, en la fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.


En la carta del 7 de abril de 2012, Mons. Fellay estaba con el acuerdo y los otros tres obispos en contra de él: 1 contra 3. 
En octubre de 2012, Mons. de Galarreta aceptó la hipótesis de un acuerdo práctico sin solución doctrinal: 2 contra 2. 
El 24 de ese mismo mes de octubre de 2012 fue expulsado Mons. Williamson: 2 contra 1.
Finalmente, en esta desdichada declaración, Mons. Tissier de Mallerais también termina por aceptar la posibilidad de un acuerdo práctico sin previa conversión de Roma: 3 contra 0. 
Dios tenga misericordia de la FSSPX.

Queremos terminar con unas palabras de Mons. Lefebvre, nuevamente olvidado por quienes infielmente siguen un insensato doble juego de ralliement y de reafirmación de los principios católicos propio de quienes no queriendo ser del todo acuerdistas, no se animan a ser del todo tradicionales, y que ni ganarán el respeto en las filas de los conciliares, ni contarán con el aprecio de los católicos integristas. Unas palabras que pueden trasladarse y aplicarse al avieso texto de esta hipócrita Declaración:

“Nos es imposible entrar en esta conjuración, aun cuando habría textos satisfactorios en este Concilio. Porque los textos buenos sirvieron para hacer aceptar los textos equívocos, minados, llenos de trampas. Nos queda una sola solución: abandonar estos textos peligrosos para atarnos firmemente a la Tradición y al Magisterio oficial de la Iglesia durante veinte siglos." (Ecône, 18 agosto 1976, 1era Carta introductoria  & Paris, 27 agosto 1976, 2a Carta introductoria a «Yo acuso al concilio »).