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jueves, 28 de marzo de 2013

DECLARACIÓN DEL PADRE PATRICK GIROUARD


NON POSSUMUS




DECLARACIÓN
A los miembros de la Fraternidad San Pío X
A las comunidades amigas y a los fieles de la Tradición


Jueves Santo, 28 de marzo de 2013

Muy estimados hermanos y hermanas en Cristo Rey,

En este día que la Santa Iglesia conmemora de manera grandiosa la Institución del Santo Sacrificio de la Misa y del sacramento del Orden, aprovecho la ocasión para hacerlos parte de mi decisión de colocarme fuera de la estructura oficial de la Fraternidad. Mi intención no es de abandonarla ni vilipendiarla. Ella en efecto es víctima de una empresa que tiene como objetivo ponerla bajo el poder de la Iglesia Conciliar a pesar de las advertencias repetidas de su fundador, S.E.R. Monseñor Marcel Lefebvre.

Después de mis sermones e intervenciones contra la adhesión a Roma, mi superior de distrito, el padre Jürgen Wegner, me transfirió del Priorato de Langley (cerca de Vancouver) a la sede de distrito (St. Césaire, cerca de Montreal), con la intención confesa de “vigilarme estrechamente”. También me declaró que yo no podría criticar a mis superiores. En su carta a los sacerdotes Canadienses respecto de esta decisión, atacó no solamente mis declaraciones públicas, sino también mis conversaciones y correos privados, intercambiados con los fieles. Por lo tanto está claro que se me ofrecía, a cambio de mi silencio en público y en privado, conservarme en el seno de la Fraternidad y por lo tanto asegurar mi seguridad material. Esto sería ni más ni menos una forma de prostitución espiritual. Pero no tengo más que un alma y quiero salvarla. Yo no puedo aceptar este trato porque como dice el proverbio: “El que calla, otorga”. Esto es, básicamente, el por qué me veo en la obligación moral de rehusarme a esta transferencia. Para mí es la única manera de continuar trabajando para cumplir el verdadero objetivo de la Fraternidad, el cual no es convertir a Roma modernista, sino de preservar y transmitir la verdadera Misa y el verdadero Sacerdocio. Por lo tanto me he puesto en las manos de la Providencia, convencido que Nuestro Señor sabrá cuidar a su sacerdote.

Mucho ha sido escrito ya acerca de un acuerdo “puramente práctico” con Roma. Me bastará decir que yo endoso plenamente las declaraciones y estudios de otros colegas que se han opuesto a esta nueva orientación de la Fraternidad. Por lo tanto, no lo repetiré aquí. Me permitiría, sin embargo, compartirles algunas reflexiones personales sobre tres aspectos de la crisis de la Fraternidad:

1.      Las autoridades de la Fraternidad quieren justificar el abandono de la resolución del Capítulo General de 2006 (no al acuerdo práctico sin la conversión de Roma) diciendo que la situación no es la misma actualmente. Quisieran hacernos creer que muchos de los nuevos obispos, sacerdotes y seminaristas ya no se interesan en el concilio Vaticano II y prefieren la Misa y la teología tradicionales. Pero son incapaces de producir un estudio serio e independiente que lo pruebe. Ahora nos piden aceptar nada menos que lo que Monseñor Lefebvre calificaba como “Operación Suicidio”. El Capítulo General de 2012, lejos de corregir la situación, no hizo sino envolver de “condiciones” cosméticas este cambio de rumbo. La única condición que importaba, la conversión de Roma, ha sido abandonada. Además, este Capítulo fue la ocasión de una inversión de la relación de fuerza entre los obispos: Del 7 de abril cuando teníamos, por un lado, tres obispos contra un acuerdo “práctico” y del otro, un Monseñor Fellay aislado, nos encontramos, el siguiente 14 de julio, con tres obispos a favor de un tal acuerdo, contra un Monseñor Williamson confinado, el cual fue excluido también de ese Capítulo. La declaración final respecto a la unidad reencontrada señaló de hecho el fin de la recreación para todos “los refractarios”. Ahora, a partir del 15 de julio de 2012, toda oposición vis-a-vis de un acuerdo puramente práctico, cualquier crítica a las autoridades de la Fraternidad a este respecto, se convirtió en un crimen contra la misma Fraternidad. Fue instituida la ley del silencio. Conocemos lo que siguió. Esta ley del silencio es tan fuerte que Menzingen no se toma la molestia de responder a los argumentos y a las acusaciones; se contentan con satanizar a sus oponentes como si fueran vulgares rebeldes subversivos. ¡Sacaron a S.E.R. Monseñor Williamson y una buena veintena de sacerdotes!

2.    Los documentos secretos de Monseñor Fellay (carta del 14 de abril de 2012 a los 3 obispos, el Preámbulo del día siguiente), que han sido publicados a pesar de él, nos han permitido comprender hasta qué punto las relaciones frecuentes con la Roma actual son peligrosas. Si de tales contactos se pudo cambiar, incluso antes de la firma de un acuerdo, al Superior General, a sus Asistentes y por rebote a los otros Superiores Mayores, ¿qué sucederá con los simples sacerdotes y fieles una vez que estén oficialmente, legalmente, permanentemente, bajo las autoridades romanas? No hay más que ver hasta qué punto Menzingen persigue ya a los que se oponen a esta nueva orientación cuando todavía gozamos de una cierta independencia respecto de Roma, para comprender hasta dónde irá una vez que se esté bajo la autoridad de esta Iglesia conciliar!

3.    Recientemente, han querido hacernos aceptar la teoría según la cual la expresión “Iglesia Conciliar” no significa una institución distinta de la Iglesia Católica, sino más bien una “tendencia” en el seno de esta (Ver DICI, estudio del padre Gleize). La consecuencia lógica de esta teoría sería entonces que el movimiento tradicionalista debe regresar a la estructura oficial de la Iglesia a fin de combatir, desde el interior, la “tendencia” conciliar y de esta manera hacer triunfar a la Tradición. Es por eso que escuchamos frecuentemente de las autoridades de la Fraternidad, que hay que “ayudar a la Iglesia Católica a reapropiarse de su Tradición”. Ahora, por un lado, la Iglesia Católica sin su Tradición no podría existir, ya no sería la Iglesia Católica. Y por otra parte, no se puede hablar de “tendencia”, cuando las ideas liberales y masónicas se encuentran “institucionalizadas” por reformas que cubren todos los aspectos de la vida de la Iglesia: Liturgia, Catecismo, Ritual, Biblia, Tribunales eclesiásticos, Enseñanza Superior, Magisterio y, sobre todo, el Derecho Canónico. Por lo tanto nos enfrentamos a una estructura, a una institución, diferente de la Iglesia Católica. Si ese no fuera el caso, ¡seríamos sus miembros! No somos nosotros los que han abandonado la Iglesia Católica, son ellos, incluso si han logrado tomar el mando de la estructura oficial. En lo que concierne al lugar del Papa en todo esto, hay que convenir que hay un misterio, un misterio de iniquidad. Esto no quita que estemos en presencia de dos instituciones distintas: La Iglesia Católica, fundada por Nuestro Señor, y la Iglesia conciliar, cuyo instigador fue, sin duda alguna, Lucifer.

Estas no son más que tres pequeñas reflexiones, pero creo que ellas pueden aclarar un poco ciertas facetas del debate. Ahora que estoy completamente libre para hablar, pueden contar, queridos hermanos y hermanas en Cristo Rey, con mi contribución regular a los sitios de internet del movimiento creciente de oposición a la adhesión a Roma, movimiento que bien merece, yo pienso, el nombre de Resistencia Católica.

Recen por su servidor, como yo rezo por ustedes.

Abbé Patrick Girouard, FSSPX