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miércoles, 22 de febrero de 2017

UN INSULTADOR SERIAL






Bergoglio sigue con sus ataques sibilinos a los Mandamientos y acaba de introducir una distinción desconocida-al menos para mí-entre lo que sería la sustancia y la formalidad. Si tuviese que intentar explicarlo, yo diría que está buscando es privilegiar de manera absoluta y excluyente el papel de la conciencia, aumentando la confusión originada por Amoris laetitia. Pero de eso espero ocuparme en otro momento. Hoy interesa conocer la equiparación que hizo entre el “homicidio efectivo” y las “palabras injuriosas” que “se ponen en la misma línea” y “revelan la misma malevolencia” del asesinato:

“Con respecto al mandamiento “no matar”, Él (Nuestro Señor Jesucristo) afirma que es violado no sólo por el homicidio efectivo, sino también por aquellos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, incluidas las palabras injuriosas (Cfr. v. 22). Ciertamente, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque son sus premisas y revelan la misma malevolencia. Jesús nos invita a no establecer una jerarquía de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en cuanto movidas por la intensión de hacer el mal al prójimo. Y Jesús da el ejemplo. Insultar: pero, nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir “buenos días”. Y esto está en la misma línea del matar. Quien insulta al hermano, mata en su propio corazón al hermano. Por favor, ¡no insultar! No ganamos nada…”


Notable es que Bergoglio pida “Por favor, ¡no insultar” porque es la misma persona que no se ha cansado de insultar e injuriar a todos los que no están de acuerdo con él. Y los amigos de “Opportune e importune” se han tomado el trabajo de catalogar las muchas imprecaciones que les ha destinado a los osados que se han atrevido a disentir, sea por hechos reales o presuntos:

“Viejas comadres - Fomentadores de la coprofagia – Especialistas del Logos - Desgranadores de rosarios – Funcionarios - Absorbidos por sí mismos – Neopelagianos – Prometeicos – Restauracionistas - Cristianos ideológicos – Pelagianos – Llorones - Cristianos inflexibles - Modernos gnósticos - Cristianos líquidos - Cristianos superficiales - Esclavos de la superficialidad - Momias de museo - Príncipes renacentistas - Obispos de aeropuerto - Cortesanos leprosos – Ideólogos - Caras largas - Caras de funeral – Gnósticos - Obispos carreristas – Huraños – Autoritarios – Elitistas - Pesimistas denunciadores y desilusionados - Cristianos tristes - Cristianos con la cara de pepinillo en vinagre - Infantiles, temerosos de bailar y de gritar, miedosos de todo - Que buscan certeza en todas las cosas - Cristianos alérgicos a la predicación - Cristianos cerrados, tristes, enredadores, que no son cristianos libres - Cristianos paganos - Pequeños monstruos - Cristianos derrotados - Cristianos papagayos - Cristianos que repiten el Credo como papagayos - Cristianos con la fe aguada - Cristianos sin esperanza - Tiradores de la Inquisición - Ideólogos de lo abstracto – Fundamentalistas - Sacerdotes untuosos e idólatras - Adoradores del dios Narciso - Sacerdotes vanidosos y mariposones - Cristianos con el corazón agusanado - Religiosos que tienen el corazón amargo como vinagre - Promotores del veneno de la inmanencia - Cerrados en la formalidad de un oración gélida, avaros - Estériles en su formalismo - Gente vieja y nostálgica de estructuras y usos que no vivifican más el mundo de hoy - Jóvenes maniáticos de la moda - Cristianos de pastelería - Turistas existenciales - Cristianos anestesiados - Cristianos hipócritas interesados solamente en su formalismo - Enfermos de pereza - Cristianos perezosos - Personas sin luces, deprimentes – Egoístas – Autorreferenciales - Cristianos veletas - Agusanados en el corazón - Débiles hasta la pudrición - Con el corazón negro - Cristianos de corazón débil - Cristianos enemigos de la cruz de Cristo - Caviladores moralistas - Contemplativos distantes”.


Esta manía insultadora exhibe la rabia profunda que Bergoglio experimenta cada vez con mayor frecuencia, desequilibrado psicológicamente como está por su insana pasión por el poder.

Tengamos presente que se trata de un incontinente verbal que no tiene reparos morales en descalificar e injuriar, para después presentarse como el adalid de la misericordia. Lo será, pero de la boca para afuera. Que lo digan, si no los Franciscanos de la Inmaculada o el Cardenal Burke.

Pronostico que la ristra de improperios se alargará, a medida que Bergoglio no las tenga todas consigo. En buena hora, sea así.