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jueves, 17 de septiembre de 2015

CISMA INMINENTE








"Sor Lucía, la vidente de Fátima, dice un día al Card, Caffarra: “Padre, vendrá un momento en el que la batalla decisiva de Satanás con Cristo será el matrimonio y la familia”. Henos aquí. Si es el tiempo del “obispo vestido de blanco” serán dolores para todos (¿recuerdan la visión de la ciudad en ruinas?)"


Después de 2000 años el divorcio es impuesto en la iglesia. Y el cisma se hace más inminente


Por Antonio Socci 

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“Newsweek” ha puesto en portada a Bergoglio y este título: “¿El papa es católico?”. Subtítulo: “Naturalmente que sí. Pero no lo dirías de acuerdo con lo que se lee en la prensa”.

En efecto es lícita la pregunta, visto que el papa argentino va a rezar a la mezquita y declara en entrevista a Scalfari: “no existe un Dios católico”. 

Al interior de la Iglesia la preocupación se ha agigantado después del 8 de septiembre pasado. De hecho con los dos Motu Proprio sobre la nulidad matrimonial, tenemos un acto oficial del magisterio de Bergoglio donde –según opiniones acreditadas – se sale de las vías instituyendo una suerte de “divorcio católico”.

Algo que significaría la negación del mandamiento de Cristo sobre la indisolubilidad del matrimonio y la anulación de dos mil años de magisterio de la Iglesia.

Para entender la gravedad del asunto baste decir que la Iglesia ha sufrido un cisma gravísimo en el siglo XVI, perdiendo a la Inglaterra entera, el cisma anglicano, sólo porque el papa no reconoció un sólo divorcio, aquel de Enrique VIII, basado en una infundada razón de nulidad del primer matrimonio.

¿El Motu proprio bergogliano podría provocar un nuevo cisma?

Puede ser. Por lo demás si el mismo Cardenal Müller, jefe del ex Santo Oficio, en años pasados, ha hablado de un cisma posible en referencia al Sínodo, con mayor razón es de temerse después del 8 de septiembre.

Ya han sido señaladas, en los días pasados, disputas muy ruidosas en Santa Marta con algún importante cardenal. Y el Sínodo se anuncia explosivo.

Bergoglio, en desafío a la Colegiata que proclama en palabras, ha decidido todo antes del Sinodo convocado precisamente bajo este argumento.

Y no por dar efecto a cuanto pedido de los obispos en octubre de 2014, porque la Comisión que ha elaborado el Motu proprio ha sido instituída por él, con aquel mandato, apenas dos meses antes, el 27 de agosto de 2014.

¿En la práctica porque el Motu proprio desde el punto de vista católico será impugnado?

Ante todo – explica el profesor De Mattei – el conjunto de las reformas (aparentemente de facilitación y agilización) van en el sentido opuesto a aquel siempre recorrido por la Iglesia. Es un total vuelco de perspectiva: no más la defensa del sacramento antes que todo (por la salvación de las almas), sino ante todo la facilidad y la velocidad de la obtención de la nulidad.

Baste pensar en la abolición de la doble sentencia. Escribe De Mattei: “el Cardenal Burke ha recordado cómo existe a propósito de ésto una catastrófica experiencia. En los Estados Unidos, de julio de 1971 a noviembre de 1983, entraron en vigor las así llamadas ‘Provisional Norms’ (Normas Provisionales) que eliminaron de facto la obligatoriedad de la doble sentencia conforme. El resultado fue que la Conferencia Episcopal no negó una sóla petición de dispensa entre los cientos de miles recibidas y en la percepción común el proceso comenzó a ser llamado ‘el divorcio católico’.”

Por otra parte cualquiera que sea el objetivo de esta reforma lo ha proclamado abiertamente Mons. Pinto, decano de la Rota romana y presidente de la Comisión que ha dado a luz al Motu proprio. Ha escrito en el Osservatore romano que el papa Bergoglio pide “a los obispos una verdadera y propia ‘conversión’, un cambio de mentalidad que los convenza a seguir la invitación de Cristo”.

Según Mons. Pinto “la invitación de Cristo, presente en su hermano, el obispo de Roma”, sería aquella de “pasar del restringido número de pocos miles de nulidades a aquel desmesurado de infelices que podrían tener la declaración de nulidad”.

Con Bergoglio se vuelca todo y son atacados por la razón opuesta: se quiere hacer una fábrica de anulaciones en masa.

Tiene razón pues la H. Alessandra Moretti cuando afirma triunfante que “la reforma epocal” del papa “sigue la ley del Divorcio breve (exprés) que me ha tenido como ponente en la Cámara”

Con este Motu proprio se preveen – sin alguna base magisterial ni teológica – nueve razones de nulidad que podrían voltear de facto el mismo rol de la Iglesia: ya no sería más quien debe verificar la nulidad original del matrimonio sacramental a los ojos de Dios, sino que corre el riesgo de convertirse en una ‘entidad’ que de facto ‘desata’ matrimonios, sacramentalmente válidos por razones inventadas hoy.

De hecho en el Motu proprio, escribe De Mattei, “la afirmación teórica de la indisolubilidad del matrimonio se acompaña en la regla, al derecho a la declaración de la nulidad de todo vínculo fallido. Bastará, en consciencia, creer como inválido el propio matrimonio para hacerlo reconocer como nulo por la Iglesia”.

La carga explosiva se encuentra especialmente en el artículo 14 de las “Reglas procesales” donde se evoca la “falta de fe” de los contrayentes como posible causa de simulación o error en el consentimiento y por consiguiente de nulidad del matrimonio.

Hasta ahora la falta de fe como causa de invalidez del matrimonio es siempre excluída por la Iglesia, la cual se limita a elevar a sacramento el matrimonio natural.

Explicaba Benedicto XVI: “el pacto indisoluble entre hombre y mujer, no requiere, para fines de la sacramentalidad, la fe personal de los contrayentes; aquello que sí requiere, como condición mínima necesaria, es la intención de hacer aquello que hace la Iglesia”. Es decir la intención de casarse. Tanto es verdad que la Iglesia reconoce como sacramental también los matrimonios mixtos, con un cónyuge ateo o de otra religión: basta querer el matrimonio natural.

Ahora todo se voltea. Y, según el estilo bergogliano, se emplea una forma ambigua para hacer creer al mundo católico que la doctrina no cambia.

Así el 9 de septiembre, en “Avvenire”, el canonista Paolo Moneta sostenía que “la falta de fe no era causa de nulidad antes y no lo es tampoco hoy”.

Sin embargo, al mismo tiempo, Mons. Pinto, presentando el Motu proprio, ha exaltado “la novedad del pontificado de Francisco” y ha hablado del “sacramento celebrado sin fe” que llevará a un “desmesurado” número de nulidades “por la evidente ausencia de fe como puente hacia el conocimiento y por ende a la libre voluntad de dar el consentimiento sacramental”. Es algo que abre en verdad el camino a millones de anulaciones. ¡Millones!

¿Pero de cuándo a acá para casarse válidamente hace falta ser santos o titularse en teología en la (Pontificia Universidad) Gregoriana?

La Iglesia, para reconocer un matrimonio sacramental, siempre ha solicitado sólo la libre decisión de casarse, según las características del matrimonio natural.

Y siempre ha enseñado que la disposición espiritual de los esposos (su santidad) incide sobre los frutos del sacramento, y no sobre su validez.

Ahora todo cambia. Y entre las circunstancias que abren la posibilidad del divorcio superveloz está “la brevedad de la convivencia conyugal” o el hecho de que dos novios se hayan casado “por el embarazo imprevisto de la mujer”. ¿Y qué tiene que ver con la validez del consentimiento?

La increíble lista se concluye además con un “etcétera”. ¿Quiere decir que puede ampliarse a libre albedrío? ¿Pero qué jusrisprudencia es?

Serán las partes más débiles (las mujeres y los niños) las que pagarán los costos de esta revolución que desestabilizará a las familias, ya sobre pesado ataque de la cultura mundana.

Sor Lucía, la vidente de Fátima, dice un día al Card, Caffarra: “Padre, vendrá un momento en el que la batalla decisiva de Satanás con Cristo será el matrimonio y la familia”.

Henos aquí. Si es el tiempo del “obispo vestido de blanco” serán dolores para todos (¿recuerdan la visión de la ciudad en ruinas?).

Antonio Socci (*)
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(*): Información sobre él acá.