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miércoles, 29 de enero de 2014

PRUEBA INDUDABLE DE LA CAÍDA DE LA FSSPX



El 6 de julio de 1988, pocos días después de las “excomuniones” de Roma contra Mons. Lefebvre, Mons. De Castro Mayer y los cuatro nuevos  obispos de la FSSPX, una carta se dio a conocer. Iba dirigida al cardenal Gantin, Prefecto de la Congregación de los Obispos. Firmada por el Superior General, todos los Superiores de Distritos, de Seminarios y de Casas Autónomas de la FSSPX, el texto es el que sigue:


CARTA ABIERTA A SU EMINENCIA
EL CARDENAL GANTIN
PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN DE OBISPOS


EMINENCIA:
         Reunidos alrededor de su Superior General, los Superiores de distritos, seminarios, y casas autónomas de la Fraternidad sacerdotal San Pío X juzgan conveniente expresarle respetuosamente las siguientes reflexiones.
         Por medio de su carta del 1º de julio pasado Ud. se creyó obligado a informar a S. E. Monseñor Marcel LEFEBVRE, a S. E. Monseñor Antonio de CASTRO MAYER y a los cuatro obispos que fueron consagrados el último 30 de junio en Econe, su excomunión latae sententiae. Juzgue Ud. mismo sobre el valor de una tal declaración que viene de una autoridad que rompe en su ejercicio con aquella de todos sus predecesores hasta Pío XII, en el culto, la enseñanza y el gobierno de la Iglesia.
         En cuanto a nosotros, estamos en plena comunión con todos los Papas, y todos los Obispos que han precedido al Concilio Vaticano II, celebrando exactamente la Misa que ellos codificaron y celebraron, enseñando el Catecismo que ellos compusieron, oponiéndonos contra los errores que ellos condenaron muchas veces en sus encíclicas y cartas pastorales. Quiera Ud. entonces juzgar de qué lado se encuentra la ruptura. Estamos extremadamente apenados por el enceguecimiento de espíritu y el endurecimiento de corazón de las autoridades romanas.
         En cambio, nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missae, el ecumenismo indiferentista, y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no formamos parte, nullam partem habemus, del panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro discasterio no sería más que la prueba irrefutable. No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione, fuera de la comunión, del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años, excluidos de la comunión impía con los infieles. Creemos en el Único Dios, Nuestro Señor Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, y seremos siempre fieles a su Única Esposa, la Iglesia, UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA y ROMANA.
         El ser asociados públicamente a la sanción que fulmina a los seis obispos católicos, defensores de la fe en su integridad y en su totalidad, sería para nosotros una distinción de honor y un signo de ortodoxia delante de los fieles. Estos, en efecto, tienen absoluto derecho de saber que los sacerdotes a los cuales se dirigen no están en comunión con una iglesia falsificada, evolutiva, pentecostal, y sincretista.
         Unidos a esos fieles, hacemos nuestras las palabras del Profeta: (1 Reyes, 7/3) "Praeparate corda vestra Domino et servite illi Soli: et liberabit vos de manibus inimicorum vestrorum Convertimini ad Eum in toto corde vestro, et auferte deos alienos de medio vestri. " "Dirigid vuestros corazones hacia el Señor y servid a El Solo: y El os librará de las manos de vuestros enemigos. Convertíos a El de todo corazón y quitad de en medio vuestro a los dioses ajenos. "
          Confiados en la protección de Aquélla que ha aplastado todas las herejías del mundo entero, le rogamos Eminencia, crea Ud. en nuestra devoción hacia Aquel que es el Único Camino de la salvación.
                                                    
Econe, julio 6 de 1988


Decía entonces en 1988 la FSSPX:

nosotros jamás quisimos pertenecer a ese sistema que se califica a sí mismo de Iglesia Conciliar y se define por el Novus Ordo Missae, el ecumenismo indiferentista, y la laicización de toda la sociedad. Sí, nosotros no formamos parte, nullam partem habemus, del panteón de las religiones de Asís; nuestra propia excomunión por un decreto de Vuestra Eminencia o de otro discasterio no sería más que la prueba irrefutable

Y también:

No pedimos nada mejor que el ser declarados ex communione, fuera de la comunión, del espíritu adúltero que sopla en la Iglesia desde hace veinticinco años, excluidos de la comunión impía con los infieles.

Y allí estaba esa prueba irrefutable de la no pertenencia de la FSSPX a la nueva iglesia conciliar, esa barrera que la protegía (como alguna vez supo decir el mismo Mons. Fellay), y que la fortalecía para continuar la obra de Dios, y que luego las autoridades de la FSSPX pidieron que se les quitase.

Las autoridades de la FSSPX consideraron que era una ignominia ante los ojos de los fieles lo que antes consideraron una prueba de ortodoxia ante los ojos de los fieles.

Ser perseguido y marginado por conservar la verdadera Fe dejó de ser una señal de ortodoxia y un honor; la excusa de la caridad con “más fieles” significó una terrible caída: falta de confianza en Dios, visión naturalista, cobardía.
 
Esa “prueba irrefutable” ya no existe. Esa “distinción de honor y signo de ortodoxia delante de los fieles” se festejó en la FSSPX que se le quitase, que se le “limpiara” (y luego se criticó a los fieles que habían perdido la confianza en aquellos que se quitaron de encima lo que indudablemente los distinguía con su sello de “honor y ortodoxia”).

Ahora bien, si esa “excomunión” fue quitada, es porque una de las dos partes en cuestión cambió de parecer, cambió en su forma de pensar y de actuar.

Las autoridades de la FSSPX siempre han dicho que era Roma la que había cambiado, haciendo concesiones a la hábil “estrategia” de la FSSPX.

Pero sin embargo, esa Roma calificada de Iglesia conciliar sigue definiéndose por el Novus Ordo Missae (a pesar de que un papel diga que la Misa tradicional es la forma extraordinaria del rito), por el ecumenismo indiferentista y la laicización de la sociedad. Eso es absolutamente evidente.

Roma sigue siendo la misma, o incluso peor que entonces pues ha redoblado su astucia para no enfrentar directamente a la FSSPX sino atraerla mediante “concesiones” que no cambian en absoluto su forma de pensar.

Entonces, ¿quién ha cambiado su posición? ¿Roma o la FSSPX?

¿Quién ha cambiado su discurso? ¿Roma o la FSSPX?

Entonces, ¿puede o no hablarse de una Neo-FSSPX?