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viernes, 6 de diciembre de 2013

CARTA ABIERTA DEL PADRE RIOULT AL DISTRITO DE FRANCIA






Estimados cofrades,

Ya que el B.O. de la FSSPX (n°251) me nombró explícitamente en julio de 2013, les pido algunos minutos de atención para escuchar mi “derecho a responder”.

Les suplico, por principio, no darle ningún crédito a la afirmación del Padre Thouventot que dice que nosotros estaríamos buscando “hacer estallar la Fraternidad”. Yo le debo todo a la Fraternidad e incluso le lego todo por testamento. Nuestra finalidad fue el mismo objeto de acción de gracias de Monseñor Fellay en Kansas City en octubre de 2013: ser “preservados de toda clase de acuerdo”, pues esto hubiera sido una gran “desgracia”.

Los deseos…

El Padre de Cacqueray afirma que “sería verdaderamente una paradoja y una obra del diablo querer dejar la Fraternidad cuando tal Declaración acaba de producirse (27 de junio de 2013). Es bajo el cayado de nuestro Superior general, y no con los francotiradores, que debemos continuar llevando el combate de la Fe”. Pero el Padre de Cacqueray tuvo que escribirles tres páginas para tranquilizarlos respecto a esta Declaración, mientras que no se requirió ningún comentario para la Declaración del 21 de noviembre de 1974. “Llevar el combate de la Fe bajo el cayado de nuestro Superior general”. ¡Sea! Pero desde el 2002, ¿dónde están los comunicados de la Casa General que condenan oficialmente a Roma? Peor aún, los comunicados incluso han favorecido las mentiras romanas. Monseñor Tissier, en el editorial de Le Sel de la Terre (n° 85, verano de 2013), habla de “mentira y de equívoco” respecto al motu proprio de Benedicto XVI sobre la misa y el levantamiento de las excomuniones. ¿Es así como habla Monseñor Fellay? ¿Por qué el Padre Nély, en privado, desaconseja a los cofrades la lectura de este artículo de Monseñor Tissier, describiéndolo como malo o sin interés?

El Padre de Cacqueray nos dice combatir “con inteligencia y prudencia, con espíritu sobrenatural y en la obediencia a nuestros Superiores”. ¡Sea! ¿Pero, por qué al regresar de Menzingen con el Cor unum 104, afirmó que un“acuerdo era inevitable” y que él no estaba “en condiciones de exigir la obediencia de sus subordinados hacia Monseñor Fellay?” El Padre de Cacqueray, en privado, ha criticado fuertemente las desviaciones de la Casa General. Lo hizo a justo título, con valor e inteligencia. Pero públicamente ¿qué es lo que queda? Dos afirmaciones que deforman la realidad: a) L.A.B.n°80 : El Padre de Cacqueray expresa a Monseñor Fellay su “reconocimiento por su valiente rechazo que le dirigió al Papa”. b) B.O. n°251 : El Padre de Cacqueray escribió: “Nuestro Superior general nos comunica ahora esta otra Declaración. Que él sea vivamente agradecido por ello”.

Pero en privado, el Padre de Cacqueray le dijo a un cofrade, el 11 de junio de 2013, que la declaración del 15 de abril de 2012, si bien retirada, fue amplificada por la publicación del Cor Unum 104 y por la carta a Benedicto XVI del 17 de junio… Pero a finales de julio de 2012, el Padre de Cacqueray planteó el verdadero problema: “Una vez que no fueron capaces de respetar las decisiones del Capítulo de 2006, ¿por qué respetarían mañana los compromisos hechos hoy?” Los agradecimientos son entonces inoportunos mientras que las injusticias no hayan sido reparadas y los errores claramente renegados. ¿Usted tal vez se escandaliza de tales exigencias? Estas son clásicas en la historia eclesiástica. En las Actas de Cartago, el diácono Paulin declaró respecto de un cura fautor de errores: “Una de dos: o niega haber enseñado eso o que lo condene”.

Y la realidad

La realidad no es desgraciadamente la descrita oficialmente por el Padre de Cacqueray. La realidad es que Monseñor Fellay ha sido PARCIAL al desatender el análisis de Monseñor Lefebvre (1988-1991), DESOBEDIENTE al capítulo de 2006, IMPRUDENTE al despreciar las advertencias de los obispos e INFIEL al componer una declaración impía (15 de abril de 2012). Además, el Superior General tuvo una actitud DESHONESTA al practicar la mentira, la manipulación de textos… sin olvidar los pecados por omisión y las contradicciones evidentes, ocultas bajo el falaz pretexto de “saber leer entre líneas”…

En abril de 2012, el Padre de Cacqueray afirmó que la declaración de Monseñor Fellay era “escandalosa, que atentaba contra el honor de la Fraternidad y que él se esforzaría en obtener la retractación solemne en el curso del Capítulo” El 15 de junio de 2012, Monseñor de Galarreta le confió a un cofrade: “Monseñor Fellay comprenderá que él no puede mantenerse pues ha decepcionado a aquellos que esperaban un acuerdo y los otros le dirán: ¡todo eso para nada!” Después del Capítulo, el Padre de Cacqueray constataba que “la condición del 2006 ha sido completamente abandonada. En mayo de 2013, Monseñor Tissier de Mallerais declaró al contenido del Cor Unum 104 como “demasiado deplorable para ser comentado, muy evidentemente insatisfactorio para ser aprobado, demasiado escandaloso para no avergonzar a quien corresponda”. Al final, no hubo la “retractación solemne” sino un abandono de nuestras posiciones con un Superior que se ha mantenido por una actitud oficial “deplorable”, “insatisfactoria”, “escandalosa” “vergonzosa”.

Nuestro bien común

¿Qué esperan estos cofrades para sacar las consecuencias de estos hechos? Ellos saben escribir los números pero no se atreven a hacer la suma. ¿Habrá que esperar a que Monseñor Fellay concelebre la misa de Paulo VI con una guitarra para actuar públicamente? En lugar de tener una opinión eficaz, ellos han pensado que lo que sería beneficioso es imposible, olvidando que los límites de lo posible se desvanecerían si solamente ellos tuvieran la audacia de decir en voz alta lo que piensan. El demonio les habla de unión para detenerlos, ellos olvidan inmediatamente que solo la unión es fecunda cuando se hace sobre principios ciertos, y que de otro modo, esta palabra no sirve mas que para cubrir un malentendido donde los más honestos son burlados por los más bribones.

La Casa General ha dicho y cometido enormidades que han herido muy gravemente a nuestra Fraternidad. La advertencia de Monseñor Lefebvre vale también para nosotros:

« No son los inferiores que cambian a los superiores, sino los superiores que cambian a los inferiores »1 ¿Qué se puede esperar de Monseñor Fellay que es capaz de decir: “La nueva misa evacúa el Sacrificio de la Cruz”  (junio de 2013) y la nueva misa fue “legítimamente promulgada” (abril 2012) o que el Vaticano II ha “inaugurado un nuevo tipo de magisterio imbuído de principios modernistas” (junio 2013) y “El Concilio Vaticano II aclara y explica ciertos aspectos de la vida y de la doctrina de la Iglesia” (abril 2012)?

Tal contradicción doctrinal, en tales circunstancias (50 años del Vaticano II), por un hombre de su calibre (el Superior general), debió ser suficiente para provocar en nosotros una indignación saludable.

Perdiendo su credibilidad, Monseñor Fellay la hizo perder a toda la Fraternidad y a cada uno de sus sacerdotes.

Como bien lo dijo el Padre Chazal: “La Fraternidad ha perdido su virginidad doctrinal”. Monseñor Fellay ha afectado la cohesión de la Fraternidad comprometiendo su bien común. Él ha fisurado las convicciones doctrinales fuertes que pedían nuestra lucha sin descanso. Y los superiores mayores de la Fraternidad han preferido, en el Capítulo, la unidad a la verdad, el renombre de un hombre al amor de la verdad. ¡Ese es el veneno mortal! Un falso principio, que parece aceptado implícitamente por todos, rige de ahora en adelante nuestra Fraternidad: “La autoridad es intocable y/o el superior es infalible”. Decir que un superior es indigno y que debe renunciar, ¡sería una blasfemia o un pecado contra el Espíritu Santo! Esto es ridículo pero tal es el espíritu que reina entre nosotros. Si no hay reacción, este principio nos matará en un término más o menos breve.

« La mayor desgracia para un siglo, es el abandono o la disminución de la verdad. Podemos recuperarnos de todo el resto; pero jamás del sacrificio de los principios… El más grande servicio que un hombre puede dar a sus semejantes en las épocas de desfallecimiento y de oscurecimiento, es el de afirmar la verdad sin miedo, aunque no se le escuche”.2

Una nueva línea…

Cuando Monseñor Lefebvre afirmó que en caso de acuerdo “no es suficiente decir: no hemos cambiado nada en la práctica…”3, Monseñor Fellay intenta lo contrario: “seal cual sea el acuerdo: no hay compromiso. Permanecemos tal como somos” (The Angelus). Y esta utopía suicida ha sido reafirmada en la Declaración del 25 aniversario de las consagraciones, pretendiendo seguir “la regla que Monseñor Lefebvre siempre observó”: “…sea que Roma nos reconozca el derecho y el deber de oponernos públicamente a los errores y a los fautores de estos errores, sean cuales fueren…”.

¿Es buscarle tres pies al gato el ver estas contradicciones? Y si se ven, ¿hay que callarlas? Cómo es posible que tantos cofrades no hayan visto lo que un laico vio y escribió en 2009 al Padre de Cacqueray. Este fiel se inquietaba de “la euforia histérica” de Monseñor Fellay que denotaba una “gran ignorancia de la hermenéutica de la continuidad”, estaba también escandalizado de su “mentira descarada”“embaucando” a los fieles que “habían sido complacidos por la TSVM…”. Luego concluyó: “Las discusiones fracasarán necesariamente. Esto para mí es, estimado Padre, una certeza. La táctica imprudente de la Fraternidad, sus condiciones previas calamitosas, no pueden llevar más que a este callejón sin salida, del cual no veo cómo ella podrá salir, si no es con graves daños. Dios le pedirá cuenta a nuestros obispos, pues su finalidad es la de predicar la verdad, no la de dialogar con los anticristos”.

Cuando le preguntaron a Monseñor Fellay: “¿Cuáles signos debemos esperar que nos muestren que el regreso a la Tradición ya se realizó? 4 Su respuesta es: “Es muy difícil decir por dónde comenzará. Es muy difícil decir que empezará por esto o aquello. Con el Papa Benedicto XVI tuvimos el gran signo de la liturgia...” A la misma pregunta, Monseñor Lefebvre respondió:
“Cuando nos plantean la pregunta de saber cuándo habrá un acuerdo con Roma, mi respuesta es simple: cuando Roma vuelva a coronar a Nuestro Señor Jesucristo. El día en que ellos reconozcan de nuevo a Nuestro Señor como rey de los pueblos y de las naciones, no es a nosotros a quienes ellos se unirán, sino a la Iglesia Católica en la cual permanecemos nosotros (Flavigny, diciembre de 1988).

Después de todo esto ¿podemos pretender que la Fraternidad no ha cambiado de línea? En 1988, todos admitían que una “Roma neo-modernista se manifestó claramente desde el Vaticano II…”  y que “la sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma” estaban “ocupados por anticristos”.  Pero 25 años después, se pasó de lo explícito a lo ambiguo. ¿Dónde están las acciones de guerra contra esta Roma modernista? Contentarse con la declaración de junio de 2013 (mejor que la de abril de 2012), es contentarse con una disminución de la fiebre sin querer extirpar el principio mortal que está todavía en el cuerpo. ¿Para cuándo la recaída?

Y un nuevo espíritu

¿Podemos tener confianza en aquellos que han querido un acuerdo con el montañés Benedicto XVI, que no fue más que la Revolución desacelerada, bajo pretexto que se rechaza este acuerdo con el jacobino Francisco que es la Revolución abierta? ¡No! Porque sea jacobino o montañés, jamás se hacen acuerdos con la Revolución.

¡Esto debió ser evidente para todo “contrarrevolucionario”!5 Algunos miembros de la Fraternidad, con ingenuidad, creyeron que un acuerdo con la iglesia conciliar sería una victoria para la Tradición. Se parecen a los corderos creyendo invadir un matadero…

Pero si tantos cofrades se dejaron seducir, no es porque se haya hecho mucho para tentarlos, sino más bien porque estaban ansiosos de ceder a la tentación.

Los moderados se acomodan bien deprisa a los principios de la Revolución en cuanto hay una apariencia de orden. Ellos olvidan rápido, demasiado rápido, el peligro del desorden establecido y de la subversión instalada en los principios.

“Monseñor Fellay”, me dirán ustedes, “ha dicho que ya no quiere acuerdo”.¡Sea! Por el momento. Pero de todas maneras el problema no está allí. El acuerdo es una consecuencia del problema, no su causa. El problema, es una cabeza liberal que estuvo a punto de hacer el acuerdo, que vive en la contradicción de los principios, que tiene una espiritualidad sobrenaturalista, una noción sectaria y/o tiránica de la autoridad y una prédica disminuida y calculada de Cristo Rey, cuidando de no disgustar a ciertos enemigos de Cristo Rey…

Ciertas reflexiones de Abel Bonnard, en Les Modérés, que no han perdido actualidad un siglo después, merecerían ser más conocidas. Tratan de la psicología de los liberales. He aquí algunas para leer como las reflexiones de Aristóteles citadas por Santo Tomás.

« Los moderados son liberales que ya no tienen fe en ellos mismos » ; « Ellos son moderados, no por los principios que les pertenecen, sino por dar un paso menos en el mismo sentido que sus adversarios, siendo un poco más tímidos en los mismos desatinos”; “Su papel es inmenso en la historia. Son los introductores de las catástrofes: ellos tienen, al anunciar el Progreso, abierta la puerta al Desastre. Los liberales son los personajes más vanidosos de la historia. Ellos quieren que la política sea un debate y no un combate”6; “El primer realismo, en política, es conocer los demonios que están escondidos en las palabras”; “La pasión por la verdad parece siempre una inclinación de mentes estrechas, es demasiado fácil, al contrario, pasar por imparcial permaneciendo superficial, y por objetivo, respetando igualmente todos los ídolos”.

Las exigencias de la verdad

« Pero », me dirán ustedes  « ¿esto da el derecho de desobedecer? » Pero pedir a Roma “el derecho y el deber de oponerse públicamente a los fautores de errores sean quienes fueren” ¿qué es entonces? ¿Cómo puede la Fraternidad, decentemente, exigir de otros un derecho que ella misma no respeta?

« El error, una vez constatado, escribe el P. Montrouzier, de la Compañía de Jesús,  debe ser perseguido entre todos sus partidarios, sea cual fuere su rango, su posición e incluso la eminencia de sus conocimientos y de sus servicios… La caridad no es la indolencia: todo peligro de seducción debe ser señalado, incluso a riesgo de comprometer a los personajes que hasta ese momento fueron vistos como irreprochables”. Y luego, como lo señala  Abel Bonnard: “La palabra servir tiene un bello significado, pero está muy cerca de la palabra servil”. Nuestro Señor mismo fue acusado de ser sedicioso y perturbador del orden por haber dado testimonio de la Verdad. El orden que se debe observar en la caridad pide sobre todas las cosas, amar la verdad. Pero muchos están por la Verdad con la condición de no tener que sufrir nada por ella.7

¿Creen ustedes que el hecho de gritar el escándalo ante los hechos que hemos vivido y que son fruto de la política sediciosa de la Casa General justifica las expulsiones de la Fraternidad? ¿Pueden ustedes aceptar que se les mienta? ¿Qué se manipulen oficialmente los textos? ¿Qué se destruyan, contra el derecho mismo de nuestra Fraternidad, las decisiones fundamentales del Capítulo de 2006? Además, ¿pueden ustedes aceptar que un Superior de distrito usurpe su identidad para hacer uso fraudulento de ella?

El Padre de Cacqueray nos dice : “Sean cuales fueren las dificultades de estos últimos dos años, constatamos en este texto que las posiciones de la Fraternidad se expresan claramente… desde el momento que el estandarte de la Fe está orgullosamente desplegado contra las herejías, sepamos pasar por todo lo que queda de accesorio y accidental… Si nosotros creemos haber sido víctimas de injusticias o de incomprensiones, o si lo hemos sido realmente, pidamos la gracia de saber regocijarnos y ofrezcamos esto en sacrificio por este gran combate de nuestra Fe”.

He aquí una manera no solamente un poco rápida sino también falsa de contemplar el problema.

« Estos falsos espíritus, que han traicionado las obligaciones de la vida activa, notablemente las obligaciones del honor y de la justicia, han matado en su corazón la posibilidad de la verdadera contemplación; ellos se han hundido en una oración de mentira. (…) la caridad por el prójimo no puede dejar fuera el sentido del honor. Así, no defender a los inferiores que se tiene a cargo, abandonarlos, dejar que se les calumnie, aplastar, exiliar, cuando se es su jefe legítimo, dejarlos ir y con palabras piadosas (“querido amigo, esto te aprovechará para avanzar espiritualmente”), en una palabra, conducirse como un cobarde, es evidentemente faltar gravemente al honor y a la justicia, pero es al mismo tiempo, una grave falta de caridad. El jefe que tiene la costumbre de actuar así, se evita tal vez a sí mismo las dificultades y molestias, pero comete la iniquidad. Me pueden decir que él es un hombre de oración, yo les respondo que es sobre todo un hipócrita piadoso. El desconoce una de las primeras obligaciones de la vida activa, que es amar lo suficiente para practicar la justicia, incluso a su costa. Por lo tanto ¿cómo la contemplación será auténtica en su alma?”  (Padre Calmel, Itinéraires n° 76, La contemplación de los santos).

« El estandarte de la Fe » ¿está verdaderamente “orgullosamente desplegado contra las herejías del mundo moderno”, cuando el Padre Rostand se unió a la oración ecuménica de Francisco, y eso sin una sanción por parte del Superior General? La carta de los tres obispos no se equivocó de constatar:
« ¿No vemos ya en la Fraternidad los síntomas de esta disminución en la confesión de la Fe?”

¿Paternidad o tiranía?

El Padre de Cacqueray espera « de todo corazón que esta Declaración doctrinal permitirá a aquellos que no están ya con nosotros, obispo, antiguos miembros de la Fraternidad o comunidades amigas, de regresar al aprisco. Citamos especialmente al Padre Olivier Rioult. (…) Nosotros invitamos a cada uno a permanecer firme en la Fe y a no pensar que existiría como “un estado de necesidad en el estado de necesidad” que permitiría tomar no importa cuál iniciativa”.

Que Dios recompense al Padre de Cacqueray por sus intenciones. Pero solamente el que ha destruido la unidad de la Fraternidad puede reconstruirla: reparándola y amnistiando. ¿Dónde están las llamadas del pastor invitando a su rebaño a “regresar al aprisco”? Rebaño que no ha hecho otra cosa que luchar con todas sus fuerzas contra el error acuerdista y el honor de la Fraternidad. El Padre de Cacqueray reconoce valientemente, lo que no hace el Padre Simoulin ni la Casa General, que durante dos años ha habido en la Fraternidad “un estado de necesidad en el estado de necesidad”. Esta frase manifiesta la legitimidad de las posiciones de Monseñor Williamson y los sacerdotes que han sacrificado su tranquilidad para cumplir su deber contra los fautores de errores, “sean quienes fueren”.

¡« Regresar al aprisco »! Ciertamente pero ¿cuál? ¿Un aprisco en donde se encuentra normal que a puerta cerrada Monseñor Fellay haga “tácitamente” creer en un “mal paso”, para enseguida pretender que su Declaración fue un“texto suficientemente claro” y escribir en el Boletín oficial haber sido engañado por Roma e incomprendido por “cofrades eminentes que vieron una ambigüedad, una adhesión”? ¿Un aprisco donde se acepta la negativa del Superior general de reconocer intelectualmente su Declaración de abril de 2012 por lo que es: la hermenéutica de la continuidad? ¿Un aprisco donde se soporta que la cabeza de nuestra Congregación toque el principio de no contradicción y engañe a los miembros del Capítulo? ¿Qué hacen los generales de nuestro ejército?

Monseñor Lefebvre deseaba un poco más de energía:
« Ellos se quedan. Ellos no toman la decisión de irse o de fundar otro monasterio, o de pedirle a Dom Gérard de dar su renuncia y sea reemplazado… no, nada… obedecen. (…) es lamentable ver con qué facilidad un monasterio que está en la Tradición pase bajo la autoridad conciliar y modernista. Y todos se quedan”. (Écône, 8 oct. 88).

Y si los Generales no hacen nada, ¿qué esperamos para imitar a los vendeanos que fueron a buscar a sus jefes a sus castillos y, en el caso de uno de ellos, hasta su cama? Estos nobles Señores, una vez  frente a su deber, se convirtieron en héroes y mártires. Ellos tenían, es verdad, el sentido de la autoridad que ya no está en la verdad: Si yo avanzo, síganme, si retrocedo, mátenme…

¡Dios mío, danos jefes, santos jefes, muchos santos jefes!

Dominus vobiscum.

Padre Olivier Rioult,

El 21 noviembre 2013.
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NOTAS:
1 Fideliter N°. 70 Julio-agosto 1989.
2 Mons. Freppel, Panégyrique de saint Hilaire, 19 de enero de 1873.
3 Écône, conferencia del 8 octubre 1988.
4 The Angelus, el 20 abril 2013 - DICI del 07/06/13.
« Nosotros escogimos ser contrarrevolucionarios con el Syllabus, contra los errores modernos… Entre más analizamos los documentos del Vaticano II y la interpretación que le dieron las autoridades… más nos apercibimos de una perversión del espíritu… Nosotros no tenemos nada que ver con esa gente, pues nosotros no tenemos nada en común con ellos… a fuerza de decir que ellos están a favor de los derechos del hombre, de la libertad religiosa, de la democracia y la igualdad de los hombres, ellos tendrán un lugar en el gobierno mundial, pero será un lugar de servidores… o bien nosotros estamos con la Iglesia católica o estamos en su contra, nosotros no somos de esta iglesia conciliar que es cada vez menos católica, prácticamente ya nada”.  Conferencia de Monseñor Lefebvre durante el retiro sacerdotal de septiembre de 1990 en Ecône,- Fideliter n! 87, mayo-junio de 1992, pág.8.
« Vivimos en un tiempo excepcional, creemos apocalíptico” (Monseñor Lefebvre, Retiro en Ecône, septiembre de 1986)
« Verdaderamente un hombre de honor, cualesquiera sean los deberes hacia su sociedad, debe estar en guardia de sí mismo. Él no puede aceptar obligaciones que abrumen su alma y aunque parezca pensar solamente en su persona, él cumple al contrario un deber primordial hacia la comunidad de la que forma parte”.
(Abel Bonnard)