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jueves, 24 de octubre de 2013

EL TUMOR, EL BISTURÍ Y EL ESPARADRAPO II



Por el Padre François Chazal


1.- La conversión de Monseñor Fellay

Martín Lutero y Juan Calvino se hubieran horrorizado de las herejías de Francisco desde el primer momento, mientras que nosotros tuvimos que esperar hasta el 12 de octubre de 2013. Finalmente, es oficial, después de siete meses de un silencio ensordecedor, Monseñor Fellay afirma que el Papa Francisco es un mal Papa: conferencia “rebranding” en Kansas City, sermón comentando las acciones conocidas de este terrible sucesor de Pedro, puesta al día gradual (aunque aún decepcionante) de los sitios oficiales, todo muestra un cambio en relación a los cambios impuestos anteriormente sobre la manera de ver cómo Roma ha cambiado. Desde el 2000 hasta ahora, Roma “había cambiado” en el buen sentido, aunque sin haber cambiado totalmente; mientras que ahora, Roma vuelve a cambiar en el mal sentido (aunque conservando ciertos “cambios” positivos pero raros).

Desde el punto de vista de Menzingen, es Roma quien ha « cambiado », no nosotros, aunque nosotros cambiemos de punto de vista, de manera que si Roma « cambia » otra vez en favor de la Tradición, como bajo Benedicto XVI, nosotros cambiaremos mañana, así como cambiamos ahora este 12 de octubre y como cambiamos anteriormente.

Todo el problema está allí, porque la Revolución propone sin cesar, de manera alternativa, destructores y conservadores. Luego de la lluvia franciscana del papa actual, ¿estamos dispuestos a no dejarnos sorprender por un supuesto “buen tiempo” nuevo, igual que con Benedicto XVI? ¿La Fraternidad no cambiará entonces?

Otro cambio de discurso: Monseñor Fellay agradece al Cielo que nos haya preservado de firmar un acuerdo canónico en 2012. Por lo tanto, todos aquellos que se levantaron públicamente en contra de un tal acuerdo y que han perseverado en el rechazo categórico de este, rechazando los principios acuerdistas del Capítulo de 2012, en virtud de los principios enunciados por Monseñor Lefebvre, principios reconocidos solemnemente en el Capítulo de 2006, a  todos esos locos anti-acuerdistas… les han “dado las gracias”.
La versión oficial es que no han sido ellos los que impidieron la firma, sino que fue Roma quien, el 13 de junio de 2012, hizo tales cambios al texto de la Declaración del 15 de Abril, que en las circunstancias presentes “desgraciadamente” (sic) tal texto no pasaría en la Fraternidad (cf. carta del 17 de junio 2012, Cor Unum 104).

Ahora, sin preocupaciones, otra vez nos podemos oponer públicamente a los acuerdos sin ser molestados. Gran cambio respecto al 2012. Si los pobres padres de la resistencia hubieran esperado un año, todavía estarían en el calorcito. La elección del ultra-revolucionario Francisco hubiera calmado sus últimas inquietudes en cuanto a un acuerdo, pero he aquí que siguen inquietos, principalmente en la “web”.

¿Por qué los padres de la Resistencia continúan su combate?

2.- El tumor ¿ha cambiado?

Desgraciadamente no, solo para peor, como el papado actual, dicho sea de paso.

La Declaración doctrinal todavía está allí, en este discurso reciente, todavía intacta.

Hay que comprender una cosa importante; insisto y me atrevo casi a decir que soy infalible en este tema: el Papa es infalible pero puede equivocarse, mientras que Monseñor Fellay es infalible incluso cuando se equivoca. (Algunos dicen sobre todo cuando se equivoca).

Es así que Monseñor acaba de reiterar, por enésima vez este 12 de octubre, su posición sobre la Declaración del 15 de Abril. Esta, es un texto sutil, incomprendido y aceptable tomado en su conjunto. Él piensa que cuando peor, todo lo que podría reprochársele, es el dejar ambigüedades que podrían ser resueltas si nos tomáramos el trabajo de analizar el contexto.
Estas ambiguedades del texto son bastante significativas:

1.- El Vaticano II ilumina la vida de la Iglesia,
2.- La nueva Misa ha sido promulgada legítimamente,
3.- Los sacramentos novus ordo son todos válidos per se,
4.- Hay que seguir principalmente el nuevo Código,
5.- La profesión de Fe de 1989 (del Card. Ratzinger) es válida.

Pregunta: ¿Son éstas simples ambigüedades?

Si la Declaración doctrinal no contuviera más que estos errores no ambiguos, sería puramente errónea. El error sería fácilmente detectable por todos, y el texto no sería tan peligroso.


El problema es la ambigüedad modernista que consiste en decir que seguiremos la Tradición completa, inmutable, continua, ininterrumpida, infalible, insistiendo que solo pensamos en esto… mientras que pisoteamos esta misma Tradición algunos párrafos más adelante.

Monseñor Fellay repite a quien quiera escuchar que él ha puesto el principio de la tradición inmutable a la cabeza del documento, él se niega a comprender que eso es precisamente lo que nos horroriza: la idea de que él se va a servir de la Tradición para afirmar tales errores. “Sí, usted puso la Tradición a la cabeza del documento; pero ¿cómo es posible que la Tradición lo haya hecho aceptar tales errores, en lugar de que lo haya hecho condenarlos inmediatamente?”.

Es modernista el pensar que la idea de Tradición pueda ser tan fuerte hasta el punto de darle una naturaleza tradicional a esas afirmaciones francamente erróneas o contrarias a esta misma Tradición. Monseñor Fellay se niega a ver la irreductible oposición entre el principio (dudoso) de la Declaración del 15 de abril y los cinco errores que lo siguen. Esta negativa es mucho más grande (por peligrosa) que los cinco errores mismos.

Estamos tratando con una enfermedad del espíritu, una decadencia de los conceptos, lo que se llama comúnmente modernismo… Y hay varias moradas en la casa del modernismo, una en Roma y otra en Menzingen. (Pequeño problema técnico en Menzingen: todos prestan el juramento antimodernista, mientras que en Roma ya no practican este doble juego).
Esta enfermedad es tan profunda, que toca el principio de la no-contradicción y generalmente es incurable, en Menzingen o en otro lugar.

Y es esta misma enfermedad que Monseñor Fellay le reprocha a Francisco, de una alocución escandalosa a otra casi tradicional. Le reprocha sin apercibirse que la Declaración Doctrinal sufre de lo mismo…

Pobres de nosotros que no podemos comprender, dice Monseñor Fellay, que si ponemos a la Tradición como principio absoluto, enseguida podemos utilizar expresiones sutiles, aparentemente ambiguas (los cinco puntos), para hacer pasar no el error, sino la misma Tradición. Nosotros jamás comprenderemos que la mejor manera de combatir el Vaticano II y sus reformas, es reconocerlo en cierta medida… “nosotros nos atrevemos a decir que hay algo católico en el Vaticano II” (minuto 17 del sermón del 13 de octubre de 2013). Digamos que es un modernismo yuxtaposicionista.

3.- El progreso del error

En estas condiciones ya no podemos entendernos; ha llegado el tiempo de la destrucción de estas cinco novedades fuera de la influencia de Menzingen. Ciertamente, estamos un poco atormentados exteriormente, pues no siempre es fácil materialmente y nuestros pequeños grupos están muy dispersos, pero la paz reina en los corazones, y  el camino es claro.

Entretanto, los errores de Menzingen bajan los escalones de la jerarquía. La conferencia del Padre Themann, profesor en Winona ha sido ampliamente difundida, es el mismo modernismo: aquellos que piensan que “legítimamente promulgada” quiere decir “legítimamente promulgada” no han comprendido nada, dice el joven sacerdote. En virtud del contexto, “legítimamente promulgada” quiere decir “autoridad legítima promulgante”.

No todos los padres de la Fraternidad  están a favor de la Declaración del 15 de abril, pero una nueva manera de ver el Vaticano II ha salido a la luz: es interpretable, no de manera ratzingeriana (hermenéutica de la continuidad), sino de manera “tradicional”, si se cambia lo que debe ser cambiado en estas grandes ambigüedades, a un sentido tradicional (entrevista a Nouvelles de France). Nuestro espíritu no es lo suficientemente sutil para ver la diferencia entre estas dos interpretaciones (de hecho, no la hay).

Otra cosa profundamente inquietante es el uso del nuevo código de derecho canónico. En las cartas de expulsión que son distribuidas, el nuevo código figura incluso antes que el antiguo.  Me he asegurado de ello por el Padre Ortiz, que acaba de ser expulsado, nada ha cambiado desde el 2012.

Todas las irregularidades que sobrevinieron durante la cacería de brujas y las expulsiones, como la del Padre Rafael OSB (de la cual es culpable Monseñor de Galarreta), demuestran también un desprecio del derecho como tal.

Las pústulas liberales emergen aquí y allá, incluso en los cofrades que creíamos antiliberales y en los fieles constatamos una mundanidad y una mentalidad contraceptiva creciente, alentada por estos sacerdotes que recomiendan el método natural, los matrimonios mixtos con los Ecclesia Dei, el tradi-ecumenismo…

En algunos lugares, la juventud abandona totalmente la práctica religiosa.
Todavía no sabemos dónde estamos respecto al branding. ¿Qué pasó con los 70 millones de euros Rothschildianos? ¿La Fraternidad es una corporación registrada bajo el título “Dello Sarto AG”? ¿Los bienes de los distritos respectivos están centralizados? ¿Los bienes inmobiliarios de la Fraternidad son utilizados como garantía para el préstamo de dinero?  ¿Sigue Krah sentado en los negocios íntimos de la Fraternidad? ¿Los judíos siguen siendo “nuestros hermanos mayores”, como dijo Monseñor Fellay? Todas las respuestas son opacas.

Y que no vengan a decirnos que exageramos. No es la primera vez que vemos un boletín de la Fraternidad titulado estúpidamente “la ardilla voladora”, publicar una homilía entera de Francisco en la cual elogia al Padre Arrupe, SJ, que llegó al punto de impedir que Paulo VI durmiera. No es la primera vez que, cuando Francisco lanza una llamada para una vigilia de oración con las falsas religiones, que un superior de distrito:
-responda a este llamado,
- publique este llamado a las falsas religiones,
- y que en lugar de hacer orar en reparación, pide a los fieles rezar por la paz con el papa al momento en que este papa hace descender la guerra en este mundo al pisotear el primer mandamiento.

Finalmente, las numerosas y desafortunadas citas del consejo general deben ser retractadas una por una: cf. Entrevista a CNS, la teoría del 95% de bueno en el Vaticano II, la afirmación que el Vaticano II no es una super-herejía… Igual con las seis condiciones del Capítulo… Humanamente, una vuelta atrás es imposible, tanto más que la concepción menzingeriana de la autoridad es que la autoridad no puede quedar mal (lo que incluye a Roma actual, la conferencia de Monseñor Fellay en Lille el 7 de mayo), y que además el superior general es el único intérprete infalible de lo que dice, incluso si el sentido obvio de las palabras deja mucho que desear; y aunque sus palabras fueren desgraciadas, el contexto llegaría a su rescate para darle un sentido no solamente ortodoxo, sino altamente diplomático. No estamos fuera de peligro.

4- Caritas non cogitat malum

La verdad es la verdad, incluso al lado de una montaña de hipocresías que no quiero enumerar. Monseñor Fellay trata a Francisco de modernista y se regocija que no haya habido acuerdo. El espera incluso un gran castigo general como Monseñor Williamson.

¡Tanto mejor para la Fraternidad, esperemos que ese castigo la ayude a reaccionar!

Si Monseñor Fellay hubiera podido poner sus deseos reconciliacionistas en ejecución (¿recuerdan el sermón de Pentecostés 2012, “es Roma la que quiere reconocernos?”),  más sacerdotes se nos hubieran unido, pero sería el fin de la Fraternidad. Yo no he deseado tal catástrofe, ni siquiera para engrosar los flacos rangos de la resistencia; sin embargo, el liberalismo rampante en el interior de la Fraternidad es un peligro mucho más grave y más difícil de erradicar que la sola firma de un reconocimiento canónico con la nueva Roma fornicaria.

El veneno mortal del liberalismo sigue a la obra, ha ganado muchos puestos importantes, y los buenos, como el Padre Scott se dejan enviar con los babuinos de Zimbabwe, se dejan hacer a un lado. La línea doctrinal ya no es la misma que antes, y los razonamientos modernistas del Superior General en la Declaración Doctrinal no auguran nada bueno.

Para nosotros lo mejor que se puede hacer es permanecer fuera y jamás reconciliarnos con Menzingen, en tanto el nulla partem con los herejes no haya triunfado oficialmente en la cabeza y los miembros de este cuerpo profundamente enfermo y en tanto Menzingen se niegue a comprender que una verdad yuxtapuesta a un error es más que un error, es la perversión total del espíritu, como decía Monseñor Lefebvre respecto al Vaticano II.
Lo último del modernismo es el uso de la verdad para hacer pasar el error. Pobre de mí, que creía que todo el mundo había aprendido esto en Ecône.

5- Al Final

« Si se predica a Cristo, sea por envidia o con verdadero celo, me alegro y me regocijo”, dice el Gran San Pablo.

Si demolemos al infame Francisco, no puedo más que alegrarme. Estamos aquí, dice también San Pablo, “para demoler todas las construcciones del demonio” y quién puede negarlo, de todas las maquinaciones históricas de Lucifer, la Roma modernista es quien merita todas las condenaciones y todas las detestaciones posibles, hasta que la medida de sus iniquidades sea llena y la cólera divina caiga sobre ella.

Esta nueva Roma es un insulto a Dios, entre más seamos los que la atacamos, mejor. Bienvenido, Monseñor, a la periferia de la antesala de la zona contigua al redil. El barco se hunde más lentamente, al parecer. Bombee mientras pueda, pero bombee agua, no aire; todos nuestros votos y nuestras oraciones lo acompañan.

In Iesu et Maria

François Chazal+