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viernes, 20 de septiembre de 2013

EL ESCÁNDALO DE CADA DÍA, FRANCISCO LO SUMINISTRA

Francisco criticó a una Iglesia "obsesionada" sólo con el aborto y el matrimonio gay

¿Por qué se ríe tanto Francisco? ¿Por el estado de la Iglesia, por cómo va el mundo, por el cargo que ostenta "tan insalubre"?



Algunos pasajes de la entrevista a Francisco (nuestros comentarios en rojo):

“Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas… Y hay que comenzar por lo más elemental”.

“Tras una batalla…”, es decir que para Francisco ya no se pelea, la batalla terminó, la Iglesia no es más militante. Es la Nueva Iglesia Dialogante del infame Vaticano II. También, no es la primera vez que insiste con aquello de “después hablaremos del resto…”, es decir, de la verdad que vino a enseñar Cristo. La verdad es lo de menos, es algo subalterno, algo que viene “después”. Pero, ¿no se curan las heridas con los medicamentos? Y si los medicamentos son falsos, si no son verdaderos, entonces no curan nada. Sólo significan un parche momentáneo a las heridas. Esto es lo que hace Francisco: curar falsamente o simular que cura. La gente herida en la batalla necesita medicina real, no palabras bobas.

“La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos. Cuando lo más importante es el anuncio primero: ‘¡Jesucristo te ha salvado!’. Y los ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia. Por ejemplo, el confesor corre siempre peligro de ser o demasiado rigorista o demasiado laxo. Ninguno de los dos es misericordioso, porque ninguno de los dos se hace de verdad cargo de la persona. El rigorista se lava las manos y lo remite a lo que está mandado. El laxo se lava las manos diciendo simplemente ‘esto no es pecado’ o algo semejante. A las personas hay que acompañarlas, las heridas necesitan curación”.

De acuerdo, es cierto. Pero, ¿no hace eso él mismo, cuando les dice a los infieles, a los paganos o a los judíos “seguí así, andá a tu templo, andá a rezar a la sinagoga”? ¿Dónde está la misericordia con aquellos extraviados a quienes él como Vicario de Cristo no les muestra el único camino de salvación?

“¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales son secundarias, es decir, vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes. Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse. El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’. Los obispos, especialmente, han de ser hombres capaces de apoyar con paciencia los pasos de Dios en su pueblo, de modo que nadie quede atrás, así como de acompañar al rebaño, con su olfato para encontrar veredas nuevas”.

Esto puede llamarse retórica populista, que suena muy bien pero está vaciado de contenido. Nuevamente, ¿cómo puede lavarse, limpiar y consolar al prójimo si no se va con la verdad, con lo que la Iglesia ha hecho y enseñado siempre hasta antes de los tiempos modernos del Vaticano II? “Yo sueño con una Iglesia Madre y pastora”, dice Francisco. O sea que si sueña con eso es porque eso no es o no ha sido nunca. Él viene a redescubrir lo que la Iglesia debe ser. (¡!) Pero entonces, 50 años después del Vaticano II, del cual elogia sus frutos, ¿quiere decir que ninguno de sus “ilustres” antecesores ha llevado a cabo esa Iglesia? Cuanta vacuidad e inconsecuencia en las palabras de Bergoglio…

“En lugar de ser solamente una Iglesia que acoge y recibe, manteniendo sus puertas abiertas, busquemos más bien ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos, capaz de salir de sí misma yendo hacia el que no la frecuenta, hacia el que se marchó de ella, hacia el indiferente. El que abandonó la Iglesia a veces lo hizo por razones que, si se entienden y valoran bien, pueden ser el inicio de un retorno. Pero es necesario tener audacia y valor”.

El que dejó la Iglesia lo hizo espantado ante el espectáculo vacío y falso y maligno en que la convirtió el Modernismo, especialmente a partir del Vaticano II. ¿Piensa atraerlos cómo, sino –según lo vemos- haciendo que la Iglesia se parezca a aquel lugar adonde los que se fueron se han instalado? Es decir: haciendo de la Iglesia el Mundo. Y además, ese proselitismo del que habla, ¿no corre para los demás? ¿No para los judíos?

“Tenemos que anunciar el Evangelio en todas partes, predicando la buena noticia del Reino y curando, también con nuestra predicación, todo tipo de herida y cualquier enfermedad. En Buenos Aires recibía cartas de personas homosexuales que son verdaderos ’heridos sociales‘, porque me dicen que sienten que la Iglesia siempre les ha condenado. Pero la Iglesia no quiere hacer eso. Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo. La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: ‘Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?’. Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna”.

“La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas” (¡!) La Religión católica –única verdadera- expresa no sus opiniones sino aquello que ha recibido de Dios para la salvación de las almas (hablar de “servicio de las personas” es ambiguo, puede usarse para cualquier cosa). La Religión enseña y también gobierna a través de la Iglesia. También confunde Francisco cuando dice “la Iglesia no quiere hacer eso” (condenar a los homosexuales). Porque la Iglesia quiere salvar a los homosexuales del pecado, condenado la homosexualidad. La Iglesia condena lo que condena Dios: el pecado. Pero para salvar al pecador debe decirle cuál es el pecado. Si el pecador persiste en el pecado entonces él solo se condena. Las palabras de Francisco son escandalosas y harán un daño incalculable. Son ciertamente una provocación a Dios.

“No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”.

Otra escandalosa y cobarde parrafada. Los fieles argentinos sabemos cómo se escondió el Cardenal Bergoglio ante estos temas en Argentina. Cómo la impiedad anticristiana y la agenda anti-vida fue creciendo a medida que los pastores callaban. Mientras él dice que “no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar” los enemigos hablan y actúan estas cosas sin cesar, cometiendo crimen tras crimen y pecado tras pecado. Bergoglio nos recuerda las palabras que Kierkegaard le dedicara al farisaico obispo Mynster: “Cuánto mal le ha hecho al cristianismo al darle una apariencia engañosa ¡para poder gobernar!”.

“Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente. El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón, como a los discípulos de Emaús”.

En otras palabras: dejemos de lado la doctrina. Hagamos de la Iglesia una ONG.

“Tenemos que caminar unidos en las diferencias: no existe otro camino para unirnos. El camino de Jesús es ese”.

Caminar, ¿hacia dónde? ¿Unidos por las diferencias? ¿El camino de Jesús es ese? ¡¡¡!!!

“Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Temo la solución del ‘machismo con faldas’, porque la mujer tiene una estructura diferente del varón. Pero los discursos que oigo sobre el rol de la mujer a menudo se inspiran en una ideología machista. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que esta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad. Es preciso, por tanto, profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más hasta elaborar una teología profunda de la mujer. Solo tras haberlo hecho podremos reflexionar mejor sobre su función dentro de la Iglesia. En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino. Afrontamos hoy este desafío: reflexionar sobre el puesto específico de la mujer incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

Francisco descubre providencialmente algo que en dos mil años de historia en la Iglesia nadie planteó o pensó. Lo que entre líneas quiere decir Francisco es que debemos prepararnos para el sacerdocio femenino. ¿Acaso quién es él para condenar eso?, como dijo en la famosa entrevista en el avión sobre la homosexualidad. Recordemos también sus excelentes relaciones con los protestantes, que ya han dado a la mujer el “papel” de avanzada que sueña Francisco.

“El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio. Los frutos son enormes. Basta recordar la liturgia. El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica completa. Sí, hay líneas de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible. Luego están algunas cuestiones concretas, como la liturgia según el Vetus Ordo. Pienso que la decisión del papa Benedicto estuvo dictada por la prudencia, procurando ayudar a algunas personas que tienen esa sensibilidad particular. Lo que considero preocupante es el peligro de ideologización, de instrumentalización del Vetus Ordo”.

Del Evangelio viene una renovación que se concilia con la cultura contemporánea. ¡Sublime lectura de Francisco! “Los frutos son enormes”. ¡Claro! Él es uno de sus frutos “enormes”, ¿cómo no decirlo? Lo único que deja bien en claro es que ese camino hacia el abismo “es irreversible”. ¿Cómo, y el optimismo de Monseñor Fellay y sus brotes primaverales, dónde están?

LA PRENSA JUDEO-MASÓNICA SE HACE ECO DE LAS DECLARACIONES Y APROVECHA PARA DAR UN PASO MÁS EN LA CONFIGURACIÓN MEDIÁTICA DE LA IGLESIA DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL:








Y MONS. FELLAY Y LA NUEVA FSSPX PERMANECEN EN UN COBARDE Y “DIPLOMÁTICO” SILENCIO (PERO SÍ EXPULSANDO SACERDOTES ANTIACUERDISTAS):