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jueves, 28 de febrero de 2013

CUANDO LA FE ESTÁ EN PELIGRO, TENEMOS EL DEBER DE HABLAR.- DOMINICOS DE AVRILLÉ.

CARTA TRIMESTRAL DE LOS DOMINICOS DE AVRILLÉ, N° 64, DIC 2012-ENE. 2013




El blasón dominico representa un espacio color blanco adentrándose en un fondo negro. ¿Podría explicar el significado?

Esta espacio blanco representa la verdad que expulsa las tinieblas del error, como un ejército de hierro que como punta de lanza penetra las masas enemigas. En efecto, nuestra Orden fue querida por la Divina Providencia para ejercitar el ministerio de la predicación doctrinal, para enseñar la verdad. Su divisa es Veritas y el papa Honorio III, quien aprobó la Orden en 1216, pidió a los dominicos que fueran “verdadera luz del mundo –vera mundi lumina”.
Pero la luz no puede brillar sin ahuyentar a las tinieblas. Si queremos esclarecer las inteligencias, es necesario denunciar los errores, especialmente los errores de la hora presente. En una obra como la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino, uno se apercibe que la exposición de los errores y su refutación (en las objeciones y las respuestas a las objeciones) tienen tanto lugar, si es que no más, que la exposición de la verdad (hay 10.000 objeciones en la Suma).
Es por eso que, afanándonos en enseñar la verdad, debemos denunciar los errores que amenazan las inteligencias católicas de este comienzo de siglo 21, notablemente los de la Iglesia conciliar. Porque, como dijo Ernest Hello:
"Quienquiera que ama la verdad aborrece el error y este aborrecimiento del error es la piedra de toque mediante la cual se reconoce el amor a la verdad.
Si no amáis la verdad, podréis decir que la amáis e incluso hacerlo creer a los demás; pero estad seguros que, en ese caso, careceréis de horror a lo que es falso, y por ésta señal se reconocerá que no amáis la verdad".

Entre los errores actuales, ustedes sitúan los de la “Iglesia conciliar”. Estos errores ¿Están contenidos en el mismo Concilio Vaticano II o vienen de una mala hermenéutica (interpretación)?

La crisis en la Iglesia viene del Concilio mismo. Si leemos la historia del Concilio, por ejemplo El Rhin desemboca en el Tíber de Ralf Wiltgen, se ve que un partido liberal y modernista ha tomado la dirección del Concilio con la aprobación al menos tácita de los papas Juan XXIII y Paulo VI. Es por eso que el Concilio produjo textos infestados de liberalismo y de modernismo. No obstante, el error está frecuentemente más o menos disimulado, porque los modernistas saben muy bien esconderse, como lo hizo notar San Pío X: “Tal página de su obra podría estar firmada por un católico; den vuelta a la página y creerán leer a un racionalista”. (Encíclica Pascendi)

Denos algunos ejemplos de errores en los textos del Concilio.

Como lo hizo notar Monseñor Lefebvre, el Concilio retomó los tres grandes errores de la Revolución llamada francesa (libertad, igualdad, fraternidad) bajo una forma “eclesiástica”: libertad religiosa –colegialidad – ecumenismo. Estos son los documentos del magisterio anterior que los condenan:
-La libertad religiosa afirmada por Dignitatis humanae ha sido condenada por los papas Gregorio XVI (Mirari vos), Pio IX (Quanta cura), León XIII (Immortale Dei), San Pío X (Vehementer nos) y Pio XI (Quas primas).
La colegialidad contenida en Lumen gentium n° 22 (aunque corregido por la Nota praevia) es contraria a la enseñanza del Concilio Vaticano I (Pastor aeternus) sobre el poder supremo del papa.
El ecumenismo y el diálogo interreligiosos preconizados por Unitatis redintegratio y Notra aetate, son condenados por Pío IX (Syllabus n° 16 y 17), León XIII (Satis cognitum) y Pio XI (Mortalium animos).
En el fondo de estos errores se encuentra la doctrina masónica del humanismo: todo debe estar centrado en el hombre (ya no en Dios). Este error está expresado en Gaudium et spes (“todo en la tierra debe ser ordenado al hombre como su centro y su cúspide”); esto ha sido condenado por Pío IX en el Syllabus. Es por eso que el futuro papa Benedicto XVI dijo justamente que Gaudium et spes puede ser considerado como “una revisión del Syllabus de Pio IX, una suerte de contra-Syllabus”.

Por lo tanto el papa Benedicto XVI propone una hermenéutica de la continuidad entre el pasado de la Iglesia y el Vaticano II. ¿Qué piensa de esto?

El mismo papa describe esta hermenéutica como aquella de “renovación dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, único sujeto del pueblo de Dios en camino”.
Por consecuencia, esta hermenéutica permite enseñar una doctrina contraria a la anterior, desde el momento que quien enseña está en continuidad (es decir que es el sucesor) del que enseñó la doctrina precedente. ¡El papa actual pudo enseñar el contrario del Syllabus!
Esto es conforme al pensamiento modernista según el cual el magisterio debe transmitir la experiencia religiosa del pueblo cristiano, experiencia que cambia con las épocas.
Pero la concepción católica del magisterio es completamente diferente, el magisterio debe transmitir la misma doctrina, que es la que recibió de Nuestro Señor “en el mismo sentido y el mismo pensamiento (in eodem sensu eademque sententia)” (Vaticano I).

Pero  el papa nos pide adherirnos al Vaticano II. ¿No debemos obedecerlo?

POR SUPUESTO QUE NO. El mismo San Pablo responde en la Epístola a los Gálatas (1,8): “Si cualquiera, sea yo o un ángel del cielo, os predica otro Evangelio que el que nosotros os hemos anunciado, sea anatema”. Y también San Pedro dice: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5, 29).
La nueva misa y la enseñanza del Vaticano II ponen en peligro nuestra fe haciendo adoptar una mentalidad modernista y favoreciendo la herejía protestante. Por lo tanto, no podemos aceptarlos, porque nuestra fe es nuestra posesión más preciada, ella es la que nos salva.

Respecto del papa y de la jerarquía, ¿debemos adoptar una actitud de defensa pasiva esforzándonos por conservar la Tradición y contentándonos con emitir algunas observaciones respetuosas y discretas, o hay que ser más ofensivos?

CUANDO LA FE está en peligro, tenemos el deber de hablar para salvaguardar el bien común de la Iglesia. Monseñor Lefebvre supo practicar la ofensiva: por sus palabras (por ejemplo su Declaración del 21 de Noviembre de 1974, su conferencia de prensa de diciembre de 1983, sus sermones del 29 de junio en Ecône, etc.) y sobre todo por sus acciones, continuando con la ordenación de sacerdotes y consagrando obispos a pesar de la prohibición de la Roma conciliar. Es verdad que desde hace algún tiempo, este espíritu de combate ha disminuido bastante y esto se muestra muy dañino: los fieles son cada vez menos firmes, y la Roma conciliar es cada vez más emprendedora para erosionar y hacer caer la resistencia católica. Hay que mantener la ofensiva y esto es lo que quiere hacer nuestra revista Le Sel de la terre y sus diversas publicaciones, notablemente el Catecismo de la crisis en la Iglesia del padre Gaudron y La extraña Teología de Benedicto XVI de Monseñor Tissier de Mallerais.

Ustedes parecen muy pesimistas. ¿No tiene una palabra de esperanza?

NUESTRA ESPERANZA está en el Inmaculado Corazón de María. Si el papa al fin cumple con la consagración de Rusia (y sabemos que lo hará, pero como el Rey de Francia, será tarde), entonces la Santísima Virgen intervendrá para salvar la Iglesia. Esperando, hay que “resistir firmes en la fe” rechazando todo compromiso con el enemigo que ocupa la Iglesia. Es la Iglesia Católica quien tiene las promesas de vida eterna, no la secta modernista que actualmente la ocupa.