Páginas

jueves, 20 de diciembre de 2012

CUANDO LA RESISTENCIA CLAUDICA




Tomado de Familia Beatae Mariae Virginis y Non Possumus

Una traición al descubierto.

En este triste año del 2012 se volvió patente el cambio de orientación de la FSSPX en sus relaciones con la Roma conciliar. Este cambio tiene repercusiones en todo el movimiento tradicional, el cual se encuentra paralizado y peor aún, muchas veces falsificado en sus principios y acciones. La división es consecuencia de todo este cuadro en donde la falta de claridad, e incluso la contradicción, en el conjunto de las orientaciones actuales en la dirigencia de la FSSPX, son puestas al servicio de una estrategia en que influyen, en un concierto hábil y malicioso, la imposición del principio de autoridad y de la ambigüedad calculada.

Las señales de esta crisis son antiguas, muchos las identifican a partir del año 2000. Pero sólo en este año la divulgación de informaciones por vía electrónica desenmascaró, para un mayor número, los planes para un acuerdo práctico sin la previa conversión de Roma conciliar.

La principal revelación fue la respuesta del consejo de la FSSPX a una carta de advertencia de los otros tres obispos. Sabemos que esta carta de advertencia fue escrita por Monseñor Richard Williamson y retocada en algunos pocos lugares por Monseñor Tissier de Mallerais y por Monseñor de Galarreta.

La respuesta del Consejo muestra claramente la mentalidad acuerdista de Monseñor Bernard Fellay y de sus asistentes. En ella, el Consejo prefiere sacrificar el bien común de la FSSPX a la voluntad de Roma conciliar: “Por el bien común de la Fraternidad, preferiríamos lejos la solución actual de status quo intermedio, pero evidentemente Roma ya no lo tolera más”. Al principio de la carta ya había sido dicho: “Para ustedes Benedicto XVI ¿es Papa legítimo? Si lo es, ¿Jesucristo puede todavía hablar por su boca? Si el Papa expresa una voluntad legítima respecto a nosotros que es buena, que no da una orden en contra de los mandamientos de Dios ¿tenemos el derecho de desatenderlo, de rechazar esta voluntad? 

De este modo, el no aceptar la propuesta papal es poner en duda la legitimidad del papa. U obedecemos (incluso en perjuicio del bien común), o somos sospechosos de sedevacantismo.

Esto equivale a poner en duda la existencia del estado de necesidad por el que atraviesa la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II, en el cual los bienes necesarios para la vida sobrenatural están amenazados a tal punto, que uno está obligado a infringir la ley para salvarlos. No se niega la autoridad que con sus medidas produce o favorece las amenazas, pero se resiste a estas medidas para salvaguardar su propia fe y la de los suyos y también para que podamos convertir a los que están en el error.

El Papa desea una regularización canónica: ¿no es esta una voluntad legítima? Claro que, en sí mismo, es legítimo que un papa desee la regularización de una congregación religiosa. Pero es necesario investigar las circunstancias y las consecuencias de una tal regularización. Todos estaremos bajo la jurisdicción al menos del papa, pero ¿este papa es integralmente católico, como preguntaba Monseñor Lefebvre? Absolutamente no, se trata de un modernista y de los peores porque es más sutil y pertinaz, ya que ha escalado los más altos puestos de la jerarquía sin haber renegado nunca de sus ideas, al punto que, llegando al supremo pontificado, mandó publicar de nuevo todas sus obras. Todas. No reniega de su pasado modernista. Y esto es un ejemplo en un mar de décadas de infidelidad (1).

La traición es, asimismo, manifiesta. Compárese esta carta con las declaraciones de Monseñor Lefebvre. El Arzobispo enfrentó el calvario de las negociaciones con Roma,  hasta la exageración (el mismo reconoció que se había excedido), casi terminó siendo engañado por el entonces Cardenal Ratzinger pero, por una gracia especial, comprendió el engaño antes de que fuera tarde. La FSSPX se salvó y vivió entonces un periodo de fidelidad y de expansión. Monseñor Lefebvre aprendió con esta amarga experiencia. Sus declaraciones después de 1988 son una advertencia contra cualquier especie de acuerdo práctico. Citemos una de las principales:

Suponiendo que de aquí a un tiempo Roma nos llame, nos quiera ver y volver a conversar, en ese caso seré yo quien ponga las condiciones. Ya no aceptaré estar en la condición donde nos encontrábamos en los coloquios. Se acabó.

Y plantearía las cuestiones desde el plano doctrinal: "¿Están de acuerdo ustedes con las grandes encíclicas de los grandes papas precedentes? ¿Están de acuerdo con la Quanta Cura de Pío IX, Immortale Dei y Libertas de León XIII, Pascendi de Pío X, Quas Primas de Pío XI, Humani Generis de Pío XII? ¿Están ustedes en plena comunión con esos papas y sus afirmaciones? ¿Acep­tan también el juramento anti modernista? ¿Están por el reinado social de Nuestro Señor Jesucristo?      

      Porque si no aceptan las doctrinas de sus predecesores es inútil hablar. Mientras no acepten reformar el Concilio considerando la doctrina de los papas anteriores, no hay diálogo posible. Es inútil”.

     Los motivos que se alegan para este cambio son declarados, claramente, en la conferencia del padre Niklaus Pfluger, en Hattersheim, el 29 de abril:

    “Estos acontecimientos sugirieron a Monseñor Fellay dejar de lado el principio que guió las negociaciones con Roma. Este principio era: “ninguna solución práctica sin acuerdo doctrinal”. Pero los acontecimientos pasados probaron que las diferencias relativas a la cuestión doctrinal no pueden ser resueltas. El papa quiere una solución canónica para la FSSPX… Si la Fraternidad rechaza un acuerdo, incluso en estas circunstancias, el resultado podría ser nuevas excomuniones".

     En estas circunstancias, Monseñor Fellay considera imposible rechazar la proposición del papa. Sería el equivalente a caer en el sedevacantismo”.

     Los que han ido a predicar la verdad a la  Roma conciliar, descubrieron que no había modo de convertirla, entonces optaron por desistir de la resistencia, se decidieron por la sumisión. Hay condiciones para esto, pero lo que hay de esencial es la aceptación de entrar en un sistema corrupto. Nada nos diferenciará ya de la Fraternidad San Pedro, Barroux, Campos, etc., a no ser la cantidad o la cualidad de las garantías.

     Es imposible que un cambio como éste no venga acompañado de una deriva doctrinal más o menos manifiesta. Y de hecho, en las negociaciones que han tenido lugar con vista a una posible normalización canónica, se discute respecto de un “preámbulo doctrinal” (2) Monseñor Fellay aceptó enviar a Roma un proyecto de preámbulo doctrinal el 16 de abril. El preámbulo es secreto, como gran parte de todo este triste proceso pero, una vez más, el padre Pfluger vino en nuestro auxilio. En una conferencia en St-Joseph-des-Carmes del día 5 de junio, reveló una parte de la respuesta de Monseñor Fellay a Roma, que fue considerada por ésta como “…un paso adelante”:

 La Tradición íntegra de la fe católica debe ser el criterio y la guía de comprensión de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, el cual a su vez aclara ciertos aspectos de la vida y de la doctrina de la Iglesia, implícitamente presentes en ella, todavía no formulados. Las afirmaciones del Concilio Vaticano II y del Magisterio Pontifical posterior relativos a la relación entre la Iglesia Católica y las confesiones cristianas no católicas, deben de ser comprendidas a la luz de la Tradición…”

     Este texto nunca fue desmentido. Ni mucho menos se pidió perdón por esto. A partir de ahora, tenemos la Hermenéutica de la continuidad instalada intra-muros de la FSSPX. Véase también la entrevista de Monseñor Fellay a Catholic News Service y la mencionada respuesta del Consejo y podrá constatar la presencia de un pensamiento que tiende a minimizar la malignidad del Vaticano II, como si éste no hubiese sido un concilio en donde el Modernismo (“la cloaca de todas las herejías”. ¡Todas!) se volvió el criterio de una nueva pastoral de capitulación frente al mundo (3). Jamás este falso concilio podrá explicitar aspectos de la doctrina de la Iglesia. En cuanto a que la Tradición sea el criterio de comprensión de éste, notemos el calificativo “íntegra”. Una cosa íntegra que no ha sido sufrido ruptura. No hay ruptura, el Concilio debe ser interpretado a la luz del magisterio de San Pio X pero también a la luz del magisterio de Juan Pablo II, no habiendo ruptura sino continuidad y explicitación entre los dos.

¿Qué queda del espíritu del fundador en los clérigos imbuidos de tales ideas?

El compromiso.

La revelación del intercambio de correspondencia entre los tres obispos y la dirección de la FSSPX fue un escándalo, pero también fue una consolación al mostrar que, a pesar del desvío de uno de los obispos, todavía eran fieles al combate tres, y esto hacía esperar una reacción a gran escala que pudiese sanar la crisis que se mostraba muy grave.

El capítulo de la FSSPX previsto para julio, era la ocasión propicia de realizar esta operación delicada pero necesaria. La causa de la crisis estaba en la dirección impuesta en la congregación. Esta dirección gravemente equivocada venía, esto es claro, primeramente del Consejo General. La substitución de éste mostraría a todos la gravedad del mal y el esfuerzo serio en repararlo. La nueva dirección debería entonces esforzarse en retomar aún más firmemente los principios que guiaron el combate de la Fraternidad, en particular las declaraciones de 1974 y de 2006, así como las palabras de Monseñor Marcel Lefebvre a los cuatro obispos recién consagrados: que deberían depositar su episcopado solamente en las manos de un papa integralmente católico.

     Desgraciadamente, el trabajo de erosión estaba muy avanzado. El capítulo de la FSSPX, compuesto en su mayoría por miembros escogidos por el Superior General, pronto demostró, por el voto abrumador a favor de la exclusión de Monseñor Williamson, que se inclinaba a acatar la dirección claudicante.

     Se dice que hubo reacciones en contra de esta dirección, manifestadas por discusiones acalorados. Es muy posible que esto haya ocurrido, ciertos miembros del capítulo ya se habían distinguido por su posición contraria al acuerdo.

Pero es cierto que el espíritu de compromiso prevaleció sobre el del combate.

     Sabemos esto por el examen de las seis condiciones acordadas por esta asamblea y reveladas furtivamente por vía electrónica. Esta ratificación de un cambio capital de orientación en la Fraternidad tampoco debería haberse conocido, pero el secreto fue revelado una vez más, llegándose al conocimiento de esas seis condiciones (tres sine qua non y tres deseables), que son, debido a su fragilidad e incoherencia, la oficialización, por parte del mayor organismo de resistencia católica, de su voluntad de entrar en el “sistema” de la Roma conciliar. Se exigen garantías, pero la incoherencia de ellas denuncia un compromiso de la parte sana que, por miedo de perder los anillos, acaba aceptando perder los dedos. La 1ª condición sine que non parece segura (4) ¿pero de qué estamos hablando? De una normalización canónica, de colocarse bajo la jurisdicción al menos del papa. Estas “libertades” estarán siempre bajo la jurisdicción, bajo el control del papa. ¿Y si el papa continúa comportándose como sus antecesores de los últimos 50 años? ¿Tendrán la libertad de reprender a todos los que yerran estando bajo su jurisdicción? Y hay más. Inventaron unas condiciones “deseables” (las cuales Roma puede descartar fácilmente) que complican aún más la situación. Pues si solamente es deseable estar exentos de los obispos diocesanos, que se tengan tribunales (solamente de 1ª instancia), y una Comisión Pontificia con presidencia tradicional, quiere decir que se admite no tener nada de esto y conservar al mismo tiempo la libertad de guardar y transmitir el depósito de la Revelación, reprendiendo, incluso públicamente, a los fautores de errores. Se ha rechazado la sabiduría de Monseñor Lefebvre quien, al final de su vida y después de cumplir la misión para la cual fue designado por Dios, exigía, antes de todo, una profesión de fe por parte de las autoridades romanas. Y ahora se navega a la deriva, en un mar de contradicciones (5).

La Maniobra

     El día de la toma de la Bastilla, el bastión de la FSSPX tuvo sus principios de acción gravemente modificados. ¿Y quién será el responsable de aplicar estas directivas? ¿Acaso los que antes del Capítulo resistían a las acciones camufladas tendentes a un acuerdo? De ningún modo. Al contrario, los encargados serán los mismos autores de estas acciones camufladas, los mismos promotores de una mentalidad acuerdista dentro de la Fraternidad, porque la dirigencia de ésta fue integralmente mantenida. Ningún cambio.    La orden del día es el de la pacificación, pero bajo la égida de los que siembran la cizaña de la novedad y de la división. ¿Posible? Por algún tiempo sí, es posible que se consiga una pacificación más aparente que real pero que implicará el desistimiento gradual de la resistencia, encuadrada ahora más firmemente en los límites de la autoridad, la cual precisa recobrar credibilidad y fortalecerse (6). La reciente conferencia de Monseñor de Galarreta en Villepreux es la más impresionante ilustración de este proceso: ahora se practica la hermenéutica de la continuidad… pre y pos-Capítulo (7).

     En adelante, unos y otros trabajarán por la unidad, reforzando así, necesariamente, la autoridad que no se retractó propiamente de nada. Esta, con toda probabilidad, sabrá sacar provecho de los resultados del Capítulo, con movimientos calculados y alternados de retirada táctica para retomar credibilidad (8), seguidos de una nueva ofensiva formadora de opinión. Los que consintieren en este encuadre estarán cada vez más imposibilitados dentro de las nuevas directivas de control de las autoridades, mientras que la verdadera resistencia tendrá sus posiciones metódicamente rechazadas como tesis obsoleta, y sus acciones tomarán apariencia subversiva a los ojos de muchos, porque aparentemente son contrarias al principio de autoridad.

     Mutatis mutandis, ¿no fue eso lo que ocurrió en el periodo post-Vaticano II? La FSSPX no ha hecho el acuerdo, pero la proximidad con la Roma conciliar ya produjo sus efectos nefastos por imitación. La muerte de las sociedades es precedida por su corrupción, a diferencia de los cuerpos. Y así como se dice que la conversión de Roma tornaría el acuerdo en una cuestión de menor importancia, la corrupción de la FSSPX ¿no podría crear una situación parecida?

La Señal de la Providencia

     Cuanto se tuvo conocimiento de la oposición de los tres obispos, los responsables de la Roma conciliar declararon que la cuestión debería ser tratada con cada uno de ellos separadamente. Y ya en la respuesta del consejo de la Fraternidad, enfatizaron que la actitud de oposición de parte de los tres obispos era diferente en cada uno de ellos. Separar a la resistencia siempre fue el mejor método para dominarla. Pero hay un elemento propio en la cuestión, un elemento que limita la voluntad de separar. Este elemento ejerció también un papel capital cuando se dieron las discusiones de Monseñor Lefebvre con Roma, 25 años atrás: el episcopado. Que los tres obispos se dividan entre sí es muy bueno para los acuerdistas, pero no a tal punto que escapen de la “estructura” y no puedan ser controlados en conjunto. Si no se puede evitar alguna reacción de ellos, que reaccionen por separado pero que, al final, ¡obedezcan en conjunto!

     No se juega con el episcopado. Centenas de sacerdotes relativamente jóvenes y dinámicos pueden hacer muchas cosas. Después de 40 o 50 años, la acción de ellos pertenecerá al pasado. Pero los obispos transmiten la doctrina, el sacerdocio también e incluso el mismo episcopado. Con acuerdo o sin acuerdo, los responsables de Roma conciliar buscan, sobre todo, la ruptura de la transmisión del episcopado en la resistencia católica. Estos responsables esperan que los cuatro obispos se persuadan de la continuidad pre y post Vaticano II o que por lo menos, se persuadan de la continuidad pre y post capítulo. Pero si ni una ni otra cosa ocurre, que no transmitan su episcopado. Si lograran al menos este punto, la disputa, humanamente hablando, estará decidida.

     Durante años, las opiniones y la actuación de Monseñor Williamson fueron una dificultad para la dirección de la FSSPX. Hoy sabemos que la deriva en dirección al acuerdo práctico data de muchos años (9) aunque esta se ha tornado más grave y clara en este año. Con la intensificación de la propaganda acuerdista, también las palabras del obispo inglés se hizo sentir más, a pesar de las prohibiciones y amenazas de Menzingen. Aislado, se expresaba por vía electrónica, esta vía electrónica que hace tanto mal pero que a veces, hace el bien.

     Poco más de un mes después del Capítulo General de la FSSPX, del cual fue excluido, y del cual él fue el primer y lúcido crítico, ocurrió un cambio importante. De las palabras en internet se pasó a acciones muy reales. El Obispo salió de su aislamiento, confiriendo el sacramento de la confirmación en Brasil, sin autorización previa de las autoridades de la FSSPX. No visitó ninguno de los prioratos sino solamente comunidades amigas. Actuó como obispo. Rompió la cerca de su aislamiento, expediente final que fue utilizado por las autoridades para neutralizar (parcialmente) al obispo que obstaculizaba sus planes.

     Siguió la expulsión de Monseñor Richard Williamson, siendo separado de la FSSPX y de los otros obispos junto a los cuales fue consagrado por Monseñor Marcel Lefebvre. Roma conciliar se alegró, los judíos, obviamente, también, los católicos de la Tradición deben lamentar esta medida, pero no deben perder la esperanza sino que deben tener razones para fortalecerla. En cuanto a la maniobra de acorralamiento que está cerrando el cerco sobre la resistencia perpleja, titubeante, que casi no habla, esta medida abusiva permitió que tuviésemos un arma para romper el cerco: Un obispo católico que no está paralizado. El Buen Dios, que escribe derecho en renglones torcidos, nos ofrece ahora una oportunidad de retomar la fuerza, de vencer la claudicación, de caminar de nuevo. ¿Somos pocos? Esta pregunta debemos sustituirla por: ¿En qué camino estamos? ¿En el camino “del escepticismo, de la fantasía y de la herejía”? (10) Gracias a Dios no, y sin ningún compromiso, por menor que sea, con esto. Entonces “No temáis, pequeño rebaño, porque fue del agrado del Padre daros el Reino”.
_______________
     Es costumbre en nuestra comunidad que sus religiosos guarden anonimato. Pero en las actuales circunstancias le parece conveniente a nuestro Superior hacer una excepción:
Her. Joaquim Daniel FBMV.


Notas:
1 –Como Sumo Pontífice, basta citar Asís III y la beatificación de Juan Pablo II para deshacer cualquier ilusión de que sea un papa restaurador.
2 – Mas o menos como en el Vaticano II que fue “pastoral” y no dogmático, pero que publicó constituciones dogmáticas, también el acuerdo es práctico y no doctrinal, pero este debe ser precedido de un “preámbulo doctrinal” que debe ser el fruto del acuerdo entre las dos partes, aunque las discusiones doctrinales entre las mismas dos partes que duraron casi dos años, no dieron ningún resultado…
3- Se trata de una capitulación práctica, “pastoral”, pero que debe necesariamente estar apoyada en principios ideológicos del pensamiento moderno, tales como el relativismo, el liberalismo y el naturalismo.
4 - Libertad de guardar, transmitir y enseñar la doctrina del Magisterio constante de la Iglesia y la Verdad Inmutable de la Tradición divina; libertad de defender, corregir, reprender, incluso públicamente, a los fautores de los errores o novedades del modernismo, del liberalismo, del Concilio Vaticano II y de sus consecuencias.
5 –Fue el mismo Monseñor de Galarreta quien dijo: “Ir en la dirección de un acuerdo práctico, sería renegar de nuestra palabra y nuestros compromisos delante de nuestros padres, de nuestros fieles, de Roma y de todo el mundo. Esto traería consecuencias negativas enormes ad intra et ad extra(Reflexiones respecto a la Proposición Romana, subtítulo “Entrar en Contradicción”).
6 –Ninguna sociedad consigue restaurar su unidad sin fortalecer la autoridad de quienes la gobiernan.
7 –La conferencia de Monseñor de Galarreta y la entrevista con el acuerdista padre Pfluger aparecen ahora en el mismo sitio del distrito de Francia. En su conferencia, Monseñor de Galarreta declara: “Evidentemente la posibilidad de un acuerdo se ha vuelto distante, y sobre todo el riesgo de un mal acuerdo me parece que está definitivamente excluido”. Definitivamente: no quiso decir para siempre sino esta vez. En su entrevista, el padre Pfluger dijo, respecto a las relaciones Roma-Fraternidad: “Estos esfuerzos (en vista de un acuerdo) no fracasarán, pero un acuerdo a corto plazo es improbable”.
8 –El 7 de septiembre, en el Seminario de Ecône, se dice que el Superior habría reformado algunas de sus opiniones, se dijo engañado por Roma, declaró que en adelante, las seis condiciones serían sine qua non, en suma, endurecía las cosas de modo de volver difícil cualquier acuerdo práctico con Roma. Es difícil conciliar la veracidad de esto con la información transmitida por Roma, de que recibieron una respuesta de Menzingen pidiendo más tiempo para reflexionar en la propuesta de un acuerdo. ¡Recibieron esta misiva el día 8 de septiembre!
9 –Ver el artículo “El Grec y la FSSPX: Por la Necesaria Reconciliación” en el blog Non Possumus.(aquí) Este grupo de reflexión entre Católicos actúa en pro de una aproximación Roma-FSSPX  de una manera discreta, desde 1997. Uno de los cuatro fundadores del GREC es el padre Alain Lorans, responsable del boletín DICI.
10 –Padre Garrigou-Lagrange en su artículo “¿Hacia dónde va la Nueva Teología?