jueves, 26 de mayo de 2016

LA HOSTILIDAD DE LOS GOBIERNOS REVOLUCIONARIOS A LA IGLESIA CATÓLICA ENTRE 1810 Y 1822: CRÓNICA DE LA GUERRA DE SECESIÓN EN EL VIRREYNATO DEL RÍO DE LA PLATA – III (final)






¿Por qué hay una corriente historiográfica que sostiene, que el origen de los estados revolucionarios americanos es legítimo y compatible con la doctrina y principios de la Iglesia Católica Apostólica Romana?

Como dice Roberto Di Stefano (38), la Iglesia Católica en el Río de la Plata, hizo silencio en relación a su juicio sobre los fundamentos, motivaciones y principios en los que se sustentó la Revolución de Mayo por más de un siglo, y cuando se expidió sobre ella y sobre la Independencia, fue para asociarlas a la impiedad, al desorden y a funesta Revolución Francesa.

A partir del centenario de la Revolución de Mayo, y a partir de una publicación de Monseñor Agustín Piaggio, dónde en realidad el Obispo trata de demostrar que parte del clero contribuyó a la Revolución y a la Independencia, una corriente historiográfica conservadora que, más tarde consolidaría parte de lo que se llamó el "Nacionalismo Católico", fuerza una reinterpretación de las ideas de Mayo, de los principios filosóficos que rigieron aquellos acontecimientos y del rol que cumplió la Iglesia y el clero como institución en los procesos de secesión americana. Según Di Stefano (2002), este giro del mencionado grupo conservador, obedece a que, relegada la Iglesia Católica del centro de la vida pública por los gobiernos liberales de fines del siglo XIX, se intenta, so pretexto de que habría tenido un rol protagónico y central en los sucesos de mayo, demostrar a la sociedad y a los gobernantes que ella podía ocupar un puesto significativo en la sociedad y en las cuestiones de gobierno del país y, que ello era compatible y necesario en la política.

Como bien expone Di Stefano, esta reinterpretación de la Historia eclesiástica, responde más a un plan de inclusión a futuro en la vida política del país, que a la verdad histórica. Incluso el análisis que hace Di Stéfano, muestra que en realidad la Iglesia como Institución, no sólo no apoyó la Revolución de Mayo ni la Independencia, sino que además se opuso abiertamente. También queda claro que la mayoría del clero no apoyó la Revolución de Mayo ni sus principios políticos, sino que los reprobó. Y lo más triste, es que se ejerció una despiadada coerción sobre la Iglesia y el Clero para utilizarlos como medio propagandístico de las Ideas dieciochescas y liberales. Esto con la gravedad que conlleva, el rol que la Iglesia y el Clero representaron durante todo el período Monárquico Católico, donde el pueblo buscaba siempre la aprobación de la Santa Religión, en todos los órdenes de la vida.

Conclusiones

La Iglesia Católica Apostólica Romana como institución Divina sobre la tierra, y desde la Cátedra de Pedro, condenó en dos oportunidades por medio de dos Papas diferentes, las revoluciones e independencias en los Reynos de las Indias, como ya fue especificado más arriba. Incluso uno de los fundamentos más importantes son las Bulas del Papa Alejandro VI, quién otorgó el control y gobierno de esas tierras a los Reyes Católicos y a sus descendientes a perpetuidad, arrojando una excomunión amplia a quién contradijere dicha disposición.


La mayoría de los Obispos fueron contrarios a las revoluciones y a los nuevos gobiernos ilegítimos que se constituyeron en los Reynos de las Indias a partir de 1810.

La mayoría del clero de las Indias, y particularmente en el Virreynato del Río de la Plata, se opuso a la Revolución de Mayo, a sus principios liberales e ilustrados y a los gobiernos ilegítimos que se establecieron durante el proceso de escisión. Estos gobiernos, considerando que el clero dificultaba el adoctrinamiento y no adhería publica y activamente a las novedades filosóficas en que ellos se sustentaban, se determinaron a perseguir, castigar, desterrar e incluso fusilar, ahorcar y hasta envenenar a los religiosos que -según ellos- significaban una amenaza a la supuesta <>.

Los gobiernos revolucionarios establecidos a partir de 1810, se excedieron en las prerrogativas del derecho de Patronato, derecho que no les correspondía, alterando seriamente la vida de los religiosos en el Río de la Plata. Su coerción sobre la Iglesia y el clero, respondió más a una necesidad de obtener legitimidad de una Institución supranacional, que a principios católicos que establecen la unión del Estado y la Iglesia (39). Además, en el exceso y abuso del derecho de Patronato, se dejó entrever claramente la utilización de la Institución Divina, como medio propagandístico y de adoctrinamiento político, de ideas jansenistas, liberales e ilustradas y contrarias a la doctrina Católica Tradicional Escolástica y tomista.

Los Sacerdotes que participaron activamente en apoyo a los gobiernos ilegítimos y revolucionarios luego de 1810, en la mayoría de los casos se alejaron de sus labores clericales y pastorales, para abocarse a labores más políticas y periodísticas que de vida religiosa.

Los sacerdotes que justificaron las ideas y la filosofía sostenida por la Revolución de Mayo, se alejaron de la doctrina Escolástica y tradicional católica, e incluso llegaron a sustentar su adhesión al nuevo orden sobre ideas netamente dieciochescas y roussoneanas, invocando en muchos casos "El Contrato Social". Como ya lo hemos citado más arriba, Bernardo Lozier Almazán afirma que "las doctrinas enciclopedistas ya habían invadido las mentes en la clerecía rioplatense".

Las teorías sobre el origen del poder, que muchos toman del Padre Francisco Suárez, donde afirman que el "poder viene de Dios y es de constitución mediata", tanto Ullate Fabo (40) como el Padre Álvaro Calderón (41), afirman que son doctrinas al menos, ambiguas y alejadas de la Doctrina Escolástica Tomista, la cual afirma que el Poder viene de Dios. La doctrina escolástica sostiene que el poder lo otorga Dios mismo: non est potestas nisi a Deo (<>) (42). En el mismo sentido Jordán Bruno Genta (43), explica magistralmente que el pueblo no es sujeto de poder, pues no puede serlo quién no pueda ejercerlo por sí mismo, y cita a Santo Tomás de Aquino en lo siguiente: "el poder tiene horror al número. Creado para unificar, su perfección se proporciona a su unidad...Por esencia no puede ser ejercido por todos" (La Política, Santo Tomás).

Estos conceptos, muestran como es errónea la intención de muchos autores e intelectuales de ligar las teorías de constitución mediata del poder, y lo sucedido en la Revolución de Mayo, a los principios y doctrina tradicional del catolicismo. Si bien la teoría sobre el establecimiento mediato del poder, del Padre Francisco Suárez, es al menos ambigua, una cosa es su teoría sobre el poder, y otra muy distinta es la constitución de una sociedad ex novo o la constitución de una nueva comunidad política como lo demuestra Ullate Fabo (44). Las teorías de trasmisión mediata del poder y de justificar una ruptura consuetudinaria tradicional política (45) son a la luz de los conceptos de la teología tradicional católica, ambiguos y heréticos.

Es conveniente recordar el juicio de Ullate Fabo (2009) cuando afirma que "En América maduró primero no la idea de la independencia política, sino la de la independencia intelectual. Después de un siglo XVIII de mala teología y no mejor filosofía eclesiástica, un siglo de difusión patrocinada más que consentida de los pensadores disolventes enciclopedistas y escépticos, y tras el efecto destructor de la pedagogía perversa de unos gobernantes jansenistas políticos, las clases cultas americanas sencillamente no podían ser impermeables a una acumulación de estímulos que unánimemente trabajaban en la dirección opuesta de la filosofía y teología tradicionales" y más adelante afirma: "En grandes sectores criollos, en las clases más pujantes, el vacío intelectual y sobre todo emocional encontró un bálsamo en la mísma propaganda independentista que, hasta ayer, había sido vista con displicencia y desinterés".

El acercamiento de la Iglesia Católica Apostólica Romana, a las estados de origen ilegítimo, fue por una necesidad de preservar la evangelización y la pastoral para la sociedad de estas tierras. Bien se podría decir que se aplicó un tipo de política muy similar a lo que más tarde se llamó "Ralliement", la cual está probado que, sus consecuencias prácticas para el orden social cristiano, fueron funestas. Pues la Iglesia mostrando una aceptación en la separación de Iglesia-Estado y, de un orden cívico fundado en la razón escéptica iluminista y humanista, y no en la teología, confundió a los fieles y la filosofía que trataron de justificar estas situaciones y, se perdieron en el racionalismo, contribuyendo a separar definitivamente la autoridad temporal de la espiritual.

En este sentido el R. P. Álvaro Calderón explica: "se llama política de ralliement - que podría taducirse como política de acuerdismo - a la estrategia prudencial que sostuvieron los Papas frente a los gobiernos nacidos de la Revolución, por la que prefirieron no enfrentarse sino reconocer su más que discutible legitimidad, creyendo mejor para el bien de la Iglesia la actitud de diplomática amistad que la franca guerra. Hubo dos momentos en que pudo apreciarse claramente que la estrategia fue catastrófica, con el ralliement de León XIII a la República de Francia y la condenación de Pío XI a la Acción Francesa".

De la misma forma, Monseñor Marcel Lefebvre afirma que el Ralliement "o sea <>, participación, propiciada por León XIII al régimen republicano francés, significó la quiebra del monarquismo francés y el ahogamiento de la resistencia más puramente católica" (46).

Se puede observar claramente, que tanto Monseñor Marcel Lefebvre como el R. P. Álvaro Calderón, señalan que, la política del ralliement tuvo consecuencias prácticas contrarias a lo que se pretendía y, que contribuyeron al fortalecimiento de la secularización de los estados y las sociedades. Del mismo modo, el reconocimiento de los ilegítimos estados hispanoamericanos por parte de la Iglesia, trajo consecuencias prácticas funestas para la Iglesia Católica en estas tierras y para las corrientes de pensamiento tradicionales.

Quién diga sostener las banderas de la Tradición Católica, no puede adherir ni honrar los hombres, ideas y hechos de la Revolución de Mayo ni de las Independencias Americanas, pues aquellos, como está probado, son contrarios a los principios, magisterio y doctrina tradicional de la Religión Católica Apostólica Romana.

[FIN]

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38 Roberto Di Stefano. "De la Teología a la Historia: un siglo de lecturas retrospectivas del catolicismo argentino". Prohistoria 6, 2002. UBA-CONICET. P 2.
39 En Octubre de 1302, El Papa Bonifacio VIII publicó la Bula Unam Sanctam, decía allí: "Hay dos espadas, la espiritual y la temporal. Una y otra espada, pues, está en potestad de la Iglesia, la espiritual y la material. Mas ésta ha de esgrimirse a favor de la Iglesia; aquélla por la Iglesia misma. Una por la mano del sacerdote, otra por mano del Rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote. Pero es menester que la espada esté bajo la espada y que la autoridad temporal se someta a la espiritual. Dz. 469. Citado en R. P. Álvaro Calderón. "Prometeo: La Religión del Hombre". El Autor. Morón 2010. Pp 165 -166.
40 José Antonio Ullate Fabo. Españoles que no pudieron serlo. Libros Libres. Madrid, 2009. P 117.
41 R.P. Álvaro Calderón. Prometeo, la religión del hombre. Morón, 2010. P 171.
42 José Antonio Ullate Fabo. Españoles que no pudieron serlo. Libros Libres. Madrid, 2009. P 117.
43 Jordan Bruno Genta. El Nacionalismo Argentino. Editorial Cultura Argentina. Buenos Aires, 1975. P 37.
44 José Antonio Ullate Fabo. Españoles que no pudieron serlo. Libros Libres. Madrid, 2009. Pag. 177 Segunda Parte, Capítulo III "La influencia imposible de Francisco Suárez".
45 "El poder político es una especie de <> instituido por Dios para la consecución ordenada y efectiva del bien común temporal y de los bienes particulares de los miembros de la sociedad. Interferir ilegítimamente en este <> puede comprometer la viabilidad misma de la comunidad y la consecución de los bienes particulares de sus miembros"..."porque actuando así no sólo se atenta civilmente contra quién tiene la espada con legitimidad para reprimir a los que atentan contra el bien común, sino que de igual forma, pecan contra la virtud de la justicia y la de la piedad". Juan Antonio Ullate Fabo. "Españoles que no pudieron serlo". Libros Libres. Madrid, 2009. Pp 118-119.
46 Monseñor Marcel Lefebvre. "Le Destronaron. Del liberalismo a la Apostasía. La Tragedia Conciliar". Voz en el Desierto. Mexico D. F., 2002. P 68 (Nota al pié Nro 60).