domingo, 31 de mayo de 2015

LA ESPIRITUALIDAD BÍBLICA TRANSMITIDA POR MONS. DR. JUAN STRAUBINGER



T


TEMOR FILIAL:
El santo temor o temor filial es un don del Espíritu Santo (Is. 11,3), por el cual, conociendo nuestra miseria, tememos ofender al Padre que tanto nos ama. Lo que más hemos de mirar “con temor y temblor”, como enseña S. Pablo, es el olvido de que “Dios es quien obra en nosotros el querer y el ejecutar (Filip. 2, 12-13), para no caer en la soberbia presunción de que somos capaces de algo por nosotros mismos (II Cor. 3,5).
En cambio el otro temor, el miedo, que aparta de Dios porque desconfía de su bondad, ese temor puramente servil, nace de la fe informe, dice Sto. Tomás, porque la fe viva obra por amor (Gál. 5,6) y éste excluye el miedo (I Juan 4,18). Cfr. S. 111,1 y nota.
(Coment. a Salmo 110, 10).


TENTACIÓN:
Recordemos los dos tipos de tentadores: el pecador quiere seducir con los falsos atractivos que engañan al que no conoce a Dios (I Juan 2,15 s.; 3,6; 4,4 ss.; II Tes. 2,10 s.); y el falso profeta, con apariencia de verdad o de virtud e invocando el Nombre de Dios, quiere destruir o deformar mi fe con la mala doctrina (Mat. 7, 15-23; Luc. 12,1 s.; II Cor. 11,13-15; II Tim. 3,1-5, Apocalipsis 13,11 siguientes).
(Coment. a S. 139,5)


V


VERDAD:
La verdad es como una espada. No puede transigir con las conveniencias del mundo. Por eso los verdaderos discípulos de Jesucristo serán siempre perseguidos. El Señor no envía sus elegidos para las glorias del mundo sino para las persecuciones, como El mismo ha sido enviado por su Padre.
(Coment. a Mt. 10, 34).


VIDA ESPIRITUAL:
La vida espiritual ha de estar fundada no en la falaz arena del amor que nosotros pretendemos tenerle a Dios sino en la roca del amor que Dios nos tiene.
(Coment. al Salmo 56, 3)


VIRILIDAD:
Esta es la virilidad cristiana: tener ánimo, no porque se confía en sí mismo, como los estoicos paganos, sino porque se cuenta con Dios como un niño con su padre.
(Coment. a  S. 30, 25).


VIRTUD:
No quieras ser demasiado justo,
ni saber más de lo que conviene,
no sea que vengas a parar en estúpido.
La exageración de una virtud es deformación que redunda en menoscabo de otra. Como dice San Agustín: “No se censura la justicia del sabio, sino la soberbia del presuntuoso; a aquel que quiere ser demasiado justo, la misma demasía le hace injusto”. De ahí el adagio: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”. El “caminito” de infancia espiritual, que Santa Teresa de Lisieux extrajo del Evangelio, nos hace preferir deliberadamente las virtudes más pequeñas, confiando en la maravillosa promesa de Jesús, según la cual si somos fieles en lo poco (Luc. 16,10), lo seremos también en lo mucho, y reconociendo así a Dios la parte principal en nuestra santificación, que es lo que más lo glorifica.
(Coment. a Ecle. 7,17).


VOLUNTAD DE DIOS:
Entendamos bien lo que significa hacer su voluntad. Si buscamos, por ejemplo, que un hombre no le robe a otro, para que la sociedad ande bien, y no para que se cumpla la voluntad de Dios, no podemos decir que nuestra actitud es cristiana. Ese descuido de la fe sobrenatural nos muestra que hay una manera atea de cumplir los mandamientos sin rendir a Dios el homenaje de reconocimiento y obediencia, que es lo que El exige.  ¡Cuántas veces los hombres que el mundo llama honrados, suelen cumplir uno u otro precepto moral por puras razones humanas sin darse cuenta que el primero y mayor de los mandamientos es amar a Dios con todo nuestro ser!

(Coment. a Mat. 7,21)





“¡Ven, oh Señor Jesús!”
 (Apoc. 22,20)