sábado, 16 de noviembre de 2013

ENTREVISTA AL PADRE RIOULT.- PARTE 2



ENTREVISTA DE PELAGIUS ASTURIENSIS AL PADRE OLIVIER RIOULT (Parte 2)


Pelagius: Algunas voces se han levantado respecto a la organización de la Resistencia. Parece que muchos piensan que el modelo de un gran organismo no es adecuado pues la falsa obediencia que condujo al desastre a la iglesia oficial logró los mismos resultados en la FSSPX. ¿Piensa usted que el establecimiento de una nueva organización mundial sea posible o usted opta por una asociación libre como los sedevacantistas lo han hecho desde hace años?

Padre Rioult:  Sí, es posible que en los próximos meses yo pueda crear una asociación en sentido amplio fundada en una amistad con otros católicos resistentes, ya sean de opinión sedevacantista o no lo sean, porque para mí es solamente una opinión. Pero las cosas todavía no están maduras. En cualquier caso todo lo que es católico es nuestro. Entonces todos los católicos que quieran hacer un trabajo católico y resistir al modernismo que reina en la Iglesia, nosotros colaboraremos con ellos. Entonces es un sí para una asociación en sentido amplio que comparta un mismo bien común: la fe y el culto de la Iglesia católica, defender la fe. Es ese bien común que puede crear una amistad entre todos nuestros grupos.
Creo que entre más vayamos hacia el fin de los tiempos, más el católico será de hecho un anarquista; no de hecho sino de derecho. Es decir que él deberá estar contra todos los poderes, porque todos los poderes estarán neutralizados, socavados o subvertidos y estaremos contra natura. Entonces, de hecho, el católico deberá combatir todas las autoridades, sean civiles, eclesiásticas… porque ellas estarán desviadas, serán masónicas… en cualquier caso estarán al servicio del príncipe de este mundo. Pienso que será muy difícil recrear estructuras mundiales. El Padre Calmel, muy clarividente, ya en 1970 dijo que los jefes naturales locales deberán proyectarse en donde están con lazos puramente de amistad con los otros jefes locales de otros lugares.

Pelagius: ¿Usted citó al Padre Calmel en la serie de diez artículos sobre el amor del prójimo y el odio del error?

Padre Rioult: No, yo lo cité sobre todo en un artículo de antimodernisme, en una ficticia entrevista de DICI. Yo me imaginé una ficticia entrevista de DICI donde el Padre Calmel refutaba, en 1970, todos los disparates de Monseñor Fellay en 2012. Allí es donde cité la frase:
El « combate cristiano » debe « hacerse en pequeñas unidades que se niegan a entrar en no sé cuáles organizaciones sistemáticas y universales. En estas diversas unidades, como una escuela modesta, un humilde convento, una cofradía de piedad, un pequeño agrupamiento entre familias cristianas, una organización de peregrinaciones, la autoridad es real e indiscutible… Se trata solamente de ir hasta el tope de su gracia y de su autoridad en la pequeña esfera de la cual se hace cargo, manteniéndose conectadas sin grandes maquinarias administrativas”  (Padre Calmel, Itineraires n° 149).

Pelagius: Por las palabras y los escritos de Monseñor Lefebvre, está claro que él dudó frecuentemente sobre la cuestión del Papa. El admitió la posibilidad de que la Santa Sede estuviera vacante, sobre todo antes de la elección de Juan Pablo II y después de la abominación de Asís en 1986. Me parece que muchos que se dicen de él actualmente van mucho más lejos que el mismo Monseñor. Ellos afirman categóricamente, a pesar de la herejía pública de aquellos que se sientan en el Vaticano, que el “Papa sigue siendo Papa”. Y Monseñor Lefebvre parece haber conservado sus dudas. ¿No es este el resultado de tantos años de reconocimiento más o menos oficial de su autoridad?

Padre Rioult: De hecho es posible. ¡De hecho! Yo pienso que Monseñor Lefebvre estaba sobre el terreno encarando una situación inaudita, como un Luis XVI frente a la Revolución. Por lo tanto ellos cometieron errores, ellos buscaron su camino, ellos creyeron que… ellos experimentaron una cosa luego otra.

Pelagius: Justamente me parece que la posición de Monseñor Lefebvre era temporal.

Padre Rioult: Era pragmática, por supuesto y por lo tanto temporal. Luego en 1988, comprendió que sus experimentos (como el de ser reconocido por Roma modernista) fueron infelices, peligrosos e incluso malos, podemos decir. Y allí se (entre comillas) “endureció”, es decir que se hizo más claro en la resistencia. Pero justamente eso es lo que quieren ocultar actualmente. Pues todas las conclusiones y el balance entre 1988 y 1991 muestran que él optó por un sedevacantismo práctico. Él no resolvió el problema teórico porque, por principio, no existe la autoridad para imponerlo. Luego porque la cuestión de las esencias en filosofía siempre es muy difícil. Y en teología, ver un problema y sus consecuencias es mucho más fácil que decir exactamente el por qué del problema, sobre todo cuando el problema es un misterio de iniquidad. Porque, de hecho, yo pienso que estamos verdaderamente ante el misterio de iniquidad revelado por San Pablo donde dice que cuando el obstáculo que retiene al Anticristo ceda, entonces nada detendrá al Anticristo.
« Que nadie os engañe de manera alguna, porque primero debe venir la apostasía, y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición; el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuera Dios. -¿No os acordáis que estando yo todavía con vosotros os decía estas cosas?- Y ahora ya sabéis qué es lo que le detiene para que su manifestación sea a su debido tiempo. El misterio de iniquidad ya está obrando ciertamente, sólo hay el que  ahora  detiene hasta que aparezca de en medio.” (II Tes. II, 3-7)
Y Santo Tomás, en esta frase extraordinaria en su comentario de la segunda epístola a los Tesalonicenses; respecto a este obstáculo que retiene al Anticristo pero que cederá, él habla de la apostasía de la fe católica en la Iglesia romana.
Santo Tomás dijo que «dos acontecimientos deben suceder antes de la venida de Cristo: uno precederá la llegada del Anticristo, el otro es la llegada del Anticristo mismo”. “El acontecimiento que precederá es la apostasía de la fe”: “Cuando llegue el tiempo, un gran número se separarán de la fe, la caridad de muchos se enfriará”. Pero en la época de San Pablo, algo retenía “el misterio de iniquidad”, el cual “se opera ya en los hipócritas que parecen buenos, y que sin embargo son malos”. “Ellos tendrán una apariencia de piedad, pero arruinarán la verdad y el Espíritu”. (II Timot., III, 5).  “La asamblea de los malos, mezclada con los buenos”, no será separada y puesta aparte más que “durante la persecución del Anticristo”. ¿Qué retiene el misterio de iniquidad? ¿Qué impide a esta iniquidad manifestarse públicamente? “Porque muchos harán el mal en secreto, pero su iniquidad se manifestará un día, porque Dios soporta a los pecadores mientras que su crimen está escondido, hasta que ese crimen se vuelve público. Entonces Él no los soportará más, como lo vemos por el ejemplo de los Sodomitas (Gen., XIX)».
Lo que retuvo y retiene al Anticristo, era la fortaleza del Imperio romano entendido en el sentido espiritual. Mientras que la Iglesia romana lo sostenía, el Anticristo estaba retenido.
« Enseguida, podemos entender esta separación del imperio romano, al cual el universo entero estaba sometido en ese entonces. San Agustín dice que esta separación está representada en el capítulo II del Profeta Daniel, 31-35, por la estatua que designa los cuatro reinos, y cuando finalicen, vendrá el Advenimiento de Cristo. Esta figura está llena de verdad porque el imperio romano fue establecido para que a la sombra de su autoridad, la fe fue predicada en todo el universo. Pero ¿cómo sería eso verdad, cuando desde hace tanto tiempo las naciones están separadas del imperio romano sin que haya llegado el Anticristo? Hay que decir que el imperio romano no ha dejado de existir todavía, sino que del reinado temporal que era, cambió a reino espiritual, como San León lo subrayó en su sermón sobre los Apóstoles. Digamos por lo tanto, que la separación del imperio romano debe ser entendida, no solamente en el sentido temporal, sino en el sentido espiritual, es decir, de la apostasía de la fe católica en la Iglesia romana. Y el signo dado es exacto, pues así como el Cristo vino cuando el imperio romano dominaba sobre todos los pueblos, así en un sentido opuesto, el signo de la venida del Anticristo será la separación de los pueblos del imperio romano” (Santo Tomás de Aquino, respecto del versículo 3 del capítulo 2 de la II epístola a los Tesalonicenses).
Esta frase es enorme. Es enorme. ¡Santo Tomás lo dijo! Y esta frase plantea muchos problemas teológicos concretos. Por lo tanto creo que hay que conservar esta libertad intelectual y de opinión en las explicaciones del misterio de iniquidad pero ser muy firme en las consecuencias prácticas. Nullam partem, ninguna parte con los herejes, ninguna concesión con los modernistas notorios, públicos, que son los modernistas y anticristos en la Sede de Pedro. Pero esta firmeza, esta dificultad, no ha sido asumida por ciertos responsables de la Fraternidad San Pío X, que han deformado el actuar prudencial de Monseñor Lefebvre. Luego era prudente en los años 60, 70, 80, tener la línea de Monseñor Lefebre quien, él mismo decía claramente, no es una línea teológica sino únicamente de orden prudencial, ad tempus, por un tiempo. Ahora, después de cuarenta años de tradición conciliar y modernista, habrá que revisar este aspecto puramente prudencial que actualmente es todavía más peligroso que en esa época.

Pelagius: Y justamente, algunos diremos que el problema fundamental se encuentra en los mismos principios, en el reconocimiento de las autoridades conciliares como autoridades católicas, en una resistencia a aquellos que reconocemos contra la autoridad legítima. Si la bula Unam sanctam de Bonifacio VIII proclama solemnemente que “la sumisión al Pontífice Romano es, para toda creatura humana, absolutamente necesaria para salvarse”, muchos diremos que la posición de la Fraternidad no se sostiene y que es necesario, sea someterse a las autoridades conciliares, sea sacar la conclusión inevitable de que estas mismas autoridades han renunciado tácitamente a la autoridad católica en razón de su herejía y/o apostasía. ¿Esta elección es inevitable para usted? ¿Hay que declarar, sin obligar a los fieles? Si Monseñor Fellay declara que el Papa no es Papa, incluso sin tener el derecho de imponerlo, por lo menos veríamos que no quiere tener nada que ver con él.

Padre Rioult: Creo que al menos debe declarar que no quiere tener nada que ver con Francisco y que no podemos declarar con certeza que sea un verdadero Papa. Creo que la Fraternidad no está obligada a declarar que no es Papa, sino que creo que la posición de la Fraternidad no es aceptable a menos que ella acepte públicamente la posibilidad de que Francisco pueda no ser Papa. Si ellos no aceptan ni siquiera esta hipótesis, no hay justificación posible a lo que hace la Fraternidad. Ellos deben conceder, vista la situación sin precedentes, que las dos hipótesis son de hecho defendibles y católicas.