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jueves, 31 de enero de 2013

BAGATELAS





Este es un pasaje del sermón de Mons. Fellay en la reciente ordenación del Padre Lundi:

Vivimos en una época en que esta fe es maltratada, atacada, despedazada en todas partes, tanto fuera como dentro de la Iglesia. Esta será una de sus funciones, después de la Misa, dar esta fe, comunicarla a las almas a fin de elevarlas sobre las realidades humanas, para conducirlas hacia la realidad de Dios. Y esta fe, hay que defenderla.
Esa es nuestra historia, la de la Fraternidad, la de nuestro fundador. Y esta historia, mis queridos hermanos, continúa. Diría también que, ante esta realidad sublime, hablar de acuerdos o no con Roma es una bagatela. Defender la fe, conservar la fe, morir en la fe, eso es lo esencial. Se tiene la impresión de que las autoridades romanas no nos comprenden, porque ellas no han comprendido que, para conservar esta fe católica, estamos dispuestos a perderlo todo. Nosotros no queremos abandonar la fe.  Pero, por desgracia, es un hecho que vemos todos los días, con el Concilio, por el Concilio, y en el Concilio, se introdujeron venenos que son perjudiciales para la fe, que conducen las almas al error, que ya no las defienden, que ya no las protegen en su fe. Nosotros denunciamos eso, y por eso se nos condena. Todavía hoy, la condición que quieren imponernos para reconocernos el título de católicos es aceptar esas cosas que justamente demuelen la fe. Pero nosotros no podemos, es todo, es simple. En ningún caso estaremos de acuerdo en  disminuir lo que es absolutamente esencial para ir al Cielo, la fe, con todas sus consecuencias. Es por eso que este combate es necesario, un combate de todos los días”.

Veamos:

“Diría también que, ante esta realidad sublime, hablar de acuerdos o no con Roma es una bagatela”.

¿O sea que el obispo expulsado y todos los sacerdotes y fieles que se perdieron, se perdieron por una bagatela? ¿El trastorno de la Fraternidad, la discusión entre los obispos, la división de los fieles, fue por una nadería? ¿O sea que decidir el colocarse o no bajo el mando de un jefe modernista (el Papa), es una bagatela, es decir, una cosa baladí o de poca sustancia? ¿Es un temita menor? ¡Con que liviandad se dicen algunas cosas para evadir todo el peso de la realidad!
Esto nos recuerda a la fábula de Esopo de la “La zorra y las uvas” (Hrs. 15, Ch. 32), que dice:
    “Una zorra hambrienta, como viera unos racimos colgar de una parra, quiso apoderarse de ellos y no pudo. Marchándose, dijo para sí: “Están verdes”.
Así, también algunos hombres inhábiles por su incapacidad para lograr lo que quieren echan la culpa a las circunstancias.”
(Esopo, “Fábulas”, Biblioteca Básica Gredos. Madrid, año 200. Pág. 21.)

Ahora bien, como no se pudo llegar a un acuerdo con la Roma modernista porque las circunstancias y las autoridades siguen sosteniendo con firmeza el modernismo conciliar ¿todo pasó a ser una bagatela o unas “uvas verdes”?


“Defender la fe, conservar la fe, morir en la fe, eso es lo esencial”.

Bien, ¿pero se trata de la fe católica o de la fe del Vaticano II? Los masones también tienen una fe, pero es una falsa fe. Por otra parte, ¿cómo se podrá defender la fe, conservar la fe, la verdadera fe católica, cuando los superiores de Roma han abdicado de ella, han renunciado a defenderla, y hacen todo por destruirla, como se ve constantemente en el Papa y los cardenales y obispos? ¿Cómo se pretende acudir a ellos para mejor defender la fe?


“Se tiene la impresión de que las autoridades romanas no nos comprenden”.

¿Es sólo una impresión, o es la absoluta realidad? ¿No quedó en claro, tras las extensas “discusiones doctrinales”, que no había ningún acuerdo con Roma, ni siquiera interés de aquellos por la doctrina, como aseguró el mismo Mons. Fellay?


“con el Concilio, por el Concilio, y en el Concilio, se introdujeron venenos que son perjudiciales para la fe”.

Mons. Fellay ya no descarta el Concilio completamente, no dice que el Concilio sea un veneno, “una sopa que debe ser descartada” por completo, como dijera hace unos años atrás. ¿Será que esos venenos son sólo el 5% del Concilio y sólo eso es lo que quiere “eliminar”? Recordemos: “Da la impresión de que rechazamos todo el Vaticano II. Sin embargo, conservamos el 95%. Es más a un espíritu que nos oponemos, a una actitud ante el cambio presentado como premisa.”  (Mons. Fellay en el periódico Suizo “La Liberté”, 11 de Mayo de 2001).


Cerremos con estas palabras de Monseñor Lefebvre, verdaderamente dignas de un General que no habla de batallas sin asumir completamente las consecuencias de sus palabras y actos, indicando a los soldados de Cristo el camino hacia la victoria:


“Debemos ser conscientes de este combate dramático, apocalíptico en que vivimos y no minimizarlo. En la medida que lo minimizamos, nuestro ardor en el combate disminuye: nos debilitamos y no osamos más proclamar la verdad”.

Mons. Lefebvre, 29 de junio de 1987.


Tomado de Non Possumus

EL CRISTIANO LIBERAL



“El cristiano moderno se siente obligado profesionalmente a mostrarse jovial y jocoso, a exhibir los dientes en benévola sonrisa, a profesar cordialidad babosa, para probarle al incrédulo que el cristianismo no es religión "sombría", doctrina "pesimista", moral "ascética". El cristianismo progresista nos sacude la mano con ancha risa electoral”.


Nicolás Gómez Dávila

HABLA EL SUPERIOR GENERAL


UN SUICIDIO ACORDADO

-¿Prevé alguna supervisión por parte de los obispos diocesanos territoriales una vez que la Sociedad sea regularizada?
-Eso sería nuestra muerte.

(Entrevista de Mons. Fellay publicada en The Remnant, subida por Panorama Católico Internacional el 20-02-2009).


“Condición deseable (no sine qua non) del Capítulo General del 18 de julio de 2012:
2. Exención de las casas de la Sociedad San Pío X, para reportar a los obispos diocesanos”.


BENEDICTO XVI, EL PAPA RESTAURADOR

“La situación de la Iglesia es tal que una vez que sean clarificadas las cuestiones doctrinales, necesitaremos nuestra propia autonomía en orden a sobrevivir. Esto significa que tendremos que estar directamente bajo la autoridad del Papa con una exención. Si miramos en la historia de la Iglesia, vemos que cada vez que los Papas quisieron restaurar a la Iglesia, se apoyaron en una fuerza nueva, como los benedictinos cistercienses, a los que el Papa permitió actuar lo mejor posible durante la crisis, en un status de exención, en orden a superar la crisis”.

(Entrevista de Mons. Fellay a The Remnant,  20-02-2009).


DOBLE LENGUAJE

“Una vez más, deseo insistir que la presente situación muestra muy claramente que es impensable tratar la cuestión canónica antes de haber solucionado los principales problemas teológicos”.

(Entrevista de Mons. Fellay a The Remnant, 20-02-2009).


“Algunos argumentan que para trabajar “con seguridad” en la Iglesia, en primer lugar, ésta debe limpiarse de todo error. Esto es lo que se dice cuando se afirma que Roma debe convertirse antes de cualquier acuerdo, o que los errores deben ser primero removidos para que podamos trabajar. Pero esta no es la realidad”. 

(Mons. Fellay entrevista a DICI, 7-6-2012).


NEGACIÓN DE MONS. LEFEBVRE

“En tiempos de los arrianos, los obispos trabajaron en medio de los errores para convencer de la verdad a los que estaban equivocados. No dijeron que querían estar fuera, como algunos dicen ahora”.

(Mons. Fellay entrevista a DICI, 7-6-2012).


 “Es entonces un deber estricto para todos los sacerdotes (y todos los fieles) que quieran permanecer católicos, separarse de esta Iglesia conciliar mientras que no regrese a la tradición del Magisterio de la Iglesia y de la fe Católica”.

(Mons. Lefebvre, Itinerario Espiritual, 1990)


DOBLEZ o CONTRADICCIÓN

“Si observamos la forma en que estas excomuniones fueron sorpresivamente levantadas; si miramos especialmente el innegable vínculo entre este hecho del decreto que remite las excomuniones y la increíble confusión que se levantó justo después y basada en un incidente…”

(Entrevista de Mons. Fellay a The Remnant 20-02-2009).

“-¿Usted esperaba, Excelencia, este levantamiento de las excomuniones?
-Lo esperaba desde el 2005, después de la primera carta pidiendo el levantamiento de las excomuniones que había enviado siguiendo el consejo de la misma Roma”.

(Entrevista concedida por Monseñor Fellay a Monde & Vie, subida por Panorama Católico Internacional, 30/01/2009).


ANTES HABÍA QUE RESOLVER TODO, AHORA, CLARIFICAR ALGO

“Hasta ahora, nuestro plan de trabajo ha sido clarificar primero los problemas doctrinales – aunque no se trata de aclarar absolutamente todo sino, más bien, de obtener una clarificación suficiente”.

(Entrevista concedida por Monseñor Fellay a Monde & Vie, 30/01/2009).


“En cambio, está claro que nosotros no firmaremos un acuerdo si las cosas no son resueltas al nivel de los principios (…) No podemos permitirnos ambigüedades… (el acuerdo) sería construido en zonas grises, y que apenas firmados, la crisis resurgiría en estas zonas grises. Entonces para resolver el problema es necesario que las autoridades romanas manifiesten y expresen de manera clara de manera que todo el mundo comprenda, que para Roma no hay treinta y seis caminos para salir de la crisis, no hay más que uno solo que vale: que la Iglesia reencuentre plenamente su propia Tradición bimilenaria. El día que esta convicción sea clara en la autoridades romanas, e incluso si sobre el terreno todo está lejos de estar resuelto, los acuerdos serán más fáciles de realizar”.

(Mons. Fellay, en revista Fideliter 171, mayo junio 2006).


OPTIMISMO IRREAL

“Creo que si mis colegas ven y comprenden que en derecho y en los hechos hay en la propuesta romana una verdadera oportunidad para la Fraternidad de “restaurar todas las cosas en Cristo”, a pesar de todos los problemas que permanecen en la Iglesia hoy, entonces podrán reajustar su juicio – es decir, con el estatuto canónico en mano y los hechos ante sus ojos”.
(Mons. Fellay entrevista a DICI, 7-6-2012).


LENGUAJE MEDROSO

“El Concilio es una mezcla: hay bueno y malo. Incluso el Papa, cuando afirma que hay que hacer una hermenéutica de la continuidad y no de ruptura, rechaza el Concilio interpretado como una ruptura”.

(Mons. Fellay a la agencia italiana Apcom, 31 de julio de 2012)


“En la Fraternidad se está haciendo de los errores del Concilio unas súper-herejías, eso se vuelve como el mal absoluto, peor que todo, de la misma manera que los liberales han dogmatizado ese concilio pastoral”.

(Carta de Mons. Fellay a los 3 Obispos de la FSSPX, 14 de Abril de 2012).


CAUSA DE DIVISIÓN

-Y si se acercan a Roma, ¿temen una división en el interior de la Fraternidad?

-No mucho, aunque siempre es posible. Podría existir tal riesgo si buscáramos de Roma un acuerdo puramente canónico y no una solución que se ocupe de las bases del problema, que es la crisis doctrinal y moral dentro de la Iglesia. Pero ese no es el caso”.

(Monseñor Bernard Fellay, entrevista al diario suizo Le Nouvelliste, subido por La buhardilla de Jerónimo, 16 Febrero de 2009)



¿PAZ ENTRE PRINCIPIOS OPUESTOS?


¿Paz entre principios opuestos? ¡Imposible! Así vemos que, cuando esta amalgama doctrinaria que se establece en las inteligencias desciende a las voluntades, y de las voluntades pasa a los hechos, en donde quiera que trata de realizarse, en cualquiera cuestión a que se aplica, aparece de pronto la confusión y la lucha, reinan las sombras, y se manifiestan aquellas divisiones que el principio liberal ha llevado siempre a todas partes, y, como consecuencia necesaria, ineludible, brotan en el seno de la sociedad las sectas, escuelas y partidos, y la subdivisión de los partidos en banderías, desgarrando completamente las naciones.
Don Juan Vázquez de Mella. “El Tradicionalismo Español”, Ediciones DICTIO, Buenos Aires, Año 1980, pág. 168.

miércoles, 30 de enero de 2013

CONFIRMADO: ¡EL BROTE DE MONSEÑOR FELLAY EXISTE!


Podemos confirmarlo. Mons. Fellay no se equivocaba cuando en sus conferencias alrededor del mundo solía hablar del brote que ha aparecido en la Iglesia, a pesar de ser invierno. Sin dudas que aquí está y hasta ha podido ser fotografiado:




¿Habrá invitación para alguien de la Fraternidad, a tan trascendental encuentro para la restauración de la Iglesia? ¿Tal vez para Monseñor Fellay?

“Algo nuevo está brotando… ¿no lo notáis?”, encuentro de Agentes de Pastoral de la Adolescencia en la diócesis de Jaén
Por SIC el 30 de enero de 2013

En la diócesis de Jáen la Delegación Episcopal de Infancia y Adolescencia ha organizado para el próximo sábado, 2 de febrero, el II Encuentro de Agentes de Pastoral de Adolescencia, bajo el lema: «Algo nuevo esta brotando… ¿no lo notáis? (Is 43,19) Abrir juntos nuevos caminos».
Dicho encuentro comenzará las 10:00 de la mañana en el Seminario Diocesano de Jaén. Con él se pretende comenzar a caminar con el nuevo Plan Pastoral para adolescentes en la diócesis. “Será una mañana para conocernos, crear vínculos de fraternidad y equipo. Presentaremos el Plan de Pastoral y comenzaremos el proceso formativo imprescindible de los acompañantes”, aseguran desde la Delegación.
Asimismo, está previsto que el encuentro finalice en torno a las 14:00 horas.


 Mons. Fellay en Canadá, 28 de diciembre de 2012:

“En cierto momento, hacia el final del invierno, ustedes pueden ver nuevos brotes que empiezan a salir. Hay una pequeña cosa allí. Cuando ustedes ven esto, ustedes saben que viene la primavera. Pero ustedes empiezan a decir, la primavera llegó, la primavera llegó, la gente les responderá, vamos, claro que no. ¡Es invierno! ¡Está helando! ¡Está nevando! ¡Hace mucho frío! ¡Hay mucho viento! ¡No digas que es primavera! ¡No es cierto! ¡Es invierno! Y nosotros decimos, “ambos tienen razón. Todavía es invierno. Entonces yo digo, si ustedes ven la situación en la Iglesia, todavía es invierno. Pero empezamos a ver pequeños signos que nos dicen que la primavera llega.”


LA LECCIÓN DE SANTA JUANA




Es nuestro deber conocer a nuestros enemigos, para no dejarnos engañar por ellos. Siendo los modernistas los más taimados que nunca han ocupado Roma, debemos entonces conocer su modo de actuar. El fariseísmo se vuelve cada día más sutil, o en realidad deberíamos decir “cada noche”, porque se encubre para que, simulando vivir de día, no aparezca su inmunda tenebrosidad.
Si la Masonería enquistada en Roma, si la secta modernista tiene, como afirmara el P. Luigi Villa, “el propósito de eliminar el Sacrificio de Jesús en la Cruz de la faz de la tierra, lo que, en otras palabras, significa eliminar la renovación del Sacrificio de Cristo en la Misa Católica de la faz de la tierra”, ¿por qué entonces esta secta que ocupa el Vaticano le concedió a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X la libertad de la Misa tradicional, esto es, la renovación del sacrificio de Nuestro Señor sobre los altares?
Se ha tratado de una artimaña muy astuta por parte de los modernistas, a imagen y semejanza de su padre Satanás. Ha sido un paso hacia atrás para poder dar luego dos hacia adelante. Habiendo previsto quizá la pérdida de algunas almas (de sus garras) a través de esta Misa, se han dado cuenta de cuántas más podían llegar a perder (para Dios) si hacían caer finalmente a la FSSPX.
Por otra parte, las restricciones dadas a esta Santa Misa, y el combate efectivo que no ha cesado a la misma, impiden que ésta se conozca y se rece. Hoy es prácticamente una curiosidad, una rareza, un rito “extraordinario” al que acuden muy pocos.
Tenemos un ejemplo muy gráfico de cómo el diablo es capaz de usar las cosas buenas –y aún las mejores y las más santas- para perder a un alma cristiana, en la película “La Pasión de Juana de Arco”, filmada por Carl T. Dreyer en 1928, un clásico del cine.
Allí los fariseos que buscan destruir a Santa Juana la sobornan con la Santa Eucaristía, ofreciéndosela a cambio de que firme su retractación. Juana, para ser fiel a Nuestro Señor, para ser fiel a la verdad, debe negarse a recibir la Eucaristía, con todo el dolor del mundo, siendo incluso vilipendiada por rechazar al mismo Jesucristo.  
Situación parecida, mutatis mutandis, ha ocurrido con el ofrecimiento de la Misa tradicional por parte de la Roma modernista a la Fraternidad. Ésta, sin embargo, ha aceptado el convite, debiendo ahora pagar por ello con su claudicación, firmando el acuerdo con Roma. Está claro que luego de lo que Roma “ha hecho” por la Fraternidad, ésta no puede dejar de corresponderle. Sin duda que se manejan otros tiempos, pero Roma sabe que al haber la Fraternidad aceptado lo que Roma le ha “concedido”, no puede seguir negándose mucho más a la petición de “volver al redil”.
¡Oh, si la Fraternidad o quien la dirige hubiera tenido el coraje o la luz de esa mujercita que ante una presión insoportable prefirió morir en la hoguera, antes que traicionar a su Señor!








martes, 29 de enero de 2013

BENEDICTO XVI: ¿EL HÉROE TRADICIONALISTA DE LA FSSPX?


THE RECUSANT y NON POSSUMUS


Última parte de la evidencia sobre la forma preocupante en que ciertos sectores de la Fraternidad San Pío X parecen considerar a Benedicto XVI como una especie de Restaurador de la Tradición:



Esta es una foto tomada en la ordenación del Padre Lundi por Monseñor Fellay, en San Nicolás du Chardonnet, París, el 27 de enero de 2013 (ayer).

Por favor mire de cerca la insignia de la casulla del Padre Lundi.
¿Sabe usted de qué escudo de armas se trata?
Aquí le presentamos una versión ampliada del mismo. Ponga atención a la heráldica en el centro.


Así es, es el Escudo de Armas del Papa Benedicto XVI. No, no es invento. Está confirmado por los mismos acuerdistas.
Lo que nos lleva a una interesante pregunta:
¿Por qué un sacerdote de la FSSPX recién ordenado usaría una casulla adornada con el escudo de armas de Benedicto XVI para su ordenación?
Cualquier sugerencia la recibimos con gratitud. Estoy seguro de que es una mera coincidencia, ¡por supuesto...!

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"Pero no estamos solos trabajando para "defender la fe", dijo Monseñor Fellay. El mismo Papa lo hace, ese es su trabajo. Y si somos llamados para ayudar al Santo Padre en eso, sea".
- Monseñor Fellay (CNS, 11/05/12)

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Si Roma ahora nos llama de vuelta desde el exilio ... entonces eso es un acto de justicia y sin duda también un acto de auténtica atención pastoral del Papa Benedicto XVI. Y por eso estamos agradecidos. "
-Padre Schmidberger, (Carta del Superior de Distrito, Mayo de 2012)



TRAICIÓN


“Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición”. 


José Antonio Primo de Rivera. 

(F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934) 

INFILTRACIÓN MASÓNICA: NUEVA IGLESIA DEL "PADRE PIO"


UNA “NUEVA IGLESIA” DEDICADA
AL SANTO PADRE PIO
— ¿TEMPLO MASÓNICO? —

Ing. Franco Adessa





Enlace al documento de chiesaviva.com

Benedicto XVI bendice la cripta del templo masónico camuflado de iglesia en San Giovanni Rotondo






lunes, 28 de enero de 2013

LIBERALISMO-BLASFEMIA


Comentario Eleison Número CCLXXXIX (289)

26 de Enero de 2013

LIBERALISMO – BLASFEMIA


Monms. Williamson


El liberalismo, ¿será tan horrendo como se dice? Tal o cual persona está acusada de ser un “liberal”, y sin embargo muchos de los que se ven acusados de serlo, niegan rotundamente que la etiqueta pueda ser aplicada a ellos. ¿Quién tiene la razón? ¿Los acusadores o el acusado? Siendo el “liberalismo” una palabra que designa el error de los tiempos modernos que engloba todo, y que es responsable de arrastrar innumerables almas a las llamas del Infierno, merece ciertamente una atención suplementaria.

En realidad, la libertad designa lo de que yo estoy libre (de tal o cual impedimento; por ejemplo estoy libre de una cadena que me impediría caminar), o bien ella designa lo que yo estoy libre para hacer (eligiendo tal o cual meta, por ejemplo caminar hasta el pueblo o hasta el precipicio). De estos dos aspectos de la libertad, la libertad negativa de impedimento (por ejemplo, libre de una cadena que me impide caminar) viene, a la vez, antes de la meta positiva en cuanto al tiempo (caminar hasta el precipicio), pero después, en cuanto a la importancia (o a la gravedad). Pues estar libre de impedimento (sin cadena) viene antes en cuanto al tiempo, dado que si estoy impedido de caminar (por la cadena) para alcanzar un objetivo (el pueblo o el precipicio), tal objetivo es evidentemente imposible de alcanzar. Por otro lado, en cuanto a la importancia (o a la gravedad), la libertad de impedimento (sin cadena) viene después de la libertad de elección porque el valor de una voluntad no impedida dependerá del valor de la meta (pueblo o precipicio) elegida, y por la cual habré utilizado esta libertad-de, que en sí es solo negativa. Así, el tener un cuchillo me libera de encontrarme desarmado: si yo utilizo el estar armado para cortar la comida para comer, esta libertad es buena; en cambio si yo utilizo el estar armado para cortar en pedazos a mi abuela, esta libertad se hace mortífera.

Ahora bien, lo que hace el liberalismo es darle a la libertad de impedimento (sin cadena), un –o el- valor supremo en sí misma (a esa libertad), independientemente de la libertad para elegir, sea para la buena meta (pueblo) sea para la mala (precipicio). Así, los liberales independizan la libertad de impedimento (sin cadena) de la meta buena o mala, del bien y del mal. Pero la diferencia entre el bien y el mal es una parte esencial de la creación de Dios, prevista desde la fruta prohibida del Paraíso Terrenal hasta el fin del mundo, para que el hombre haga su elección entre el Cielo y el Infierno. Y, a causa de ello, anteponer la libertad de impedimento a la ley de Dios es anteponer el hombre a Dios.

Dado que el liberalismo implica así la negación implícita de la ley moral de Dios, del bien y del mal, el liberalismo hace implícitamente la guerra a Dios, colocando al “derecho” humano para elegir, antes del derecho divino a dar mandamientos. Ahora bien, tal como lo decía el Arzobispo Lefebvre, existen 36 variedades diferentes de liberales, y entre ellas sin duda no todas pretenden hacerle la guerra a Dios. Pero la guerra a Dios sigue siendo la conclusión lógica de los liberales que dan el valor supremo a la libertad, y es la razón por la cual para muchos de ellos, todo está permitido. Habiendo degradado y destronado a Dios y a sus reglas, entonces la adoración de la libertad viene a ser para los liberales su religión de sustitución, una religión sin reglas, a no ser su propia voluntad.

Más aún, siendo una religión de sustitución, debe desembarazarse de la verdadera religión que le bloquea el camino, de tal manera que los liberales se vuelven naturalmente “cruzados” en contra de la orden de Dios en todos los rincones de su creación: matrimonio libre de género, familia libre de hijos, Estados libres de autoridades, vidas libres de moral, y así sucesivamente. Tal guerra contra la realidad de Dios es una locura total y, sin embargo, los liberales, aparentemente tan buenos para los hombres que están “liberando”, pueden ser de hecho tremendamente crueles contra cualquiera que sea un obstáculo en medio del camino de su cruzada. Está en la lógica de su religión de sustitución que ellos no se sienten obligados a observar ningún miramiento en pisotear a los anti-liberales, porque estos no merecen ninguna piedad.

Durante 20 siglos, la Iglesia Católica ha condenado tamaña locura. Sin embargo, aprovechando el Vaticano II, la Iglesia oficial le ha abierto la puerta, declarando por ejemplo (“Dignitatis Humanæ”) que cada Estado debe proteger la “libertad-de” una coacción civil religiosa de sus ciudadanos en lugar de su “libertad-para” practicar la verdadera religión. Y ahora, los dirigentes de cierta Fraternidad católica quieren ponerla bajo la autoridad de los Romanos del Vaticano II. Para la verdadera religión, tal acción es, como el Arzobispo Lefebvre la llamó, la “Operación Suicidio”. Es normal, en este sentido que el liberalismo es intrínsecamente suicida.

Kyrie eleison.


TELA DE ARAÑA


Visto en Pale Ideas y The Remnant

APUNTES DESDE LA TRINCHERA




El mal menor.
"El principio moral de que es lícito elegir un mal menor vale en determinados casos, por ejemplo el de la “legítima defensa”, “servato moderamine inculpatae tutelae”, como dicen. No vale en todos. En el caso de conciencia propuesto por el film El mar no perdona, por ejemplo, el capitán del bote salvavidas que da muerte directamente a algunos de los náufragos para salvar al resto, procede inmoralmente.
En el caso de error, no se puede elegir el “menor error”. ¿Cuál es el menor error? ¿Por ventura el error mezclado con verdades? Esos suelen ser los más perniciosos…El liberalismo es un error. ¿Puedo elegir el liberalismo para alejar al comunismo? No. Debo rechazarlos ambos. El error es el mal más grande del hombre. El liberalismo es pecado, escribió Sardá y Salvany, un librito muy útil para la Argentina que habría que proponerle a Emecé.
Si hay una discusión entre siete hombres, uno de los cuales dice que dos más dos son cuatro, otros tres dicen que dos más dos son cinco, y los tres restantes que dos y dos son cuatrocientos, ¿deberá el primero ponerse de parte de los del cinco porque es un error menor? Aquí en la Argentina muchísimos se pondrían de inmediato, sobre todo si les dan a ellos 5 por cada 2 y 2”.
(Castellani, “El mal menor” febrero de 1958).

Veamos: “El liberalismo es un error. ¿Puedo elegir el liberalismo para alejar al comunismo? No”. Tampoco se puede elegir el liberalismo para favorecer el Tradicionalismo, evidentemente. Bueno, no tan evidentemente, porque en esa transacción se metió la FSSPX. ¿Qué otra cosa fue sino aceptar el Motu Proprio sobre la Misa –que sirvió para glorificar la Misa Nueva- o pedir el retiro del decreto de las excomuniones y aceptar el levantamiento de las excomuniones? ¡El mal menor!
Si hay una discusión entre siete hombres, uno de los cuales dice que dos más dos son cuatro, otros tres dicen que dos más dos son cinco, y los tres restantes que dos y dos son cuatrocientos, ¿deberá el primero ponerse de parte de los del cinco porque es un error menor? Aquí en la Argentina”…aquí hasta pueden decir que dos más dos es 30.000 (siguiendo a Mons. Williamson, que habla tan claro como lo hacía nuestro incomprendido Castellani).

El trigo y la cizaña.
Y hablando del Padre Castellani:
“La Iglesia que ha sido conmigo falsa e inmisericorde NO ES LA MISMA que la Iglesia en la cual permanezco. Yo permanezco en el ideal evangélico, en comunión por tanto con todos los que hoy día abrazan de hecho el Evangelio. También me ha hecho grandes bienes la Iglesia; sí, la Compañía de Jesús.
La Iglesia que se equivocó conmigo (aun humanamente hablando) es la burocracia impersonal de los malos pastores; la Iglesia a la cual sigo amando y perteneciendo es la Iglesia personal y viviente de los que aún tienen fe, y viven su fe en la caridad. Las dos están unidas (siempre lo han estado, trigo y cizaña) pero son opuestas en sí mismas; mas no podemos separarlas nosotros, pues según Nuestro Señor, las separarán los “Segadores”, en el tiempo de la “Siega”, que opino no está ya muy lejos.
El comunismo puede ser el instrumento de esa separación.
El mismo caso de Cristo con la Sinagoga. Cristo no se salió de la Sinagoga (la Sinagoga lo arrojó) porque ella era la depositaria no practicante de la Fe y de la Ley verdadera. Luchó dentro de ella hasta la muerte contra los abusadores de la Ley –los fariseos-. Si Cristo por despecho se hubiese hecho saduceo, herodiano o gentil, les hubiese dado un placer fantástico a sus encarnizados enemigos.
Creo que yo les daría una alegría a algunos malos jesuitas, (los hay buenos, quiero decir, hay gente buena no poca, incluso dentro de los jesuitas) si ahora agarro y me vuelvo protestante, como el difunto Padre Anzoátegui, escandalizado por su conducta y resentido por los daños que me han infligido. Esa es justamente mi más grave tentación –y el mayor daño que me han infligido-. Pero yo conozco que es TENTACIÓN.
Hay que “sufrir tentación” en esta vida (…) no solamente por la Iglesia sino también por parte de la Iglesia.
Pero esta es una respuesta escrita en “protestante”; es también una respuesta “prepotenta”, y un si es no es sublime. ¡Compararse con Jesucristo! Sin embargo, el Evangelio, San Pablo y Tomás de Kempis, nos imponen la obligación de compararnos constantemente con Jesucristo; y en eso consiste el ser cristiano. ¡Tremenda obligación! No me extraña que tantos la hayan abnegado hoy día, continuando llamándose y creyéndose cristianos, pero sin compararse con Jesucristo, poco o nada”.
(Castellani, “Ideal comunista o ideal cristiano”, “Las ideas de mi tío el cura”).

¿Qué significa entre nosotros, el no hacer esa separación del trigo y la cizaña? No quiere decir que se debe entrar en la Roma modernista, en ser parte de esa estructura maligna del Vaticano II, no; sino que significa seguir en la Iglesia no cayendo en el sedevacantismo, no decir “no hay Papa” y por lo tanto “no hay Iglesia” lo que es lo mismo que decir - a la manera protestante- “yo soy mi propio Papa” y “este grupito es la Iglesia”.
Lo mismo ocurre con la Fraternidad. A Mons. Williamson, como a Cristo los fariseos y a Mons. Lefebvre los modernistas, lo arrojaron de allí. Él luchó –bien o mal- contra los abusos y errores hasta que pudo. El sigue estando dentro de la Fraternidad como Mons. Lefebvre siguió estando dentro de la Iglesia, pese a la “excomunión”. Y por eso sigue combatiendo.
Ahora bien, no se puede quitar la cizaña, pero sí se puede evitar que el trigo se convierta en cizaña. Es decir, es necesario ello porque la cizaña del error, de la herejía puede infectar al católico tradicional. Ese es el combate al que quieren abandonar muchos o pretenden hacer pidiéndole a la cizaña de Roma que tolere que el trigo la corrija. Pero, como se ha visto ahora con la carta que Mons. Di Noia ha dirigido a las autoridades y sacerdotes de la Fraternidad, la cizaña no tolera al trigo, mientras éste siga siendo trigo.


Acuerdistas y sedevacantistas.
La mayoría de los errores de los hombres proceden menos de que éstos razonen mal partiendo de principios verdaderos, que de que razonen bien partiendo de juicios inexactos o de principios falsos” (Sainte-Beuve, cit. por Ploncard d’Assac en “La Iglesia ocupada”).
En efecto, puede decirse que, por ejemplo, los acuerdistas o liberales de la Tradición parten de un juicio inexacto o falso: “El Papa ha iniciado una restauración; en Roma tenemos amigos; Roma está débil y nosotros fuertes; tenemos una protección especial que hará que no nos pase lo mismo que a Campos y los otros tradicionalistas; el Papa quiere arreglar nuestra situación; debemos volver a Roma porque desde allí se ampliará nuestro campo de apostolado y lograremos restaurar la Tradición en la Iglesia”, etcétera. Luego de estos principios, se deduce que todos los que se oponen a esto son extremistas, fanáticos, tienen un juicio fuera de la realidad, dominados por el celo amargo, son francotiradores, no confían en la divina Providencia, etc.
Del mismo modo, los sedevacantistas parten de un principio indemostrable pero que juzgan ser objetivamente verdadero: “El Papa es un impostor, un anti-papa, no hay Papa desde la muerte de Pío XII”. El razonamiento siguiente sigue su buena lógica: todos los que reconocen al Papa –y a los otros Papas- son herejes, son malos tradicionalistas, están en el error, contaminados y todo lo que hacen sirve para los herejes que están en Roma donde reside el Anticristo.
De tal manera, aceptado el primer principio –en desacuerdo con la realidad- y viendo los que esto siguen que los razonamientos lógicos que se suceden parecen llegar a conclusiones coherentes, se produce luego una serie interminable de razonamientos que construyen un edificio al parecer sólido, pero en verdad completamente falso, porque sus cimientos lo son.
Puede que los que habitan estos edificios nunca –hasta recién al final- adviertan dónde viven. Pero puede ser también que los edificios se vengan abajo como las Torres Gemelas de Nueva York.
En uno u otro caso, no faltará quien desde afuera dará a tiempo la voz de alarma. Esperamos que la mayoría sea capaz de escucharla.


Diálogo de la iglesia conciliar.
El diálogo es el disfraz del error que quiere hacer caer a la verdad –porque la odia.


La verdad y el error.
“El error al cual no se resiste, queda aprobado; y la verdad que no está defendida, está oprimida” (San Félix III, Papa).
El hombre se aleja de a poco de la verdad dejando de odiar de a poco el error. No velando sobre sí mismo, ese error penetra en él. La verdad está continuamente acechada. ¿Y por qué logra el error penetrar en nosotros? Porque confiamos en nosotros mismos. Olvidamos el pecado original. Todo lo que el mundo moderno ha construido –para derribar al Cristianismo- es producto de la negación del Pecado Original. Todas las herejías se basan en eso. El liberalismo postula la “inmaculada concepción” del hombre. Por eso lo mejor que podemos hacer es hacernos verdaderos devotos de la Santísima Virgen, de la Inmaculada Concepción de María. Si somos suyos entonces nos contagiaremos de su celo por el honor de Dios. Y así no aceptaremos ni la más pequeña mancha del error o la soberbia que puedan intentar disminuir la Majestad de Dios. Toda transacción con el error, toda disminución de la verdad, así vengan revestidas de la “caridad”, serán rechazadas. Porque la primera caridad es hacia Dios, y en Dios no hay error. Esa intransigencia no significa olvidarnos de su Misericordia y su Justicia. Por eso no podemos “imponer” a nadie la verdad sino que nuestro camino es hacernos “verdad” en la imitación de María: ser los últimos de todo, pero sin temor de defender y decir la verdad, y combatir el error y la falsedad porque esa es también una forma de amar a Dios y al prójimo, y si no amamos la verdad, ¿cómo podemos decir que amamos a Dios?


Ni lo uno ni lo otro.
Ni integrismo sin inteligencia, ni pusilanimidad bajo el disfraz de “prudencia”. Amor a la cruz y paciencia; amor a la verdad y aceptar sus consecuencias.
Hablar con caridad es hablar “sí, sí, no, no”; hablar con diplomacia es invento del diablo, que envió de embajador a la serpiente para engañar a los humanos.
Los políticos y los obispos liberales son diplomáticos, esto es, diluyentes de la verdad, que es cosa de Dios.


Acostumbramiento. 

Decía el Marqués de Sade: “Acostúmbrate al mal y éste se te hará cotidiano”.
Traduzcamos para nosotros en la Fraternidad San Pío X: “Acostúmbrate a la ambigüedad y ésta terminará siendo tu forma de hablar y de pensar”.


El error y la verdad.
Dejando de lado la verdad, se puede dialogar con todos. El error se lleva bien con todos…menos con la verdad.


Disminuir la verdad.
Adán y Eva, en su diálogo con la serpiente, disminuyeron la verdad de Dios. Entonces Dios los castigó permitiendo se engañaran. Por no custodiar la verdad en su integridad. Porque lo que dice Dios basta.

"Verdades".
El diálogo ya no es un intercambio en la verdad, sino un intercambio de “verdades”.


Palabras de clausura.
Probablemente no haya leído palabras tan rastreras e irrespetables como estas del discurso de clausura del Concilio Vaticano II por Pablo VI:
El Concilio ha enviado al mundo contemporáneo, en lugar de deprimentes diagnósticos, remedios alentadores; en vez de funestos presagios, mensajes de esperanza”.
¡Oh, Cristo, ese Concilio te hubiese crucificado! (Bueno, eso resulta muy demostrativo para el mundo moderno, tal vez sólo lo hubiese excomulgado, para empezar)


Chesterton.
Esto también me hace acordar a Chesterton, cuando le hace decir al Padre Brown: “Si alguna vez me hubiera yo atrevido a matar a alguien, hubiera sido a un optimista”.


El Concilio y la Fraternidad.

El Concilio ha retomado el diálogo de Eva con la serpiente, que pone en entredicho la veracidad de Dios” (Padre Calderón, “Prometeo”).
El diálogo doctrinal o las conversaciones infinitas de la FSSPX con Roma ES LO MISMO presentado de otra manera.

Escarmientos.
¿Por qué llega la Fraternidad a esta situación?
Todos los escarmientos que nos has enviado, oh Señor, con verdadera justicia los has enviado: porque hemos pecado contra Ti, y no hemos obedecido a tus mandatos; eso no obstante, da gloria a tu nombre, y pórtate con nosotros según tu gran misericordia”.
Introito, Misa XX después de Pentecostés.


Ámame.
El nuevo fundamento que Juan (XXIII) deseaba establecer fue resumido en una frase acuñada por su íntimo colaborador, el cardenal Agustín Bea: ver la verdad con amor. Esto es, que cada parte que deseara dialogar se aproximara a la otra doblemente predispuesta: predispuesta al amor y al deseo de saber. Esto era todo, pero implicaba en sí un nuevo concepto sobre libertad religiosa: el derecho de todo ser humano a adorar a Dios en la forma dictada por su conciencia, y el derecho a ser respetado por los demás en el camino elegido”. Esto dice un artículo titulado “El concilio ecuménico y los judíos” en una publicación judía (“Comentario”), muy satisfecha, perteneciente al Instituto Judío Argentino de Cultura e Información, allá por abril-junio de 1965, cuando todavía el Concilio estaba en funciones.
El 5 de octubre de 1962, apenas 6 días antes de que diera comienzo el Vaticano II (el día 11, fecha kabalística), Los Beatles sacaron al mercado su primer disco simple, llamado “Love me do”, Ámame (“Amar a alguien a quien no conozca”, dice la letrilla). Por entonces, en esa maldita década, se instalaría la famosa frase “Haz el amor y no la guerra”, lema de la contracultura y en especial de los “hippies”. “Todo lo que necesitas es amor”, dirían luego otra vez los Beatles en una canción que daría la vuelta al mundo. Hasta los comunistas asesinos hablaban de “amor” (Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente; éste debe unir a un espíritu apasionado, una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos. No puede descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita.”, Che Guevara).
Y he aquí que el Vaticano lanza su propia canción: “ver la verdad con amor”, “estar predispuesto al amor”, o, entre paréntesis, “Haz el amor y no la guerra”. Nada de condenaciones al comunismo o las herejías, sino “misericordia”, sólo “amor”. “Sonríe, Dios te ama” decía una frase muy famosa, dicha bobaliconamente por los modernistas, sin entrever el sentido real de la expresión.
Sabemos lo que querían decir los jipis y los flequiyudos de Liverpool cuando decían “amor”: “sexo, drogas y rock’n’roll”, y mucho dinero, por supuesto. Sexo y guita. Amor a sí mismo. Amor abstracto a la humanidad e idolatría de sí mismo.
La Roma modernista le propuso “hacer el amor” a los herejes y pecadores del mundo: “hablemos de amor”. Y entonces la “acostaron”.
Esta apostasía es la que llama el Evangelio: “fornicación”.
Desde entonces se usa la palabra amor para decir cualquier cosa, cualquier estupidez o canallada, menos lo que Cristo nos enseñó, menos lo que los santos practicaron, menos lo que la  Virgen María simboliza, menos lo que Dios es.
Ahora el Vaticano II, a través de uno de sus agentes, el Cardenal Di Noia, le habla de caridad a la FSSPX.
Como dice Gómez Dávila: “El amor al prójimo ha sido patentado como la mejor disculpa para apostatar”.


Todo lo que no sé.
Todo lo que sé lo he leído en los diarios. Esa es la coartada que tengo para justificar mi ignorancia” (Will Rogers).
El feligrés de la FSSPX podría decir exactamente lo mismo: “Todo lo que sé lo leí en las revistas y sitios oficiales de la Fraternidad. Esa es la coartada que tengo para justificar mi ignorancia”.


Autoridad.
Los individuos tienen un objetivo personal que obtener; fin que les es propio y que aporta una contribución al bien común. Es función especial de la autoridad el perseguir este bien común y el agrupar las voluntades, que sin esta coordinación estarían dispersas” (Monseñor Lefebvre).
La autoridad le es dada a quien la ejerce por Dios para conducir a sus subordinados al bien común de la sociedad, que incluye el bien propio de cada individuo. La autoridad no le es dada al Superior para apartar a los inferiores de ese fin. No es dada al Superior para la ruina de los inferiores. La autoridad se pierde cuando no se ejerce para la persecución de este bien común.
Perdida la autoridad del Superior, el deber del súbdito de obedecerlo se lesiona y se pierde porque en tal caso de obedecer estaría atentando contra el bien común y contra su propio bien.
Si quiero conservar la fe y salvar mi alma no puedo obedecer a quien puede conducirme a perder la fe y el alma.
La autoridad no es un fin en sí mismo, sino un medio creado por Dios para que los Superiores ayuden a los inferiores a conseguir ese bien propio y común.
Cuando el Superior se desvía del camino y ya no conduce a los inferiores al bien al que debía conducirlos, los inferiores pierden la confianza en el Superior, porque éste ya no tiene la autoridad, porque ha abandonado su misión.
Al no haber autoridad, ya no hay verdadera sociedad.
No hay sociedad sin unidad. Entonces quien ejerce la Superioridad sin tener autoridad, recurre a medios coactivos e injustos y despóticos para intentar recuperar la autoridad perdida y volver a la unidad de la sociedad.
Pero no puede haber verdadera unidad en el error.
¿No es éste el drama que estamos viviendo hoy, en esta época, en la Sociedad, en las familias, en la Iglesia, en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X?
Ausente la autoridad, se lesiona la obediencia, y la forma de obtener el bien común se vuelve anárquica. Los Superiores se vuelven inferiores y los Inferiores quieren ser superiores.
A Dios gracias queda un Obispo íntegramente católico, quedan sacerdotes íntegramente católicos y quedan fieles católicos que quieren seguir siendo católicos integristas, esto es, no liberales, dispuestos a cumplir cada uno su deber, a partir de la restauración de la Autoridad (o la Paternidad, como dice Mons. Williamson) que, siendo fiel a Dios, ha de guiar a aquellos que orientan su vida hacia Dios, a la obtención de este bien particular y bien común.
Por supuesto que es más fácil para los gobernados obedecer con los ojos cerrados al Superior. Pero si Monseñor Lefebvre hubiera hecho eso, ¡la FSSPX no existiría!
¿Se dan cuenta de esto los que se niegan a discutir o a ver la situación actual de la Fraternidad? Luego de años de escuchar un lenguaje ambiguo y contradictorio son incapaces de tener la actitud que San Pablo ponderaba en los primeros cristianos, que examinaban el Evangelio que recibían de él a la luz de las Escrituras que conocían (o como mandaba San Juan en su primera carta, capítulo 4, "no creáis a todo espíritu, sino poned a prueba los espíritus si son de Dios").
No son los inferiores los que hacen a los superiores. Pero los inferiores cuentan con las gracias suficientes para entender si lo que hacen los superiores se corresponde con el fin para el que fueron dotados de la autoridad.
La custodia de la fe no es sólo obra de los Superiores, pues cada inferior es responsable de sí mismo y debe custodiar el tesoro que guarda y que le ha sido dado a través de los Superiores pero que éstos pueden lesionar o incluso hacérselos perder.
Si el mismo Satanás se transforma en ángel de luz para intentar engañar a los cristianos, ¿cómo no hemos de estar despiertos y examinando siempre lo que se nos predica e informa o se nos deja de predicar e informar?
Y si habrá, como dice el Apóstol, “falsos profetas” con apariencia de piedad, o “lobos con piel de cordero”, ¿cómo entonces no examinar lo recibido a la luz de la Tradición? ¿Cómo entonces no esperar de los Superiores la verdad en su claridad y pureza, sin contradicción ni doblez?
“La verdad no es condescendiente sino intransigente”, dice Monseñor Straubinger, cuando comenta el famoso pasaje de San Pablo que dice así: “Pero aun cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo, os predique un Evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea maldito. Os lo he dicho, y os lo repito: Cualquiera que os anuncie un Evangelio diferente del que habéis recibido, sea maldito” (Gal. I, 8-9).
Y dice en otro lado Mons. Straubinger: “Las Escritura nos enseña ciertamente a desconfiar de nosotros mismos en nuestras determinaciones y buscar el consejo del prudente, pero con la libertad del hombre espiritual”.
Los que obedecen ciegamente ponen la letra sobre el espíritu; los medios sobre los fines; las estructuras eclesiales sobre la verdad; las buenas intenciones sobre las acciones.
Reniegan de su libertad espiritual y se aproximan a la estrechez protestante de la “sola Escritura”.
Ser católico significa tener libertad porque se está en la verdad. Y la libertad que tenemos es la que nos permite juzgar la realidad a la luz de esa verdad.
Al perder parte de la verdad se pierde parte de la libertad. Entonces la obediencia se tuerce. Y se obedece cuando no se debe, porque ya no puede juzgarse la realidad.
El combate de nuestros días es no dejarse capturar por ninguna fantasía o ilusión  liberal que nos saque de la realidad. El combate consiste en permanecer en la verdad sin faltar a la caridad.
Si, como decía Santa Teresa, que la humildad es la verdad, entonces he allí un programa a seguir.
Y ese programa tiene un modelo: María.
“Oh tú, que te ves inmerso en el diluvio del siglo, más luchando contra tormentas y tempestades que andando por tierra firme: No apartes tus ojos del resplandor de esta estrella si no quieres ser anegado en las tormentas. Si surgen los vientos de las tentaciones, si incurres en los escollos de las tribulaciones, ¡MIRA A LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA! Si te ves sumergido en las olas de la soberbia, de la ambición, de las calumnias, de la envidia, MIRA A LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA. Si la ira, o la avaricia, o las tentaciones carnales baten la navecilla de tu alma, MIRA A LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA. Si te turba el recuerdo de tus pecados, o te deprime la podredumbre de la conciencia, si te sientes aterrado por el horror del juicio por el que pasarás, si la sima de la tristeza te absorbe, y te ves caer en el abismo de la desesperación ¡ PIENSA EN MARÍA!” (San Bernardo).


Castellani.
Otro poco de Castellani, sobre varios temas de los que ya no se habla:
La Iglesia Católica posee una Jerarquía legal y visible, la cual debe ser obedecida en todo caso; si no por obediencia propiamente tal, por disciplina; excepto en el caso de pecado o absurdo, por supuesto. En el caso posible de corrupción de esa jerarquía legal y visible (que se ha visto) la Iglesia de Cristo pasa a través de esa corrupción, a manera de cisne o de paloma…paloma degollada. Pero las naciones no pasan; las naciones se hunden. Es lo que le dije al Nuncio, incluso por escrito e impreso.
La Iglesia como sociedad espiritual atraviesa la corrupción de sus autoridades legales en virtud de los hombres espirituales; es decir, de los que tienen en ella autoridad real. Algunos de ellos pagan esa autoridad con la vida: Juana de Arco, Savonarola, Bartolomé Carranza, el cardenal Petrucci, San Anastasio, San Policarpo, San Juan Francisco de Régis…sin nombrar al primero de los mártires de nuestra religión, cuyo nombre sea loado.
San Basilio decía: “A mí me persiguen, pero no puedo decirlo a nadie, porque los que me persiguen llevan mi mismo nombre…”; que es una graciosa manera de no decirlo a nadie.
El fariseísmo es la más grave de todas las corrupciones humanas, y el fariseísmo siempre reclama víctimas, y generalmente no puede ser afrontado sino con mártires.
La autoridad se divide en legal y real; por ejemplo, un médico que no cura, como “curador” tiene autoridad legal pero no real; un curandero que cura tiene autoridad real como “curador”.
La autoridad, ¿qué es, en definitiva? La autoridad es que le crean a uno, decía el canónigo don Claudio del Rey. Cuanto más altas y difíciles son las cosas creídas, más sube el grado de la autoridad; y a esto se llama ”Jerarquía”. Las verdades supremas se le creen al Apóstol y al Testigo, presuponiendo que no todos son Apóstoles los que se llaman “apóstoles…y no son”, como dice San Juan”.
(La ausencia de poder, 1 de marzo de 1957).


Lunáticos.
Siempre viene bien recordar esta frase del Padre Garrigou-Lagrange: “La Iglesia es intolerante en los principios, porque cree; es tolerante en la práctica, porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios, porque no creen, y son intolerantes en la práctica, porque no aman”.
Viene bien sobre todo con respecto a los lunáticos (expresión de la Ortodoxia chestertoniana), porque esos son intolerantes en los principios, pero también lo son y tal vez más en la práctica. Hablamos de los de cierta Radio internáutica y su pequeño grupo de seguidores –sacerdotes y seglares- que a pesar de sus ideas tradicionales, espantan a los tradicionales. ¿Por qué?
Por su prepotencia, sus burlas hirientes, su intemperancia. Porque ven mala intención siempre y en todos aquellos que no comulgan con sus ideas. De esta manera han venido a ser útiles al liberalismo católico, porque todos aquellos que en su momento pudieron haberse enterado de ciertas cosas importantes respecto de los errores de la Fraternidad, al acudir a ellos se veían expulsados por esas sus características. Características propias de un Lutero, que se fue de la Iglesia y se volvió “protestante”.
Estos son los protestantes de la Tradición católica.

El lunático no admite matices en las personas: el que no piensa como yo es mi enemigo.
Para concluir tan simplemente, infiere tanto en el examen del otro, de lo que dijo o dejó de decir, que todo le causa sospecha.
Porque el lunático ya decidió que el que no piensa como él, no sirve.
El que no piensa como él, no es como él.
Y como él es único, nadie puede pensar como él.
Así encuentra fácilmente motivos para condenar y despreciar al “otro”.
Para el lunático los demás son “otros”. “Otros” que no son como él.
El lunático piensa: "fuera de lo que pienso no hay salvación".
"Yo estoy en eso, soy eso, estoy salvado".
"Los otros amenazan mi salvación. Mi pureza. No puedo dejarme contaminar".
El lunático es intransigente en los principios. Pero asocia los principios a su persona.
Debido a su presunta “pureza” y “razón”, el lunático encuentra “impuros” e “irrazonables” a todos los demás. Desconfía de todos.
Uno de sus principios es: “Piensa mal y acertarás”.
Nada le conforma.
Al revés que el tonto optimista, que el liberal y el progresista, que cree o se hace creer que todo va o irá mejor, el lunático siempre ve el lado malo de las cosas. Lleva puestos lentes oscuros. Como los ciegos.
Pero, a diferencia de los ciegos, se niega a llevar un lazarillo o ni siquiera un bastón.
Llevar lazarillo o bastón significa ser humilde. Pero no se puede ser humilde mientras se está despellejando a los demás.
Tiene razón Chesterton cuando dice:El hombre que comienza a pensar sin la base de un primer principio adecuado, enloquece; porque empieza por el mal lado”. Lo vemos todo el tiempo ¡cuántos caen a nuestro lado! ¡Qué peligro tenemos de caer!
Ese primer principio adecuado debe ser la humildad, porque “la humildad es la verdad” (Sta. Teresa) y Dios da la sabiduría a los pequeños y humildes y se la niega a los soberbios.
Por eso aunque los lunáticos puedan tener en sí muchas verdades, no tienen la Verdad.
Y si no la tienen es por aquello que sublimemente dice San Pablo en la primera epístola a los Corintios, capítulo XIII, en su Himno a la caridad.  
Y por esto que admirablemente nos dice San Gregorio Magno:
Al escuchar los preceptos de Dios los discípulos de Emmaus no fueron iluminados, pero sí lo fueron al cumplirlos, porque escrito está: “No son justos delante de Dios los oyentes de la Ley, sino que serán justificados los que la observaren”. Por tanto, todo el que quiera entender lo que ha oído, apresúrese a poner por obra todo lo que ya ha podido oír. He aquí que el Señor no es conocido mientras habla, y se digna ser reconocido cuando lo sustentan”.


Fanáticos.
Pero el lunático también es un fanático. Y ¿qué es el fanatismo? “El fanatismo –define el Padre Castellani- consiste en poner arriba de todo los valores religiosos –lo cual está bien- y después suprimir o despreciar todos los otros valores, lo cual está mal. Los valores religiosos son ciertamente los más altos de todos, son la cúspide de la pirámide de los valores, pero la pirámide no es pura cúspide; la cúspide tiene que estar sustentada por la falda. Si Ud. Se sube a la cúspide y después retira la falda, se cae usted y la cúspide; y ésta deja de ser cúspide. El fanático es muy religioso o cree serlo; pero da en despreciar todo el resto, la ciencia, el arte, la nobleza e incluso las virtudes naturales, el talento, el genio, el espíritu de empresa. Su religión se desboca, como si dijéramos. Hay religiosos que son buenos religiosos (o lo creen) y desprecian a medio mundo”. (“Domingueras prédicas” II, pág. 103). Esto me hace acordar de cuando la famosa Radio Cristiandad criticaba duramente a Monseñor Williamson porque en su columna semanal hablaba de cine o de arte o literatura. Es claro: los tipos viven en la cúspide, y todo lo demás está allá abajo, pequeño, despreciable. 



Línea media.
Línea Media. Andan por el medio del camino. Por eso no son “ni chicha ni limonada”. Ni modernistas ni tradicionalistas. Ni derecha ni izquierda. Y con eso creen estar en el buen camino. Pero en definitiva su 2 + 2 nunca da 4. Da 3. A veces 3 y ½. Están más cerca que el que suma 2 + 2 y le da 6, o 50 o 30.000. Están más cerca, siempre se acercan…pero nunca llegan. Nunca dicen que 2 + 2 da 4. Porque piensan que el 3 es un 4. ¿Tal vez porque temen ser asociados a los que responden que 2 + 2 es 4, esto es, a los “lefebvristas”? Es muy probable. Y es más cómodo lo suyo, porque nadie ha de etiquetarlos con epítetos infamantes como “cismáticos”, “ultracatólicos”, “lefebvristas” u otros semejantes. Por eso en sus librerías y en sus bibliotecas conviven sin problemas Castellani y Juan Pablo II, San Pío X y el Cardenal Ratzinger. La ortodoxia junto a la herejía. La Biblia junto al calefón.
Vemos dos ejemplos de esta incoherencia en dos personas que escriben cosas buenas, aparentemente lúcidas y que ven la crisis grave de la Iglesia, pero que sacan conclusiones erradas, por lo menos en un tema clave, como es el de la Misa.
En su libro reciente “El Anticristo”, Federico Mihura Seeber, luego de ver muy bien que en las misas del Novus Ordo se tiende a sustituir a Dios por el Hombre, y encima por éste en su peor versión, como un sub-hombre; y que es bueno que esta liturgia les choque a los verdaderos fieles y que debe dudarse de la fe de aquellos a quienes no les choca o incluso les agrada; luego de decir que esta misa prepara a la masa religiosa para lo que será el culto del Anticristo, luego de esto asegura infaliblemente que Cristo se hace presente en ella, y que cuando no tiene más remedio,…acude a dichas misas y comulga en ellas. Dice: “No estoy de acuerdo, en esto, con ‘lefebvristas’ y ‘sede-vacantistas’. Sostengo que, si Cristo está presente en estas misas –como, creo, reconocen los primeros-, no debemos abandonarlo, sino acompañarlo en la ignominia” (ob. cit., pág 155).
Su razonamiento parte de un buen corazón, pero es completamente errado. Porque participar de una liturgia semejante –sabiendo que ofende a Dios, que no es el culto querido por Dios, que es un culto que se centra en el hombre- es hacerse cómplice de quienes ultrajan a Jesucristo. Participar activamente de ese culto, rezando sus oraciones y comulgando en él, es como sumarse a quienes en su Pasión lapidaron a Nuestro señor, lo burlaron y escarnecieron. No es acompañarlo piadosamente, como fue el caso de Nuestra Señora  y las otras mujeres que estaban allí. Porque su acompañamiento en la ignominia era com-pasivo. Si se quiere hacer reparación por estas injurias y ofensas contra Nuestro Señor que realiza la Iglesia conciliar en la Misa nueva, lo que se debe hacer, además de la oración y penitencia, es participar del verdadero culto divino, aquel que da gloria a Dios y que el mismo Cristo instituyó, es decir, la Misa tridentina. Si hay un culto desagradable a Dios, participar de ese culto también desagrada a Dios. Mucho más si uno sabe que ese culto es malo o no es el culto que el propio Dios instituyó. Acompañar a Jesús en la Misa Nueva parece más bien una piadosa coartada para no abandonar del todo la Iglesia modernista y apóstata.
Otro autor que coincide con el citado es Sebastián Randle, cuando en su biografía del Padre Castellani dice lo siguiente (le agregamos algunos comentarios nuestros): “Y gracias a todo esto resulta más difícil el fariseísmo para quienes creen de veras. (Ahora vamos a Misa con el corazón pesado; sabemos que nos espera una ‘paraliturgia’ perfectamente abominable, con esas maestras de ceremonia que nos espetan no sé qué locuciones de un lenguaje a miles de kilómetros del Evangelio, con sus ‘caminos vocacionales’, ‘comunidades pastorales’, ‘peregrinaciones’, y ‘signos de la historia’. Pero vamos igual, fíjense. Porque, al revés de lo que sucede con el fariseísmo, donde una exterioridad rumbosa esconde gusanos y cuerpos descompuestos, ahora se invirtió la cosa: detrás de la fachada de una liturgia mundanizada, detrás de las palabras de predicadores imbecilizados e imbecilizantes, detrás de las rastreras cancioncitas con guitarra y pandereta y la bamboleante locutora que acompaña los vulgares compases de moda…detrás de todo eso está Cristo [parece una canción de Serrat, “Detrás está la gente”; pero, ¿no está más bien el diablo, detrás de todo eso? ¿Los frutos malos no proceden de un mal árbol?], escondido en la eucaristía, más callado que nunca, más difícil de reconocer que en ningún otro tiempo. Pero está [¿cómo lo sabe?] y a Él vamos, porque creemos que está ahí [subjetivismo: está porque yo creo que está] a pesar de todo. Así, en este contexto, donde la exterioridad resulta repugnante escondiendo realidades divinas, resulta más difícil ser fariseo [pero más fácil volverse protestante o modernista]” (pág. 755).
De manera que para este autor, que piensa que él cree de verdad, la lex orandi ya no significa la lex credendi, y con total soberbia se cree inmune de los efectos malsanos de esa nueva fe que se vierte en el Novus Ordo, por una cuestión subjetiva de imaginar allí a Cristo mientras mantiene la actitud crítica ante el culto: yo soy el vivo que no me contamino de todo este mal, me quedo y así no me convierto en un fariseo, como podría pasarme en el antiguo culto. Pero, ¿no hay ahí una especie de fariseísmo encubierto, al “separarme” del resto permaneciendo dentro, siguiendo en apariencia esa liturgia pero por dentro despreciándola, o fingiendo que hago como los demás pero por dentro reprobándolo? Miren las cosas que aguantan algunos, para no tener que ceder y ser tenidos por “lefebvristas”, “cismáticos”, “excomulgados”. Total: es preferible aguantar y ver cómo ofenden a Nuestro Señor…sin chistar.
Línea Media.